Ajos y Zafiros 2

Download Ajos y Zafiros 2

Post on 03-Jan-2016

270 views

Category:

Documents

14 download

TRANSCRIPT

  • a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

  • r '

    Ajos & Zafiros Derechos Reservados Hecho el Depsito Legal No de registro: 99-47 40

    Ajo3 & Zafiros Revista de Literatura

    N2

    a.mendozamoriTypewritten TextDigitalizacin: Red Literaria Peruana http://literatura.pe

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

  • 2000

    Consejo Directivo Vctor Coral Cordero Marcel Velzquez Castro Agustn Prado Al varado Jos Cabrera Alva

    Comit editorial Elio V lez Marquina

    Ajos & Zairos Revista de Literatura

    Maia Rojas Brckmann Milagros Munive Crdova

    Correspondencia Sor Tita 396 Dpto. 201, Lima- Per

    Telefax: (51-1) 271 3073 Web: http: // www.ajosvzafiros.perucultural.org.pe E-mail: ajosy-zafiros@perucultural.org.pe

    Cuadro de cartula y vietas Fernando Olivos

    Diagramacin de cartula Flota Cabrera Al va

    El -Comit Editorial slo devuelve los originales solicitados y no mantiene cO.rre:sp,ondi':JlC sobre colaboraciones no requeridas. La revista no comparte

    i: inec'r;)'itll!lihorr.es de los artculos firmados en este nmero.

    Sumario

    PRESENTACIN

    NOTICIAS DEL CORSARIO NEGRO

    Julius cumple 30 aos

    OscarWilde

    ENSAYOS

    Dossier 1: literatura y Gnero

    La potica del cuerpo de Diamela Eltit

    Entrevista a Susana Reisz

    Dossier 2: Narrativa en los 90

    11

    Agustn Prado Alvarado 15 J oscph Prat 17

    Roco Silva Santisteban 21

    31

    Nuevos sujetos y escenarios de la novela en los 90 43 Maree! Vclzquez Castro

    La novela histrica: postmodernidad y diferencia 59 Miguel Maguio Veneros

    Entrevista a Peter Elmore 71

  • CREACIN

    Poesa

    La humildad de los sueos y otros poemas Csar Silva Santisteban 91

    Cuy/ Buitre Ello Vlez .i\!farquina 96

    Dos poemas Jaime Rodrguez 99

    1'faderamen/Terr.itorio Jos Cabrera Al va 101

    Narrativa Lo u, jlame las grcnchas otra vez Frida Tristn 105

    Diazepam Dante Trujillo Ruiz 111

    TRADUCCIN

    Oh, hazme una mscara y otros poemas Dylan Thomas 117

    Cua,tro poemas Jo y ce Mansour 121 La imagen en la piedra Roger Caillois 124

    DOCUMENTOS

    Hemetografa de I-Iara11i (1963 ~ 2000) Vctor Maz H. 129

    FANTASMAS DE PAPEL

    Dossier 3: Origen es del cuento moderno en el Per El primer cuento peruano

    Un amor en sueos

    Notas sobre El Peri I!N.rtmdo

    La herencia

    Ictrico

    NOTAS

    Una antologa discutible

    Cecilia Moreano 159

    Paulino Fuentes Castro 167 Marcel Velzqucz Castro 177 M. Cloamn 184

    Jos Santos Chocano 187

    Camilo Fernndc?. C. 193 Aproximaciones a i\1onlogo desde /m tinieb!m Carlos Gatca Nliranda 197

    GALEN DE LIBROS

    Marco Martas. El mar de las tinieblas

    D. Nioto mis ato. Chamba/a era un camino Jos Pancotvo. Prqfeta el cielo Jos Watanabe. Cosas del cmrpo

    R. Santa Cruz. El evangeho segn S anta Cmz Dotnlngo de Ramos. Cenizas de Altamira

    Carlos Fuentes. Los ao.r con L.aura Daz

    Bruno Mendizbal. l\Tocturno de Sdn Felipe

    Hidefuji Someda. El impena de los incas

    Lady Rojas. Alumbramiento verbal en lo.r 90

    Alonso Rab. En un purisimo rc1mqje de vado.r

    Carlos Garayar

    Maia Rojas Brckmann

    Jos Cabrera Al va

    Vctor Coral

    Marcos Mondoedo

    Vctor Coral

    Agustn Prado Al varado

    Carlos Espinal

    Miguel Niaguio V.

    .Milagros Munive

    Vctor Coral

    Lorenzo Helguero. El amor en los tiempos del cole Vctor Vich

    DATOSDELOSAUTORES 227

  • PRESENTACIN

    Muchos aos despus, frente al pelotn de la crtica, Aos & ZAF!ROJ" tena que volver para -lejos de los dedos quebrados de la teora plaidera, y de la pluma inmanente de los pavo irreales- rotnper el desconcierto literario del patio de letras.

    Tres son los ncleos centrales de esta entrega. Por un lado, los estudios

    de gnero, donde destacan el texto de Ro do Silva Santisteban sobre'la potica de Diamela Eltit y la entrevista a Susana Rcisz. El segundo eje intenta un balance de la novela en los 90, con dos ensayos y una entrevista a Peter Elmore. En la seccin Fantasmas de Papel, nuestro tercer eje, presentamos una inquisi-

    cin sobre los orgenes del cuento en el Per; donde el lector encontrar un olvidado texto de Paulina Fuentes, primer cultor del cuento moderno hacio-

    nal, y un singular relato Je Jos Santos Chocano, entre otras sorpresas.

    Adems, en nuestra seccin de creacin, ofrecemos poemas de Csar Silva Santisteban, y en narrativa, un cuento de Frida Tristn, joven escritora

    arequipea. En nuestra seccin de traducciones, ofrecemos versiones libres de Dylan Thomas, Joyce Mansour y Roger Caillois, que delatan nuestra pasin

    por otras lenguas.

    En el imperio de la Internet, anunciamos la conversin de /1,os & ZAFI-ROS en una revista tambin virtual. Nuestra pgina web http:/ /

    www.ajosyzafiros.perucultural.org.pc, incluida en el Centro Cultural Per Vir-tual de Telfonica, nos permite multiplicar los contactos con lectores y detracto-

    res cibernautas.

    Ajos & Zafiros 11

  • En tiempos inciertos, los reconocimientos se hacen necesarios. Por ello incluimos una hemerognfa de la revista Hara11i, a la cual Paco Carrillo dedic gran parte de su vida. Por otra parte, y en una onda ms festiva, recordamos los cien aos de la muerte del es teta irlands Osear Wilde proponiendo un diver-tido concurso a nuestros lectores; adems, celebramos los treinta aos de Un mHndo para ]Hiz.r, revelando las travesuras editoriales que lo persiguieron.

    Llst h1tt non lea.rt, tenemos la seccin de reseas, donde examinamos a veces imparcialmente, pero siempre atrevidamente lo ltimo de la produccin literaria de nuestro medio.

    Esperamos que, otra vez, sean los lectores los que nos regalen sus favo-

    res al leer la revista. as Pound said. O

    12 Ajos & Zafiros

    NOTICIAS DEL CORSARIO NEGRO

  • JULIUS CUMPLE TREINTA AOS 6 Agustn Prado Alvarado

    Un mundo para Julius fue editado hace treinta aos en la capital catalana del libro en espaol: Barcelona. El sello editorial con el que vino al mundo fue el ya desaparecido Barra! Editores. Probablemente es la novela ms leda y estudiada de Alfredo Bryce Echenique. Nos gustara rememorar las tres dcadas que cumple recordando, concisamente, los recorridos de la primera edicin que por lo anecdtico de los incidentes bien podra ser participe de las situaciones "exageradas" de las que son vctimas los perso-najes imaginarios de Bryce Echenique como Martn Romaa, Fe-lipe Carrillo o Max Gutirrez.

    El manuscrito se present al prestigioso concurso Bibliote-ca Breve de 1970, convocado por la editorial Seix Barra!. Razones internas de la editorial impidieron que se fallase el premio. Pero segn comenta Bryce el propio Carlos Barra! (jurado y editor de esa editorial) le revel que de haberse fallado el premio su libro habra sido el triunfador. Sin embargo, otros miembros del jurado (entre ellos Vargas Llosa y Garcia Mrquez) sealaron que la no-vela ganadora fue El obsceno pjaro de la noche de Jos Donoso. Un mundo para Julius ha gozado de un saludable xito desde su aparicin, no obstante que la primera edicin estaba plagada de erratas. En total 750 errores. Por reclamo del propio autor se pre-par una segunda primera edicin. Pese a que el propio Carlos Barra! (editor de la novela) le prometi quemar los ejemplares so-brantes (se imprimieron cinco millares), stos se salvaron de la hoguera y viajaron a instalarse en libreras latinoamericanas tal

    Ajos & Zafiros 15

  • como lo comprob y confes el propio Bryce en Permiso para vivir. Antimemorias (1993 p. 255.)

    A pesar de ese tropiezo editorial existen actualmente diver-sas y cuidadas ediciones en diferentes lenguas. La irona que persi-gue las ediciones de Un mundo para Julius alcanz nuevamente a la preparada por Julio Ortega para la editorial espaola Ctedra. Re-cordemos que estas ediciones se caracterizan por su pulcritud y por poseer notas aclaratorias y un estudio preliminar de la obra. La edicin de Un mundo para Ju/ius no presenta notas y cambia por descuido el ttulo en el ndice del primer captulo: "El palacio origi-nal" por "El pecado original". Pese a estos errores la edicin disfruta de un sustancioso estudio del crtico peruano. Acompaan a la edi-cin un apndice y un glosario que contiene dos comienzos de Un mundo para Ju/ius (con el de Ortega podran ser tres comienzos) y confesiones del autor sobre su novela y su escritura personal.

    Todos los deslices editoriales por los que ha pasado esta novela no han mermado el gusto de los lectores. Es por eso que uno de los mejores homenajes a Un mundo para Julius lo encontramos en la encuesta publicada por la revista Debate, volumen XVII W 81-febrero- abril de 1995, donde por votacin de un considerable pbli-co relacionado con la literatura (escritores, acadmicos, profesores, etctera) fue elegida la mejor novela peruana. O

    16 Ajos & Zaftros

    OSCAR WILDE (1854-1900)

    b Joseph Prat

    A manera de homenaje a un escritor tan lcido como ldico proponemos al lector identificar en la siguiente relacin de aforis: mas Y mximas, aquel o aquella que no perlenece al escritor irlan-ds.

    "No hay nada como el cario de una mujer casada. Es una cosa de la que ningn marido tiene la menor idea" (El Abanico de Lady Windermere)

    "La nica diferencia que hay entre un capricho y una pasin eterna es que el capricho ... dura ms tiempo" (El retrato de Daran Gray)

    "Ms de la mitad de la cultura moderna procede de lo que no debera leerse" (La imporlancia de llamarse Ernesto)

    "Un crtico no puede ser imparcial en el sentido vulgar de la palabra. Slo podemos dar una opinin imparcial sobre las cosas que no nos interesan; sin duda por eso mismo las opiniones impar-ciales carecen siempre de valor" (El crtico arlista)

    . "El hombre es menos l mismo cuando habla por cuenta pro-pia. Dele usted una mscara y dir la verdad" (El crtico artista)

    "El nico deber que tenemos con la historia es el de escribirla de nuevo" (El crtico artista)

    "Una idea que no es peligrosa no merece ser idea" (El crtico artista)

    Ajos & Zafiros 17

  • "Para ser popular es indispensable ser una mediocridad" (Mxi-mas)

    "El egosta es aquella persona de mal gusto que piensa ms en s misma que en m." (Mximas)

    "El cigarrillo es el modelo perfecto del perfecto placer. Es ex-quisito, le deja a uno insatisfecho pero no del todo. Qu ms de-sea? (El retrato de Daran Gray)

    "Yo puedo resistir a todo menos a la tentacin" (El abanico de Lady Wndermere)

    "El mundo es un teatro, pero la obra tiene un reparto deplora-ble ( El crimen de Lord Arturo Savlle)

    "La vida es un feo cuarto de hora, compuesto de minutos exquisitos" (Mximas)

    " El pblico es prodigiosamente tolerante: lo perdona todo, menos el talento" (El crtico artista) O

    18 Ajos & Zafiros

    ENSAYOS

  • Dossier 1: Literatura y Gnero

    ~

    LA POETICA DEL CUERPO DE DIAMELA ELTIT *

    f6J Roco Silva Santisteban

    No he escogido a un autor cannico de la literatura latinoame-ricana sino a una autora con obra abierta que es relativamente des-conocida en nuestro pas, y por este motivo intentar ser un puente entre unos posibles futuros lectores y una autora compleja, y presentarla como un asunto fascinante (porque lo es).

    Esta opcin de presentar un texto sobre las novelas -para colocarlas dentro de un gnero literario- de Diamela Eltit se debe a que, personalmente creo -y eso es lo que pretendo demostrar en este texto- que su propuesta potica no slo es radicalmente original sino subversivamente femenina.

    En sus novelas 1 , as como en sus textos des-generados e inclasificables como Padre Mo (una investigacin sociolgica sui gneris sobre el discurso de la psicosis a partir de una entrevista y un dilogo casi monolgico de un loco en las calles de Santiago) o El Infarto del Alma (la gua de una ruta extraa: el amor entre los pacientes de un hospital psiquitrico en Putaendo), Diamela Eltit ha logrado no slo re-escribir y resignificar tpicos del mundo lati-noamericano sino que ha conseguido romper, desde el plano de la

    ~ Una primera versin de este texto fue una ponencia del Coloquio sobre Poticas del Siglo XX organi~Ntdo por el Instituto de Investigaciones Huma1sticas de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de San Marcos (octubre, 1998).

    Ajos &Zafuos21

  • L ---

    expresin; esto es, desde la materia textual izada, con los rdenes de un poder patriarcal y falogocntrico: el poder de la pretendida neutralidad de la literatura occidental.

    Nace la Iluminada

    Diamela Eltit es una escritora chilena que irrumpe (ste es el trmino exacto) en el mundo literario durante la dictadura de Pinochet (y esto, por supuesto, no es irrelevante). En el ao 1983 -ao du-rante el cual an se practicaban las desapariciones y las torturas-, cuando ella tena 34 aos, publica en las ediciones del Ornitorrinco, una editorial marginal y alternativa, el texto de ficcin Lumprica; novela que puso en juego el debate sobre el poder de la palabra ms all de los previsibles rdenes culturales, es decir, los discursos afines a la ambigedad y a la mentira del orden de la opresin dictatorial y de la derecha chilena; y los predecibles dis-cursos de izquierda, generalmente planos y centrados en tmidos ataques frontales, que no planteaban una salida alternativa y creativa al momento histrico que lo exiga.

    Lumprica viene dentro del formato novela slo para entrar de alguna manera al orden de lo literario, porque en realidad Lumprica es una antinovela, en tanto que rompe con las estructuras narrativas y lingsticas clsicas del gnero, desde dentro del gnero. No es-taramos hablando de una novela de vanguardia dirigida a una elite, ni de una novela potica, sino de una novela marginal dirigida hacia un lector marginal. Quizs se podra acercar estos textos de Eltit a la propuesta de relato acausal que el crtico Sergio Ramrez ha for-mulado como una forma de entrar a la realidad desde lo literario. Ramrez sostiene que la percepcin actual de la realidad no es una "lectura" de la misma sino un "escaneo" (1998:5). En este sentido, Lumprica, por ejemplo, plantea una construccin simultnea y sin-ttica a partir de los recursos cinematogrficos que incluye o de las diferentes voces que la protagonizan y que nunca logran una armo-na coral sino ms bien una cacofona estridente y perturbadora, que la acercaran a este escaneo de la realidad social. No estamos, por supuesto, ante una novela gratificante.

    Explicado brevemente su montaje, diremos que Lumprica no se deja taxativamente decodificar. Es imposible hablar de una lnea

    22 Ajos & Zafiros

    argumental, por ejemplo. No hay una historia clsica y aristotlica. Estamos ante una propuesta narrativa totalmente diferente: es la historia de los lmpenes, los harapientos, los "plidos", como los llama ese narrador intradiegtico no especfico (muchas veces pro-tagonista, otras tantas testigo; algunas veces masculino, otras fe-menino) y de su reina, su lideresa, su atriz privada: L.lluminada. Puede tratarse de una loca de la plaza o de una histrica que acta, pero en cualquier caso L.lluminada es la protagonista de esta pica lumpen, que pasa arrastrando su cuerpo por todas las pginas pero no lo deja en ninguna y en ningn momento. Podramos decir que se trata de una metfora (no una metonimia) de otro cuerpo: el de la Patria.

    La propuesta narrativa de Lumprica es la de desequilibrar, por medio de sus recursos narrativos, la creencia en una verdad racional y logocntrica; se trata entonces de una novela fundamentalmente antiautoritaria, que se opone al discurso unvoco y que abre perma-nentemente nuevas significaciones, desde la hibridez y la heteroge-neidad, pero sobre todo, desde la potencialidad de una deconstruccin literaria que opera una mujer que escribe conscien-te y polticamente como mujer.

    La autonarratividad desconfiada

    La propuesta de escritura de Diamela Eltit opera en forma in-versa a la construccin novelstica tradicional. En lugar de centrar la narracin construyendo caminos que consoliden un final, Eltit utiliza la tcnica de la elucidacin; es decir, que va expandiendo los signi-ficados o creando significantes mltiples en tanto que, por ejemplo, yuxtapone varias versiones sobre el mismo hecho o mantiene la idea constante de "la mentira" de los protagonistas (quin le mien-te a quin, tal o cual protagonista o, de repente, el propio narrador?). No se trata, por otro lado, de ir creando pistas falsas que luego el lector entender como "trastornos" de la narracin por tensin y sus-penso en la ansiada bsqueda de la verdad (como en el caso de la novela negra). Al contrario: esas mentiras, esas verdades a medias, esas perturbac"1ones, son las que le otorgan significacin a la propia propuesta: no son pistas falsas, forman parte de un camino sin sen-dero, como el mar, mltiple y polimorfo.

    Ajos & Zafiros 23

  • ------------

    Es decir que en todo momento la autora elude una sola pers-pectiva de lectura, de tal manera que en sus novelas constantemen-te se duda de lo que se afirm una pgina atrs. A esta tcnica el crtico chileno Juan Carlos Lrtora la ha denominado autonarratividad desconfiada (1993:27 -35), y por supuesto se trata de un recurso dentro de su coherente propuesta potica radical. Diamela Eltit pro-pone, como lo hemos venido sealando, un acercamiento a ciertas marginalidades y en la medida en que stas se convierten en espa-cios, momentos y personajes de sus obras, construyen estructuras de significacin.

    Y pienso que quizs es en la estructura donde verdadera-mente radique lo que puede entenderse por marginalidad y lo que ha marcado mi propio margen como escritora. La palabra y su centramiento o descentramiento, su acuerdo esttico, su juego y su burla y la torsin, constituyen dentro del proceso de escritura el mayor desafo que debo afron-tar (Eitit, 1993:20)

    Torsiones, burlas, descentramientos. Eludir, esquivar, disper-sar. Ampliar los sentidos de un texto, mentir, no acabar, regresar. Divagar, fragmentar. Apostar por la pluralidad, las aristas, los bor-des, las fisuras, las grietas, "explorar vagamente (a la manera vaga-bunda) los gneros, las mascaradas, el simulacro y la verbalizada emocin" (Eitit, 1993:20). Todo lo que significa la construccin de ese otro lugar ms all dellogos occidental que reclaman las teri-cas literarias feministas (desde Toril Moi pasando por Teresa de Lauretis hasta Raquel Olea, o desde hace muchsimos aos Marta Traba y Eveline Garca) como el espacio desde/hacia donde debe apuntar la escritura de una mujer: la imposible posibilidad de nom-brar lo innombrado (pero quizs nombrable); o en trminos lacanianos, el esfuerzo impracticable de "simbolizar lo Real" ms all del sntoma o dentro de la perspectiva deconstructiva de Derrida -menos desencantada que la de Lacan-la bsqueda del pliegue al que ha denominado diferenzia y que concibe como ese perturba-dor fenmeno que escapa a la Razn (Bennington-Derrida, 1994:98 y SS.).

    Se trata por supuesto de una propuesta potica y por lo tanto

    24 Ajos & Zafiros

    de un ejercicio escriturallibre y consciente: una aventura que empe-z intentando decir lo que no se poda decir por la censura y la amenaza de muerte y tortura en el Chile de la represin, y que termi-n asumiendo una de las tareas ms titnicas, perturbadoras y totalizantes de la posmodernidad: escribir ms all del lenguaje.

    Cuerpo y dolor vencen al poder y la gloria

    Escribir ms all del lenguaje: pero, cmo?, desde dnde? En principio, usar el lenguaje para no utilizarlo, quebrar sus signifi-caciones desde sus propios significantes pero adems partir de un hecho dado que est ms ac que las dicotomas masculino/feme-nino, razn/intuicin, cultura/naturaleza: el cuerpo.

    El cuerpo femenino, en este caso, como el lugar (el /ocus) desde donde se experimenta el dolor, la represin, la fuerza del Poder del Padre, la violencia ejercida por los Poderosos, la censu-ra, la mutilacin y otras manifestaciones psicopticas de la falta de salud en las sociedades latinoamericanas. Pero tambin el cuerpo como el locus de la expresin, desde donde van a surgir las hue-llas, que permanecern como tales (incluso difusas o difuminadas pero siempre presentes) en los textos de toda su obra.

    Las novelas de Diamela Eltit dan cuenta de los traumas que someten a un pas, pero a partir justamente de una propuesta en paralelo entre el cuerpo doliente de la mujer y el cuerpo enfermo y torturado de la patria. Lumprica es la ficcin de un cuerpo femenino asolado por las torturas y los perversos rituales interrogatorios en la poca de la dictadura en Chile, recuperado por y para la escritura.

    El cuerpo escrito en este texto innovador y desconcertante est lejos de ser la ocasin para una celebracin o una protesta intermedias ( ... ) Lumprica es un texto cautivante, profundamente inteligente, que llama a la meditacin y que explora y escribe el espacio del cuerpo en un dolor extre-mo (Castro-Kiarn, 1994:125).

    La Iluminada, la protagonista, es una mujer torturada durante

    Ajos & Zafiros 25

  • el transcurso de toda la obra que sobre todo rompe con la continui-dad temporal. Para Castro-Kiarn esta ruptura -no slo de las se-cuencias narrativas sino del concepto de temporalidad- es una puesta en evidencia de que cuando un cuerpo sufre insoportable-mente no tiene conciencia de lo temporal, el tiempo se pierde, pues el cuerpo doliente siempre est desconectado de contenidos referenciales (1994:125).

    Lo trascendente en esta novela es la simbolizacin de loma-terial como saturacin de contenidos simblicos, la palabra slo existe despus del grito, ese sonido emitido por el cuerpo y que carece de representacin lxica, pero que se instituye como la piedra en donde reposar el discurso subversivo, un discurso pro-puesto desde ese otro lugar, desde una crtica ya no slo al falogocentrismo sino a sus representaciones ms perversas (las torturas).

    Tanto para Diamela Eltit como para su compaero de gene-racin, el poeta Ral Zurita', otro escritor que configura similitudes y paralelismos entre el propio cuerpo y el cuerpo de la patria, las heridas conferidas a la Patria, a ese cuerpo social que simboliza una propuesta liberadora adems de una historia comn, son sufri-das en el propio cuerpo. Pero, asimismo, lo censurado en el cuerpo social se transforma en imagen dentro del espacio textual. Es as que lo que no puede verbal izar L. iluminada lo dice en su cuerpo, lo pone y lo expresa, llena su cuerpo de smbolos, le quita el habla y las palabras pero le otorga significacin.

    En lo que insiste Eltit y que no refiere Zurita (o deja pasar) es en la relacin entre cuerpo doliente y cuerpo gozante: derriba los hitos que marcan la diferencia entre dolor y placer porque durante las torturas, las violaciones y otras representaciones infamantes que describe Eltit en su novela, ya no sabemos si el cuerpo de L. Iluminada goza o padece, si se resiste a las penetraciones o se masturba histricamente. Estos contornos difuminados nos dan una pista sobre el carcter de esta forma de asumir el cuerpo propio como lugar de encuentro de los ms antagnicos sentidos (en su acepcin semitica).

    As como lo seala el annimo presentador del libro O un cu-chillo esperndome de Patricia Alba,

    26 Ajos & Zafiros

    El tema, claramente emboscado en el rito carnal, registra el intenso contrapunto entre el terror y la voracidad, entre la sole-dad y la voluptuosa conciencia de saberse codiciada ( ... ) El estertor del llanto se parece al estertor del placer. El grito agudo en el torbellino de la lucha no se sabe si es del que hiere, o del que rnuere (Alba, 1988:contracartula).

    Gritos confundidos otorgan al texto ese poder amplificador que se propone como una de las coordenadas del relato acausal: desde un repertorio mnimo de signos, el texto libera una carga energtica, semntica y simblica, que los excede y los ampla.

    Esto permite a la autora un quiebre perverso: las heridas que le infligen y que se autoinflige L.lluminada (ya hemos dicho que la novela es el espacio textual donde se representa el cuerpo censu-rado) no slo producen esa mezcla entre los gritos de violador y violada, sino tambin una confusin entre los gritos del dolor o del goce. L.lluminada goza de sus heridas antes de lamerlas. "Estrella su cabeza contra el rbol hasta que la sangre le baa la cara. Se limpia con sus manos ... las lame ... el goce de su propia herida ... su estado conduce al xtasis. Dice: Tengo sed" (1983:16).

    En esta ltima oracin, por lo pronto, hay un tercer quiebre: la introduccin de "la palabra de Dios", esa palabra que se pronuncia en el momento de agona del humano que est a punto de deificarse por su accin simblica y erstica. El cuerpo as golpeado, magulla-do, distorsionado, resemantizado, goza de sus propias laceraciones y en ese goce se asemeja a Dios (desde la perspectiva de la expe-riencia interior de Bataille). Es el cuerpo el lugar de las heridas, pero de las heridas que asumidas desde el espacio del placer-displacer se constituyen en universos simblicos de una representacin dile-rente de la feminidad, ms cercana a la simbolizacin de la divini-dad, pero tambin de la resurreccin. El cuerpo escapa entonces a la microfsica del poder a travs de su textualizacin.

    Para terminar, mencionar lo que una lectora no profesional, es decir, una mujer con educacin superior pero no especializada en literatura, y que ha ledo Vaca Sagrada, coment despus de admitir que su lectura fue difcil pero estimulante:

    el ttulo Vaca Sagrada me recuerda lo domstico, lo sencillo y comn pero al mismo tiempo viene acompaada de eso, lo

    Ajos & Zafiros 27

  • sagrado, que tiene un halo de misterio, poder y sabidura. Qu brava, qu complicada, eso de querer regresar por el camino de la sangre! 3 .

    Querer regresar por el camino de la sangre es un manera de volver al cuerpo (ms all de las tesis esencialistas y biologistas) y encontrar en l una forma, un quiebre, un agujero, desde donde per-forar con constancia, sabidura, paciencia y un gesto subversivamente femenino, el sujeto falsamente andrgino y neutro de la razn occi-dental. O

    Notas

    1 Diamela Eltit ha publicado los textos de ficcin L!11JJpJica (1983), Por la Patn'a

    (1986), Los Vigilt/1/tes (1994), El C11arto klmtdo (1996), Vaca Sa,P,radrr (1991) y Los trabqjadores de la !IJIIeJic (1999); as como lm textos de no ficcin El Padre !JJ!o (1989) y El infmto del Alma (1994). 2

    El poeta Ral Zurita, en casi todos sus libros pero sobre todo en Pmgatolio, tmnbin establece el mismo paralelismo entre el cuerpo del poeta -el yo de la enunciacin- y el cuerpo de la patria. Esta relacin est referida sobre todo a las heridas producidas en el cuerpo de la patria y reciblda.s simblicamente en el cuerpo del poeta, pero ya no slo en el yo de la enunciacin sino tambin en el yo del enunciado: Zurita se marc la mejilla con un fierro candente. Para Zurita esta marca es el primer grito, la primera palabra, el inicio del resto de su poesa (Silva Santisteban, 1997: 45-55). 3

    Comentario recogido el lunes 19 de octubre de 1998 en el curso Novela Latinoame-ricana - Nuevas Tmdmcias que he dictado en el Centro Cultural Antares. Ese da se revis Vaca Sagrada.

    28 Ajos & Zafiros

    --------------

    BIBLIOGRAFA

    ALBA, Patricia 1988 O un mchil!o esperndome. Lima:Edit. Seglusa/ Colmillo Blanco.

    BENNINGTON, Geoffreyy DERRIDA, Jacques

    1994 Jacque.r Derrida. Derrida base y -circotifl!sin. Madrid: Ctedra.

    CASTRO-KLARN, Sara

    1994 "La escritura y el espectculo del cuerpo encendido". Mtere.rporMeres. Moiss Lemlij (Editor). Lima: Biblioteca Peruana de Psicoanlisis.

    ELTIT Diamela

    1983 LJJJtl_Prica. Santiago de Chile: Ediciones del Ornitorrinco. 1993 "Errante, errtica J!. Una potica de literatura menor: la narrativa de Diamela

    E!tit.

    LRTORA,Juan Carlos (compilador)

    1993 Una potica df! literat11ra menor: la narrativa de Diamela Eltit. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Pmpio.

    RAMREZ. Sergio

    1998 "Elementos para una potica de la narracin de finales del siglo XX: hada una narrativa acausal". Ponencia presentada al Coloquio sobre Poticas del Siglo XX organizado por el Instituto de Investigaciones Humansticas, Facultad de Lctt'as y Ciencias Humanas, Universidad Nacional de San Marcos (indito).

    SILVA SANTISTEBAN, Rocio

    1997 "Una performance de Ral Zurita. Estudio de significantes". Leteo, &vista deArtesyLetra.r. N u 1. Lima: Editorial Asociacin Cultural Leteo.

    Ajos & Zafiros 29

  • ENTREVISTA A SUSANA REISZ*

    Susana Reisz es licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires y doctora en Filologa Clsica por la Universidad de Heidelberg. Fue profesora de Literatura en la Pontificia Universidad Catlica del Per de 1976 a 1989. Hoy ensea en la Escuela de Graduados de la Universidad de Nueva York, donde adems es subdirectora del programa de Doctorado en Literaturas Hispnicas y Luso-Brasileras. Es autora de textos fundamentales como Teora Literaria. Una propuesta (1987), y Voces sexuadas. Gnero y poesa en Hispanoamrica (1996). Su brillante trayectoria intelectual, su indeclinable vocacin crtica y sus provocadoras ideas la convierten en un referente imprescindible para los estudiosos de la literatura y la cultura contempornea.

    Ajos &Zafiros: La principal pretensin de la teora literaria incide en la inmanencia textual, el texto como centro de la interpretacin. Porqu se vive esto con tanta obsesin en pases perifricos como el nuestro? Por lo menos en nuestra experiencia, en contacto con las personasq u e ejercen la crtica literaria, sesiente una fervorosa adhesin cuando en otros pases ya 1 a gente empieza a tomar distancia de esta prescripcin cientfica de carcter universalista.

    Susana Reisz: Yo estoy pensando mucho en eltema desdeotra perspectiva, desde la perspectiva de gnero y toda la reflexin femi-

    ' Entrevista realizada por 1faia Rujas, Milagros 1Y1unive y !viarcel Velzqucz Castro en noviembre de 1999.

    Ajos & Zafiros 31

  • nista. Ocurre lo siguiente, que hace buen tiempo, digamos unos quince aos, en los espacios centrales por su produccin cultural y econ-mica, se ha empezado a atacar de manera sistemtica toda concep-cin demasiado racionalista, basada en el/ogos. Por ello, ha habido una reaccin antiterica; sin embargo, en parte entiendo y apoyo a quienes nosesubentan rpidoa/carrodel ataqueantiterico. Porque esmuytcildeclararselatigadosycansadosdelracionalismoylateora, cuando los pases perifricos estn empezando recin a producir su propia teora y comenzando a desarrollar su propia racionalidad.

    Entonces, desde ese punto de vista, no tiene nada de sorpren-dente que haya esta suerte de desfase; de la misma forma que yo no acepto para nada, en este momento, as, con la gran alegra con que algunos grupos de van guardia proclaman el posleminismo. Eso ser para unas pocas mujeres ilustradsimas en algunos de los centros de poder. Pero para el grueso de las mujeres, de qu posleminismo vamos a hablar si no se ha llegado al feminismo, ni siquiera a reconocerse como seres humanos limitados y vulnerados en su humanidad por el hecho de ser mujeres. Lo que pasa es que vivimos distintos tiempos simultneamente. ste es un problema que no se puede dejar de reconocer.

    Ahora, por otro lado, para hacer de abogado del diablo: obvia-mente aterrarse a la teora recia, rgida y dogmtica, mono lgica -para decirlo con una palabra de Bajtin- en un medio perifrico que deberasacar mucho ms provecho de su posibilidad de movilidad, de su posibilidad de dialogismo pi ural, es un poquito retrgrado, sin lugar a dudas. Entonces, por una parte lo entiendo pero por otra parte tomo distancia. Y trato de hacer justamente algo muy diferente en este momento, porque yo fui parte de este medio.

    A.Z.: Su obra ilustra de alguna manera este desplazamiento. Su primertexto, que hasta ahora es un texto sagrado, propona un modelo terico asptico y con pretensiones cientficas; pero lo que usted est escribiendo ahora se insta/adentro de otro modelo, de otro paradigma donde prima el resurgimiento de la subjetividad y una aguda conciencia de la diferencia. Usted considera que este desplazamiento es una tendencia que va a predominar en el futuro o una tendencia minoritaria

    32 Ajos & Zafiros

    que se sabe y asume marginal y no pretende irrumpir contra otras

    propuestas?

    S. R.: Tengo la impresin de que est dejando de ser marginal y minoritaria esta propuesta. Como de costumbre, mucho depende de/lugar desde el cual t hablas. As como se vive en el mismo ao cronolgico momentos histricos diferentes. Lo mismo ocurre desde el punto de vista de los modelos tericos y la reflexin crtica. Yo te dira que en Estados Unidos, en este momento, este tipo de reflexin est empezando a ser, comosediceall, mainstream. Cada vez ms tiene un lugar fuerte y central en la academia, digamos que es un desarrollo casi imparable. Hasta cierto punto a m me fastidia y me apena, porque le quita el potencial subversivo que tiene esta postura cuando se la ejerce. desde los reales mrgenes. En este momento, en muchos aspectos, yo me siento trasladada contra mi voluntad muchas veces al o que podramos llamar el "centrito" del poder; que

    por otra parte es una situacin artificial.

    No significa que los estudios de gnero que toman en cuenta la discriminacin racial o sexual, que los estudios de gaysy lesbianas, que los estudios que trabajan con las minoras; por el hecho de tener una posicin aceptada y muy respetable en /a academia representen un avance general de la sociedad. No es as, porque sigue habiendo total desigualdad entre hombres y mujeres todava, en los lugares de trabajo yen los puestos de poder; porque, pese a la presencia reco-nocida y respetada de los /esbianandgaysstudies, se siguen matando ytorturando homosexuales; claro, de manera aislada y no mayoritaria. Pero es un fenmeno que existe. Entonces hay como un desfase entre /apostura de respeto, casi central en el mundo de la reflexin, Y lo que eso representa en trminos reales, de cambio, de transformacin, de revolucin, y en trminos de lo que se da en la sociedad. Entonces te desactivan un poco al darle un lugar ms o menos central en la

    academia a este tipo de planteamientos.

    A.Z.: Sin embargo, ac los dinosaurios de la semitica llegan a decir que no interesa para nada la biografa, ni la condicin social del autor, que basta con el texto. Entonces, en ese sent"1do tu pers-pectiva sera subversiva, altamente provocadora y por eso interesa.

    Ajos & Zafiros 33

  • Pensaba por ejemplo que en tu ensayo "Juana Manuela y yo" se desarrollaunametodologadeanlisisdondelasubjetividadorganiza el sentido y que conlleva la disolucin de las fronteras entre los gneros literarios. A qu se debe esto?

    S. R.: Casi me ests jalando la lengua para dar una clase sobre literaturas menores. Precisamente, este es un fenmeno que lo vengo estudiando con pasin y con inters enorme, que se da en todas las literaturas menores a partir de Kafka. Menores no por menos impor-tancia sino en el sentido tremendamente importante y subversivo que le ha dado Kafka y del que ha hablado despus Deleuze y Guattari. Todo lo menores mayor, porque tiene un potencial subversivo enorme, pero que es producido por minoras que no tienen acceso al poder (econmico, cultural), aquellos que no tienen la voz cantante en la sociedad.

    A.Z.: Cmo se manifiesta esta literatura hecha por minoras?

    S.R.: Hay distintas formas de manifestacin de minoras. Seda en literaturas que se hacen en lenguas minoritarias, es el caso de la literatura gallega en Espaa o lo que podra ser el caso de una literatura quechua en el Per. Qu es lo caracterstico de estas literaturas producidas por grupos minoritarios? Ya sea en otra lengua o dentro de la misma lengua, son grupos que no tienen el poder dentro de una sociedad. Una literatura homoertica, porejemplo, producida porgays o lesbianas. Una literatura producida por los grupos desplazados y marginados de la sociedad; una literatura producida por gente con conciencia de su discriminacin por razones tnicas, sociales o de clase; una literatura producida por los marginales totales de !asocie-dad, como pueden ser los recluidos en las crceles. En fin, se puede hacer todo un inventario.

    Qu ocurre con las mujeres? Hayunamuycomprensible avidez por tratar de llenartodos los espacios. Como no se trata de literaturas que tengan un historial o una tradicin lujosa, con figuras modlicas en los distintos gneros. Se trata de llenarlo todo, una quiere hablar desde todos los frentes posibles. Es el caso de una mujer que se pone a escribir cuando no hay una presencia masiva de madres literarias,

    34 Ajos & Zafiros

    si bien a lo largo de la historia ha habido una que otra voz aislada, una que otra gran poeta o narradora . .Ellas empiezan a escribir lo que yo llamo los nuevos actores, lo quetratan de hacer es manifestarsecuanto pueden en todos los espacos en los que pueden.

    Ustedes lo habrn podido apreciar aqu: la mayor parte de las escritoras se mueven como pez en el agua, y mejor que Vargas Llosa, en la poesa, la narrativa, el ensayo, en el drama. Sucede prctica-mente con todas las compaeras, pasan de un gnero a otro gnero; no hay ninguna que diga yo soy la especialista o la duea de tal forma literaria particular. Lo mismo sucede en los grupos gay-lsbicos con conciencia y el mpetu de definitivamente de ser aceptados por la so-ciedad, de salir de la situacin de marginacin. Lo mismo sucede si uno observa la literatura producida por los afroamericanos. Tenemos el spanglish, importantsimo, y la literatura que llaman all de los latinos o tatin writers, que estn cambiando y renovando el panorama de las letras de los Estados Unidos.

    Prcticamente no hay una escritora o escritor latino que no se mueva en un montn de gneros a la vez. El porqu es fundamental: cuando se ha estado callado durante siglos, uno necesita hablar y hablar y no parar.

    A.Z.: Existir tambin un descentramiento de los gneros, una prdida de consistencia que nos permite movernos en espacios inter-medios ...

    S.R.: Claro que s. Esto me parece que es una evolucin que va msallde ladinmicadelocentralylo perifrico. Todo se est moviendo, porque estarnos asistiendo a momentos de cambio muy fuertes. Entonces, tambin esto es consecuencia de un panorama amplio Y general, pero yo creo que es caracterstica de lo que yo llamo los nuevos actores.

    A.Z.: Subsiste una ya tradicional relacin de conflicto entre crtica y creacin. La crtica se ve por un lado como un producto derivado, consecuencia de la creacin. Pero por otro se observa tambin como un aadido que otorga ciertos significados, proporciona cierto orden,

    Ajos & Zafiros 35

  • sealiza,daalgunaspistasotambindespista. Sehalogradosuperar la dicotoma entre crtica y creacin?

    S. R.: No, yo te dira que ah si nos movemos en un terreno totalmente minoritario. Yo s me siento minoritaria y marginal en la academia, en laacademiaamericanainclusive, porque eso es lo ms difcil de cambiary porque, si lo piensas bien, es la parte ms jerrquica de lo jerrquico. Justamente, la institucin, la academia, es lo ms rgido; es casi como el ejrcito, que es una jerarqua tremenda yferoz, entonces es ah donde menos se le permite a uno el desliz; es decir, hacer deslices entre tipos de textos, tipos de lenguaje o de voz.

    Es lo que trat de sugerir en mi testimonio cuando deca que yo fui formada para ser ratona de biblioteca y para ser seria, porque si no era seria, sera entonces una artista fracasada en competencia desventajosa frente a los artistas de verdad. Porque hay esa concep-cin de la crtica como una labor subalterna. Ahora se me ocurre que en el fondo es una feminizacin de la crtica, convertir a la crtica en lasubalterna, la "parejita", la "medianaranja"de la creacin. Para dejarla en casa.

    A.Z.: Entrando en la problemtica de la crtica latinoamericana, se han planteado ciertas categoras, como la heterogeneidad, segn Cornejo, para comprender las literaturas de Latinoamrica. La teora de gnero se puede adscribirsin conflictos a estos modelos tericos? Cmo se establece la conexin entre ambas perspectivas?

    S.R.: Son preguntas acertadas las que ustedes estn haciendo. Me viene un recuerdo ahora que me lo planteas, un recuerdo algo triste pero al mismo tiempo bueno: con el propio Antonio Cornejo Polar estabamos en post u ras crticas muy diferentes, totalmente distintas, y yo siempre echaba de menos, sobre todo en los ltimos aos en los que purifiqu mi mira frente a la literatura, echaba de menos que en su modelo de anlisis respecto de la literatura latinoamericana, l ignorara completamente la perspectiva de gnero y otras expresiones de las minoras que yo creo que forman un mismo conjunto. Si uno no entiende como conjunto todas las formas de marginacin, de marginalidad y subalternidad, entonces no est entendiendo bien el

    36 Ajos & Zafiros

    problema central de las posturas latinoamericanas. Echaba de menos eso y pensaba que probablemente no podramos dialogar; pero en una de las ltimas ocasiones en que estuvimos juntos en un congreso en los Estados Unidos, l expres pblicamente, despus de mi inter-vencin, que l reconoca que la crtica latinoamericana no podra avanzar de manera importante, original o sustancial sino inclua la perspectiva de gnero y si no tomaba enseanzas del feminismo. Un homenaje que hizo al feminismo, que me hizo a m pblicamente, pero el pobre se muri, porque yo estoy segura de que hubiera de-sarrollado esa perspectiva, porque era un hombre suficientemente talentoso como para poder absorberla. Lamentablemente la opinin de Cornejo Polar fue una opinin oral, pero yo soy testigo, yo puedo dar fe de eso. l era un talento, un hombre importante de la crtica latinoamericana.

    Yo creo que no hay conflicto, al contrario, se abre ms la mente. Y a la inversa te digo, yo soy una convencida de que no hay una crtica feminista verdaderamente productiva, creativa, si no incluye en el an-lisis de las cuestiones de gnero, el anlisis de todas las formas de marginacin. No puedes apartar la cuestin de la raza, de la clase social o de la orientacin sexual; es decir, de todos los condicionantes a partir de los cuales se subalterniza, se feminiza en el mal sentido a grupos humanos importantes. El feminismo no puede dejardeconsiderartodo eso, porque sino se convierte en una especie de juego frvolo.

    A.Z.: En la Universidad Catlica no hay ningn curso de literatura y gnero o por lo menos no se incluye de manera orgnica. Y en San Marcos hay un curso de Literatura escrita por mujeres desde hace pocos aos. Por lo general se localiza el problema de gnero sola-mente en la mujer, el trnsito inevitable de estudios de la mujer a estudios de gnero est demorando en nuestro pas.

    S. R.: En la Catlica por ejemplo, aunque no tengo mucha co-nexin, s que hay el Diploma de Estudios de Gnero como si fuera una cosa muy aparte o muy especial. Yo creo que es una manera de desactivar tambin el potencial innovadory subversivo que puede tener la incorporacin de este tipo de estudios a otras disciplinas. Si t lo aislas, lo vuelves menos peligroso.

    Ajos & Zafiros 37

  • A.Z.: En la crtica literaria peruana actual se utilizan varios estudios de escritoras y crticas que hacen mencin sobre el tema. Aun as, parece que todava se est en el estadio de los estudios de literatura femenina, salvo excepciones como las desarrolladas por tus textos, que articulan la problemtica del gnero con la de las minoras, pero tambin incorporando la relacin de poder entre el hombre y la mujer. Cmo observa usted esta ebullicin de investigaciones y al mismo tiempo sus limitaciones evidentes?

    S. R.: Yo soy optimista. Los cambios que yo estoy viendo y que se estn produciendo en Lima en los ltimos aos me hacen pensar que se est progresando, que el movimiento es imparable. Yo s que para ustedes que son muy jvenes, apasionados e impacientes, probablemente las cosas no se mueven con la rapidez que ustedes querran. Pero yo creo que hay progresos, ustedes no tienen idea de lo esclerosado que era el ambiente acadmico t pico veinte aos atrs. Yo siento que se respira un aire de renovacin; precisamente una es-critora y una pensadora como Roco Silva Santisteban es una seal de estos cambios, claro que la tiene muy difcil, pues le dan palos por todos lados yconstantementetienequesalir a batallaren el periodismo porquesigue habiendo una campaa mayoritaria de desvalorizacin de ese tipo de estudios.

    Por eso yo segu a travs de interne! los comentarios periods-ticos que suscit la organizacin del congreso anteriorde narradoras, y eran de una virulencia que yo no poda entender: decan que era tan estpido, tan absurdo hacer un encuentro de escritoras como hablar de una teologa ecuestre. Pero esto tambin me hace pensaren lo que llaman las feministas americanas -y en esto tienen toda la razn-la arremetida en contra, lo que se hace para contrarrestar un movimiento, el contraataque. Lo que pasa es que se estn produciendo cambios que son fundamentales y que amenazan a los tradicionales centros de poder.

    Si las mujeres, en el caso de los Estados Unidos, empiezan a ocupar puestos de poder importantes en los medios, en parte en la poi tica yen una serie de instituciones culturales de influencia; en ton-

    38 Ajos & Zafiros

    ces el imperio contraataca; es decir, el sistema patriarcal, represor, autoritario, contraataca por otras vas. En el caso de la sociedad americana contraataca por el lado de la imagen, empieza a torturar a las mujeres con imgenes de una belleza fsica inalcanzable para el99.9% de las mujeres, con la consecuente epidemia de anorexia, de chicas que se mueren o se subestiman. Lo s porque tengo una hija adolescente. Entonces es un contraataque de una eficacia fe no m en al, porque quita toda la confianza que las mujeres han desarrollado

    en estos aos de lucha.

    A.Z.: Sin embargo, tambin existe a veces una sospechosa coincidencia entre el mercado, el inters editorial y el fortalecimiento de una literatura hecha por mujeres. El mercado ha creado un segmento llamado literatura para mujeres, que posee c'1ertas caractersticas, t picos y cauces en los cuales se ha de difundir la obra de escritoras como Allende, Esquive!, Serrano, Mastretta; pero que excluye a una

    Diamela Eltit o a una Carmen Oll.

    S. R.: Nossi escucharon a Daccia Maraini, la escritora italiana, cuyaparticipacinfuealgoluminosoycentral. Definitivamente yo voy aseguir pensando, trabajando y escribir algo sobre el tema. Habra que hacer una distincin fundamental entre mercado e institucin literaria. Con esto muchas veces se tapan la boca, y muy frecuente-mente las espaolas, todas las espaolas, yo creo que en este punto se confunden. La mayora son muy reticentes. Cuandotles preguntas si hacen una escritura femen'na o si sonfemlnistaste van a decir que no, porque las mujeres tenemos las mismas oportunidades, parece

    que todo es regio; en realidad se confunden.

    En trminos de mercado s, tienen las mismas y hasta mejores oportunidades. Pero en trminos del respeto institucional: cero; el reconocimiento formal, crtico, acadmico: cero. Daccia Marain i dijo que a la hora que se publican las grandes visiones de la crtica literaria, pues aparecer una escritora entre sesenta y nueve autores; Y lo mismo en las listas de los espaoles. As que no me vengan a decir las espaolas que no existe ninguna marginacin; pues estn con-fundiendo mercado con el respeto institucional, que es otra cosa, Y

    Ajos & Zafiros 39

  • ah es el patriarcado el que rige totalmente.

    A.Z.: Qu mujeres creera usted que han sido olvidadas en las antologas literarias peruanas? Pensando sobre todo en el canon li-terario peruano, hay alguna voz femenina que usted considere que no ha sido debidamente considerada por la crtica?

    S. R.: Yo lo que siento es que hay un desdn generalizado, tanto en el pasado como en el presente. Los crticos que se consideran importantes, serios, no se dedican a hablar de las escritoras ni antes ni despus. De la gran crtica sobre las escritoras del pasado yo lo que conozco es un trabajo de Cornejo Polar sobre Clorinda M atto de Turner. Trabajo que, a mi juicio, en el momento en que l lo escribi, trat a la autora con una estrechez de miras muy grande. Antonio, creo yo, en ese momento todava no haba progresado en la direccin que podra haber tomado en este momento.

    Tambin en ese estudio trata con gran desdn, un poco con la idea de estas seoras ingenuas, un poco torpes, un poco locas y romanticonas, a ClorindaMatto, Mercedes Cabello, y alapropiaJuana Manuela Gorriti, una figura que yo aprecio de manera particular.

    Luego las poetas y las narradoras a lo largo de este siglo no han recibido la atencin de nadie, excepto Blanca Varela, pero slo a partir de cierto momento y por la consagracin desde afuera; ah lo que interviene creo que es como que no queda ms remedio que recono-cerla. Porque si Octavio Paz, que es el Tata-Dios de la poesa hispa-noamericana le da el espaldarazo, pues no la pueden ignorar; pero tuvo que haber Tata-Dios, un hombre, un poeta gigantesco que diga que esta mujer es fenomenal, "es una poeta de verdad".

    Como se dijo una vez en la presentacin de un libro de teora literaria -y lo sent como una cuchillada al hgado- uno de los grandes elogios que se me dijeron fue: Qu maravilla, una mujer que hace teora!

    A.Z.: Claro, se acepta ms fcilmente que una mujer practique la poesa, caracterizndola as como ms emocional e intuitiva, ale-jndola de la visin global y racional, y descalificndola de antemano ..

    S. R.: T te das cuenta del arma de doble tilo que es eso, el

    40 Ajos & ZaHros

    desprecio que hay detrs de esa alabanza. El desprecio de gnero te convierte en lo que no eres, en un hombre, en un macho, y slo as te aceptan.

    A.Z.: Cul es el valor de estos encuentros, cmo evala usted su participacin? Se me ocurre que puede ser un testimonio, en tu caso, de la movilidad adquirida que le permite transitar entre muchas tendencias, al no aterrarse a un tpico ni defenderlo a toda costa.

    S.R.: Una visin integrativa, exactamente. Quisiera compartir con ustedes un comentario que me hizo una antigua ex alumna ma, pues algunos de mis ex alumnos de quince aos atrs como que echan un poco de menos mi anterior personalidad crtica. Claro, porque me conocieron as y entonces les cuesta reacomodarse. Ella me hizo una pregunta fuerte, difcil. Pensaba que, de alguna manera, limitaba mi aproximacin a la literatura, que la empobrec a en 1 ugarde enriquecerla poniendo sobre el tapete la cuestin de gnero y toda esta preocu-pacin ma por las minoras y la literatura de minoras. Entonces, mi respuesta fue que eso probablemente ocurrira si alguien completa-mente nuevo en la actividad crticaestudiaslo eso, y que aquella sea su primera y nica aproximacin a los fenmenos artsticos.

    Ah s su visin puede ser limitada, pero cuando t vienes de una larga y amplia experiencia pi urimetodolg ica, cuando lo has estudiado todo, lo has intentado todo y ests ya fatigado de tanto canon: entonces simplemente se enriquece la visin, eres capaz de integrar. De manera ms arrogante, yo siento que lo que hago ahora es como el cubismo que hizo Picasso. Lo primero que hace no es dibujar un cuadradito y un tringulo, Picasso llega al cubismo despus de haber dominado toda la pintura acadmica. Siento que yo estoy en eso, es muy arro-gante pero qu vamos a hacer. O

    Ajos & ZaHros 41

  • ------------------------

    Dossier 2: Narrativa en los 90

    NUEVOS ESCENARIOS Y SUJETOS DE LA NOVELA PERUANA EN LOS 90

    ibJ Marcel Velzquez Castro

    INTRODUCCIN La realidad y la verdad son construcciones discursivas

    intersubjetivas; por ello, el lenguaje no es un medio inocuo de expre-sin del sujeto o de representacin del mundo. La literatura es un juego de lenguaje cuyo uso social la convierte en una importante tecnologa de las concepciones culturales porque no slo refracta la realidad sino la crea y contribuye a configurar el imaginario colectivo y las representaciones sociales. La literatura no existe aislada y esttica, es un conjunto de voces que formaliza, articula y recrea los nudos de sentido de lo sociocultural en una comunidad determi-nada.

    Ral Bueno sostiene que las valoraciones occidentales hegemnicas destacan en la obra literaria los valores estticos; mien-tras que en la literatura latinoamericana el uso social destaca otros valores ligados a funciones histricas, ideolgicas, tnicas, etcte-ra. ("Nuestro" 126). Nuestras reflexiones se ubican en esa tradicin crtica que inscribe el texto en la sociedad y sin renunciar a las categoras de anlisis literario intenta establecer un dilogo con otras disciplinas. Indagar por la novela en el Per de la ltima dcada es recorrer espacios fragmentados, heterogneos y violentos; encon-trar persistencias y renovaciones, proyectos truncos, desplazamien-tos rebeldes que fortalecen la jerarqua y el orden; y entre el prozac y el xtasis algunos hallazgos felices. La prdida de la memoria, la incomunicacin y la violencia son significados que articulan el deve-

    Ajos & Zafiros 43

  • nir sociocultural de estos aos, aquellas novelas que han transfor-mado estos signos en sus estructuras han alcanzado resultados notables'.

    El campo narrativo de los 90 est conformado por narradores que iniciaron su obra en esta dcada y por muchos otros que la prosiguieron en estos aos. En este artculo nos ocuparemos del primer grupo, e intentaremos ofrecer una lectura de una parte de la novela de los 90 a partir de su insercin en los nuevos escenarios culturales y la configuracin de nuevos sujetos que articulan los mundos representados y definen los marcos discursivos.

    1. BALANCE CRTICO DE LA CRTICA

    El fenmeno de la narrativa peruana contempornea ha mere-cido varios artculos que desde diversos niveles (tericos, hermenuticos, intuitivos), y desde diversos lugares (academia, pe-riodismo) han intentado proponer categoras eficientes para su estu-dio. Un rasgo significativo es que la mayora de los crticos evita citar los trabajos precedentes, todos padecen de complejo adnico y quieren encontrar en forma individua/la cifra de la narrativa perua-na contempornea. Consideramos necesario un breve recuento de estos textos crticos.

    Existen dos amplios panoramas sobre este tema (Thays, 1999), (Ampuero, 1999). Ambos instalados en una perspectiva her-menutica opinan sobre sus compaE;>ros de oficio. Thays seala el apogeo de la novela policial, el reestreno de autores mayores, la usurpacin de poetas de la prosa narrativa y denuncia la extraa similitud entre los textos de narradores jvenes peruanos y la joven narrativa espaola o norteamericana (44-47). Ampuero incide en el auge de ciertos gneros (histrico y neoindigenismo) y destaca tres rasgos de la narrativa urbana: la literatura de temtica homo-sexual, la narracin escrita por mujeres y el desplazamiento de poe-tas hacia los predios de la narrativa (1 O). Sin embargo, ambos tex-tos son descriptivos y no proponen explicaciones globales. Thays, con un concepto restringido de la literatura y su inocultable desdn por el marco social, juzga acertadamente la obra de ciertos autores pero olvida la de otros y no propone categoras comprensivas de la multiplicidad narrativa contempornea. Ampuero, ms atento al g-

    44 Ajos & Zafiros

    nero y a los nuevos sujetos, apunta ciertos procesos claves de la dcada, pero sin correlacionarlos con un marco cultural que les otor-gue densidad y sentido.

    Desde una perspectiva terica, Miguel Angel Huamn (1996) establece tres momentos que han configurado el desarrollo de la novela en el Per. La racionalidad histrica (indigenismo), la racio-nalidad subjetiva (nueva novela) y la racionalidad cnica (no~ela posmoderna). En el tercer paradigma narrativo, el hroe no esta en pugna con un espacio social, sino que desde el IniCIO posee una totalidad simblica como condicin tpica y slo la intensifica. Es-tos hroes pos modernos se insertan frente a la cosmovisin de la comunidad en forma pasiva, como avalando la sancin de la ideolo-ga dominante. Sus caractersticas ms relevantes son: ~u falta de densidad psquica, su pasividad acendrada y su sabor ilght, p~r la ausencia de tensin y desgarramiento (415-424). Aunque conside-ramos acertada la identificacin de los paradigmas y sus caracters-ticas, discrepamos de la valoracin negativa y empobrecedora del ltimo modelo. Quiz el autor se refiere a una lnea de la novela posmoderna pero olvida las otras posibilidades (reales o virtuales). Si los modelos epistemolgicos que han const1tu1do y que caracte-rizan la posmodernidad se basan en una nueva intersubjetividad que incide en el carcter social del lenguaje, del pensamiento Y de la ciencia, sera paradjico que las manifestaciones artsticas tuviesen un signo tan distinto. Aunque no se dice, es obvio que estos tres paradigmas coexisten y pueden mezclarse parcialmente.

    En un artculo posterior (1999) y amparado en la distincin entre ficcionalidad (habilidad para hacer ficciones) y literariedad (ca-pacidad para hacer literatura), Huamn establece una jerarqua en-tre una obra literaria que se valida en la comunidad l1terana Y posibi-lita la reproduccin de los medios expresivos y las meras ficciones, que l homologa con la vieja tradicin de una literatura de consumo -lase literatura de masas- (74). Esta distincin ortodoxa Y propia de un apocalptico desfasado cumple la funcin de preservare/ coto de la literatura y formaliza el temor de la disolucin de la literatura (prdida de su consistencia y de sus fronteras). Ntese que,no ex-plica por qu la comunidad soc1al rec1be y consume dichas fiCCIO-nes" como literatura. Si la literatura es un mero uso del lenguaje, las calificaciones de valor de una obra no tendran ningn sentido; dis-tinciones tales como "literatura culta", "literatura popular", y "obra

    Ajos & Zafiros 45

  • maestra" son intiles. La perspectiva pragmtica implica un desaprendizaje de algunas clasificaciones que nos han permitido ordenarnos en esa abundancia que llamamos literatura y es una inconsistencia terica asumir las premisas de ia pragmtica pero no sus consecuencias.

    Selenco Vega (1999) distingue en la nueva produccin narra-tiva dos sectores: la novelstica ms promocionada (Malea, Bellatin, Thays, Arvalo) y los postergados (Herrera, Delgado Galimberti, Bances, Garca Miranda). Identifica tres rasgos que caracterizan al primer grupo. En el nivel temtico: la ausencia de la idea de totali-dad en el mundo representado y la hegemona de la marginalidad. En la configuracin de los personajes predomina la levedad psicol-gica y la incapacidad para enfrentarse al medio que los margina. En el nivel discursivo la predileccin por la primera persona, el estilo llano, la visin autoritaria y univoca porque el narrador interpreta cons-tantemente los acontecimientos para los lectores. {76-78). El se-gundo grupo tiene una mayor conciencia del oficio narrativo, un ma-yor trabajo en el plano del discurso y crea personajes heterogneos y con mltiples puntos de vista (79).

    En esta divisin subyace el tpico plaidero de la oposicin entre los verdaderos artistas incomprendidos y los falsos artistas exitosos. Si desmontamos sus oposiciones tendremos al canon acadmico expulsando de su reino a lo informe; nuevamente, como en el caso de Huamn, al extirpador de idolatras en accin. Tampo-co es muy claro el objeto de estudio porque mezcla libros de cuen-tos con novelas'. Adems, no es difcil encontrar en los textos de los diversos autores, comentados en su artculo, rasgos de las dos grandes lneas que l identifica. Pese a estas objeciones, es un til intento de caracterizar los elementos del plano de la historia y los del discurso en la nueva narrativa e informar sobre la obra de un sector poco difundido.

    Romeo Grompone (1999), desde una perspectiva sociocultural describe y explica los cambios en las sensibilidades literarias de la narrativa de la dcada del90. Estudia indistintamente cuentos, rela-tos y novelas e identifica en los textos de los autores analizados (Bellatin, de Souza, Arvalo, Bances y Garca Miranda) una nega-cin de la temporalidad: la impotencia ante una historicidad sin ho-rizonte y las heridas de la sociabilidad perdida, lo cual obliga al sujeto representado a centrarse en s mismo y generalmente ubicar-

    46 Ajos & Zafiros

    se en universos de clausura. Esto explica la repeticin de los proce-dimientos elegidos: la abundancia de monlogos, la ausencia de dilogos, el predominio del narrador homodiegtico, la escena in-conmensurable, el imperio de la elipsis y formas fragmentarias en la historia y en el discurso (157-202). Aunque intenta reconocer las particularidades de los textos analizados, se observa una excesiva voluntad inductiva y un sospechoso lamento por la sociedad disuel-ta que se formaliza en los mundos representados de los textos. Esta lectura es sintomtica de las nuevas aproximaciones interdisciplinarias donde la filiacin de categoras conceptuales Y las fronteras de los marcos discursivos se desvanecen en la seduc-cin de la argumentacin.

    De este somero repaso, el primer problema que nos interesa enfrentar est vinculado con el uso indiscriminado del concepto de generacin en algunas aproximaciones crticas; se habla de "nueva generacin de narradores", "boom de narrativa joven", "baby-boom", "la narrativa de la generacin de los 90". Aunque muchos no utilizan el trmino directamente, ste se encuentra implcito en sus anli-sis.

    1.1 la Generacin del 90 es lodo, polvo y humo

    Pese a padres putativos, rtulos infundados y algunas muer-tes sorpresivas: no existe una generacin de los 90. Aunque no faltaron grupos literarios, grotescos movimientos y figuras tragicmicas, jams se logr articular una propuesta integral respal-dada por un conjunto de obras literarias significativas. Los mayores aciertos de la dcada son logros individuales y enemigos de toda comunidad literaria.

    Consideramos que ya no es posible la aparicin de una gene-racin de escritores, en el sentido estricto del concepto, por tres razones: a) el campo literario peruano est fragmentado y escindido en mltiples espacios que se articulan de distinto modo (ignorancia, resistencia, complacencia, etctera) con los procesos culturales de la globalizacin; estos engarces distintos provocan la imposibilidad de una visin unitaria y establecen guetos por lo general incomuni-cados; b) la celeridad de los cambios culturales provoca fisuras insalvables entre personas separadas por menos de diez aos, se

    Ajos & Zafiros 47

  • ~-------------

    ha roto el dilogo intrageneracional; e) con la democratizacin del ofrcro lrterano paradorcamente la tradicin narrativa se disuelve en el pasado; pocos ~onocen dicha tradicin y menos quieren socavar-la o rmpnmrrle algun grro particular.

    2 NUEVOS ESCENARIOS

    . Beatriz Sarlo (1996) ha trazado las lneas de la nueva ciudad latrnoamencana en la era posmoderna; siguiendo su anlisis pode-mos postular que en Lima empieza a perderse la nocin de uncen-tro; Lrma es una ciudad multicultural, heterognea y fragmentada. En ella se han multrplrcado los centros y los circuitos donde se rntercambran bienes materiales y bienes simblicos. La necesidad de mcuperar el centro histrico es un sntoma de este nuevo esce" nano; ante la proliferacin de los centros, la ciudad oficial desea reconstruir el orden perdido.

    Existe una nueva gramtica social donde la capacidad de con- . sumo, la _interrelaci?~ con los medios de comunicacin y el uso de crertos codrgos lrngurstrcos son los criterios determinantes para es-tablecer las fronteras, las jerarquas y los eventuales conflictos en-tre los grupos sociales. D?s son las principales tendencias que han transformado la topografra cultural de la ciudad de Lima:

    A. La consolidacin y explosin de una cultura popular que ha perdrdo fuerza transgresora y que se enhebra con una voluntad de negacrn de la tradicin y una obsesiva bsqueda de modernidad srn rdentrdad. Esta cultura popular hemipljica que avanza como lepra cubnendo diversos mbitos de la sociedad es uno de los sig-nos mayores de esta dcada.

    B. La veloz integracin de los sectores medios y altos a las redes de la globalizacin: una realidad construida por los medios una cultura desterritorializada y el uso de la Internet como nic~ srgno de existencia. La juventud y el mercado como valores indes-tructibles; la.rndolencia mayoritaria o la minoritaria explosin fugaz

    e~ sustrtucron de los proyectos colectivos. En Lima ya no existen heroes, srnogente que desea vivir el momento con intensidad por-que las prohrbrcrones morales, polticas o religiosas han desapare-Cido.

    48 Ajos & Zafiros

    Adicionalmente, la dialctica entre lo global y lo local genera dos tendencias contradictorias que se retroalimentan: a) La vertigi-nosa internacionalizacin que nos impone una homogeneidad fun-dada en la tica/esttica de los medios de comunicacin social y el acceso universal a ciertos mensajes, con lo cual se est constru-yendo un cdigo global que otorga sentido e identidad a todo(s); b) La revitalizacin de las diferencias tnico-culturales, la incesante fragmentacin de las audiencias y la bsqueda de oposi-ciones para generar microidentidades o identidades mviles.

    Estos nuevos escenarios, que implican una profunda reorgani-zacin de la esfera cultural, han provocado transformaciones en el campo literario. En esta ciudad andinizada y globalizada; la produc-cin, distribucin, consumo y valoracin de los bienes simblicos se encuentra en un periodo de violenta transformacin; sin embargo, todava la novela, validada por la comun'rdad acadmica, sigue cum-pliendo la vieja tarea de documentar la realidad y dar forma a nuestra experiencia colectiva. No obstante, parte de la novela asume tam-bin otras tareas que responden a los distintos vectores antagni-cos que afectan el campo literario (presin del mercado editorial, polticas de homogeneizacin del pblico lector y revalorizacin de minoras tnicas o sexuales a travs de la formalizacin de cosmovisiones subalternas).

    2.1 Caractersticas del campo literario en los 90

    Adicionalmente, podemos identificar ciertos procesos vincula-dos al campo de lo literario que han diseado las caractersticas de la produccin y recepcin de la narrativa publicada en los 90:

    A. La aparicin de nuevas editoriales nacionales, la consoli-dacin y expansin de las antiguas, la mayor importacin de libros de narrativa contempornea extranjera, la proliferacin de revistas y talleres de literatura, han provocado un mayor inters por la literatu-ra, principalmente por la narrativa. El pblico que consume narrativa crece geomtricamente mientras que la audiencia para la poesa disminuye drsticamente. Toda esta efervescencia editorial ha pro-vocado un significativo incremento en el volumen de publicaciones nacionales y una mayor recepcin crtica de los textos publicados.

    Ajos & Zafiros 49

  • B. La figura del escritor se ha disociado del conjunto de saberes inherentes a los estudios literarios. Actualmente, para escribir y pu-blicar no se necesita conocer ni la teora, ni la historia literaria y en muchos casos ni siquiera las tcnicas elementales de toda narra-cin; basta con ser audaz y tener algo de dinero. Se ha roto el tab, cualquiera puede ser escritor; los adolescentes escriben cuentos y poemas antes de empezar a combatir contra el acn, porque publi-car libros es casi un imperativo juvenil.

    C. Entre los crticos existe consenso en torno a que la poti-ca realista sigue siendo hegemnica en la narrativa peruana; sin embargo, en los 90 se ha fortalecido el desplazamiento de la totali-dad a la dispersin. Predomina la imposibilidad de imaginar una realidad total o construir metforas nacionales; la representacin se hace fragmentaria y se localiza en espacios sociales, generacionales y sexuales delimitados.

    D. La juventud es el consumidor privilegiado en la era posmoderna y la literatura no escapa al imperio del mercado. Por ello, abundan en la narrativa: la simplificacin de las estructuras de composicin, un lenguaje despojado de ornamentos, un vocabulario limitado, y la imposicin de temticas como las calles, la violencia, la soledad, la indiferencia, el sexo y las drogas.

    E. Se ha desarrollado un gnero con muy pocos anteceden-tes en nuestra literatura': la diccin autobiogrfica4 (el diario, las memorias, la autobiografa y las confesiones). Los diarios de Julio Ramn Ribeyro (La tentacin del fracaso, 1992); Mario Vargas Llosa (El pez en el agua, 1993); Alfredo Bryce Echenique (Permiso para vivir, 1993); Juan Ros, Sobre mi propia vida (1940-1991}publicado en 1993; y Francisco lgartua (Siempre un extrao, 1995). Existen otros textos de la incipiente literatura de masas peruana que apun-tan en esa direccin 5 Este fenmeno est asociado al redescubrimiento de la subjetividad y a la revalorizacin de la vida privada.

    F. La novela histrica se ha convertido en uno de los vectores centrales de esta dcada. Osear Colchado Lucio (Rosa Cuchillo, 1997) nos proporciona una perspectiva indita de la violencia subver-siva, otorgndole densidad mtica a recientes sucesos histricos. Fietta Jarque (Yo me perdono, 1998), Luis Enrique Tord (Sol de /os soles, 1998) y Carlos Thorne (El seor de Lunahuan, 1994 y El

    50 Ajos & Zafiros

    encomendero de la adarga de plata, 1999) proponen exploraciones en las subjetividades y los espacios privados antes que en los acon-tecimientos histricos de carcter pblico, y esta parece ser la ten-dencia hegemnica del periodo en este subgnero. Miguel Guf1errez (Poderes secretos, 1996) y Francis?o Carrillo (Diario del Inca Garcilaso 1996) -notable autobiograf1a f1ct1c1a-, escnben smgula-res textos' donde desarrollan otras vueltas de tuerca al inagotable tema garcilasista. Colchado Lucio (i Viva Luis Pardo!, 1_~96) recupe-ra un personaje de la historia popular y oral en una fiCCIOn tan senci-lla que roza la literatura infantil.

    Tambin se ha revitalizado el relato histrico: Fernando lwasaki Cauti (Inquisiciones peruanas, 1994) con slida maestra Y podero-sa capacidad ldica nos devuelve la Lima voluptuosa y plena de placeres carnales del virreinato; Fernando de Trazegn1es comparte el mismo inters por los documentos histricos y jurdicos y esto se puede apreciar en sus cuentos (Imgenes rotas, 1992) Y en la pn-mera parte de En el Pas de /as colinas de arena (1994), novela que rinde homenaje a los archivos y a Julio Verne.

    3 NUEVOS SUJETOS

    3.1 Sujeto Femenino

    En la dcada de los 90 irrumpi en Hispanoamrica un conjun-to de novelistas que con la ayuda del mercado han impuesto un nuevo cors a la novela escrita por mujeres con temas ligados a la sexualidad, relaciones de pareja y cocina, empleando anquilosadas formas narrativas del realismo mgico. En el Per, para desconsue-lo de las grandes editoriales, esta tendencia no ha procreado ningu-na escritora exportable.

    En el conjunto de novelas de escritoras nacionales que inicia-ron su obra narrativa en la dcada del90 existe una doble vertiente: los textos narrativos que plantean la voluntad poltica de desmontar el falogocentrismo y articularse con todas las voces marginales Y subalternas (minoras tnicas y sexuales) y aquellos que pretenden captar la realidad desde su ser femenino a travs de novelas de formacin (bildungsroman) u otras formas novelsticas.

    Ajos & Zafiros 51

  • Exponente de la primera vertiente es Car -dos caras del deseo (1994)_ Tambin es autor men Olle, c_on Las tanto ruido? (1992), texto hbrido a medio e: de Porque hacen memorias ntimas y una novela de desamor nov:mo del dlano, las rente es la desarticulacin de las estructuras den~=r~~~oe~as suge-presa adecuadamente las lisuras del mundo representado q~~ ;x-curso de la mujer _escritora de esta vertiente es por naturaieza ~~ hege~onlco e Ilegitimo; por ello, su conflictiva relacin con el canon nove IStlco, esta aparente desventaja puede convertirse en una -!Ud. Vlr-

    (1998~~pr~sentant~ de la segunda posibilidad es La espera posible e. recia Caceres, que se desplaza por los mismos sende-

    ros que Xtmena de dos caminos' (1 994) com m -- d . o una novela de tor-, aclon e una tnple conciencia femenina que se interroga sobre los

    limites de la Identidad, la memoria Y la historia_ El mismo cuidado en el t~atamlento d~llenguaje pero otras preocupaciones (lilosli-~asS mltlcas Y patologlcas) encontramos en las novelas de Patricia

    e ouza: Cuando llegue la rwche (1994), La mentira de un fauno (1998) y El ulttmo cuerpo de Ursu/a (2000).

    3.2 Sujeto Homoertico

    El sujeto homoertico masculino tiene pocos antecedentes e la narrat1va novelstica en el Per: Duque (1934) de Jos oe ~ Canseco, En busca de Aladino (1993) de oswaldo Reynoso Y S 1/ de belleza (1994) de Mario Bellatin_ a on

    F Varias novelas de Jaime Bayly: No se 0 digas a nadie (1994) - ue ayer y no me acuerdo (1995) y La noche es virgen (1997) , 1nscnben en esta tradicin pero con dos singularidades- a el c'a~e lllct?_lnterno del pemonaje no lo conduce a la prdida desJidentifi: caclon social,_ economlca Y racial; b) se retuerza un mundo atriar-cal de JerarqUias y subordinaciones sociales y tnicas En lap la_s de Bayly: los p~rsonajes femeninos son deshuma~izado~ ~ot~:: ves de la aslgnaclon de un conjunto de adjetivos que los . campos semnticos propios de la estera animal o asocian a poral N -t meramente cor-

    . : . o es_e que esta actitud se combina y se fortalece con un d1scnm1nac1on de las mujeres pertenecientes a los sectores populaa res. La obra de Bayly (seis novelas en menos de una dcada), qu~ 52 Ajos & Zafiros

    tambin est asociada parcialmente al sujeto juvenil (ver 3.3), ha contribuido decisivamente a la consolidacin de una literatura de masas en el Per.

    El sujeto homoertico femenino irrumpe en nuestra tradicin novelstica con Las dos caras del deseo de Carmen O li. Esta nove-la puede ser interpretada como una reivindicacin de la capacidad proteica (creadora de nuevas relaciones y transgresora de las con-venciones) de la mujer. La disyuncin de amor y placer es un primer paso hacia la autonoma del cuerpo sexual femenino. Luego de re-cuperar su cuerpo, la mujer debe convertirlo en un signo subversivo que se proyecte indefinidamente destruyendo as las oposiciones binarias. La novela es un claro ejemplo de una literatura de gnero con intenciones polticas: la fundacin de la experiencia humana (pensamiento, sentimiento y actuacin) con una voz diferente, ms all de las dicotomas convencionales.

    En la novela de Oll, el discurrir de la protagonista sugiere identidades mviles, la apertura hacia todas las formas y todos los deseos. Dado que la condicin femenina est adscrita a una serie de significantes impuestos por los mandatos de gnero; conservar la forma sin los contenidos, el significante sin el significado es un acto de liberacin aun mayor que subvertir los contenidos o signifi-cados. El texto opta por ese vaco pleno de posibilidades donde el individuo femenino puede recrear constantemente sus relaciones de gnero y sus deseos sexuales. El mrito de la narradora es presen-tarnos estos nuevos actores sin ninguna sancin moral. A diferencia de Bayly, las prcticas homoerticas no requieren de estmulos adi-cionales como licor o drogas, porque son prcticas cotidianas y estn despojadas de cualquier aura de heroicidad o marginalidad.

    3.3 Sujeto Juvenil

    Estos paladines de la Lima mazamorrera y pastelera han con-tribuido a la creacin de un conjunto de textos que podemos deno-minar novela Joven Urbano Marginal, en este siglo de siglas: JUM. Esta lnea no ha conseguido cristalizar sus posibilidades; salvo la novela de scar Malea (A/ final de la calle, 1993), todas las otras son bastante irregulares y como una gran borrachera slo dejan mal aliento y una espesa resaca. Al final de la calle contiene una poti-

    Ajos & Zafiros 53

  • h--

    ca_ trunca, el autor quis_o fundar nuevos mecanismos de representa-Clan en nuestra trad1C1on narrativa, pero logr un texto que se inscri-be por sus mundos representados y sus estrategias discursivas en el fecundo dilogo entre literatura y cultura de masas.

    . Sin mayores artes y con un desmedido afn de emular el rea-lismo suc1o tenemos a Ja~ier Arvalo (Nocturno de ron y gatos, 1994 ), Manuel R1lo (Contrae/trafico, 1997) y Ral Tola (Noche de cuervos, 1998). En estos mundos representados se olvida que Ja ingenua confianza en SUJetos colectivos o la escptica apuesta por sujetos Individuales son dos caras de la misma enfermedad.

    3.3.1 Fotocopias del artista adolescente

    En la nueva narrativa JUM predomina la clonacin literaria. La mayora ~e escritores admira al mismo cenculo (Bukowski, Easton EU1s, Manas, Loriga, Fugue! & Ca.), reniega del oficio de escritor, utiliza Jos m1smos escenarios y conflictos, configura el mismo h-roe con rostros distintos y comparte un inmenso desinters por su trad1C1on narrat1va. Constituyen una narrativa de tendencia minimalista que se solaza en una marginalidad artificial, y que olvida las estruc-turas de composicin y la ;etlexin sobre el lenguaje; esto provoca frecuentemente la confus1on de la sucesin de ancdotas divertidas o truculentas con una novela. Esta aplastante uniformidad nos remi-te a una literatura empobrecida que ha perdido la te en sus recursos expresivos e intenta apropiarse de otros lenguajes. Por ello, Jos di-versos discursos de la cultura de masas (rack, cmic, cine, videoclip) Influyen en la sintaxis, localizacin y temas.

    . Se produce una fisura entre el nivel de la historia y el nivel del discurso porque socavan valores sociales en la historia, pero son conservadores en el nivel del discurso. La configuracin del narratario se encuentra escindida entre dos tensiones: se pretende construir un narratario cosmopolita con el afn de incorporarse a las redes del mercado editorial transnacional; pero simultneamente se constru-ye U.~ narratario competente en las peculiaridades sociales y lmgu1stcas de L1ma. Adems, como gran parte de nuestra cultura urbana vive el trauma del zapping: el temor de perder la atencin del lector.

    54 Ajos & Zafuos

    3.3.2 Confesiones de una cscara

    Las novelas JUM estn narradas en primera persona y el per-sonaje principal se desplaza por mltiples espacios sociales y en-frenta difciles vicisitudes pero siempre se mantiene inclume y no modifica su discurso sino que intenta incorporar y articular las otras realidades a su pequeo mundo. Los hroes de las novelas JUM no tienen pasado o si lo tienen no es relevante, el nico tiempo privile-giado en la narracin es el presente. Muchos de estos textos con demasiadas hormonas y pocas neuronas han convertido a la marginalidad en una postal decorativa que no cuestiona ni la identi-dad ni el lenguaje de sus protagonistas; por ello, quedan reducidos a las confesiones de una cscara.

    4. EXPLORACIONES FINALES

    Pese a que la posmodernidad es el periodo de la disolucin de las fronteras, la hibridacin de formas culturales, el reino del pas-tiche y la parodia; las novelas de la mayora de los escritores que han comenzado a publicar en estos aos no han explotado radical-mente estas posibilidades. Sus historias son simples aunque no siempre lineales, el mundo representado, a veces transgresor y sub-versivo, es castrado por los procedimientos discursivos, la intertextualidad es tenue y la bsqueda de nuevos marcos discursivos casi inexistente.

    En el campo literario peruano empieza a disolverse las jerar-quas y se desvanecen las diferencias entre narrativa culta, narrativa popular y narrativa de masas. Sin embargo, la novela sigue siendo el centro superior de los gneros literarios y todava la comunidad aca-dmica sigue consagrando, preferentemente, a aquellas que se pre-sentan como metforas de la identidad nacional; la utopa de la no-vela total sigue siendo nuestra obsesin. En los noventa, la novela se inscribe en nuevos escenarios y constituye nuevos sujetos; es-tas transformaciones han ampliado los mundos representados, for-malizado nuevas subjetividades, y permitido la inclusin de ciertos procedimientos discursivos de otras artes.

    Ajos & Zafiros 55

  • Las novelas asociadas al sujeto femenino y al sujeto homoertico han expandido el rango de nuestras sensibilidades, desarticulado discursos falogocentristas y liberado nuevos significantes en la novela peruana. Por otra parte, la importancia de la novela asociada al sujeto juvenil est en descentrar las preocupa-ciones cannicas de la novela, impulsar la conjuncin con la cultura de masas y ampliar el volumen del pblico lector. Pese a todo ello, no se ha logrado constituir un nuevo modelo hegemnico ni cuestio-nar los supuestos del paradigma mimtico verosmil.

    Quiz porque somos una cultura con una identidad fragmenta-da y en perpetua transicin, no somos capaces de destruir o burlar-nos lcidamente de las formas tradicionales de representacin. Si el relato fundacional de la nacin todava no ha sido escrito, menos podremos socavar las formas tradicionales del relato. Tal vez, los nuevos brbaros posean los secretos del enigma, en ellos confia-mos.Q

    NOTAS

    Peter nlmurc (E11(~1JJa de lo.r mC!poi, 199.'1 y La.r pmeba.r dd ftr~go, 1999); Fictta ]arque (1"f1 111e pen/11/!o,'I 998); Enriguc Plana~ (Alrededor de Alicia, 1999); Ivn Thays (EI!iir!/e i!l!e~io1; 1999). El anlisis Je estas novelas escapa a los marcos de este anculo pero en un balance ntegra! merecen un lugar rdc\ranle.

    El l1echo de c.ue Jichos libros de cuentos constituyan un todo or.,>-nco y entrela-zado cue fnnnalice una uniJad ideolgica y discursiva no los convierte en novdas ni en protonovelas.

    Destacan Jos scmidiarios de Jos Garda Caldern (Dimio Itli.wo) y el Je Alherto Jochammvitz (Li!lla d"n!llal!, 1971); amlJos escritos en francts. T:unbi~n cabe men-cionar las siguiente~ memorias; iliel!lon{s (1 %3) de Enrique Lpez Albjar y Alllcba Sll!!lie rol! hmto palo (1976) de Ciro Alegra; aunque c;n este caso, el ordenamiento final correspondi a Dora Varona.

    Una aproximacin tc;rca a este; concepto puede consullarsc; en el articulo de Sergio R."1mirez (1999), donde analiza los diarios de Ribeyro.

    Debemo~ considerar en este apartado las biografias novclaJ;s de actores y actrices de la televisin nacional. Este conjunto d~: textos est; vinculado con el emerger de una litcmtura de masas en d P~:r. Importante novela de Laura Rieseo que escapa a los marcos tra?:ados en este artcu-lo ponue public su primera novela El !meo dr los r!fo.r en 1978.

    56 Ajos & Zafiros

    BIBLIOGRAFA

    AMPUERO, Fernando

    1999 "La teora de la malagua. Narradores peruanos de fin de siglo", El Domimcal Ao 47, 44: 6-11 (El Comercio 14 de noviembre de 1999).

    GROMPONE, Romeo

    1999 Las mtevas re!/as de juego. Tra11.ifbt7naciones sociales1 polticas y cultttra!es elt

    Li"ma. Lima: instituto de Estudios Peruanos,

    HUAMN, Miguel ngel

    1992 " Existe una narrativa ttr'IJ en e eru. . ,. 1 / lP ';" CJres'r"ndeestado24:71-74. e

    1996 " Narrar la crisis o crisis del narrar?". I .... ienzo 17: 409-428.

    SARLO, Beatriz

    1996 Escenas de la vtda posmoderna. I11te!ectua!es1 arte)' videocu!tura en laAt;gmti-na. 1994. Buenos Aires: Ariel.

    RAMREZ, Sergio

    1999 "Primer acercamiento a La tentacin de!Jiucaso de J tillo Ramn IUbeyro". Escritura] Pmsamiento 4: 49-60.

    REISZ, Susana

    1998 "Transgresin o negociacin?: sexualidad y bomoerotismo en la ~arrativa peruana reciente". Arrabal -Asociacin Espaola de estudiOs Literarios Hispanoamericanos- 1:47-53.

    THAYS,Ivn

    1999 "La edad de la inocencia. Acerca de la narrativa peruana ltima". VrtrCe 5: 43-54.

    UGARTECHE, scar.

    1995 "El amor que no se atreve a llamarse por su nombre (tiene varios narradores en d Per)". Mrgenes 13-14: 83-90.

    VEGA, Selenco

    1995 "Reflexin sobre la joven narrativa peruana de los noventa". Cuestin de Estado 24:75-79.

  • VELZQUEZ CASTRO, Maree!

    1998 'Jaime Bayly. La noche es virgen".Aosy Zafiros 1: 86-88.

    1998 "Miguel Bances. Lmites de Eduardo". A!maMater16: 150-152.

    ! 1

    58 Ajos & Zafiros

    7 1

    \

    LA NOVELA HISTRICA PERUANA: POSTMODERNIDAD Y DIFERENCIA

    h Miguel Maguio Veneros

    1. POSTMODERNIDAD Y LITERATURA

    En el ao 1979 se llev a cabo un congreso internacional en Tubinga' , all se discuti el tema de la ficcin postmoderna, y parti-ciparon los escritores John Barth, William Grass y John Hawkes. Al ao siguiente Barth pUblic su segundo manifiesto de literatura postmoderna: defina a esta literatura con el adjetivo de plenitud. Para este escritor la literatura postmoderna era un ir ms all de la direccin modernista. A la divisin implementada por la modernidad entre alta cultura y cultura popular, Barth afirmaba la capacidad de la narrativa postmoderna para hilvanar la oposicin entre la novela a lo Balzac, por un lado, Musil del otro, y a la vez entre estas novelas la novela a lo Corn Tellado.

    En este sentido la literatura postmoderna deba ser vista como la superacin de la esttica realista; con su confianza en la relacin de las palabras y las cosas, es decir en la ingenuidad de la repre-sentacin; pero a su vez un ir ms all de la conciencia literaria moderna, preocupada en grado sumo por hacer evidente la relacin conflictiva entre lo narrado y las formas de narrar; para problematizar las complejas relaciones entre la alta cultura y la cultura producida industrialmente en la modernidad.

    Ajos & Zafiros 59

  • En este punto las categoras utilizadas para describir una lite-ratura postmoderna fueron la doble codificacin como estrategia interpretativa, la reescritura como tctica escritura! y la renarrativizacin en cuanto estrategia bsica de los textos postmodernos. Todo ello daba cuenta de la metaficcin, otra forma utilizada para denominar a la ficcin postmoderna. Hasta aqu lo descrito slo parece enumerar unas cuantas caractersticas de una nueva escuela literaria, sin embargo, esta simple caracterizacin se complica cuando tomamos en cuenta dos puntos claves: a) la fic-cin postmoderna slo puede definirse en funcin de cierta moderni-dad social alcanzada, si bien no se presenta desde esta perspectiva como superacin de la modernidad literaria si la presupone, y b) las grandes producciones literarias postmodernas son, curiosamente, textos latinoamericanos: Cien aos de soledad, de Gabriel Garca Mrquez, y "Pierre Menard, autor del Quijote", de Jorge Luis Borges, cumplen a cabalidad los requisitos para definirse como ficciones postmodernas.

    De qu forma o manera leer ahora las obras de Garca Mrquez o Borges cuando nuestra tradicin interpretativa jams hizo este tipo de lectura, ni mucho menos reflexion sobre las nuevas carac-tersticas de la ficcin postmoderna. Se debe desdear todo lo es-crito anteriormente sobre estos autores y empezar otra vez el traba-jo, o quizs, y como medida preventiva, olvidar el tema de la ficcin postmoderna y afirmar que no nos compete. Creo que ninguna de las dos posiciones ayuda a entender la actual problemtica.

    Sin embargo, lo peor sera olvidar nuestra diferencia, desechar en estas circunstancias nuestra historia. Trasladar la teorizacin sobre la postmodernidad, y con ella la que corresponde a la ficcin postmoderna, sin tomar en consideracin que la modernidad en nues-tras naciones, y la modernidad literaria especficamente, han segui-do caminos diferenciados de los modelos europeos o norteamerica-nos resultara un craso error. Tarea muy sencilla pero a la vez infruc-tuosa es observar qu obras peruanas actuales cumplen con las caractersticas sealadas como propias de la ficcin postmoderna y adscribirlas como representantes de la misma.

    60 Ajos & Zafiros

    Para escapar del autoritarismo de la postmodernidad, de la moda intelectual proveniente de otras lal'ltudes resulta indispensa-ble investigar nuestra propia dinmica cultural, ensayar nuevas res-puestas a fenmenos que plantean nuestros mltiples discursos. El dato relevante resulta entonces ser la tradicin. Las producciones discursivas slo tienen sentido si se encuentran en un marco contextua! determinado. Las obras de Jorge Luis Borges o Gabriel Garca Mrquez quizs sean postmodernas pero tambin pueden representar la modernidad literaria latinoamericana, la primera, o marcar las bases de lo que se dio en llamar realismo mgico, la segunda. Representan, y esto es importante, diferentes cosas para

    dismiles tradiciones.

    Si hasta el momento esta breve introduccin demora en sus respuestas sobre la postmodernidad y nuestra literatura es porque las ignora; en pocas como la nuestra las preguntas son exces'1vas, aqu algunas: Es suficiente afirmar que dadas las condiciones materiales para la existencia de la postmodernidad dicho fenmeno no nos afecta? O en su lugar, qu posicin asumimos frente a estos hechos y cules son las formas de acercarnos a la literatura? Cmo leer nuestros textos literarios, desde qu perspectiva? Es necesario marcar un rumbo, una poltica, inventar nuestro propio contexto o en su defecto debemos asumir que estamos en el reino de las opiniones y que ninguna teora puede otorgarnos la seguridad

    de aos anteriores?

    Es necesario inventar una teora explicativa nueva, al mejor estilo marxlsta, o simplemente debemos conformarnos con una teo-ra capaz de ajustarse a lo nuevo, a lo desconocido? Una teora sin ncleo duro. Teora dinmica de la literatura. Si una teora est pre-parada para todo o simplemente asume lo parcial como su eje re-flexivo, entonces, y.desde esa perspectiva, debemos movernos en-tre fracturas y heterogeneidades como elementos constitutivos. En este punto parece imposible hallar una respuesta clara que avance un poco ms sobre el tema de la teora literaria, la literatura latinoa-mericana, la postmodernidad y las complejas relaciones entre lite-

    ratura y sociedad.

    Ajos &Zafiros61

  • En esta lnea, y como una manera de ensayar nuevos recorri-dos a las preguntas hechas quisiera ahora hablar sobre dos novelas histricas peruanas: Poderes Secretos (1995), de Miguel Gutirrez y Yo me perdono (1998), de Fietta Jarque.

    2. PODERES SECRETOS Lo primero que habra que decir de Poderes secretos, de Mi-

    guel Gutirrez, es que estamos frente a un argumento de novela, antes que una novela propiamente dicha. Sin embargo, considera-mos oportuno tomarla en cuenta dentro del corpus de novelas hist-ricas publicadas la dcada pasada, pues creemos que el lmite en el cual se instala cumple un papel importante en la interpretacin del texto.

    Poderes secretos se encuentra dividido en dos partes; la pri-mera es un ensayo preliminar en el cual se exponen las razones para la eleccin del tema, mientras que la segunda est conformada por los sucesos ocurridos con la escritura de Historia Occidentalis del jesuita Bias Valera, y en un segundo momento, cuatrocientos aos despus, los oficios desplegados por una oscura sociedad de garcilasistas para destruir la obra recin hallada del jesuita.

    La problematizacin que plantea esta novela a la historia se puede comprobar en varios niveles. Para este ensayo hemos credo conveniente centrarnos en dos de ellos: la novela como productora de nuevas posibilidades de lecturas de la historia, lo cual problematiza el estatuto mismo de la escritura, y un cuestionamiento al paradig-ma delinca Garcilaso como representante oficial del mestizaje pe-ruano.

    2.1 Inventar la historia Desde hace un par de dcadas diversos estudios han puesto

    en entredicho la posibilidad que tiene el discurso histrico para pre-sentarse como objetivo y veraz. Libros como Historia y narracin. Ensayos de filosofa analtica de la historia (1989), de Arthur Danto; o Metahistoria. La imaginacin histrica en la Europa del siglo XIX

    62 Ajos & Zafiros

    (1992), de Hayden White, han cuestionado la objetividad de la escri-tura histrica. Desde la perspectiva de estos autores se puede afir-mar que ras operaciones escriturares involucradas en la realizacin de un texto histrico no se diferencian en nada de las realizadas en el trabajo de composicin de un texto literario.

    La conciencia de esta problemtica, que involucra a las mo-dernas orientaciones tericas en historia, no es ajena al autor de Poderes secretos. Para ste la pretensin del rigor cientfico en la historia no esta exenta de "supersticin al pretender la neutralidad Y la exactitud objetiva en la reconstruccin del pasado" (22).

    Si el cuestionamiento intenta demostrar la imposibilidad que tiene la historia para relatar el pasado, pues nada nos asegura que sea neutral ni objetiva; Gutirrez avanza un poco ms en su impug-nacin. Desde su perspectiva el lenguaje del historiador "es unidimensional", por lo tanto carece de la capacidad para mostrar la complejidad de los sucesos histricos. Ante esta carencia el len-guaje literario se presenta como el ms eficaz para realizar tal labor. Es gracias a la diversidad de tonos, estilos y cambios de perspecti-va que la labor del novelista puede superar en mucho a la realizada por el historiador.

    Estamos, pues, frente a una conciencia literaria que defiende, desde el mbito de la escritura, su posibilidad de contar la historia, es ms, su capacidad de enfrentarse con la historia. De ah que no sea descaminado sealar que el uso de diversos recursos literarios; la hiprbole, la transgresin del orden emprico sin apelar a la inter-vencin de lo sobrenatural, entre otros; cumpla una funcin de pri-mer orden para llevar a cabo la escritura del argumento de novela que ofrece Miguel Gutirrez.

    2.2 El paradigma delinca El breve argumento de novela de Miguel Gutirrez presenta a

    un Inca Garcilaso coercido por la Compaa de Jess para llevar a cabo, a travs de esta, el sublime objetivo de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, expresado en un lienzo de la iglesia jesutica del Cuzco: "la unin de las lites (sic) nobles de Espaa Y

    Ajos & Zafiros 63

  • el imperio incaico para el dominio y el buen gobierno de las masas nativas e, incluso, de criollos y mestizos de la plebe" (63).

    Antes de esto, y gracias a la irrupcin de las fuerzas del conde Essex en Cdiz, la Compaa ha podido liberarse de la presencia molesta del mestizo jesuita Bias Valera. Sobre todo ha logrado sus-traerle los originales de su obra Historia Occidenta/s, en la cual, entre otras cosas, se denunciaba los propsitos que tena la corona espaola de silenciar a aquellos hombres que se mostraban en con-tra del sistema de explotacin impuesto.

    Pginas ms adelante, y cuatrocientos aos despus, Gutirrez nos presenta a un honrado investigador, Santiago Osambela, que ha hallado una copia completa de la obra de Velera. Gracias al original ubicado por Osambela se puede reclamar tanto un lugar destacado para el jesuita peruano Bias Valera como desmitificar el mito de mestizaje representado por el Inca Garcilaso. Tales objetivos no podrn realizarse debido fundamentalmente a la intervencin oportuna de un crculo de garcilasistas, dedicado a lo-mentar y a resguardar la imagen delinca en todo el planeta.

    Poderes secretos no pretende devalar enigmas, y el mrito de la misma no est en construir otros, sino en el trabajo coordinado de las dos partes en las que se divide la novela. El paradigma delinca es cuestionado no desde una nueva entrada que problematiza la historia; en este nivel lo que importa es el trabajo en la elaboracin misma de este argumento de novela.

    En este caso la versin que presenta Gutirrez sobre el papel que juega la Compaa de Jess en la instauracin del paradigma mestizo no tiene un peso decisivo. Lo tiene el que funcione como un espejo de la historia. Esta suerte de mecanismo macro cumple una funcin fundamental en el cuestionamiento del paradigma delinca. La construccin de la novela intenta devalar, en alguna medida, aque-llos sentimientos que aparecen ocultos en la supuesta objetividad histrica. Mediante este juego de espejos lo que se pretende sacar a la luz es el rol fundamental que juega la ideologa en la construc-cin de la historia. Es desde esta perspectiva, y no desde otra, que la novela de Gutirrez se presenta como novedosa. Pero habra que

    64 Ajos & Zafiros

    aadir un dato adicional, el texto Poderes secretos coloca otr~ ~~z, desde diferente ptica, un problema constante en nuestra trad1c1on: la lucha que sostiene la literatura con otras reas del saber en su capacidad para decir (o inventar) el pasado.

    3. YO ME PERDONO

    La primera novela de Fietta Jarque, Yo me perdono, transcurre entre los aos de 1645 y 1650 en un pueblo cercano a la ciudad del Cuzco, Andahuailillas. Estamos, pues, frente a un texto qua. ha ele-gido como materia narrativa un perodo muy rico y compleo en la conformacin de nuestra identidad. Este solo dato bastana para dedicarle una lectura atenta, sin embargo, la novela de Jarque ofre-ce mucho ms, pues complejiza una serie de pu~tos capitales en nuestra constante configuracin como sujetos part1c1pes de una na-cin marcada por el desencuentro.

    El conflicto entre una cultura oral y otra escrita, nuestra capa-cidad interpretativa de los textos y por ende de la sociedad, laim-portancia de la figura delinca Garcilaso y por Jo tanto la del mestiza-je as como el destinatario de nuestros textos, esos lectores idea-le~ que configuran Jos textos y que marcan tanto la ausencia de un saber como el silencio o el desinters por conocerlo son te_mas centrales en esta novela. En Jo que sigue se presenta un analls1s tanto del destinatario de esta novela como del papel de la Interpreta-cin.

    3.1 El destinatario de esta novela (espaol o peruano?)

    En el prlogo a su primera parte de la Crnica del Per, Cieza de Len se dirige al prncipe Felipe de la siguiente manera: "determi-n tomar esta empresa, de screuir las cosas del memorable'! gran reyno del Per( ... ) y hazer con l a Vuestr~ Alteza algun senal~d~ seruicio" (p. 6). Es indudable que el uso retonco de este olrec1m1en

    Ajos & Zafiros 65

  • tono es ajeno a la totalidad de las crnicas que se escribieron entre los siglos XVI y XVII; sin embargo detrs de este lugar comn se esconde una idea clara: el lector que se imagina en estos escritos es siempre alguien ajeno a la realidad narrada.

    La cantidad de estrategias narrativas puestas en marcha por los cronistas para aclarar el sentido de palabras, acciones o ideas al destinatario espaol son varias, entre las ms utilizadas se en-cuentran la traduccin de palabras quechuas al castellano y la con-firmacin de lo narrado por la presencia del narrador en los hechos. La pregunta ahora resulta impostergable: por qu en la novela Yo me perdono se utiliza de manera prolija la traduccin de elementos o artefactos propios del mundo andino. El siguiente ejemplo ilustra con claridad el uso de la traduccin en esta novela: "Soplaban como posesos unas zampoas, especie de flauta de pan de caas enfiladas de grande a pequea" (p. 85).

    Una primera respuesta de tan sencilla parece incuestionable: la narracin en la novela no slo asume como materia de trabajo un tiempo pretrito sino que adems implementa para su construccin las estrategias discursivas utilizadas por los cronistas de los siglos XVI y XVII. Sin embargo, una respuesta que atenta contra nuestra lectura del texto y nos interroga como sujetos de este pas, puede introducirse.

    La traduccin se realiza tanto para un lector peruano, habitan-te de la ciudad que ha olvidado e ignorado la existencia de otra cultura, como para el lector espaol. La traduccin del quechua cues-tiona no slo nuestra capacidad interpretativa sino que va ms lejos de un mero reclamo intelectual; las constantes traducciones en esta novela se encargan de develar nuestra ignorancia abisal de una par-te de nosotros mismos. Hablar de otra manera: el nosotros junta, rene en un vocablo tanto un t como un yo; el mismo deja de ser un pleonasmo para convertirse en lo otro no integrado, en esa parte que no queremos ver y que esta novela pretende repotenciar, no slo nuestra marcada diferencia; lo peor, nuestra marcada indiferencia.

    66 Ajos & Zafiros

    3.2 Por los linderos de la interpretacin

    Resulta casi un lugar comn sealar que las novelas histri-cas en Latinoamrica han pretendido siempre cuestionar desde sus propios mrgenes la visin oficial del pasado. Para ello tales ficcio-nes no han dudado en apelar a la construccin de nuevos escena-rios, conjurar nuevas interpretaciones e implementar, en este es-tuerzo por reinventar nuestro pasado, una serie de nuevos conflictos con el propsito de ofrecer una visin compleja y dinmica de po-cas anteriores.

    La novela de Fietta Jarque no es ajena a estos lugares. Sin embargo, el dato que destaca por su constancia a lo largo de toda la trama novelesca es la interpretacin de los hechos, de la capacidad y los lmites de la misma. El Padre Bocanegra es quien mejor sinte-tiza esta constante: "Aunque, Seor, ahora s que esas m1smas seales, a la vez, fueron por otros errneamente interpretadas. Y que cada signo desencadena un sintfn de osadas lecturas" (p. 17).

    Los personajes principales de esta novela pretenden, siempre de manera velada, conseguir sus propsitos a costa de los otros: El Padre Bocanegra aspira a cristianizar a los pobladores de Andahuailillas usando para este fin las revelaciones de un libro pro-hibido por la Iglesia; Toms Puka intenta restaurar el antiguo culto incaico utilizando para ello los conocimientos aprendidos con los padres franciscanos; Len Montero de Espinoza, espaol de origen judo y principal benefactor de la iglesia de Andahuailillas, anhela convocar a Dios en beneficio de su credo judo; Luis de Riao, hijo no reconocido de un caballero espaol, pretende descubrirse espa-ol en pleno Cuzco. En el transcurrir de esta novela los esfuerzos desplegados por estos personajes se entrecruzan y se alinean en un objetivo comn, objetivo que satisface a cada uno por diferentes razones.

    Al final de la novela ninguna de los objetivos de los personajes prevalece, lo cierto es que se impone la posicin autoritaria de la iglesia que destruye y desbarata los planes de esta curiosa socie-dad. Lo que interesa de esta novela es que cuestiona en diferentes

    Ajos & Zafiros 67

  • 1

    1

    1

    niveles la capacidad interpretativa de los hechos. Si al final de la historia se impone la Iglesia, ello se debe bsicamente a la fuerza que tiene, no a su capacidad de dilogo. Y es exactamente del dilogo no realizado en el pasado, ni en el presente de la novela donde el ejercicio vertical del poder se impone para callar, silenciar. As las cosas podemos sostener que la novela de Fietta Jarque empieza otra vez con la pregunta del Padre Bocanegra. Pero esta vez la pregunta nos instala fuera del texto, ms all de su discursividad, deficitaria en algunas ocasiones, para interpelar a los interpretantes en su propia interpretacin. Si el texto logra expulsar-nos de l, separarnos de su discursividad, ello se debe a su propio discurso. Aqu las gracias. Q

    NOTAS

    En lo que sigue realizo una sntesis apretada de lo sostenido por Carlos Rincn

    en su libto La JJJtr!tamfidad de lo na f!ilfltneo. Po.rtmodemidad, globa!izacin _y mltlfra.r en Amn"ra Lt~tilla. Editorial Universidad Nacional, Bogot, 1995.

    68 Ajos &Zafiros

    BIBLIOGRAFA

    CIEZADE LEN, Pedro de

    1995 Crnica del Per. Primera Pmte. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Catlica.

    DANTO,ArthurC.

    1989 Histotia.J' narracin. EnJr!)'OS defi!osrifa analtica de la historia. Barcelona: Palds.

    EAGLETON, Terry

    1997 Ideologa. Una introduccin. Barcelona: Paids.

    1997 Lts il11sioms de!posl!lodernmo. Barcelona: Paids.

    ELMORE, Peter . , . 1997 La fbrica de la memon"a. La cris de la repre.rentacin en la novela htstonca

    LJtinoa,r;micmltl. Lima: Fondo de Cultura Econmica.

    GUTIRREZ, Miguel 1995 Poderes Secrefox, T.ima: Jaime Campodnico Editor.

    JARQUE, Fietta 1998 Yo me perdono. IVIadrid: Alfaguara.

    LYON,David 1994 Postmodemdad. iVIadrid: Alianza Editorial.

    PULGARN, Amalia

    1995 Nletajicci!l Hislon'ogrqjica. La novela biJtrim en la narrativa hpnca

    pMmodemista. 11adrid: Espiral Hispano Americana.

    NORRIS, Christopher . , 1998 Qu le ocmre a la po.rtmodernidad? L.tl !eolia cfitica)' lox lmztes de la fllosrfia.

    Madrid: Tecnos.

    RINCN, Carlos

    1995 Lt 110 sm111taneidad de lo sim11ltneo. PoJtmoderndad, globalizac!ly mltmw enAmticaLttilla, Bogot: Editorial Universidad Nacional.

    VVIIITE,l!ayden , . 1992 Nieta historia. La t?11aginacn histrica en la E11ropa dd .riglo XIX. IYfexlco:

    Fondo de Cultura Econmica.

    Ajos & Zafiros 69

  • ENTREVISTA A PETER ELMORE*

    Peter Elmore naci en Lima en 1960. Licenciado en Literatura por la Pontificia Universidad Catlica del Per. Obtuvo un doctorado en literatura latinoamericana en la Universidad de Texas en Austin. Reside en los Estados Unidos desde 1986 y actualmente es profesor de la Universidad de Colorado. Ha publicado los libros de ensayos: Los muros invisibles. Lima y la modernidad en la novela del siglo XX (1993) y La fbrica de la memoria. La crisis de la representacin de la novela histrica en Latinoamrica (1997). Sus dos novelas Enigma de los cuerpos (1995) y Las pruebas del fuego (1995) fueron muy elogiadas por la crtica. Elmore combina con acierto la perspicacia crtica y la agudeza irnica en esta entrevista.

    Ajos & Zafiros: Aunque consideramos que no existe una generacin de los 90, tenemos un conjunto de nuevos textos narrativos publicados en este periodo. Entre este conjunto y la na-rrativa anterior, observas algn tipo de ruptura o cambio significati-vo? En uno de tus artculos, sostienes que la potica realista es la predominante en la narrativa peruana; vemos que en los 90 se pro-duce una serie de textos que siguen la norma "realista" pero que simultneamente empobrecen la complejidad de la realidad. Cul es tu visin al respecto ?

    * Entrevista realizada por Agustn Prado Al varado y' Marcel Velzquez Castro en Lima, agosto de 1999.

    Ajos & Zafiros 71

  • Peter Elmore: Yo creo que ustedes tienen razn: no existe una generacin de los 90. Lo que hay es un momento de recompo-sicin del espacio literario o del gremio literario -si tal cosa existe en el Per-, y gente de distintas edades que, por ejemplo, hubiera podido comenzar a publicar cuando tena veinte aos, pero publica a los treinta, el que es mi caso. Enigma de los cuerpos (1995) es una novela que sale relativamente tarde por diversas razones persona-les, pero que tambin tienen que ver con la realidad del pas. En los aos 80 era muy difcil publicar en el Per y quiz eso fue bueno a la larga, porque en el caso de narradores mayores- narradores mayo-res por la calidad pero tambin por la edad, como Miguel Gutirrez o Edgardo Rivera Martnez- es evidente que los aos 80 no les propo-nen un espacio favorable para la publicacin, y esto los lleva parad-jicamente no al silencio sino a proponerse empresas de mayor en-vergadura. Eso resulta a la larga positivo, y en el caso de narradores ms jvenes impide que los pecados de juventud se hagan pblicos. Entonces, algo bueno sali de la crisis de los 80.

    En trminos de propuestas narrativas, el dato central sigue siendo que del lado de los escritores y del lado de los lectores sigue existiendo la exigencia de que la literatura, de algn modo, docu-mente la realidad y d forma a la experiencia colectiva; entonces, por eso creo que la lnea central sigue siendo la lnea del realismo.

    Ahora, me parece que cada vez es ms difcil para los perua-nos imaginarnos nuestra realidad como una realidad orgnica oto-tal. Las propuestas narrativas y la representacin en las novelas tienden a ser fragmentarias y a localizarse en espacios sociales o generacionales muy delimitados. Y eso s es un dato significativo y nuevo. La excepcin es La violencia del tiempo, una novela en la que se sigue planteando que es posible crear metforas de la experien-cia peruana.

    A.Z.: En la tradicin narrativa peruana, Vargas Llosa es un clsico; pero, hay una continuacin de sus propuestas?

    P.E.: Lo que pasa es que cuando hay una tradicin nacional reducida hay algunos autores que se convierten en puntos de refe-rencia inevitables, incluso cuando la escritura del narrador que le sigue es completamente distinta, a partir precisamente de de ese punto de referencia que se se est negando. En el caso de Vargas Llosa, como es un autor que ha seguido con fuerza el modelo de la

    72 Ajos & Zafiros

    ----------

    impersonalidad flaubertiana, entonces sus libros son muy distintos entre s, pero no hay, creo, un estilo vargasllosiano, no hay un len-guaje que sea identificable como lenguaje de Vargas Llosa, a dife-rencia de lo que ocurre con Garca Mrquez y con Borges.

    A. Z. :Pero podemos hablar de una estructura vargasllosiana ... P. E.: S, hay una estructura vargasllosiana que es tan notoria,

    tan evidente que si la utilizas parece que estuvieras cayendo en el pastiche. Por ejemplo, si utilizas dilogos telescpicos como los de Conversacin en la Catedral, inevitablemente el lector va a sentir que est leyendo a un imitador de Vargas Llosa. Entonces, de algu-na manera, es fcil sustraerse a la influencia ms obvia de Vargas Llosa; pero, por otro lado, es un punto de partida para cualquier persona que escriba. Es imposible escribir de manera realista sobre Lima y no suscitar de alguna manera comparaciones con Vargas Llosa, y no sentir que est partiendo de un universo que ya est censado literariamente por otro escritor, que adems es un gran escritor. Entonces, hay una situacin ambivalente con Vargas Llosa.

    La influencia de Bryce -que me parece fue muy fuerte en es-critores que aparecieron en los 70 y en los 80; la mayora de esos escritores son escritores que ya han sido olvidados- es ms fuerte porque hay una entonacin en la oralidad del narrador, un ritmo, una cadencia, ciertos rasgos como el de la repeticin de diminutivos que se convirtieron en les y que son ms fcil de imitar, y que cuando se le pegan a uno es difcil deshacerse de llos. Pero lo interesante ahora, volviendo a esto de las influencias, es que Vargas Llosa y Bryce siguen siendo escritores muy activos; no solamente activos, probablemente estn entre los escritores ms productivos de los aos 90. Ese es un dato muy importante. No son escritores que ya cumplieron su ciclo; siguen siendo escritores importantes que si-guen trabajando. A veces tengo la impresin que slo se reconoce como literatura a la que producen en un determinado momento es-critores nuevos, y eso empobrece muchsimo la perspectiva.

    A.Z.: Sin embargo, una lnea de la narrativa joven producida en los noventas se caracteriza por desconocer deliberadamente el ca-non, la tradicin literaria. Hay una especie de parricidio por ignoran-cia.

    P.E.: Yo creo que hay un riesgo y una posible ventaja. En algu-nos casos, el peso de la influencia, el respeto por los clsicos re-

    Ajos & Zafiros 73

  • cientes puede acallar la voz. Me parece que claramente eso ocurri por ejemplo en la poesa mexicana durante mucho tiempo, por el magisterio de Octavio Paz. Entonces, a veces incluso ese parricidio por ignorancia o ese rechazo al magisterio puede ser liberador. Aho-ra, puede ser liberador siempre y cuando uno tenga otras referen-cias; porque cuando no se tiene otras referencias, el producto, el texto que sale es siempre muy pobre porque est mal tejido.

    A .. Z.: Otro elemento que se puede observar en varias novelas de los 90 es la prdida de las fronteras de los genros, principal-mente en lo que respecta a la novela. Existe la apropiacin de otros gneros discursivos, llmese periodismo, historia, sociologa, repor-taje. T consideras que esta hibridacin es propia del gnero o que ha habido elementos propios en esta dcada en el pas que ha per-mitido este proceso?

    P.E.: Yo creo que tiene que ver con la naturaleza misma del gnero novelsitico. Es voraz; se alimenta absolutamente de todas las formas discursivas existentes. Entonces es cierto que uno sien-te la presencia del periodismo, de las ciencias sociales en varias novelas peruanas; en algunos casos, por la formacin acadmica del escritor. Pienso en Abe lardo Snchez Len. Las novelas de l evidencian una mirada sociolgica y el autor es socilogo. En el caso del periodismo, es muy raro que un escritor peruano no haya sido periodista en algn momento de su vida. Pero hay otras pre-sencias, por ejemplo, la presencia del videoclip y de la televisin; no tanto en la manera de representacin sino en los ...

    A.Z.: En los temas?

    P.E.: Los temas por una parte -cierto- pero tambin en la sin-taxis narrativa. La tendencia a no escribir escenas de largo aliento, a trabajar bsicamente con un estilo muy cortado, a veces sincopa-do. Me parece ah reconocer ese ritmo acezante y frentico del videoclip. Eso se nota; es como si se desconfiara de la capacidad de atencin del lector y eso es interesante cuando es un recurso controlado, no cuando se convierte en una cosa espontnea y ade-ms en la nica que se puede hacer.

    Un dato importante, que generalmente no tomamos en cuen-ta, es que en el Per las mujeres escriban fundamentalmente poe-sa y la narrativa era un gnero masculino. Eso ya no se da ahora,

    7 4 Ajos & Zafiros

    ha cambiado. Ahora hay novelas importantes escritas por mujeres.

    A. Z.: Laura Riesco, Pilar Dughi y Carmen O li.

    P.E. : Claro, todas ellas, que comienzan en los 80, tienen ya una bibliografa importante, tienen varios libros publicados y de algu-na manera una potica y un estilo que ya estn definidos. Eso por ejemplo me parece un fenmeno interesante y adems importante, porque no solamente tiene que ver con la produccin de novelas sino con la lectura de las mismas. Algo que solemos olvidar es que la mayor parte de gente que lee novelas ahora son mujeres. Actual-mente el pblico de la novela, curiosamente, es muy parecido al pblico de la novela en el siglo XIX.

    A.Z.: El tema de la mujer nos lleva entonces al problema del gnero que una perspectiva que se ha desarrollado con mucha fuer-za en los 90 en el Per. T piensas que puede existir una distincin vlida entre una literatura femenina y una literatura escrita por muje-res.

    P. E.: Ah habra que distinguir. Hay escritoras que sin necesa-riamente ser escritoras feministas o definirse ideolgicamente como feministas, parten de una experiencia de ser mujeres a la hora de construir sus universos narrativos, y otras que no, o no tanto; pero al margen de la decisin conciente, el hecho de ser mujer supone una relacin con el canon narrativo que es fundamentalmente un canon masculino en el cual la mujer que escribe entra de algn modo como una intrusa. Por otro lado, a nivel de las experiencias vitales, de las experiencias personales, la posicin de la mujer suele, como es el caso de quien est en el lado dbil de una relacin, suele ser ms crtica y ms cuestionadora con los protocolos y las normas de las relaciones entre hombres y mujeres. Entonces, por ese lado, creo que s hay una diferencia entre escritores y escritoras. Y adems, as como un escritor no puede emanciparse de su clase social, tampoco lo puede hacer de su gnero. Es una parte clave de tu identidad. Cmo puede alguien escribir desde fuera de su identi-dad? Y, digamos, el hecho de ser hombre, el hecho de ser mujer, o el hecho de ser homosexual o ser heterosexual es clave en la defini-cin de uno como ser humano, y en la relacin de uno con el lengua-je. El lenguaje est atravesado tambin por estas distinciones. So-bre todo en idiomas como el espaol, donde la nocin de gnero est presente en la manera en que construimos el mundo.

    Ajos & Zafiros 7 5

  • Entonces, cmo sustraerse a eso? A m me parece que el hecho de ser mujer o la experiencia de ser mujer marca la escritura no necesariamentre la potica pero s la escritura, y no solamente~ n1vel de los t:mas sino en relacin a las formas de la composicin. Los frescos ep1cos corresponden a un tipo de literatura que ha sido practicada mayoritariamente por hombres, y cuando las mujeres Ingresan al territorio de la historia lo hacen bsicamente desde una perspectiva ms lrica, ms intimista, ms domstica. En todo caso es lo que ha sido la experiencia de la literatura latinoamericana. '

    A.Z.: Qu opinas de las novelas de Bayly?

    P.E.: Yo pienso que Bayly s tiene muy buen odo y sabe cap-tar de manera bastante verosmil las voces de los sectores a los cuales representa. Ahora, es significativo que las voces de los jve-nes de la clase media-alta limea aparezcan registradas de una manera que no es costumbrista, mientras que las voces de los per-sonajes como s1rv1entes o porteros de discotecas, esas voces s estn caricaturizadas. Pero de todas maneras, yo creo que s hay un trabaj~ con el lenguaje, pero ste no opera en el plano de la descnpc1on -que generalmente es muy sucinta, l describe a gran-des brochazos- s1no en la representacin del habla. Yo creo que s hay logros, Y adems un logro importante: la oralidad limea de Bayly no es la oralidad limea de Bryce que se haba convertido para muchos narradores en la nica posibilidad.

    A.Z.: Digamos que Bayly impulsa la historia de la novela No se lo digas a nadie, por medio de dilogos, de qu otro modo se po-dra hacer avanzar una novela de 400 pginas?

    . . P.E.: Estoy de acuerdo. El modelo o esquema narrativo que l ut1l1za es s1mple, es el de la narracin episdica, que es un modelo cls1co de narracin de aventuras; es el de El lazarillo de Tormes donde hay un claro predominio del dilogo. En algunos casos es u~ dilogo representado con mucho verismo, y en otros casos es un dilogo estilizado a travs de la caricatura; pero en ambos casos suena creble y ese es uno de los aspectos en que la literatura peruana tiene sus logros ms importantes. El primer Vargas Llosa, por ejemplo, es muy convincente en la representacin del habla; en el caso de Arguedas es distinto, hay problemas ms serios para la

    76 Ajos & Zafiros

    representacin del habla, pero tambin es una zona en la que l trabaja con mucha insistencia; y en el caso de Bryce, su represen-tacin es ms sobria.

    A.Z.: Los crticos con pretensiones de cientificidad distinguen al escritor real del escritor textual, indicando que los contextos socioculturales y la biografa no tienen ninguna importancia en el anlisis del texto o en su interpretacin. Hoy que predominan los estudios interdisciplinarios, t qu piensas sobre esto?

    P. E.: Yo creo que la clave est en hacerse preguntas sobre el escritor a partir de la lectura de los textos. Yo creo que la crtica literaria que se hace en el Per, a nivel de ensayos largos -no hablo de la crtica periodstica- de la resea que registra la actividad edito-rial, sino de ensayos, artculos largos o libros en los que me parece que la norma es preguntarse por la relacin entre los textos litera-rios y la realidad histrica. Y eso es saludable, me parece que es una cosa positiva. Es una buena manera de entrar a los textos lite-rarios. El problema con el estructuralismo y, en general, con la crti-ca inmanentista es que convierten una decisin metodolgica en una definicin de la literatura; es decir, se decide estudiar el texto y luego de decidir que se estudia el texto se decide que lo nico im-portante es el texto y ah hay una falacia, eso es una trampa. Es como un dentista que decidiera que la nica parte importante del ser humano son los dientes, porque l es un especialista en eso.

    A.Z.: Actualmente, los estudios literarios en Estados Unidos se adscriben a algn modelo predominante?

    P. E.: En el ambiente acadmico y literario de los Estados Unidos, el peso de la crtica francesa es muy grande; hay muy po-cos crticos sistemticos norteamericanos. Digamos que los gran-des crticos literarios norteamericanos tienden a ser muy insulares, por ejemplo: Harold Bloom y Georg e Steiner. Son grandes crticos pero no hay ningn mtodo, ningn modelo; lo nico que hay es una leccin: que la nica manera de hacer crtica literaria de manera inteligente es leyendo literatura. Si uno quiere dedicarse profesionalmente a la crtica tiene que recordar que la teora literaria y la crtica literaria son secundarias en un sentido absolutamente literal. Uno no se acerca a la literatura a travs de la teora y la crtica sino que llega a la teora o llega a la crtica.

    Ajos & Zafiros 77

  • --------e--

    A.Z.: Algunos lo entienden al revs, creen que se llega a litera-tura por la teora.

    P.E.: Efectivamente, yo creo que eso es parte de una confu-sin, la de creer que la literatura -un poema, una novela, una obra de teatro- es la materia prima de la reflexin crtica y Jos textos nunca son materia prima, los textos ya estn elaborados.

    A.Z.: Quiz lo ms notable es la inclusin de los estudios literarios dentro de los estudios culturales, en un marco interdisciplinario donde caben distintas perspectivas y metodologas.

    P. E.: Yo creo que esta es la tendencia ms fuerte. Yo creo que lo que hay en los ltimos aos de fin de siglo es una cierta disolucin de las lealtades metodolgicas. En los aos 80 ha habi-do una epidemia de derridianos y se produjo realmente una cantidad enorme de literatura crtica irrelevante. Derrida es un pensador inte-resante pero no siempre; sin embargo, es riguroso, creativo y provo-cador como lo fue Barthes, quien fue un crtico literario que precisa-mente por ser muy singular y creativo ha sido uno de los que menos escuela ha dejado.

    Hoy en da, no existen grandes mandarines de la crtica litera-ria y los crticos que estn produciendo cosas interesantes, estn pensando sobre todo en algunos fenmenos que les suscitan inte-rs. como por ejemplo la autobiografa, la novela histrica, el siglo XIX latinoamericano, la formacin de estados nacionales y la rela-cin que esto tena con la produccin cultural. Me parece que Jo que ahora hay es tpicos, temas, antes que rgidos marcos metodolgicos y antes que autores especficos.

    A.Z.: Sin embargo se continua empleando algunos marcos metodolgicos anteriores; por decir, la narratologa para el anlisis de los relatos.

    P. E.: Claro, lo que pasa es que yo creo que hay que distinguir entre lo que te puede aportar alguien como Genette que no ofrece una teora literaria sino que ofrece un modelo de descripcin del relato que es bastante prctico, bastante til siempre y cuando uno absorba los conceptos y se olvide de los neologismos, de la termi-nologa.

    78 Ajos & Zafiros

    Las tipologas de Bajtn son muy tiles porque, en alguna me-dida, son inaplicables tal cual estn presentadas; te invitan a pensar pero no se convierten en una plantilla.

    La lectura crtica, como cualquier otra, es siempre una rela-cin intersubjetiva; eliminar ese elemento de subjetividad, eliminar la experiencia personal del lector, es eliminar la parte ms importan-te de la lectura.

    A.Z.: Consideras que se ha consolidado una institucionalidad literaria en el Per?

    P.E.: Esos trminos me generan cierta vacilacin y suspicacia porque, en realidad, cuando uno piensa en la institucionalidad litera-ria est pensando en dos facultades de literatura (la de la Catlica y la de San Marcos); y cuando hablamos del sistema editorial, esta-mos hablando de cuatro o cinco editoriales; y cuando hablamos de las generaciones estamos hablado de dos escritores, incluso hay generaciones que estn representadas por una sola persona.

    A.Z.: Sin embargo, comparando Con los 80, es evidente que hay un crecimiento de publicaciones nacionales, y del pblico que consume literatura. De alguna manera se intenta establecer cierta comunidad hermenutica.

    P. E.: Yo no s si hay ms escritores o se publica ms a los escritores. El Per es un pas en el que se escriba mucho y en el que se publicaba muy poco. Entonces, a veces, uno tiene la sensa-cin que se est escribiendo ms cuando lo que en realidad est pasando es que se est publicando ms y lo que se est publicando adems es simplemente la punta del iceberg. En el Per faltan libre-ras pero no faltan escritores y hay gente que est escribiendo, es-toy seguro, novelas en Hunuco, en Tacna, en Huancavelica y no sabemos qu cosa estn escribiendo, no sabemos si podrn publi-car o no podrn publicar.

    Entonces, finalmente la literatura peruana sigue siendo un fe-nmeno limeo en gran medida; a pesar de que nuestros mejores escritores no han nacido en Lima, se han hecho como escritores en Lima. Arguedas no poda publicar en Cusca, en Andahuaylas, tena que publicar en Lima. Entonces .ese es un problema serio. Por eso cuando t hablas de institucionalidad literaria, para que sta pudiera existir como tal, sera necesario que existiese en el Per una red de

    Ajos & Zafiros 79

  • mercados literarios y una red de productores de literatura, no me refiero a escritores, me refiero a una red de editores y de editoriales importantes, revistas, en otros lugares del Per y eso es lo que no tenemos. Es totalmente cierto con relacin a los aos 80 que ahora se lee y se publica mucho ms.

    A.Z.: Qu opinas de las nuevas producciones crticas en la literatura peruana?

    P.E.: Pienso que quienes producan anteriormente lo siguen haciendo; por ejemplo, Jos Miguel Oviedo tiene una presencia muy activa en el escenario actual. Otro ejemplo es Antonio Cornejo Polar cuya ltima obra, Escribir en el aire, no es la produccin de alguien que recicla su trabajo sino la de alguien que est explorando nuevas perspectivas, nuevos espacios, imponindose tareas que son dis-tintas a las tareas que se impuso en el pasado. Ese libro me parece muy presente y muy vigente. Yo creo adems que cuando uno pien-sa en la produccin cultural peruana no debe pensar y no puede pensar solamente en la produccin especializada.

    Yo no me considero, estrictamente hablando, crtico literario; generalmente, los proyectos que me he impuesto como el de la novela urbana en Los muros invisibles y el de la novela histrica en La fbrica de la memoria son proyectos que no slo tienen que ver con literatura sino tambin con otras cosas, con urbanismo, con filosofa de la historia, con la historiografa misma. Y me parece que la gran ventaja de la literatura es que es una plataforma que se expande y siempre te conduce hacia otros territorios. Por definicin, la literatura no es especializada. A m me parece un error pensarse como crtico literario especializado; en teora uno debiera ser, y eso suena pretensioso, como los autores del Renacimiento, que lean de todo y se interesaban en todo. Quien se interesa solamente en literatura, termina no sabiendo ni siquiera de literatura.

    A.Z.: Actualmente, crees t que hay una mayor necesidad de una interdisciplinariedad entre las ciencias sociales y las ciencias humanas.

    P. E.: Cuando ests interesado en el Per, cmo puedes es-cribir sobre el Per y cmo puedes pensar sobre la literatura perua-na sin leer a Jorge Basadre, Alberto Flores Galindo, Nelson Manrique, Pablo Macera. A m me parece imposible. Si cuando leemos acerca de la literatura peruana todos tuviramos que leer exclusivamente a

    80 Ajos & Zafiros

    Luis Alberto Snchez -

  • ms reales, parecen ms consistentes y son definitivamente ms significativas para uno que la ubicacin social especfica en la que estamos. Entonces, por un lado esta idea rgida de lo que era lo real, se ha disuelto, y por otro lado nuestras subjetividades estn en cuestin. Hace un rato precisamente estbamos conversando so-bre esta necesidad que siento y creo compartimos muchas perso-nas de sentirnos de alguna manera integrados, presentes; hay una tendencia a la disgregacin no solamente en la realidad que nos rodea sino en nuestra propia vida. Y, entonces, precisamente por-que la subjetividad se convierte en la tima ancla del mundo, gente que no viene de la literatura comienza a sentir que las palabras, los sueos, los smbolos, las imgenes son relevantes, y no solamente son relevantes sino que se han convertido en nuestro nico sinni-mo de realidad.

    A.Z.: Otras reas, como la historia, an son reacias a aceptar eso. Pero hay excepciones, como el caso de Michel de Certeau 0 Hayden White, quienes ya empiezan a cuestionar que la historia pueda transmitir lo real.

    P.E.: Hay un sentido en el cual es legtimo hablar de un exce-so de parte de quienes han entendido frvolamente a Michel de Certeau y a Hayden White, y llegan al extremo de decir que como a la reali-dad no la podemos conocer tal cual es, entonces vale decir cual-quier cosa; y eso, evidentemente, es una tontera. Hay un nivel en el cual la realidad empr"1ca existe, el problema es cal es la relevancia que tiene humanamente para nosotros esta realidad. Cada vez es ms evidente que los datos empricos son menos importantes que lo que hacemos con ellos a travs del discurso; y el nfasis enton-ces est en lo que hacemos con los datos empricos, con la reali-dad de nuestro entorno por medio de las palabras.

    A.Z.: Podramos avizorar una frontera entre lo que es el dis-curso histrico y el discurso literario? Se podra sostener que esta frontera se ha disuelto?

    P.E.: Hay un punto de separacin. Hay una diferencia entre la novela por muy histrica que sea y la escritura historiogrfica, y esa diferencia est en que el escritor de historia est de alguna manera obligado a validar y sustentar lo que dice sobre los acontecimientos y esa es una exigencia que el creador de ficciones no se plantea:

    82 Ajos & Zafiros

    All hay una diferencia importante. Ahora, hay otro terreno, que es el de la construccin de explicaciones de lo que ocurri, y ese nivel de explicacin de lo que ocurri, o sea, la representacin de la expe-riencia como smbolo, en eso me parece que s los lmites entre la historia y la novela histrica son cada vez menos ntidos.

    A.Z.: Los grandes ensayistas peruanos estn anclados prcti-camente en los primeros 20 30 aos de este siglo. Por qu no hay, por qu no puede desarrollarse un ensayo de esa naturaleza ahora? Por un lado tenemos la fragmentacin de las comunidades disciplinarias, evidentemente; sin embargo, debemos preguntarnos: es slo eso lo que ha impedido que surja una nueva voz, una voz que se atreva a hacer una interpretacin de esa magnitud o es que hay otros elementos que contribuyen a ello?

    P.E.: Por muy eclctico que fuera Maritegui como marxista, de todas maneras era marxista. Es decir, tena un sistema de inter-pretacin, tena un conjunto de ideas que a l le parecan vlidas, ciertas y aplicaba ese conjunto de ideas a la experiencia peruana. Yo no s si alguien hoy en da podra tener esta suerte de fe, de seguridad en las categoras de su discurso como para atreverse a hacer una interpretacin de la realidad peruana a fin de siglo. Quin podra hacer un ensayo de interpretacin de la realidad peruana a fin de siglo? Nadie, no se me ocurre nadie.

    El resultado sera 7 fragmentos sobre la irrealidad peruana. Entonces, yo creo que se han estrechado los horizontes. Por otro lado, me parece que en los aos 20 aparte de esta fe en el marxis-mo o en el pensamiento de izquierda en general, haba una exigen-cia de hacer que el discurso intelectual tuviera -a corto, mediano o largo plazo-un efecto sobre la realidad social. Hay que recordar que Maritegui no solamente quera entender el Per sino que quera cambiarlo, y lo mismo ocurra con Haya de la Torre y Riva-Agero. Entonces, la generacin del Novecientos es una generacin que est vinculada a lo que era la clase dirigente o dominante en el Per; pero era una clase dominante que estaba plantedose ser una clase dirigente, por lo menos en algunos de sus intelectuales como Riva-Agero o Francisco Garca Caldern. Eso no lo tenemos ahora. Eso no existe ahora porque casi todos partimos de la premisa de que el Per no puede ser cambiado a partir de nuestras explicaciones y de

    Ajos & Zafiros 83

  • nuestros discursos.

    A.Z.: Esto me hace recordar un graftt que apareci en Bolivia y que deca "Basta de realidades, queremos promesas".

    P.E.: La realidad peruana de los aos 30 o de los aos 40 no era una realidad ms alentadora que la realidad peruana de los aos 90; es un problema de actitudes, valores y de percepciones del futu-ro. Y tengo la impresin de que en este fin de siglo hemos devaluado la nocin de futuro y esta es cada vez menos significativa. Hay una valorizacin extrema del presente. Pero lo que distingue a la genera-cin del centenario y a los novecentistas, de los intelectuales perua-nos de hoy, es que para ellos la dimensin de futuro era muy fuerte. Hoy en da quien habla del futuro en el Per probablemente lo hace de mala fe y demaggicamente.

    A.Z.: Podras sealar las lneas ms significativas de la na-rrativa de los 90?

    P.E.: Bueno, hay varias corrientes importantes. La novela pu-blicada en los 90 que ms me gusta, que ms me conmueve y que considero ms importante es La va/enca del tiempo, de Miguel Gutierrez. Me parece tambin que hay una literatura urbana, juvenil, que es interesante, que es importante; ah veo, qu s yo, Al final de la calle de Osear Malea. Hay otra literatura que a m me gusta en lo personal, y hablo exclusivamente como lector, me conmueve menos, me sacude menos, pero que me doy cuenta que tiene un valor grande en la comunidad de lectores en el Per, me refiero a la literatura que producen Laura Riesco o Edgardo Rivera Martnez, que es distinta adems a lo que habitualmente ha sido la represen-tacin del mundo andino en la literatura peruana. Creo que los escri-tores internacionalmente ms reconocidos del Per siguen siendo activos, y siguen siendo productivos, pero que su obra ms signifi-cativa no es la producida en los 90.

    Adems, hay un retorno a la narrativa breve o en todo caso una valoracin mayor de la narrativa breve {Ampuero, los cuentos de Rivera Martnez, Cuelo, Dughi, Leyla Bartet). Se ve ms produccin de cuentos y eso est muy bien porque hasta hace no demasiado tiempo ya los editores, de entrada, preferan no publicar colecciones de cuentos, y el cuento es una parte importante de nuestra tradicin

    84 Ajos & Zafuos

    narrativa desde Palma, quien puede ahora parecernos anticuado, pero que fue, digamos, el primer escritor popular del Per.

    A.Z.: Volviendo a lo de los noventa, que otros escritores ac-tuales te interesan?

    P.E.: Hay otros escritores que tambin me parecen interesan-tes porque estn en una lnea que en la literatura peruana no se haba frecuentado antes, pienso, por ejemplo, en lvn Thays, que es un escritor joven y todava tiene una obra por delante, pero lo que me parece interesante es que elija crear universos narrativos que no estn directamente relacionados con la problemtica social y polti-ca del Per, pues eso puede abrir una pista a un tipo de narrativa ms bien intimista, esteticista, que nosotros no hemos tenido. Ah veo algo que es distinto, que es nuevo. Sin embargo, creo que la lnea central sigue siendo la lnea realista.

    A.Z.: Claro, como en tu primera novela ...

    P.E.: En Enigma de los cuerpos hay una una presencia muy fuerte de la experiencia limea, y una necesidad de representarla, adems, hay un gusto por el gnero policial y por el policial negro. Entonces, en general el realismo no significa necesariamente que uno quiera reproducir la realidad; me parece que el realismo de aho-ra, este realismo de fin de siglo, supone algo ms que el deseo de mimetizar, de hacer una reproduccin mimtica de la realidad.

    A.Z.: Y que nos puedes decir de tu segunda novela.

    La segunda novela -aunque, ciertamente, no tiene las ambi-ciones panoramicas de Enigma de los cuerpos- no me parece del todo desvinculada de la primera. El motivo de la pesquisa le da un hilo conductor al argumento, el problema moral del crimen est en el centro del mundo representado y los protagonistas estn compro-metidos en el desciframiento de signos hermticos. A m me pare-ce, retrospectivamente, que la coordenada principal de Enigma es la espacial, mientras que la de /as pruebas del fuego es la tempo-ral: de ah, en parte, las modalidades distintas de las bsquedas. No me lo propuse conscientemente, pero ahora veo que las novelas son, por eso, complementarias (al menos para m). Otra cosa es que en Las pruebas del fuego quise profundizar en la caracteriza-cin, en el proceso de construir personajes; por eso, en vez de una galera de sujetos, hay un impulso introspectivo, casi intimista, en

    Ajos & Zafiros 85

    -------!

  • la narracin. Tambin de eso me doy cuenta despus de haber es-crito el libro.

    A.Z.: En trminos generales, estamos abandonando el rea-lismo de Balzac?

    P.E.: Claro, la idea de que lo real puede ser representado a travs del lenguaje; este es un realismo que ms bien piensa que la realidad como tal no puede ser representada sino a travs de simu-lacros, y que, por otro lado, el realismo no es solamente una mane-ra de acercarse a la realidad sino una manera de acercarse a la literatura. El realismo es simultneamente una tradicin de textos realistas.

    A.Z.: T planteas que con Martn Adn se inicia la irrupcin de la modernidad. En todo caso, que a travs del discurso de La casa de cartn se iniciaba una tradicin distinta, haba un momento de ruptura. T crees que ahora ese proyecto se ha cumplido, se ha radicalizado la propuesta de Adn o simplemente con l se abre una veta que no ha sido explorada completamente?

    P.E.: Yo creo que l abre una pista. La casa de cartn abre un espacio que finalmente nadie ms ha ocupado. No tiene vecinos, se ha quedado deshabitada, y creo que por eso la propuesta sigue siendo muy rica, muy productiva, sobre todo ahora, porque La casa de cartn no solamente hace estallar el lenguaje de la novela realis-ta, sino que surge de una manera de experimentar la ciudad que slo se entiende en una urbe que est en un proceso de cambio muy rpido; y justamente ahora la ciudad de Lima est en un proce-so anlogo, y nuestra relacin con la ciudad es una relacin en la que todo parece simultneo y abigarrado, mucho ms que en la poca de Adn.

    Paralelamente, creo que el Diez Canseco de Duque, por ejem-plo, ha regresado de alguna manera con Bayly, a pesar de las enor-mes diferencias morales, estticas o ideolgicas que pueda existir entre ellos.

    A.Z.: Como que el final de este siglo est mucho mscerca de las primeras dcadas.

    P.E.: Yo creo que tiene que ver con la sensibilidad finisecular. El fin del siglo XIX, la esttica de la be/le poque y el decadentismo, tiene un cierto eco en la sensibilidad posmoderna de fines del siglo

    86 Ajos & Zafiros

    XX. Creo que existe una relacin: el culto al gesto, la idea de que el presente es el espacio de realizacin, de que lo social no es un mbito creativo importante en relacin al cultivo de la subjetividad, la cancelacin de la idea del futuro; esas cosas acercan el fin del siglo XIX al fin del siglo XX. Hay una suerte de neodandismo a fines del siglo XX y justamente la idea de que somos no solamente sujetos con mundo interior; es ms, ya no estamos seguros de que ese mundo interior efectivamente exista. Pero por lo menos podemos ser vistos, podemos ser espectculo y podemos hacer de nosotros mismos un gran espectculo. Y entonces eso definitivamente rela-ciona al dandismo de fines del siglo XIX con este dandismo de fines del siglo XX. Yo creo que en ambos casos se trata de momentos de crisis y transicin.

    A.Z. De alguna manera esto se refleja en la naturaleza de las novelas de los noventa.

    P.E.: As es. Por ejemplo, yo lo que noto es que hay muchas novelas de aprendizaje, utilizando el trmino en sentido lato, lo que me parece que se encuentra ms en la literatura peruana de los 90 son novelas de aprendizaje, con personajes que son o nios o ado-lescentes, y que descubren su lugar en la sociedad y descubren su vocacin. Eso me parece que se traslada de una manera u otra a textos que son muy distintos entre s. Como Ximena de dos cami-nos y Pas de Jauja.

    Hay inflexiones distintas, pero lo que me parece que sigue siendo decisivo en la literatura peruana es el argumento del apren-dizaje, la experiencia del aprendizaje; y no solamente no se ha per-dido sino que contina, sigue y me parece que va a continuar.

    A.Z.: Y ese sntoma qu significa?

    P.E.: Creo que es un sntoma de que nuestra experiencia so-cial no concluye; estamos en procesos de bsqueda, de integracin entre nosotros y nuestro entorno, y que muchas veces estamos en guerra con nuestro entorno y en guerra con nuestro pasado. Enton-ces, yo creo que, por ejemplo, dentro de Rivera Martnez hay un deseo de que esa relacin con el entorno sea una relacin no traumtica; y en el caso de Miguel Gutirrez lo que hay es un nfa-sis en que esa relacin en s misma es traumtica y no tiene cura-cin sino a travs de la escritura. Es, digamos, la cara y el sello de una misma moneda. O

    Ajos & Zafiros 87

  • N-----~~------------, : CARNET DE POETA . :

    1 1 Incorprate al movimiento! 1

    Si te gusta la poesa, te sientes poeta, has publicado o deseas publicar, nete a nosotros. Somos un grupo de poetas que ofrece una credencial para que todos te reconozcan y as puedas obtener mltiples beneficios: acceders a diversas bibliotecas, obtendrs libros, revistas, descuentos en cine clubes. Con nuestro camet participars en recitales de poesa.y leers tus textos en programas culturales de televisin, tanto de seal abierta como de cable.

    T tienes la poesa, no la desperdicies. Intgrate a la ms grande red potica peruana. La inscripcin es gratuita. Slo tendrs que presentar este aviso, una fotografa tamao pasaporte, a color, y un poema indito, que se integrar a nuestro Archivo de la Nueva Poesa Peruana.

    Estamos preparando una antologa que agrupe a todos los poetas del Per, sin distincin de gnero, raza, religin o formacin acadmica. Si ests interesado, enva tu texto y datos bsicos al coneo electrnico abajo indicado. Luego nos comunicaremos contigo para concretar la inscripcin.

    Movimiento Nacional de Poetas del Per Monapoetas@ latinmail.com

    1

    1

    1 1 1 1

    1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1

    1

    1

    1

    1

    1

    1

    1

    1 1 L-------------------N

    88 Ajos & Zafiros

    " CREACION

  • POESA

    ~ Csar Silva Santisteban

    La humildad de los sueos

    Bajo los muertos seminales, en

    los suaves escombros de

    la tarde, un rastro de ceniza levanta

    su ltima tibieza.

    Desvanecindose

    arrastra,

    con sus pequeos dedos,

    el lvido bastidor de cada boca.

    Trepa lejos, a cierta ventana que fatiga

    agonas y resurrecciones,

    donde hierve el aire

    sobre una luz indefensa que lo acoge.

    La ceniza, entonces, se deshace

    entre cadenas peculiares;

    la misma tarde, de pronto,

    se vuelve otra.

    Ajos & Zafiros 91

  • Un vestigio de esperanza.

    Una palabra que tambin

    ser un escombro entre dos odos.

    Un da que me busca en vano.

    Una puerta que se cierra

    como tantas otras ...

    Prdica del retorno

    Purificada en el fango,

    en el letargo de un rostro

    hundido bajo tierra,

    nuestra historia va siguiendo

    el curso de esta moneda

    que rueda sin ocanos, con la ferviente plenitud

    de los encallajes.

    Bajo la noche extensa, nuestra noche,

    un sermn de la piedra dirige

    aquel ir y venir de hermosos muertos.

    92 Ajos & Zafiros

    Una prdica taciturna

    que obliga a tu calavera a sembrar,

    en s misma,

    una rosa sin lmites y

    perpeta el extravo de danzas furiosas,

    el proscenio de minsculos fragmentos

    de engaos, de miserias inocentes,

    de rezos inconfesables

    bajo sepulturas

    de uas que medran sin carne.

    De este modo hospeda el fango

    inagotables retornos,

    corrientes azules que varan

    en su propia espuma.

    Fiemos sin mcula

    donde el hedor es un aliento de besos olvidados,

    el mineral, un despoblado linaje,

    y la hambrienta agona, un espacio donde

    cerca, muy cerca,

    callan las rutas ...

    Ajos & Zafiros 93

  • La contemplacin de los cuerpos

    Este aire sometido por la noche

    nos encierra sin lmites.

    Un pual

    y aquella Luna

    vigilan nuestros pasos.

    La piedra blanca y la piedra negra

    forman llamas muertas

    que reviven al fondo de un pequeo mar.

    Otro fuego mutilado

    cierne al aire.

    La grava cubre

    un sendero de

    pjaros muertos.

    Poco a poco

    se labra un esqueleto adormecido

    en el paisaje.

    En ese hueco de marfil

    94 Ajos & Zafiros

    habit el mundo.

    Fue la gota de lluvia

    y el espejo

    y el grano de arena que

    buscan los ciegos en el desierto.

    Fue el horizonte

    y un milagro secreto que pocos ven.

    Nadie beber ya de nuestra sangre, me dice. Pero hay calma

    en esa sombra.

    Ajos & Zafiros 95

  • ;t:n Elio Vlez Marquina

    yana cuy, yana

    mejor que la fritanga

    los presagios

    Cuy

    es ms clida la hierofana

    mejor que la ensalada y el ajiaco

    en la caipada todos callan

    te respetan

    la ua prorrumpe te adentra

    tus vsceras son sagradas.

    manifiestan una vieja dolencia

    presentida

    tu sangre yana conmovida

    interpreta la muerte ajena

    volvindote humano en la queja

    no confundas,

    el brujo te reza y te ofrenda

    yana eres pursima esponja

    de diablos con perfidia

    si te arrojan a los perros

    es por miedo,

    cuy, tu materia poderosa

    enclaustra la miseria, yana

    los perros no engordan con la parca.

    96 Ajos & Zafiros

    fui tan buitre

    sin saber

    Buitre

    al devorarte

    de tu hambre

    la baba y

    codicia mendicante

    por versar tus heridas

    y abrirlas en canciones

    y madrigales

    tan con mis plumas

    sigo buitre

    de luto lacerante

    aunque cndor me llames

    inefable y me ofrendes

    tu gape corrupto de carnaje

    aqu sbado

    tan cndor decas

    buitre me cre gozando

    hilachas de tu rostro

    la carroa toda que fue

    tu lomo

    la merienda

    Ajos & Zafiros 97

  • part sin gestos ciego

    denso satisfecho me alej

    intuyendo al spero nctar

    cinreo que en tu copa

    vaca

    agitabas a lo lejos

    /,( ' \\ 1 VI vi e v "-'-

    98 Ajos & Zafiros

    fJ Jaime Rodrguez

    Algo sucede como el espacio de las aves las vrtebras del sol

    cuando me detengo y mi crujiente rostro se ensombrece.

    Yo vi la descomposicin de los autos. El xido salvaje cuando aparecen las ciudades y todo esto ante el dolor de mi escafandra.

    [Los pjaros construyen las colinas de la tarde.]

    Habamos hablado tanto del vaco menos duro era contemplar la lenta extincin de los geranios el humo las comisuras del silencio cuando me detengo y mi crujiente rostro y yo recuerdo el lugar de los corazones de chatarra tocados levemente levemente amados como pjaros de alambre.

    Yo vi las esquirlas del amor atravesarnos la naturaleza incendiada en nuestro rostro la contemplacin del instinto como una pira de silencios y sonidos

    Ajos & Zafiros 99

  • ahora los pjaros construyen las colinas de la tarde mientras espero un dolor que debi existir tambin para nosotros o por lo menos un espejo

    una emocin un acontecer de cmbalos que callan.

    Estudio de palomas (una vez Bukowski)

    Tampoco ese hombre que las alimenta cada maana puede comprender el significado de sus vuelos. Ellas vienen, se acercan lentamente y observan, Juego avanzan torpemente hasta las miguitas de pan y comen.

    Pero si un perro corre hacia ellas entonces huyen y se instalan en las ramas de los rboles, esperando. (Una vez Bukowski dijo que las palomas eran como Cristos estpidos)

    sin embargo nadie conoce la ferocidad de los pjaros: se posan en las cornisas de los edificios y charlan apaci-bles la conversacin es aparente, por supuesto

    (son seres sin lengua y sin amor).

    100 Ajos & Zafiros

    iJ Jos Gabriel Cabrera Alva

    Maderamen

    La luz del maderamen se precipita por el dorso de la aurora

    y hay un claro de bosque que desgaja la ms alta evidencia

    de nuestras alucinaciones Ha sido as que los dioses

    han entrado en nuestros llagados ojos sosteniendo en su voz

    unas hojas de hierba y de las ms claras partes de la virtud

    un duende ha hecho sonar con fragilidad la msica de una trompeta

    "Venimos de un castillo lejano han dicho las doncellas

    Pero tenemos largas uas Y henos aqu

    innobles irresolutos esperando el guio de una alondra

    aunque nuestros brujos hallan sido muchos y el rito de la tierra

    un costurn necesario para nuestras primigenias palabras

    Respeten siempre la voluntad de los dioses nos dict una lechuza antes de entrar a la muerte

    y nosotros camos en una urdimbre legendaria un ardid necesario

    para desarrollar los msculos de la lengua

    Ajos & Zafims 1 O 1

  • Fue as que aprendimos a temer la poesa

    y sin embargo a tenderle redes que nos otorguen

    un pez de ojos enormes y de boca plateada

    y un rbol fue un caballo y un caballo una piel salada

    donde instruir el cuerpo Y fue entonces que las alucinaciones

    ya no trajeron la luz de un maderamen sino una piel humana

    donde depositar palabras de un extrao lenguaje

    102 Ajos & Zafiros

    Territorio

    El territorio de la razn ha cedido su cuerpo

    al amor a los druidas y miles de espejismos rituales

    se han prosternado ante la lumbre delicada

    de las fminas corno si el hechizo

    de 1 antigua palabra fuera licor apreciado

    por la lengua de la gente y una sortija de fuego

    se hubiera posesionado de las escarnas rugosas

    de nuestro arte potica Las lucirnagas han fluido

    en el territorio de los dientes cediendo paso

    a la piel ligera del deseo

    y la habitacin ha respondido al ritual de la carne

    y ha sido ante todo el reino de la palabra

    el que nos ha restituido al origen de nuestros cuerpos

    Un gorrin ha pernoctado

    entre arcanas vestales y el agua de romero

    ha sido suficiente para seguir nombrando Hemos soportado as

    el transcurrir de la noche

    Ajos & Zafiros 103

  • con un hisopo en las orejas y algo de pan en el vientre

    y ha sido ante todo el imperio del vino Hemos llegado entonces

    a delirar con los nombres de las cosas

    y una silla ha sido un pjaro de mrmol

    y tus pestaas una esquiva escorzonera

    pero hemos soportado tambin los delirios posesivos

    y la extraa persecucin de los rboles sin hojas

    ha sido un acto evidente un obligado secuestro

    a nuestro raciocinio y hemos tenido tambin

    nuestros parasos artificiales y el humo ha sido un espejo

    demasiado dominante para llamarnos libres

    y sin embargo no hemos escrito un canto de derrota

    sino una voz de fuego imantada tras las perlas

    del amor y sus persecuciones

    104 Ajos & Zaftros

    NARRATIVA

    Lou, jlame las grenchas otra vez

    Jl:oJ Frida Tristn

    No estaba en mitad del camino sino en el primer tercio de mi vida, pero, eso s, caminaba por el lado salvaje de la realidad cuando conoc a Lou en un bar de Greenwich Village a principios de los noventa. Aquel barrio de intelectuales que haba visto nacer y crecer a la mejor. banda de rack del mundo a fines de los sesenta, conservaba entonces an algo de su antiguo esplendor, aunque ya era ms atractivo evocar antiguas pocas, cuando Lou y toda su banda se metan esas desenfrenadas malogradas con Wamol, Sartre, Nico, Patty Smith y hasta Herbert Marcuse.

    Yo trabajaba en el da limpiando retretes de los restaurantes de G. V., y por las noches sala por ah a ver si levantaba algn cliente, pero slo hasta las once de la noche, porque despus de esa hora nadie te asegura nada en cualquier barrio de New York. Precisamente un da en que yo estaba limpiando el bao de un glorioso restaurante de artistas de la calle principal, divis a Lou y a su manager que llegaban al local a tomar desayuno. Para m l era el dolo -y todava lo es, a pesar de todo-, pero como recin haba llegado a la gran manzana, mi ingls era fragmentario y no tena forma de decirle todo lo que senta al escuchar sus canciones. Felizmente que a m me gusta tambin la poesa -especialmente la que hacen las mujeres-, as que se me prendi el loquito y atin a recitarle ese poema que dice tengo ya treinta aos y mi vagina se llena de hongos ... Lo u escuch atento, casi circunspecto, y luego que hube terminado me pregunt en un castellano fatigoso de dnde era. De Per, le dije, sin titubeos. Oh, dijo, Perou, the land of cndores, el imperio de los incas, Macchu Picchu, y la verdad que la estaba cagando porque me pareci uno de esos gringos cojudos

    Ajos & Zafiros 105

  • T

    que visitan mi pas con un plano de lo que hay que ver y luego se largan de nuevo al suyo para contar a sus amigos todas las salvajadas que han visto en dicho lugar.

    Bueno, la cosa se puso mejor cuando me pregunt que qu tena que hacer esa noche. Nothing, contest, claro y fuerte, con mi mejor sonrisa. Well, why don"t you carne with us tonigth, dijo l. Hay una party en la casa, agreg, if you want carne with a girl. Les juro que nunca me haba sentido ms feliz en toda mi vida, ni siquiera cuando el ebrio de mi padre se fue de una vez para siempre de la casa, y pude al fin dormir tranquila sin tener que echar doble llave a la puerta de mi cuarto ni tener que escuchar sus espantosos ronquidos o sus pleitos descorazonadores con mi madre. Acept inmediatamente, y sent que algo grande vena a mi vida de una manera abrupta, contundente.

    Una vez que sal del trabajo, lo primero que hice fue llamar a Cindy, la mexicana que haba trabajado conmigo en el supermercado y que se haba vuelto muy amiga ma. De hecho, salamos a trabajar juntas por las noches. Por supuesto que pens que le estaba jugando una broma, aunque su entusiasmo no era tan grande como el mo, lo cual era hasta cierto punto comprensible, pues a ella le gustaban los Rolling Stones. La pobre, como no haba tenido formacin universitaria -yo haba terminado Comunicacin antes de venir a New York-, no entenda mucho cul era el valor de lo que Lo u haca, y menos an lo entenda cuando escuchaba las versiones en vivo donde Lo u le sacaba chispas a la guitarra y a su garganta.

    Llegamos al departamento de Lou, mi amado Lou, a las diez de la noche, que era la hora en que se llegaba a las fiestas en ese tiempo. El ambiente ya estaba algo caldeado, haba buena cantidad de gente, pero an quedaban muchos por llegar. Dos o tres chicas famlicas caminaban de ac para all como queriendo llamar la atencin sobre sus tristes huesos, mientras que en un rincn, apoltronados en cojines enormes de terciopelo rojo, un grupo de negros, supuestamente msicos, fumaban algo que botaba un humo prpura y apestaba a los mil diablos. Por un instante record a mi hermano Maree!, que se haba metido a la pasta y que andaba mendigando como un loco en los terrales de Los Intocables en Barranco.

    106 Ajos & Zafiros

    Cindy y yo nos sentamos un poco cohibidas y asustadas. Esperbamos un ambiente ms ntimo, pero haba gente por todos lados y de lo ms extraa: tipos enormes, gordos y encorbatados con chicas sentadas en sus adiposas rodillas; negros que bailaban en grupo y lanzaban risotadas y barbaridades mil por minuto; seres annimos, delgados, callados, que se refugiaban en la terraza, cerca del bao o en las habitaciones interiores, y que de rato en rato echaban una ojeada a la fiesta como quien mira si el oso est dentro de la cueva.

    En fin, tratamos de amoldarnos a la situacin lo mejor que pudimos -para esto los latinos somos expertos- y esperamos, como muchos ah, la salida de Lou, Mi amor sali de su habitacin con una camisa de seda negra, vaqueros tarnbin negros y unas botas enormes y puntiagudas que lo hacan verse ms alto. De hecho yo era la chica ms simptica en esa fiesta llena de anorxicas, pero me sorprendi que pasara delante de m sin siquiera reconocerme. No aguant ms y me acerqu a l justo cuando se dispona a hablar con una de esas modelitos de cementerio. Helio, Lo u, Do yo u remember me?, pude decirle controlando mis nervios. Lou levant sus ojos ligeramente saltones y me mir un buen rato. Luego me tom de la mano y, llevndome hacia un aparte, empez a recitar un fragmento del poema que le haba ledo. Eso para rn fue lo mximo. Me pareci tan excitante que Lou haya grabado en su memoria dicho poema que no pude resistirme cuando empez a besarme en el cuello y a pasar sus nudosas manos por entre mis piernas.

    Para esto Cindy ya haba agarrado viaje con un francs muy delgado y distinguido que deca ser ingeniero de sonido o algo por estilo. As que mi demora con Lou en la cama no tuvo mayores repercusiones, salvo la retahla de orgasmos emocionales, vaginales y clitorideanos que tuve antes de, qu horror!, terminar orinndome en la cama king size de Lo u. Este pequeo detalle, que dicho sea de paso, haca aos que no me suceda, cambi la actitud de Lou por completo. De ser un amante amoroso y considerado, pas a la indiferencia y la hostilidad, cuando no a la malcriadez de sugerirme que me fuera con mi amiga a otra parte. Intent por todos los medios fsicos y psicolgicos de que cambiara su actitud. Reemplac las sbanas de la cama y le implor que no me dejara. Le promet que iba a hacer lo que l quisiera pero que no me dejara por favor. En el

    Ajos & Zafiros 107

  • colmo del fanatismo, bes sus botas de cuero de cocodrilo y mastiqu con fruicin sus medias y su truza que guardaban algo del penetrante olor de su cuerpo. Nada. Termin de cambiarse, abri la puerta de la habitacin y sali con un sonoro portazo.

    Pero la cosa no quedo ah. Yo tambin me vest y sal detrs de l, a seguir rogndole. Deb haberlo hostigado mucho, pues hasta Cindy, en algn momento, me dijo que lo dejara tranquilo, que estaba malogrando la fiesta. Pero yo ya me haba tomado cinco tequilas dobles y lo nico que fui capaz de percibir en aquellos consejos es que Cindy quera quitrmelo, as que la mand a la mierda lo ms rpido y fuerte que pude.

    Media hora ms tarde el mismo Lou me coga por las grenchas con una mano y del fundillo de mi malla con la otra, y, cargndome como a un costal, me sacaba de la fiesta ante la mirada impvida de los pocos invitados que se mantenan lcidos. Su departamento estaba en un segundo piso, as que mientras me bajaba por la escalera de servicio yo le peda a viva voz que no me dejara, que l significaba mucho para m, que si quera me iba a quedar como su sirvienta, como su esclava, como lo que sea. Grande fue mi pena cuando me encontr -como en una de sus canciones-parada en una esquina, pero sin siquiera maletas en las manos.

    Luego de ese bochornoso espectculo me entr una depresin horrible. Perd el empleo diurno porque no poda levantarme para ir a trabajar, y de noche ya ni quera ver la calle. Pero pasaron los das y las cosas volvieron a su nivel. Consegu otro trabajo e intent escuchar algo ms constructivo, como Santana o Cat Stevens. Pero la sombra de Lo u -que, ahora lo s, no me dejar nuna- volvi a mi vida poco a poco, como una marea negra y enfermiza.

    Un da encontr entre las ropas que haba llevado a esa fiesta, y que no haba tocado durante dos meses, el nmero de Lou, que haba tenido la previsin de anotar cuando estuve con l en su habitacin. As que empec a llamarlo por las noches; pero siempre era lo mismo: Helio, baby, leave your number alter the sound. Y nunca me contestaba. Creo que le dej mi telfono dieciocho veces, por lo menos hasta esa cantidad cont las llamadas. Dos semanas

    108 Ajos & Zafiros

    despus el telfono simplemente sonaba y sonaba, pues ya no estaba conectada la contestadora. Tard hasta el amanecer en comprender que Lou se haba marchado de Greenwich Village.

    Pese a todo, an me gusta llamar por las noches a su telfono. Ahora vive ah una pareja de ancianos que nunca aciertan a responder antes de que se active la contestadora. Entonces yo hablo con Lou en castellano aunque l no me escuche, le cuento todo lo que siento cuando escucho sus canciones, cuando me toco y pienso en su cuerpo fibroso y viril, en sus manos crispadas recorriendo mi cuerpo y le digo, una y otra vez, no me dejes, por favor, significas tanto para m, voy a ser tu sirvienta, tu esclava lo que t quieras, Lo u, pero jlame las grenchas otra vez, por favor. O

    \1

    Ajos & Zafiros 109

  • r 1

    -::: S q)

    -.:r ~

    ,:0 '

    .J ;;: "' V) -:\

    lll .......,

    1

    i 1 1 j

    Diazepam

    Dante Trujillo Ru iz

    Las nueve de la maana atraviesa las cortinas y cae sobre la cama como espadas de luz amarilla. l se despierta algo aturdido (la comida en casa de unos amigos, el vodka, algo de tiros) pero se deja arrullar por el frescor proveniente del jardn y los sonidos de la maana. El cuarto est tibio. Definitivamente es domingo.

    Ella duerme a su lado, de costado en su propia almohada. An tiene los ojos delineados y los labios y sus comisuras rojizos de carmn. Puede ver sus poros abiertos, el peinado deshecho, el rostro hinchado por el sueo. Huele a cama. Afuera, las cucules. l se extiende y bosteza casi en silencio. Estira su brazo izquierdo, toma el control remoto del velador y enciende el televisor. Un poco de zappingy lo deja en Discovery: unos cachorros de len se estn tragando lo que queda de un venado.

    Ella se despierta pero no abre los ojos, slo suspira y sonre. Le dice hola y l le responde el saludo. Le pide que apague eso y le acaricia el pecho, los vellos, la tetilla izquierda. l quiere terminar al menos de ver la escena (ha llegado una familia de hienas? a por lo que los leones dejaron del venado, casi nada). Ella chasquea la lengua, se hace la ofendida y se da media vuelta. l bosteza nuevamente y de reojo le mira la espalda, las pecas, el trasero bajo el satn rosa plido. Se imagina lamindolo, se ve reconocindola con el ndice, con el ndice y el medio, mientras le muerde suavemente el cuello. Apaga el televisor. Ella se vuelve, an con los ojos cerrados. l deja el control remoto sobre el velador y se restriega los ojos, con flojera y algo que es resignacin. Ella le busca y le escarba el ombligo con la ua, el sexo, los dedos entre la maraa. Aparta las sbanas

    Ajos & Zafiros 111

  • y se desliza sobre l. Entreabre los ojos verde clorofila por un instante. Los cierra. Sigue siendo hermosa, incluso ms piensa l, mientras -gemidos, leonas, vodka- le besan el cuello, la oreja, los labios intilmente. Ella abre nuevamente los ojos para mirar los suyos, abiertos tambin. En ellos se ve a s misma. Y se quedan as, inmviles unos segundos antes de que ella se desmonte, se tape con el cubrecama y se d nuevamente la vuelta. Silencio.

    l le miente, de pronto, que est cansado y con un poco de resaca, que no sea as, que ms tardecita, son las nueve de la maana. Ella no responde sino que aparenta haberse quedado dormida. Ya pues -cinsiste l. Estoy muerto y t seguramente tambin lo estars.

    Silencio.

    Mira, tengo una idea: Qu te parece si en un rato ms nos cambiamos y salimos, as sin baarnos noms, compramos el peridico y nos vamos al brunch del D'onofrio? No te provoca? Chicharroncitos, juguito de naranja ... Esto la reanima y se da la vuelta. No estoy molesta -le dice, mirndolo con ternura . .Adems yo tambin me muero de sueo. Bosteza, sonre y se sienta en la cama. l se levanta, se asoma a la ventana y rnira la calle tras el jardn. Est demasiado soleado para ser mayo. No hay autos, slo gente que sale a correr y mujeres que barreri con hojas de palma.

    Ven -le dice ella. Prende la tele si quieres. l la mira desde la ventana. Est hojeando una revista. Es increble que siga siendo tan hermosa, piensa, y se sienta a su lado. Te tengo una sorpresa. Qu? -sonre ella grande, los ojos delineados, el olor a cama. T cierra los ojos y abre la boca. Un chocolatito? Has preparado algo rico? T cierra los ojos y abre la boca, noms. Ella se hace la engreda pero obedece. Tiene las pestaas largas y miles de pecas en el pecho. Ya, pues -dice- y vuelve a abrir la boca.

    l palpa sin mirar la caja de diazepam que hay en el cajn del velador. Piensa que no tiene a mano agua para tomarlas y que tendr que ir a la cocina. Sigue buscando. Con la otra mano se asegura de

    112 Ajos & Zafiros

    que ella no mire. Y ella sigue sin ver y sonre nerviosa. l por fin encuentra el revlver y se lo coloca entre las dos hileras de dientes.

    Es domingo y ahora las cucules son un coro. A lo mejor alcanza an el programa: la voz del narrador podra tambin ayudarle adormir. O

    Ajos & Zafiros 113

  • TRADUCCIN f eh ez_ Yloli S~

  • y.f ... ..... >;;.~.

    Poemas t6J Dylan Thomas

    (Traduccin de Vctor Coral)

    Oh, hazme una mscara Oh, hazme una mscara y un muro para ocultarme de tus espas

    De lo agudo, ojos esmaltados y uas asombradas,

    Violacin y revuelta en las guarderas de mi rostro,

    Mordaza de un rbol golpeado en silencio para bloquear a los

    [desnudos enemigos;

    El idioma de la bayoneta en este indefenso cuarto de oracin,

    La boca del presente y la trompeta de las mentiras tocada con

    [dulzura;

    Forjado en roble y antigua armadura el semblante de un idiota

    Para proteger el reluciente cerebro y enfrentar a los agresores,

    Y una lgrima teida del pesar de un viudo cada desde los

    [ataques

    Para disimular la belladona y dejar que los ojos secos perciban,

    En la curva de la boca desnuda o en !a risa oculta bajo la manga,

    La traicin de los otros, las mentiras de lamento de sus prdidas.

    Ajos & Zafiros 117

    n

  • La luz rompe donde el sol no brilla

    La luz rompe donde el sol no brilla;

    Donde el mar no fluye, las aguas de la tierra

    pulsan en sus arroyos;

    Y las cosas de la noche

    -fantasmas rotos con gusanos rebosantes en la cabeza-

    atraviesan la carne, donde ninguna carne cubre los huesos.

    Una llama en los muslos calienta

    la juventud y siembra y quema la simiente de las eras;

    Donde ninguna semilla despierta,

    el fruto del hombre se despliega en las estrellas,

    brillante como un higo;

    Donde no hay cera, la llama muestra sus cabellos.

    El alba rompe detrs de los ojos;

    De la cabeza a los pies, la sangre airosa

    se desliza como un mar;

    Sin estacas ni cercos, los surtidores del cielo

    chorrean contra la vara

    vertiendo en una sonrisa el aceite de las lgrimas.

    La noche rodea en sus cuencas,

    como una luna resinosa, el lmite de los planetas;

    El da ilumina el hueso;

    Donde no hay fro, los magros ventarrones desprenden

    118 Ajos & Zafiros

    la tnica del invierno;

    La pelcula de la primavera cuelga desde los prpados.

    La luz rompe en secretos parajes,

    en los vertederos de los pensamientos que huelen en la

    [lluvia;

    Cuando las lgicas mueren

    el secreto del suelo crece a travs de los ojos,

    y la sangre salta en el sol;

    Por sobre los basurales, la madrugada se detiene.

    Ajos & Zafiros 1 19

    -"1

  • Este pan que parto

    Este pan que parto fue una vez el juramento,

    Este vino estuvo en un rbol extranjero

    sumergido en sus frutos;

    El hombre en el da o el viento en la noche

    dispuso las leyes de la cosecha, rompi la alegra de la uva.

    Una vez en este vino la sangre del verano

    golpe la carne que cubra la vid,

    Una vez en este pan

    el juramento fue alegre en el aire;

    El hombre rompi el sol, derrib el viento.

    Esta carne que t rompes, esta sangre que t dejas,

    crean desolacin en las venas,

    Fueron uva y avena

    Nacidas de la raz sensual y de la savia;

    Mi vino, que t bebes; mi pan, que t partes.

    120 Ajos & Zafiros

    Cuatro Poemas

    .il:n Joyce Mansour*

    (Traduccin de Jos Gabriel Cabrera Alva)

    lnvteme ...

    lnvteme a pasar la noche en vuestra boca

    Cunteme la juventud de los ros

    Apriete mi lengua contra vuestro ojo de vidrio

    De me vuestra pierna como nodriza

    Y despus durmamos hermano de mi hermano

    Ya que nuestros besos mueren ms rpido que la noche

    (Dchirures, d. de Minuit, 1955)

    * Poeta de origen egipcio nacida en Bowden, Tnglatc;rra, en 1 ns. Particip activamente en el movimiento surrealista e hizo suya la lengua francesa. Sus libms son: Cdr, Editions Pierre Seghers, 1953; Dcbimm, T

  • Nosotros vivimos ...

    Nosotros vivimos enviscados al cielo raso

    Sofocados por los vapores rancios exhalados de la vida cotidiana

    Nosotros vivimos pegados a las ms bajas profundidades de la noche

    Nuestros pellejos secados por el humo de las pasiones

    Nosotros giramos alrededor del polo lcido del insomnio

    Enlazados por la angustia separados por el xtasis

    Viviendo nuestra muerte en el gollete de la tumba

    (Dchirures, d. Minuit, 1955)

    Los vicios de los hombres ...

    Los vicios de los hombres

    Son mi dominio

    Sus plagas mis dulces pasteles

    Amo mascar sus viles pensamientos

    Ya que su fealdad hace mi belleza

    122 Ajos & Zafiros

    (Gris, d. Seghers, 1953)

    Pericoloso Sporgersi

    Nadar hacia ti

    A travs del espacio profundo

    Sin frontera

    cida como un botn de rosa

    Te encontrar hombre sin freno

    Flaco, absorbido en la basura

    Santo de la ltima hora

    Y hars de m tu .lecho y tu pan

    Tu Jerusaln

    (En Le surralisme meme, 1958)

    Ajos & Zafiros 123

  • La imagen en la piedra 6 Roger Caillois

    (Traduccin de Rubn Silva)

    Se ha buscado en toda poca no slo las piedras preciosas, sino tambin las piedras curiosas; aquellas que atraen la atencin por alguna anomala en su forma o por cualquier rareza significativa de diseo o color. Casi siempre se trata de una semejanza inespe-rada, improbable, y por lo tanto natural, la que provoca fascinacin. De todas formas las piedras presentan algo evidentemente perfecto, fijo, extremo, imperecedero o ya perecido. Seducen con una belleza limpia, infalible, inmediata, que no da cuenta a nadie. Necesaria-mente perfecta, ella excluye, sin embargo, la idea de la perfeccin; precisamente por no admitir acercamientos, errores o excesos. En este sentido, esa belleza espontnea precede y desborda la nocin misma de belleza.

    Es que las piedras presentan algo evidentemente perfecto, sin que haya, sin embargo, ni talento ni industria ni nada que de ella haga una obra de arte en el sentido humano de la palabra, y menos an una obra de arte. La obra y el arte vienen, tal como lejanas races, tal como latentes modelos, con sugestiones oscuras pero irresistibles.

    Son advertencias discretas, ambiguas, que a travs de filtros y obstculos de todo tipo recuerdan que hace falta que exista una belleza general, anterior, ms vasta que la intuida por el hombre, en la que encuentra su dicha y de la que est orgulloso de producir a su

    124 Ajos & Zafiros 1

    J

    turno. Las piedras -no slo ellas, sino tambin races, conchas y alas, todo cifra y construccin de la naturaleza- contribuyen a dar la idea de las proporciones y leyes de esa belleza general que slo es posible columbrar. En relacin a ella, la belleza humana sin duda slo representa una frmula entre otras. De la misma manera, los postulados de Euclides, entre tantos postulados posibles slo co-rresponden a un caso particular de una geometra total.

    En las piedras, la belleza comn a los diferentes reinos parece incierta o difusa, de un ser raro, recin llegado al planeta, activo, ambicioso y que estimula una inmensa presuncin. No sospecha que sus ms sutiles pesquisas constituyen la prolongacin, en un cantn determinado, de normas ineluctables, aunque susceptibles de innumerables variaciones. Sin embargo, incluso si ignora la be-lleza general y profunda que emanaba desde el origen de la arqui-tectura del universo y de quien todas las otras han salido, no puede hacer que ella se imponga a l por algo fundamental e indestructible que lo asombra, que le da envidia y que resume bien, en su brutali-dad, el trmino mineral.

    Esa perfeccin casi amenazante, pues reposa sobre la ausen-cia de la vida, sobre la inmovilidad visible de la muerte, se transpa-renta en las piedras de formas tan diversas que se podra enumerar las apuestas y los estados sin quiz descubrir uno solo que no tenga en ellas equivalente. No conviene asombrarse: las huellas es-cabrosas del animal extraviado apenas podran cubrir un sector nfi-mo de la esttica universal. A alguna imagen que el artista concibe tan deformada, arbitraria, absurda, tan descarnada, sobrecargada y atormentada como lo hubiese querido; tan lejos de toda apariencia conocida o probable como la haya conseguido llevar, quin puede asegurar que no se encontrar en las vastas reservas del mundo una efigie que no le sea allegada y que en algn grado la repite?

    Semejantes hallazgos no son, por otro lado, de ninguna mane-ra indispensables para que comnmente muchos minerales atrai-gan la admiracin humana: matas de agujas de cuarzo, placas de gata de rhodochrosita o de vaiscita aserrada y pulida, cristales de fluorina, masas doradas y poligonales de pirita; curvas simples, no trabajadas, apenas excavadas o solicitadas, de jaspe, de malaqui-ta, de lapislzuli, o tal o cual piedra dura de vivos coloridos, de ve-nas armoniosas.

    Ajos & Zafiros 125

  • Los aficionados aprecian entonces las cualidades de una ma-teria constante: la pureza, el brillo, el color, el rigor de la estructura, todas propiedades inherentes a la especie y presentes en cada una de esas muestras. Ellas tienen su valor en s mismas y no remiten a nada exterior a ellas. Aqul que las adquiere las paga segn el peso, la rareza, el trabajo revestido, como lo hara con un retazo de satn o de brocado, un lingote de metal fino o incluso una gema pura, por ello mismo, intercambiable, puesto que nada entonces la diferencia de otra de la misma especie, la misma-talla, de,la misma limpidez.

    Todo cambia cuando entra en juego un criterio opuesto, que llega a singularizar la pieza apetecida. Las cualidades ntimas, la geometra especfica del mineral, en primer lugar, cesan desde ah de interesar. Su perfecta integridad no es ya la nica, ni siquiera el principal factor de excelencia. La .nueva belleza depende mucho ms de alteraciones extraas a la naturaleza del cuerpo bajo la influencia de intrusiones metlicas o de otro tipo, o de la forma adquirida por el efecto de la erosin o de una dichosa rotura. Un diseo aparece, o un corte inslito. El soador se complace en reconocer all el calco imprevisible -en ese lugar sorprendente, casi escandaloso- de una realidad extraa. O

    126 Ajos & Zafiros

    DOCUMENTOS

  • ...

    Hemerografa de Haraui (1963-2000)

    001. Ao 1, N' 1, Lima se-tiembre de 1963.

    Director: Francisco Carrillo Es-pejo.

    Redaccin: Anbal Marcazzolo. 12 pp. Contiene:

    Elogio de la poesa. [Discur-so de Saint-John Perse al recibir el premio nobel de literatura el 1 O de diciembre de 1960]. Javier Sologuren: Memoria_ de Garcilaso el inca. (Silent Generation. Traduc-cin de Francisco Carrillo) Vassar Miller: La esencia comn. Henri Coulette: Oda de invierno a losan-cianos del parque Lummus de Miami, Florida. David lgnatown: Cada noche. Javier Heraud: En memoria. Pablo Guevara: Can-cin. La ciencia de Lu. Hombres. La tortuga. Luis Alberto Ratto: Memento. Poemas de Marco Martas. Gaceta. Correspondencia y archivo.

    002. Ao 1, N' 2, Lima, enero de 1964

    Director: Francisco Carrillo Espe-jo.

    f/:JJ Vctor Mazzi H.

    Redaccin: Anbal Marcazzolo. 12 pp. Contiene:

    Anbal Quijano: La poesa: una praxis. Washington Delgado: Serranilla. Poesas de Augusto Tmayo Vargas: Blanco; Regreso. Todo estaba all. Esperanza en los das que vienen. CGB [Carlos Germn Belli]: "Un camino a lo precolombino". Robert Ranke Graves: (Nota y Traduccin de J.P. Caselaw): The visitation; Not at home. Poemas de Washington Delgado: Cantiga; El amor y el aire; Fuente matinal; Geranios; El alba; Ficus; Hai Kai. Poesa de Julio Ortega: Esta tarde de domin-go; Esta agua aeja ... ; El tam-tam convoca la noche; La feria de los espejos sucesivos; No recobro mi imagen; Destello.

    003. Ao 1, N' 3, Lima abril de 1964.

    jo. Director: Francisco Canilla Espe-

    Redaccin: Anbal Marcazzolo. 12 pp. Contiene:

    Ajos & Zafiros 129

  • Poesa de Antonio Cisneros: Cuestin de nimo; Una vengan-za; Falta de experiencia; Tarma; La misma guerra; Historia de este toro; Toro; Cuando anochece en Punta Negra.

    Poemas de Carmen Guizado: La noche es una lengua enfebrecida; Si vieras a los nge-les heridos; Jacarand; Hoy ama-nec; Setiembre; Poema breve. Manuel Moreno Jimeno: Es la po-ca del da; Gloria a la vida del hom-bre. Jos Mara Arguedas: (poe-mas en quechua y espaol) Can-cin; Haraui. Poesa de Gunnar Ekel6f: Quin alimenta a los p-jaros?; Creo en el solitario ... ; Olea-da; Potica. Poesa de Winston Orrillo: Seleccin de La memoria del aire y de Inventario.

    004. Ao 11, N 4, Lima octu-bre de 1964.

    jo. Director: Francisco Carrillo Espc-

    12 pp. Contiene:

    Carmen Luz Bejarano: Abril y Lejana. Ritmo y emocin de un poema. (Anlisis del poema por Luis Hernn Ramrez). Marco An-tonio Montes de Oca: Entre el azar y la marea; El sueo y su home-naje. Carlos Henderson: Los das hostiles; Denuncia 1; Denuncia 11; Mi vida; Carnaval de las msca-ras; Pequea historia; Los indicios; El misticismo en los maderos; Poemas de mi bsqueda. Poesa ltima de Mario Florian: l. Pedro Palana; 11. La tempestad primera; 111. La dulce calavera ... ; IV. Sale-

    130 Ajos & Zafiros

    dad total del hombre de piedra. Arturo Corcuera: Exposicin en ':411 Center'' de Alfredo Ruiz Rosas; Epigramas. Poesa de Nicols Nelson: La jornada; Ros y selvas; Tingo Mara; Poema; Oh tardes amaznicas.

    005. Ao 111, N 5, Lima no-viembre de 1965.

    Director: Francisco Carrillo Espe-jo.

    Redaccin y secretara: Carmen Guizado.

    16 pp. Contiene:

    Poesa ltima en Arequipa. (Nota de Francisco Carrillo) Ral Bueno: Ahora -dicen- a babor, ... ; Hamo. Rosa Del Carpio: Rostro igual; Poema. Xavier Bacacorzo: Cuando el tiempo. Wlter Mrquez: Dios indito. Anbal Portocarrero: El saln olvidado. Ana Mara Portugal Speedle: El beso; Presencia clara del sauce. Abel Rubio: Con las aves del des-tierro; La oracin en su sombra de fatiga. Cecilia Bustamante. Poesa ltima: Estaba, real, la poesa ... ; Una imagen; Si ser la paz; Este joven me trae recuerdos; En la fron-tera ... Alberto Vega: Poema XVII; Poema XVIII. Osear Valdivia Ampuero: Poema 111. Horacio Zeballos Gmez: La partida. Poe-sa negra de Yoruba- Nigera. (Tra-diciones orales traducidas al in-gls por Ulli Beier. Trad. al espa-ol por Mara C. De Carrillo.) Ham-bre; Oriki Erinle; Shango; Tres ami-gos. Mirko Lauer: La tarde del ve-rano ... ; El pacfico suda esta no-

    1 ,, il

    che una inquietante exhalacin; Es abril el que bate as a mis puer-tas; Jack Kerouac. Thomas Stearn Eliot: Sweeny levantado. (Traduc-cin de Ricardo Silva Santies-teban)

    006. Ao IV, N 6, Lima no-viembre de 1966.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Bertold Bretch (1898 - 1956): El pobre BB; Con-tra la seduccin; Se golpea a un hermano vuestro y cerris los ojos! ; Qu es una mercanca?; La gran Cartago; En la pared tengo colga-da una talla japonesa; Aquellos que tienen criadas de alto precio; Amigos mos, colgad cuando yo muera; La primera mirada a tra-vs de la ventana en la maana; Epitafio. (Traduccin de Hernando Cortez). Francisco Bendez: Ms-caras; Cuatro salmos.

    007. Ao V, N 7, Lima, ene-ro de 1967.

    8 pp. Contiene:

    Poesa Belga contempor~ nea. Noel Ruet: En combate. Robert Brucher: Despus de esta golondrina en el cielo no hay sino rotura. Maurice Carene: las muje-res que inventas. (Traduccin de Manuel Moreno Jmeno). Poesa Norteamericana. Charles Olson: En Yorktown. Robert Duncan: A menudo me es permitido regresar a un prado. (Traduccin y notas de Carlos Germn Belli). Juan Gon-

    zalo Rose: Despido y restitucin del empleado Mndez. Rafael Drinot: Basta decir; No acostum-bro hacer; Y con tantas verdades.

    008. Ao V, N 8, Lima, mar-zo de 1967.

    8 pp. Contiene:

    Carmen Luz Bejarano: Tri un~ fa de !caro. Job; Erguido; Ergui-dos; Einstein; Erguido; Erguidas;

    009. Ao IV, N 9, Lima, julio de 1967

    8 pp. Contiene:

    Eduardo Gonzles Viaa: Matine de un gato que fumaba lucky strike ... ; Poema. Rodolfo Hinostroza: Relato de Odisea; Re-lato de Otelo.Carios Henderson: La ciudad escarlata. Jorge Pimentel: Entonces tendremos un crculo ameno; Nunca me encon-trarn abatido; El desconcierto de /os sacrificados; He adquirido con-ciencia y me podra desnudar.

    01 O. Ao V, N 1 O, Lima, se-tiembre de 1967.

    8 pp. Contiene:

    Poemas de Carlos Germn Belli: Los estigmas; Silva de los antibiticos; Liras; Al invierno; Las cosas esquivas; Al verano.

    Ajos & Zafiros 131

  • 011. Ao V, N 11, Lima, oc-tubre de 1967.

    8 pp. Conlicne:

    Andr Coyn: El ojo de mi madre. (Trad. De Emilio Adolfo Westphalen). Livio Gmez: Machu Pichu; Hipocresa; La pregunta; La tenacidad de este anhelo. Antonio Cilloniz: A la vista de todos; Len-guaje de la nia. Marcel Hennart Oracin de los pjaros de otra Hiroshima; Erotismo de la arena; Detenimiento de bajamar. Abelardo Snchez Len: El peque-o Birgu.

    012. Ao V, N 12, Lima, julio de 1968.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Augusto Tamayo Vargas: Aparicin; Basta una hoja; Piedra; Hacia; Para luchar contra la soledad; Anclaje en varios leos; Acaso si amanece, Nunca la tarde. (Presentacin a cargo de Francisco Bendez)

    013. Ao V, N 13, Lima, agos-to de 1968.

    8 pp. Contiene:

    Poemas de Manuel Mora-les: Shock; No busquen una pa-tria; El pozo; Resucito; Si tienes un amigo que toca tambor; Al amigo napolitano entre botellas van y bo-tellas vienen; La mala distribucin de mi tiempo; Oh los padres; R-quiem para el sordomudo Jack

    132 Ajos & Zafiros

    Quintanilla que dej la vida tirada sobre los asfaltos; Consejos; Oh Segismundo Freud.

    014. Ao VI, N 14, Lima, se-tiembre de 1968.

    8 pp. Contiene:

    Juan Ojeda: Crnica de Boecio. Julio Ortega: Atte de com-batir a los animales" Tullo Mora: Para recordar un destierro. Carlos Elqui Burgos: Voluntad de hroe; Huellas de ceniza.

    015. Ao VI, N 15, Lima, oc-tubre de 1968.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Antonio Claros.

    016. Ao VI, N 16, Lima, no-viembre de 1968.

    8 pp. Contiene:

    Poemas de Jorge Pimentel: La neuve renaissance 1975; El yoga; Amo esa cadencia de caba-llo; Tengo que saber el doble de lo que s hoy para 1980 ... ; Cada clan tiende a defender sus propios intereses; Los maestros si no es-tn en sus casa a estas horas ... ; Yo poeta consentido por sus pa-dres le temo a ... ; Es la vida, que te parece; Pero las ocultas calles nunca revelaron tu lengua mora-da y mojada; Mundo; Noche sere-na; Ao mil nueve setenta y siete como testimonio de alguien que

    repar en su nariz y alborozado y lleno de fe y esperanza la abraz entre llantos y risas.

    017. Ao VI, N 17, Lima, di-ciembre de 1968.

    8 pp.

    Contiene:

    Poemas de Carlos Hender-son: Canciones para mis veci~ nos: Cancin a manera de prlo-go; No le busquemos tres pies al gato; Lector t decides el inters de mis poemas; Sobre mi expe-riencia potica; Sentido comn; Tema para un Vals criollo; Algu-nas observaciones de carcter general; Mis vecinos; Advertencias para con la publicidad que est maniobrando en nuestro contor-no; Contra el seor del mundo, que me dijo que muchas cosas del orbe le interesaban; Aceptando las limitaciones de la poesa; Can-cin de amor de Brbara y de la cosa pblica; Mi amigo Juan, el candidato; Los nuevos estrategas de los gobiernos latinoamerica-nos.

    018. Ao VI, N 18, Lima, ju-lio de 1969.

    8 pp.

    Contiene:

    Lawrence Ferlinghetti: Un hombre y su esposa caminaban; Pero por fin; La verdad no es se-creto de unos cuantos. (Traduccin de Francisco Carrillo). Ral Pro: Desamor; Al amanecer de salvaje

    inocencia. Juan Cristbal: La vida no es para los humildes; Testa-mento vivo; Segn el censo; Tinterillada; Recordando. Csar Toro Montalvo: Hilando besos des-de fa araa al caminar en la tierra del chim; Canora Anglica tras el tacto de su boca.

    019. Ao VIl, N 19, Lima, oc-tubre de 1969.

    8 pp. Contiene:

    Javier Heraud: Palabra de guerrillero; Balada del guerrillero que patta. (Nota de Hildebrando Prez). Jean Arp: Sophie. (Trad. de Javier Sologuren) Marco Martas: Muestra de arte rupestre. Leoncio Bueno: Cul es tu fuerte?; Con qu te lanzas?; Qu escribes?; La inmensa mayora; Sguela her-mano; Resina Valcrcel: Slo el amor. La magia, los mitos; Sobre cualquier bandera; Gratuidad de la enseanza; Emigrante; Nada prevalece; Nadie cree en el hom-bre.

    020. Ao VIl, N 20, Lima, agosto de 1970.

    Diagramacin de Rafael Drinot Sil-va.

    8 pp.

    Contiene:

    Poesa Rumana Joven: Marius Suter: Intoxicacin. Vlad Gheorghe Druck: Espera. Actuali-dad. Doina Uricaru: Prefacio. Mihai La u: Maana de domingo. Al Silvia Deleanu: Las palabras. Andrei

    Ajos &Zafiros 133

  • Radu: Nunca se acaban ... Toana Crasiunescu: Por el techo rajado. Romeo Nadasau: Como nosotros perdonamos. Ion Ghiur: Pas con cuentas. Tia Serbanescu: Contra. (Trad. De Stefan Baciu y Mnica Flori). Nota final de Stefan Baciu.

    021 Ao VIII, N 21, Lima, se-tiembre de 1970.

    8 pp. Contiene:

    Rafael Drinot Silva: Poemas de entrepecho.

    23 poemas sin ttulo.

    022. Ao VIII, N 22, Lima, no-viembre de 1970.

    jo. Director: Francisco Canilla Espe-

    Editor: Rafael Drinot Silva. 8 pp. Contiene:

    Santiago Lpez Maguia: No soy libre si camino; Has dejado tus libros; Ciudad; No tengo nombre; Provincia; No levanto los brazos. Jos Rosas Ribeyro: Del tiempo que pasa y de la dificultad de dar una respuesta demasiado rpida; De la muerte; Canto de amor de este y todos los momentos; Posi-ble elega a la mujer inventada; Te amo cuando no te lo digo por-qu no s cmo hacerlo.

    023. Ao VIII, N 23, Lima, di-ciembre de 1970.

    Director: Francisco Carrillo Espe-jo.

    134 Ajos & Zafiros

    Editor: Rafael Drinot Silva. 8 pp.

    Contiene:

    Poemas de Tu lo Mora: He-rederos del tiempo; Decadencia de un conocedor de pjaros; Final de fiesta; Retrato de esmeralda; S-plica del viento.

    024. Ao VIII, N 24, Lima, fe-brero de 1971.

    jo. Director: Francisco Carrillo Espe-

    Editor: Rafael Drinot Silva. 8 pp. Contiene:

    Juan Cristbal: El osario de los inocentes: Dos historias br-baras de hierba; 2 (En la Isla de los Perros golpes de fiesta cubren los henares ... ; Cuando bebamos las cervezas eran azules.

    025. Ao VIII, N 25, Lima, junio de 1971.

    8 pp.

    Contiene:

    HORA ZERO: Juan Ramrez Ruiz: Le quitaron la ciudad a Mario Luna; Julio Polar. Jorge Pimentel: Los canarios no se comen, se es-cuchan. Jorge Njar: Pasin y muerte de un individuo apodado "ocho arrobas" "que muera porque no muere"; Acto de fe mientras se muere un poco. Poder de la joven poesa. Mensaje del movimiento HORAZERO

    026. Ao VIII, N 26, Lima, julio de 1971.

    8 pp. Contiene:

    HORA ZERO: Enrique Verstegui: Poema escdto sobre una impresin causada por Dulle-Griet una pintura de Breughel; Pri-mer encuentro con Lezama; Para Mara Luisa Rojas de Pelez, muerta el 21 de agosto de 1969 en Caete donde moran a las cin-co de la maana en el estanque los ngeles de Jeric; Artaud en un verano caliente enero ciudad universitaria. Jos Diez: Lo que siempre sucede. Feliciano Meja: El avispero.

    027. Ao VIII, N 27, Lima, agosto de 1971.

    8 pp. Contiene:

    Rubn Urbizagstegui: Mi padre es el verano.

    Beatriz Alvarez: Desde lejos; Interrogantes de la tarde; El espe-jo; Comunicacin; Divagaciones. Humberto Pineda: Musgos y mus-gos; Diario.

    028. Ao IX, N 28, Lima, oc-tubre de 1971.

    8 pp.

    Contiene:

    Poemas de Marco Yauri Montero: Cabalgu sobre el po-tro de la nostalgia; El sol hace ai-cos a la hierba; Bajo la piedra lisa; Azules estrellas en la desolada

    noche; Me asomo a fa noche soli-taria. Hildebrando Prez: Ma!a-brigo para Ka/en. Mar del sur.

    029. Ao IX, N 29, Lima, no-viembre de 1971.

    8 pp. Contiene:

    Patrick Rosas: Recuerdo de mi madre entre fas avenidas sola y distante; A mi abuela muerta hace nueve aos; Poema; Trostki y la poltica revolucionaria. Eduar-do Vegas Posadas: Para Otto Vega. Poema para Charo. Poema. Vladimiro Herrera: Biografa; Slo tras fas figuras con un secreto.

    030. Ao IX, N 30, Lima, enero de 1972.

    8 pp. Contiene:

    Hildebrando Prez y Marco Martas: Ensayo de poesa comu~ nal. Rosario Panez: Claroscuro; Rostro para un domingo; Los co-lores que me habitan. Carlos Garayar: Junto a este gran acantiM lado; Volvemos sobre nuestros pasos saltando las sombras. Car-los Cornejo Quezada: Gitana; A Sistro. Mara Luisa Salazar: Recli-nada en los recuerdos. Matices de una queja. Roger Zapata Kuyn: Aljate amor mo; Si!enloquio. ( Nmero dedicado al taller de poe-sa de la UNMSM).

    031. Ao IX, N 31, Lima, marzo de 1972.

    Ajos & Zafiros 135

  • 8 pp. Contiene:

    Nicols Yerovi: S algn da me armo de valor ... ; El da de ayer; Todo el universo ser tu legado. Gabriel Granda: "Un fantasma re-corre Europa" ; XVI- V-MCML/V: Reflexin sobre mi abuela a la sombra de su muerte. Gustavo Tamayo: Lamentaciones prdidas en la clera; Contra el instinto de conservacin; Luis La Hoz: Ha-cindolo; Odalisca bien pensada.

    032. Ao IX, N 32, Lima, ju-lio de 1972.

    8 pp. Contiene:

    Jos Cerna: Secuencia N 2; Instante; Canzione imperfecta; No pisar el csped; Girl; No quiero soledad y entonces en ustedes pienso; Seal de identidad; Enriqueta Belevan: Algo se agita; Nada por detener; El me detuvo; Hasta. que regrese nuevamente el verano; Refugios; Regresando; Porque no intento; Inquietud.

    033. Ao X, N 33 -34, Lima, setiembre-diciembre de 1972.

    16 pp. Contiene:

    Eduardo Ninamango: Poe-ma quechua. Ruperto Macha: El baile de los piratas; Neptuno. Eduardo Urdanivia: Aqu todo me recuerda que soy el ltimo; Las lenguas de tu pueblo.Aid Rome-ro: Ya me haban dicho que en su espera; He construido una pala-

    136 Ajos & Zafiros

    bra; De bruces con la vista fija en la ciudad; Segundo Cancino: Esta es tu casa ... ; Quitumbe; Con las gorgonas hasta el pecho; El varn de U.S. John Donne: Canoniza-cin. (Traduccin de Francisco Ca, rrillo).

    034. Ao X, N 33 - 34, (Su-plemento) Lima, setiembre - octu-bre de 1972.

    4 pp. Contiene:

    Mario Razzetto: Pruebas al canto; Chan Chan; Elogio de mi hermano Carlos; Yawar Mayu.

    035. Ao X, N 35, Lima, mayo de 1973.

    8 pp. Contiene:

    Enrique Verstegui: Dibuxo de venerable varn F.J. de la C.

    036. Ao X, N 36, Lima, agosto de 1973.

    8 pp. Contiene:

    Osear Valdivia: Poema. Brunilda Joyce: A 33 R.P.M. Guillermo Luque: La acbar tadna ... ; Enfermo de torva enfer-medad. Csar Vega Herrera: Mi-ras?; To Julio me explico; A la guerra; Los viejos tiempos; Debe ser bueno; Lo que pasa; Sola ha-blarte de la luna; No acabaremos siendo felices; Tengo algo que guardo para ti; Cada hueco; Shelma Guevara: Djame pasar

    la noche ... ; De los asesinos. Anbal Portocarrero: Yo digo siempre Flor; Inocencia. Alberto Vega: Can-cin de amor. (Nmero dedicado a la poesa ltima de Arequipa).

    037. X aniversario, N 37, Lima, setiembre de 1973.

    8 pp. Contiene:

    lstvan Vas: En los segmen-tos del tiempo. Zoltan Zelk: Cun-tos miles de aos?; Sin embargo; Sesenticuatro aos; No recuerdo; Attila Jozsef: Corazn puro; Un len transparente; Epitafio de un labriego espaol; Judith. Sandor Rakos: Sin fin y sin meta; Tres; He-rencia. Miklos Randnoti: Como el toro. Mihaly Ladanyi: Paso entre los solitarios del caf. (Nmero dedi-cado a la poesa hngara contem-pornea).

    038. Ao XI, N 38, Lima, se-tiembre de 1973.

    8 pp. Contiene:

    Edgar O'hara: Leyenda; miau miau; Fin de semana; De-rrotas (a un poema en desgracia). Eleodoro Vargas Vicua: Dios na-tural; Imagen de la cerveza. Nico-ls Yerovi: Le decan Margarita ... ; ltima consulta; Instrucciones para un arte potica; Copla.

    039. Ao XI, N 39, Lima, no-viembre de 1973.

    Director: Francisco Carrillo Espe-jo.

    8 pp. Contiene:

    Lrica Quechua en Cerro de Paseo. (Recopilacin de Pepe Solano Hurtado). Andrs Urbina: Hay mi cholita. Oswaldo Robles: Sentimiento cerreo. El to K-nario: Estampa. (Versin Quechua). Annimo: Zorro Malagero. (Trad. Del quechua por Pablo Solano Marav y Mara Hurtado). Pablo Pa-lacios: Sentimiento cerreo. Vicen-te Egsquiza: Tradiciones de m tierra.

    040. Ao XI, N 40, Lima, ju-lio de 1974.

    8 pp. Contiene:

    Eduardo Ninamango Mallqui: Quizs el trigo con su ca-beza de oro; Sipascara triguchapis rurur umawan (Versin quechua). Piflpintu. (Quechua). Mariposa. (Trad. al espaol). Reynaldo Martnez Parra: Mi sole-dad; Sapallan kayni; lmapaq (quechua).

    041. Ao XII, N 41, Lima, se-tiembre de 197 4.

    8 pp. Contiene:

    Roger Contreras: Girngora: poema colectivo; Fonograma; Arte potica; Elementos para un poe-ma concreto; Luna aerofotogrfica; Ciberntica.

    Ajos & Zafiros 137

  • 042. Ao XII, N 42, Lima, abril de 1975.

    8 pp. Contiene:

    Carlos Henderson: La fin des ideologies; A Lima; Los peces y el poema; Canto del extranjero; Sextante; De este oficio; Funcin del poder; Los problemas del arte; A la manera de W.H. Auden; Tempo y reencuentro. Pedro Jos Jorratt: Ella camina ...

    043. Ao XII, N' 43, Lima, mayo de 1975.

    8 pp. Contiene:

    Rafael Yamasato: Estam-bre; Pozo de los deseos; lkebana; Huanchaco; Farewell; Epigramas. Paulina Matta: Fbula del calamar y su tinta.

    044. Ao XIII, N 44-45, Lima, octubre diciembre de 197 4.

    16 pp. Contiene:

    .Martn Adn: Descansar no es la vida, no lo es, vida ma! Hildebrando Prez: Acuarela; Vanitas vanitatum. Marco Martas: Hifalto; Yunta. Enrique Snchez Hernani: Ruth toma un- bao de mar con su bikini nuevo; 2da va-riacin sobre el tema Ruth y su bikini naranja. Francisco Bendez: Sol y nostalgia. Juan Cristbal: Por eso. Luis Alberto Castillo: Voy rumiando este poema. Manuel Pantigoso: Testamento a dos vo-ces; Arrebato; Maduracin; A usen-

    138 Ajos & Zafiros

    cia; Amor; Rosa Tierra. Vctor Mazzi Trujillo: Avisos econmicos nocla-sificados; Epnitica; El burcrata; Historia de hoy y maana. (Nme-ro homenaje a los Cuadernos Tri-mestrales de Poesa en su vigsi-mo quinto aniversario)

    045. Ao XIII, N 46, Lima, mayo de 1976.

    8 pp. Contiene:

    Eduardo Hopkins Rodr-guez: Poema para msica concre-ta. Miguel Reynel Rodrguez: Y el arte en su cscara ... T.S. Eliot: Rap-sodia en una noche ventosa. (Trad. de Arsenio Guzmn y Ral Bue-no).

    046. Ao XIV, N 47 Lima junio de 1978. ' '

    8 pp. Conliene:

    Marco Martas: Varona y va-rn; Daguerrotipo. Cronwell Jara: Warma Kuyay poema. Pedro Jorratt: Acabo. Jos Morales: Ce-rmica.

    047. Ao XV, N 48, Lima, setiembre de 1978.

    8 pp. Contiene:

    Hildebrando Prez: Poemas de aguardiente. Pauelo blanco que me diste; El ro llega crecido; Patria de mis caricias; Arden mis manos en la quebrada; A ratos un vidrio envenenado; Aguardiente;

    Retablo; Samuel. Jorge Luis Ron-cal: Poema para los compaeros de Chimbote; Hacienda Roma; Catta en verso a Cesreo Martnez por su poema coyuntural N 2; Balada de Pedro.

    048. Ao XV, N 49, Lima, enero de 1979.

    8 pp. Contiene;

    Luis Alberto Castillo: De la palabra. Luis Rebaza: Tratado so-bre esa flor alcanzable en el jar-dn del mar o en el silencio. Car-los Lopez Degregori: Ni un buen da. Dalmacia Ruiz Rosas: La fr-mula de la dicha. Roger Santivaez Vivanco: In memoriam Lucha Re-yes. Enrique Snchez Hernani: Ro Rmac. Edgar O'hara: Cantando bajo un puente; Despus aqu.

    049. AoXV,N2 50-51,Lima, junio-julio de 1979.

    8 pp. Contiene:

    Luis Hernn Ramrez: Elega a tu nombre. 1.- Soledad como sombra; Eterna angustia; Parque en invierno; Cuando llega la noche; Una historia olvidada; 2.- Espejos apagados; 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8; 3.- Retrato anti-guo; Instantnea; Imagen; Mucha-cha; Triste cancin; Endecha; 4.-Primera Imagen; Compaera del alba; Cicatriz del tiempo; Inespe-rado ro; Luz del horizonte; Cere-monias; Verano; Secreta lumbre; Lejana y primitiva; Carta del tiem-

    po; 5.- Suspendida Luz; Amiga; Encuentro; Bajos los pinos; Tam-bin por tu sonrisa; Nuevo encuen-tro; Porcelana del cielo; ltimo encuentro; Pequeo agregado; 6.-Eiega a tu nombre; Quimera; Sa-grado insomnio; Eterna, Elega; Memoria.

    050. Ao XVI, N 52, Lima, setiembre de 1979.

    8 pp. Contiene:

    Vctor Mazzi Trujillo: Poema; Palabras de entretiempo~ Eduar-do lbarra: Poemas 2, 3, 4, 5.; Espiante. Jorge Bacacorzo: Poe-ma 19. Gilberto Alvarado: Chim-bote. Memoria de aquel entonces; Playa de la Punta; Silvia y los la-mentos.

    051. Ao XVI, N 53, Lima, enero de 1980.

    8 pp. Conliene:

    Poesa de Ai Qing: Sobre poesa; Dayanhe, mi ama de le-che; Canta una muchacha negra. Nota biogrfica de Francisco Ca-rrillo.

    (Traduccin de Liang Rongke y Oswaldo Reynoso).

    052. Ao XVII, N 54, Lima, diciembre de 1980.

    8 pp. Conliene:

    Poesa de Gustavo Valcrcel: Reflejos bajo el agua del

    Ajos & Zafiros 139

  • sol plido que alumbra a los muer-los: 1; Me ahogo en medio de la soledad; 11; 111; XV.

    053. Ao XVII, N 55, Lima, julio de 1981.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Jess Cabe!: Crnicas de condenado. Jos An-tonio Mazzotti: Para una joven poe-tisa; Esta muchacha no se ocupa de ser musa; Balada del prncipe azul; Contra arte potica. Juan Felipe Flores Flores: Los olvida-dos; Siglo; En blanco; Variaciones; Cascada.

    054. Ao XVII, N 56, Lima, agosto de 1981.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Jorge Eslava Cal-vo: Estancia propia; Magea; Discanto; Intimidad; xtasis; Los cielos; Cognoscencia; Presenti-miento; Heredad; Sin haberes; Contorno; Poeta; Existencia; Furti-vo.

    055. Ao XVIII, N 57, Lima, setiembre de 1981.

    8 pp. Contiene:

    Omar Lara: Los rboles no dejan olr tu respiracin; Guarida fresca y tibia; Esta tarde de abril; Divertimento; Un fiero espantap-jaros; Diario de viaje; Diario de via-je. (Subdesarrollo); Diario de via-

    140 Ajos & Zafiros

    je (o lecciones); Un huevo nostl-gico; Lectura; A un famoso poeta; Los pjaros se han ido; El caba-llero extravagante. Max Castillo Rodrguez: La saga Heart.

    056. Ao XVIII, N 58, Lima, octubre de 1981.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Mihai Cantuniari: Certificado; Los diez mandamien-tos; Viaje a Csar Vallejo; En el dcimo mes; Secuencia; Hielo; Tierra Negra; El amor mismo; El cuento del habla; Ahogo; Desde abajo; Apenas susurro. Del Kabuki: Motoori Norinaga: Kusu-Noki Masatsura; Yama-no-ue Okura; Yorimasa; Kikuchi Teketoki: Morizeki Chikamasa. Otomo No Yacamochi. Kukai. Yoshida Shioin.

    (Traduccin de Hernando Crtez).

    057. Ao XIX, N 59, Lima, enero de 1982.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Ernesto More: Nuestro primer nido; Mi luna de miel con las cenizas; Para mis siete dtiles; Alejandro Peralta; Alma del altiplano; Los apus. David H. Lawrence: Serpiente.

    058. Ao XIX, N 60, Lima, febrero de 1982.

    8 pp. Contiene:

    Poemas de Gonzalo Espino: Gotas de lluvia; A medio da; Va-riedad; Elqui Burgos: Torre bella 1 torre de Pisa; Sublimando al im-postor; Sublimando al impostor (VI 2)

    059. Ao XIX, N 61, Lima, junio de 1982.

    8 pp. Contiene:

    Poemas de Gustavo Armijos: Nia de los helechos; Las antorchas incendiadas; Poema para ser leido en el blanco y ne-gro; Csar Eugenio Vsquez: Sur de Chile; Sombras. Jessica Mora-les: Sola sobre el lago; Cuando seor; Aprese.

    060. Ao XX, N 62, Lima, setiembre de 1982.

    8 pp. Contiene:

    Poemas de Sandro Chiri: Haa el sur. Contrasea; Poemn; Luna lunera; Caravana; Por encar-go; Cajamarca; Tambo de Mora; Los peruanos en Cu/ver City. Eduardo Chirinos: Inscripciones pictogrficas sobre un sello encon-trado en Mohenjo-Daro (Valle del Indo) que es un ncleo paleoltico del Pakistan cuya antigedad data del 111 al 11 milenio a. C. ; Versin no oficial del diluvio relatada por el nico sobreviviente no consig-nado en la Biblia ni en la exgesis posteriores del antiguo testamen-to; La triste oracin que escribiera el anciano padre en aquel invier-no y en la memoria de su hijo, muer-to supuestamente al fin del primer

    ao de la guerra; El ltimo jinete del apocalipsis.

    061. Ao XX, N 63, Lima, febrero de 1983

    8 pp. Contiene:

    Pablo Guevara: Cosa de blancos: l; 11; 111; IV.

    062. Ao XX, N 64, Lima, mayo de 1983

    8 pp. Contiene:

    Pablo Guevara: Advertencia; 11; 111; Calles/avenidas/Plazas/puer-tas principales/ ... ; 11; 111.

    063. Ao XX, N 65, Lima, abril de 1983

    8 pp. Contiene:

    Julio Armando Ruiz Vsquez: Vota al vate; Frente a frente; Per perfil de zapato viejo. Samuel Armando Cardich: Ritmo abismal; 1; 11; 1/1, VI/. Vctor Domnguez Condezo: Estancias de mi patria. Vctor Ponce Santamara: Habr tristeza ms grande que este insomnio ... ; M-sica-luz. (Nmero dedicado a los poetas de Hunuco)

    064. Ao XX, N 66, Lima, junio de 1983

    8 pp. Contiene:

    Ajos &Zafiros 141

  • Roco Silva Santisteban: Ofi-cio de mujer; Cinturn de castidad; Indiferencia. Luz Mara Si u : Tiem-po sirenas. Jos Castro Urioste: Pas blanco y negro. Claudia Fabian Baschuk: Atardecer ano-checiendo; El sol y la vela.

    065. Ao XX, N' 67, Lima, julio de 1983

    8 pp. Contiene:

    Juan Carlos de la Fuente: Contra las explicaciones absurdas; Historia segunda; Reino subterr-neo 1; Reino subterrneo 11. Mara Cristina Garca: Machu Pichu; Mi poema. Juan Antonio Vasco: Pa-rranda y funeral.

    066. Ao XXI, N' 68, Lima, diciembre de 1983

    8 pp. Contiene:

    Juan Cristbal: Poesa: de los lares. (Manifiesto y arte potico); Volvi el amigo del prncipe de los piratas de ostras.

    067. Ao XXI, N' 69, Lima, enero de 1984.

    8 pp. Contiene:

    Csar Toro Montalvo: Esta-tuas de las medusas; La descono-cida; El otro Quetzal que bosteza; Los habitantes de chocolate; El idiota del olvido; Mito de la abeja de agua; No aspire el perfume del mar.

    142 Ajos &Zafiros

    068. Ao XXI, N' 70, Lima, abril de 1984.

    8 pp. Contiene:

    Resina Valcrcel: Destierro; Apenas desamarrada de ti; lsadora Duncan; Cuando el tiem-po era solamente; Celebracin de Amaranta, Maldigo la hora; Lejos del desvaro y cerca; Especie; Zona liberada; Junto a las ortigas; Agosto; Milena; Poco importa ciu-dadano.

    069. Ao XXI, N' 71, Lima, mayo de 1984.

    8 pp. Contiene:

    Osear Colchado Lucio: Vuel-vo haca ti; Poema. Vctor Hugo Romero: Balada gris para un ado-lescente triste. Pedro Rodrguez Ortiz: Carta a Iris; Sechura; Carta a la muerte; Carta de mis aos. Mar-c Cueva: Para vivir; Como quisie-ra. Gonzalo Pantigoso: 1; 4. Leonidas Delgado Len: Ha de llegar. Brander Alayo: Grandeza superior. (Nmero dedicado al Grupo Isla Blanca de Chimbote).

    070. Ao XXI, N' 72, Lima, agosto de 1984.

    8 pp. Contiene:

    Carolina Ocampo: Amarte es parte ma.

    071. Ao XXII, N' 73, Lima, setiembre de 1984.

    8 pp. Contiene:

    Roger Santivaez: Homena-je para iniciados. Domingo de Ramos: Pastel. Jos Antonio Mazzotti: Frotacin Charcot. Dalmacia Ruiz Rosas: Poema. Jos Alberto Velarde: La expulsin; Mensaje urgente. (Nmero dedi-cado al grupo Kloaka & Kollera).

    072. Ao XXII, N' 74, Lima, octubre de 1984.

    8 pp. Contiene:

    Miguel Cabrera: Pulsos. No andar lejos, no; Puo frutal; Pul-sos; Crneos; lntihuatana.

    073. Ao XXII, N' 75, Lima, julio de 1985.

    8 pp. Contiene:

    Juan Cristbal: Las hogue-ras y los sueos. 1.- Caminos; /l.-Homenaje; 111.- Canciones; IV. . Memorias. Carlos Henderson: El mundo es el lugar de eleccin del poema; El envin al vaco. Apu Rimak Warma (lvn Surez Mora-les): Machu Pichu. (Nmero dedi-cado a Gianfranco Brero y al Gru-po Teatral Ensayo)

    074. Ao XXIII, N' 76, Lima, setiembre de 1985

    8 pp.

    Contiene:

    Francisco Carrillo: Efectiva-mente era poeta. (Testimonio so-bre Javier Heraud). Julio Carmona: No nacido para rdenes. Apu Rimak Warma: Sacsayhuaman

    075. Ao XXIV, N' 77, Lima, diciembre de 1986

    jo. Director: Francisco Canllo Espe-

    Coordinadores: Johnny Avila, Juan M al partida.

    8 pp. Contiene:

    Eduardo Urdanivia: Espejo de agua; Memento; A un pjaro muerto; A un pjaro en agona; A un pjaro en vuelo; A Luis Cernuda. A un pjaro ausente.

    076. Ao XXIV, N' 78, Lima, abril de 1987

    jo. Director: Francisco Carrillo Espe-

    Coordinadores: Johnny Avila, Juan Mal partida.

    8 pp. Contiene:

    Rolando Luque Mogrovejo: Sabes Odi; Esta cabeza. Alfredo Mrquez: Un pedazo de dlar en la boca. Jos Gabriel Valdivia: Ba-rro y ceniza. Odi Gonzales Jmenez:. Eleana fea, Amanda rica. Fausto Avi!a: Nos volvemos infini-tamente blancos. (Nmero dedi-cado a la poesa en Arequipa).

    Ajos &Zaftros 143

  • 077. Ao XXV, N979-80, Lima, setiembre de 1987.

    16 pp. Nmero doble especial - 25 ani-

    vcrsario. Contiene:

    Conglobacin Sanmarqui-na: Carlos Germn Belli: No salir Jams. Camilo Fernndez Cozman: Sigue ocupado. Carlos Orellana: Para que se han hecho los das sino para que en ellos la sangre cabalgue. Ral Bueno Chavez: No cuenta, nunca cuenta. Casimiro Ramrez Tenorio: Por ti ... Nstor Aranbar: Mujer. Juan Dejo: Oracin de la montaa consagra-da. Manuel Vicaa Paredes: Kinesiologa. Marco Martas: Ora-cin por AI-Manzur Billa h. Carmen Castaeda: Nomeolvides. lvn Orbegozo Aponte: Lelo in fbula. Miguel Angel Huamn: He de vol-tear el mundo para ti, hijo de mi sangre. Alberto Stewart Garay: Misa de rquiem. Jorge Correa Sals: Viento contra viento. Guissela Gonzales: Reencuentro. Juan Malpartida: Segunda restitu-cin. Elizabeth Zevallos: Miembro solitario.

    078. Ao XXVI, N' 81, Lima, setiembre de 1988

    8 pp. Contiene:

    Conglobacin cuzquea: Gustavo Prez O campo: Arte po-tica. Germn Baush: Romance de la gitana de los lunares. Ral Brozovich: Toparpa. El desconoci-do. Amrica Y bar: Mayo en la cr-cel. Enrique Rosas Paravicino: La

    144 Ajos & Zafiros

    esfinge a la entrada de Lima. Edwin Segovia Saavedra: Despe-dida. Ana Miriam Malpartida: Las gargantas. Mario Pantoja: La ciu-dad deseada o el amor. Carlos Velsquez: Nocturno; Cartapel 11. (Nmero dedicado a poetas del Cuzco).

    079. Ao XXVI, N9 82, Lima, agosto de 1989

    8 pp. Contiene:

    Osear Colchado Lucio: lnkarr; Ayataki; Este Lima; En otros tiempos. Dorian Espeza Salmn: A los 20. Boris Espeza Salmn: Dilogo col/avino. Carlos Coello: Confesin. La copa del alcohli-co ... ; El amor me hace verte lumi-nosa.

    080. Ao XXVII, N' 83, Lima, setiembre de 1989

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Livio Gmez: Arte potica. Para Ismael en ''Arte de Puntuar"; La poesa infantil; El pro-fesor universitario peruano; Fede-rico Barreta; Solidaridad; Envidiosil!o el chico; Mass meda; Consecuencia curricular; Eplogo de una asignatura; Gotas; La bu-rocracia; Ot;cio de escritor; Acuse de .recibo.

    081. Ao XXVIII, N' 84, Lima, agosto de 1990.

    8 pp. Contiene:

    Vctor Mazzi Trujillo: Un lu-gar; Poema acerca de la situacin nacional; Juan Pueblo ten cuida-do; Cada anochecer; Tu voz, Mi-guel Hernndez, vive, suena; Sus primeros versos fueron como l; Yo s. T sabes; El poeta nacio-nal, fulano de tal; De voz en voz me voy; Heme solemne en pie de verso y pelea; Por los sudores que caen de m frente; Vendrn con sus pesados pasos; No es mi oficio el de apilar palabras; Un da cual-quiera; Cre que a cualquier mo-mento .... Nota bio-bibliogrfica por Vctor Mazzi Huaycucho.

    082. Ao XXVIII, N' 85, Lima, octubre de 1990.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Jos Rosas Ribeyro: Evocacin de Juan Racotongrave con el primer bos-tezo matinal; Quin; Monlogo de Juan Racoton-grave 1 casi un arte potica; Aoranza de Juan Racotongrave.

    083.Ao XXVIII, N' 86, Lima, mayo de 1991.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Carmen Luz Bejarano: El espejo invertido. 21 poemas, sin ttulo.

    084. Ao XXIX, N9 87, Lima, octubre de 1991.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Edgar O'hara: Artes marciales artes. El cerndor; Epifanas; Erudito en cuarentena; De tal Fabio, tal fobia; T, Claudia; Traducciones; Telfo-no malogrado del 67; Epitafio quevediano para un terrateniente del altiplano; Artes marciales; No codiciar el labio del prjimo; Liricida a tiempo completo; Ya es hora cabezaduras; A un testafe-rro, despus que aceptar el ja-mn en un concurso amarrado por su jefecito; Prolegmenos a una antologa del paterio; Cuja con pin-ta de potro; Cado del cielo; Flor de escepticismo. (Nadie se pique por favor).

    085. Ao XXX, N' 88, Lima, setiembre de 1992.

    8 pp. Contiene:

    Poesa de Julio Llerena: Monlogo para una musa de are-na. 1; 2; 3; 4; 5; 6; 7; Guerra de siempre.

    086. Ao XXXI, N9 89-92, Lima, setiembre - diciembre de 1993.

    32 pp. Contiene

    Poesa de Felipe Guamn Poma de Ayala: Mi maz; Cancin de fiesta de los chinchaysuyos; Cancin de la gallarda; Baile y

    Ajos & Zafiros 145

  • r '

    cancin de la alegra; Alegra de arar la tierra; Baile de mscaras; Cancin del poeta Guamn Poma; Canto de los co//asuyos; Dame la mano; Dios Pachacmac; Enva-nos agua; Madre luna; Eclipse de la madre Luna; Creador del hom-bre; Canto religioso aymara; Harau; Cancin lacerante; Arre-pentido en la crcel; Prncipe cul-pable; Los sentenciados; Cancin doliente; De corazn a corazn; Beberemos en el crneo del trai-dor; .Guerrera de Ancohuail!o; Guerreros sagrados del Inca; Al borracho; Borracho; No blasfema-rs; Sombra del susurro; Seor Hasta cundo clamar?; Roman-ce de las indias; Seremos ricos; (Nota final de Francisco Carrillo)

    087. Ao XXXI, N 93, Lima, julio de 1994.

    8 pp. Contiene:

    Carlos Germn Belli: Cuan-do Marcia entra por un odo y sale por el otro.

    088. Ao XXXII, N 94, Lima, octubre de 1994.

    8 pp. Contiene

    Chosicanos: Jos Fiansn: Ofrenda; Nueva Chosica. Ricardo Wlter Stubbs: Mural de la poesia en la pintura peruana. Manuel Mo-reno Jimeno: As viene el hombre; Tu luz liega.

    Vctor Mazzi Trujillo: 1, Tierra y sol de comunin fragante; VI/,

    146 Ajos & Zafiros

    Por mis versos, Chosica, pasa tu rio. Demetrio Quiroz Malea: Y lo hago, no sin antes. Juan Crist~ bal: Ancon lnn, el paraiso de los hombres solteros. Cesreo Martnez: Trasandino. Vida! Villanueva: Quisiera abrir tu pecho; Pap durante el dia.

    (Nmero Homenaje a Chosica por sus primeros 100 aos de vida)

    089. Ao XXXII, N 95, Lima, noviembre de 1994.

    8 pp. Contiene:

    Conglobacin cantutea: Moiss Crdova Mrquez: Desola-cin. Rafael Hidalgo: Exilio. Csar Reyes Campos: Poe. Ral Jurado Prraga: Piel de brujo; Taki Onkoy. Alfredo Pepe de la Cruz: Crnica XI. Carmela Abad: Flor de Lima, Lima. (Nmero dedicado a poe-tas de la Universidad La Cantuta).

    090. Ao XXXIII, N 96, Lima, agosto - setiembre de 1995.

    16 pp. Contiene:

    Haiku. Primavera: lssa: Nie-ve derretida por el sol. Sho- U: Sonriendo para m. Sosekei: Lm-pidos, coloreados guijarros. Basho: Con mi nueva ropa.-Shoha: Lluvia de abril ... lssa: Des-de mi pequeo alero. Gyodai: Esa blanca peonia. Kyoroku: Frente al candil. Hokoshi: Ese breve mo-mento. Kubonta. Cada ahora en la tierra. Teishitsu: Carmbanos y agua. Kakei: Oscuro el pozo al

    amanecer. Buson: Ciruelo baa-do por el ro. Annimo: Un buey solitario. Verano: Ryota: El cuc. Taigi: Mientras yo la cazaba. lssa: Sola mi cabeza se inclin. lssa: Felicitaciones. lssa: Oyes a ese sapo gordo ... Basho: Araa teje-dora. Kichiemon (actor de kabuki): Cosecha de Luna; Viento de oto-o; Luna brillante; Cornejas; Ce~ rezos; El monte Higashi. Joso: Cada maana. Hokushi: Experi-mentando ... Chora: Con ropas nuevas. lssa: La noche caliente. Ryuho: Recogi la luna. Hikusha-Ni: Frescor en el puente. Otoo: Meitsesu: Un viejo rbol cay. lssa: Cantando en el altar. Kansetsu: Sern himnos? Eiji: Recitados una y otra vez. lssa: Montaas distantes. Buson: To-mando siesta. Kicho: Relmpago! Buson: Despus de una noche corta. Basho: Desde las gradas del templo ... Invierno: Joso: Lea para el bao ... lssa: En perfecta calma. Husei: No hay nada. lssa: Usualmente detestable. Sokan: S preguntan por m. lssa: El viejo perro. (Nmero dedicado a la poe-sa japonesa). Traduccin de ver-siones del ingls por Emma de Carrillo.

    091. Ao XXXIII, N 98, Lima, octubre de 1995.

    8 pp. Contiene:

    Esther Castaeda Vielaka-men: DE MI ALBEDRIO, y otros poemas. Escribo; Como rio; Fal-so husped; Aborto; Dulce pan; Amazona; Yom Kipur.

    092. Ao XXXIII, N 99. Lima, diciembre de 1995.

    8 pp. Contiene:

    Julio Masas: Amor sin pa-labras; Dulzura; Sin sombra; Dul-cemente lejana; Malhadada niez; Amor de pelcula; El misterio en los cines, Un hotel en el cielo.

    093. Ao XXXIII, N 100, Lima, febrero de 1996.

    8 pp. Contiene:

    Washington Delgado: El Poeta Julio Masas.

    Ensayo sobre la poesa de Julio Masas.( Publicada en el n-mero 99).

    094. Ao XXXIII, N 101, Lima, junio de 1996.

    8 pp. Conliene:

    Carmen Guizado: En la pe-numbra. Canto primero; Canto segundo; Canto tercero; Raconto; Canto final .. ; Lima.

    095. Ao XXXIII, N 102, Lima, agosto de 1996.

    8 pp. Contiene:

    Winston Orrillo. De alto vol-taje. Mujer comible; grafo; Evoh!; Rond; Tu amor.

    Ajos &Zafiros 147

  • 096. Ao XXXIV, N 103, Lima, setiembre de 1996.

    8 pp. Contiene:

    Jos Luis Heraud Larraaga: Paracas. Poema alea-torio de navidad.

    097. Ao XXXIV, N 104, Lima, noviembre de 1996.

    8 pp. Contiene:

    Poemas de Sandro Chiri. Un cuerpo que es pez; Breve nota de Kafka a Max Brod; Cuatro cica-trices para un pueblo sin nombre; Imagen de Evelynn; Cancin a una mujer desesperada.

    098. Ao XXXIV, N 105, Lima, diciembre de 1996.

    8 pp. Contiene:

    Csar Reyes Campos: Ep-grafes con Joyce; Char/ie; 24 oc-tubre 1995; En el aire; Los tteres; Callao; Chosica.

    099. Ao XXXIV, N 106, Lima, enero de 1997.

    8 pp. Contiene:

    Jos Luis Ayala: Cenote Sagrado; Dioses de Chichn ltz; A venidas del otoo; Florecida noc-turna Rosa; Ms all de las pala-bras secretas. Los ojos de Frida Khalo; Las ltimas Alondras.

    148 Ajos & Zafiros

    1 OO. Ao XXXIV, N 107-108, Lima, mayo - junio de 1997.

    12 pp. Contiene:

    Julio Carmona: Testamento. Ex preso; Carnet; Habitacin; Di-logo eterno; Con vento; Dejad que los nios; Para verte mejor; Para E/isa; Nufrago y navegante.

    101.AoXXXV, N 109, Lima, setiembre de 1997.

    8 pp. Contiene:

    Gamaliel Churata: Elega plebeya por la compaera que muri /milla; Qaluyus; Jayl/i inksco; Amaya Thuqua; Jarawi. (Nmero dedicado a Gamaliel Churata, a los 1 00 aos de su na-cimiento). Seleccin, notas y refonetizacin a cargo de Jos Luis Ayala.

    102. Ao XXXV, N 110-111, Lima, noviembre de 1997.

    12 pp. Contiene:

    Alejandro Daz Palacios: Canciones para Mara. En mi muro; Omisin; Mirarte; Enero; Encuentro; Espejo; Cada verso y cada poema; Tus recuerdos y t; A dos enamorados; Tus cinco mi~ nutos.

    103. Ao XXXV, N 112, Lima, enero de 1998.

    12 pp. Contiene:

    Eduardo Urdanivia B. : S busco en la memoria la raz de mi tiempo ... ; El tiempo es como un lar-go pasadizo; Si estas palabras du-raran; La duda es una polvorienta vasija de barro; Ahora las pala-bras; Un cuerpo me deca pala-bras con su cuerpo; Hubo un tiem-po en que yo era; Para vivir.

    104. Ao XXXV, N 113-114, Lima, febrero - marzo de 1998.

    12 pp. Contiene:

    Poemas de Rosina Valcr~ cel: Muchacha ojos de papel; El espejo de Zorba; Utopa; Carta de Severine; Pars, 1996; El infierno. Incluye ilustraciones de Carlos Al-berto Ostolaza.

    1 05. Ao XXXV, N 115 Lima, abril de 1998.

    8 pp. Contiene:

    Eleodoro Vargas Vicua: Retrato de poeta. Races; Pupila del tiempo; Con el corazn en la mano.

    106. Ao XXXV, N 116 Lima, mayo de 1998.

    8 pp. Contiene:

    Alfonso Malina: Geografa de tu ausencia; Llameando; Tro-

    pezando con la lluvia; Alfabeto de hierba; Realidad; Entre las briz-nas; Carta; Cuando tus labios ha-yan olvidado pronunciar mi nom~ bre.

    107. Ao XXXVI, N 117 Lima, octubre de 1998.

    8 pp. Contiene:

    Poesa cubana ltima 1: Elmis Garca Rodrguez: Sigue so-ando y vers; Si yo tuviera la pa-ciencia; Con las pocas ganas de vivir; En cada verso te reclamo; Lejana. Alejo Galbn Fernndez: La poesa. Carilda Oliver Labra: Poesa. Mara Elena Bayn: El ver-so llega a m ... Juan Luis Hdez. Milin: Potica de ayer. Dianora Alonso: XXXIV. Margarita Garca Alonso: Mara de los Angeles. Alfredo Zaldvar Muoa: Potica de reproche. Laura Ruiz Montes: A veces. Arams Quintero Segovia: Mi palabra va dbil. Teresita Burgos Benavides: Ms yo escojo una ciruela. (Nmero dedicado a la poesa cubana ltima).

    108. Ao XXXVI, N 118, Lima, noviembre de 1998.

    8 pp.

    Poesa cubana ltima 11: Luis Rogelio Nogueras: Lejos, en el andn; Poe Mae West perdiz men talk; Oficio; Te quiero. Luis Suardaz: Hoy es todo el futuro. Dialctica no tan ingenua. Los puen tes: Alfredo Zaldivar: (Cruzar los puentes). Rolando Estvez:

    Ajos & Zafiros 149

  • Caritides de Tirry. Magalys Farias Hernndez: Los puentes. Teresita Burgos: Vaco blanco. Laura Ruiz Montes: Lo que fue la ciudad de mis sueos. lsolina Be-llas: Los puentes. Bertha Caluff: Muchacha sobre el puente. Alejan-dro Daz Palacios: Viaje al pasa-do; El meridiano, el sol y t. (N-mero dedicado al taller de Poesa de San Marcos dirigido por Marco Martas e Hildebrando Prez. Poemarios cedidos por Paco Espinoza).

    109. Ao XXXVI, N 119 Lima, febrero de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Antonieta lnga del Cuadro: A mi padre. Mano silente; Y s amar-te; Maana sabr de qu te nutres; L; CX; CXXX; CXXXVI; A mi pa-dre; CLXXXVI; Cuando me en-cuentro contigo; Estambu/; De t se puede decir.

    110. Ao XXXVI, N 120, Lima, marzo de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Gustavo Armijos: 1, Cae el manto de fa noche y los ancianos filibusteros; 11, Parece un castillo en ruinas; 111, Escribo para testi-moniar lo que sucede; IV, Hay una hermosa historia digna de contar entre el agua; V; La nieve no al-canza a cubrir los picachos don-de se encuentra; VI, Surgen ros-tros taciturnos a la espalda de la

    150 Ajos & Zafiros

    vieja nave; VI/, Las figuras pasan intermitentes y mujeres, hombres y. ..

    111. Ao XXXVI, N 121, Lima, mayo de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Domingo de Ramos: La cena de las cenizas; Ardo como sarro rojfsimo.

    112. Ao XXXVI, N 122, Lima, junio de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Ral Jurado Prraga: Trata-do sobre las aves. Autoretrato; Los aos; Del cuerpo y otros violines; Tratado sobre las aves.

    113. Ao XXXVI, N 123, Lima, julio de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Feliciano Meja: Cementerio l. Cementerio 1; Fotografa azul del bucanero; La balada de Joe; Te-soros de pirata; Forl Tejn; Himno verde; Segundo Himno verde; Postal: el viejo del mar del norte.

    114. Ao XXXVI, N 124, Lima, agosto de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Elmys Garca Rodrguez: Si miramos al mar. Si miramos al mar; El mar no puede ser fa nica salida para quien vive con fas ma~

    nos en el fuego; Detenidos entre las manos del tiempo; Un hombre no puede ser mejor que su guita~ rra; Al caminar por estas calles; Breve historia para un regreso; Habitando fas sombras de mi cuerpo; Aquellas paredes que sirvieron de refugio a mi nostalgia.

    115. Ao XXXVII, N 125, Lima, setiembre de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Bruno Mendizbal Delgado: 18 de junio ... ; El tiempo pasa; Z; Gianni; Eloy escucha; Yo te he nombrado ... ; Patricia.

    116. Ao XXXVII, N126-127 Lima, octubre-noviembre de 1999.

    12 pp. Contiene:

    SUI YUN: Yo como cual-quier mujer; Querida mam; S( soy la mujer primitiva ... ; Al princi-pio, falta te haca ... ; Poema de W.C ... ; Mi hombre mand hacer una casa muy pequea ... ; Los es~ pacas secretos no ordeados ... ; Cada vez que me siento en esta mesa y ... ; Poema a Antonio Ama~ do; a J.G.; Estoy manchada de sed; Obsesionada con el imn de tus huesos.

    117. Ao XXXVII, N 128, Lima, noviembre de 1999.

    8 pp. Contiene:

    Homenaje a Francisco Ca~ rrillo: Busco tu poema; 1; A menu-do me pregunto por qu escribo;

    Amarte es como leer la Biblia; Palermo; Al otro lado del mundo; Composicin JI/; Poes(a m(a; Composicin; Cuzco 1; //; 111; IV; Yaraves; Brevedad del amor. Tes-timonio sobre la creacin de Haraui. Enma de Carrillo: Se han perdido los hilos ... (Seleccin de Enma de Carrillo y Maruja Carri-llo)

    118. Ao XXXVII, N 129, Lima, enero 2000

    8 pp. Contiene:

    Giovanna Pollarolo: Peregrim nos en el desierto. Peregrinos en el desierto; No fue en el quinto; Has visto alguna vez una ban-dada de estorninos?; Hotel sin es-trellas; parafraseando (de mala manera) a don Pedro Salinas.

    119.Ao XXXVII, N 130, Lima, marzo 2000

    8 pp. Contiene:

    Augusto Scribens: Canto al botn de rosa. Arte potica; Seo-ra Villa; Cuando la noche cae; El colibr; El bosque incandescente. La estatura del amor; He salido a caminar por el borde; Me he arries-gado a caminar con tu nombre; Rita a la sal; Soneto elegaco a Francisco Carrillo. O

    Ajos & Zaftros 151

  • ndice Onomstico

    A Abad, Carmela. N" 95 Adn, Martn. No 44-45. AZaya, Branda No 71. Alonso, Dianora. No 117. Alvarado, Gilberto. N" 52. lvarez, Beatriz. N" 27. Annimo N" 82. Aranbat; Nstor No 79- 80. Arguedas, Jos Mara. No 3. Armijos, Gustavo. No 61,120. Arp, Jean. No 19. vila, Fausto. No 78. vila, Johnny. N" 77. Ayala, Jos Luis. No 106, 109.

    B Bacacorzo, Jorge. Nu 52. Bacacorzo, Xavie1: N" 5. Baciu, Stefan. N" 20. Basc!wk, Claudia Fabian. N" 66. Basho. N" 96-97. Baush, Germn. No 81 Bayn, Mara Elena. No 117. Bretch, Bertold. N6. Brozovich, Ral .No 81 Bruche1; Robert. N" 7. Bueno Chavez, Ral No, 5, 46, 79 - 80 Bueno, Leoncio. Nu 19. Burgos Benavides, Teresita. Nu 117, J/8. Burgos, Carlos Hlqui. No 14, 60. Buson. N" 96-97 Bustamante, Cecilia. No 5.

    e Cabe!, Jess. N" 55. Cabrera, Miguel. N" 74. Callif'J, Bertha. N" 118. Cancino, Segundo. No 33 - 34. Cantuniari, Mihai. N" 58. Cardich, Samuel Armando. N" 65.

    152 Ajos & Zafiros

    Carene, Maurice. No 7. Carmona, Julio. No 76, 107-108. Carrillo, Emma de, No 5, 96-97, 128. Caselaw, J. P. No 2 Castaeda Vielakamen, Esther. No 79-80, 98. Castillo Rodrguez, Max. No 57. Castillo, Luis Alberto. No 44-45,49. Castro Urioste, Jos. No 66. Cerna, Jos.N 32. Chiri, Sandro. No 62, 104. Chirinos, Eduardo. No 62. Chora. N" 96-97. Churata, Gamaliel. No 109. Cilloniz, Antonio. No 11. Cisneros, Antonio. N" 3. Claros, Antonio. No 15. Colchado Lucio, Osear. No 71, 82. Contreras, Raga No 41. Corcuera, Arturo. N" 4. Cordova Mrquez, Moiss No 95 Cornejo Quesada, Carlos. No 30 Correa Sals, Jorge No 79 - 80 Cortez, 1-Jernando. No 6, 58. Coullette, 1-Jemi. No l.gg Coyn, Andr. No 11. Crasiunescu, Toana. No 20 Cristbal, Juan N" 18, 44-45, 68, 75, 94. Cueva, Marco. N" 71

    D De La Cruz, Alfredo Pepe No 95

    . De La Fuente, Juan Carlos. N" 67. Dejo, Juan N" 79-80 Del Carpio, Rosa. N" 5. Deleanu, Al Silvia. No 20 Delgado Len, Leonidas. N" 71. Delgado, Washington. 2, 99,100. De Ramos, Domingo. N" 121. Daz Palacios, Alejandro. No IIO-IJ 1, 118.

    Diez, Jos. Domnguez Condezo, Vctor. N" 65. Drino! Silva, Rafael. N" 7, 21. Druck, Vlad Gheorghe. No 20 Duncan, Robert. No 7.

    E Egsquiza, Vicente. No 39 Eiji. W 96-97. Eke!Of, Gunnw: No 3. Elliott, Thoms Stern. No 5, 46. Eslava Calvo, Jorge. N" 56. Espezra Salmn, Boris No 82. Espeza Salmn, Dorian. N" 82. Espino, Gonzalo. No 60. Estvez, Rolando. N 118.

    F Farifas 1-Jernndez, Magalyz. N" 118. Ferlinghetti, Lawre.nce. N. 18. Fernandez Cozman, Camilo N 79-80 Fiansn, Jos. N" 94. Finatown, David. No J. Flores Flores, Juan Felipe. No 55. Flori, Mnica. No 20 Florin, Mario. No 4.

    G Galbn Fernndez, Alejo. No 117. Garaym; Carlos. No 30 Carda Alonso, Margarita. No 117. Garca Rodrguez, Elmys. No 117, 124. Garca, Mara Cristina. No 67. Ghiur, Ion. No 20. Gmez, Livio. No 11, 83. Gonzles Jmenez, Odi. N 78. Gonzles, Guissela. No 79 - 80. Gonzlez Viaa, Eduardo. No 9. Granda, Gabriel. N 31. Guamn Poma de Ayala, Felipe. No 89-92. Guevara, Pablo. No 1, 63, 64. Guizado, Carmen. No 3, 101. Guzmn, Arsenio. No 46. Gyodai. N" 96-97.

    H Hdez. Milin, Juan Luis. N" 117. Henderson, Carlos. N" 4, 17,42, 75. llenderson, Carlos. No 9. Hennart, Maree!. No 11. Heraud Larraiiaga, Jos Luis. No 103. eraud, Javier. No 1, 19. Herrera, Vladimiro.N 29. llidalgo, Rafael N" 95. llikusha-Ni. N' 96-97. llinostroza, Rodolfo. No 9. Hokoshi. N" 96-97. Hokushi. N" 96-97. Hopkins Rodrguez, Eduardo. No 46. lfuamn, Miguel Angel N" 79- 80. Hurtado, Mara. No 39. Husei. No 96-97.

    I !barra, Eduardo. No 52. lnga del Cuadro, Antonieta. No 119. Issa. N" 96-97.

    J Jara, Cromwell. No 47. Jorratt, Pedro Jos. No 42, 47. Jaso. N" 96-97. Joyce, Brunilda. N" 36. Jozsef, Attila. N" 37 Jurado Prraga, Ral. No 95, 122.

    K Kakei. N" 96-97. Kansetsu. N 96-97. Kichiemon. No 96-97. Kicho. N' 96-97. Kubonta. No 96-97. Kyoroku. No 96-97 .

    L La lloz, Luis. N" 31. Ladanyi, Mihaly. N 37. Lau, Mihai. No 20. LaueJ; Mirko. N 5. Lawrence, David Herbert. N 59. Liang Rongke No 53.

    Ajos & Zafiros 153

  • Llerena, Julio. No 88. Lpez. Degregori, Carlos. N" 49. Lpez. Maguiila, Santiago. No 22. Luque Mogrovejo, Rolando. No 78. Luque, Guillermo. N" 36.

    M M.R.R. N" 46. Macha, Ruperto. N" 33- 34. Malpartida, Juan. N" 77, 79- 80 Malpartida, Miriam .N" 81 Marcaz.z.olo, Antbal. N" 1 Mrquez., Alfredo. N" 78 Mrquez., Wlter. No 5. Martnez. Parra, Reynaldo. N" 40. Martnez, Cesreo. N" 94. Martas, Marco.N" 1, 19, 44-45,47, Masas, Julio. (Washington Delgado). W99. M atta, Paulina. N" 43. Maz.z.i Trujillo, Vctor. N" 44-45, 52, 84, 94. Maz.z.otti, Jos Antonio. No 55, 73. Meitsesu.N" 96-97. Meja, Feficiano. N" 26, 123. Mille1; Vasser. N" l. Malina, Alfonso. N" 116. Montes de Oca, Marco Antonio. No 4. Mora, Tulio. N" 14, 23 Morales, Jssica. N" 61. Morales, Jos. N" 47. Morales, Manuel. More, Emesto. N" 59. Moreno Jimeno, Manuel N" 3, 7, 94.

    N Nadasau, Romeo. N" 20. Njar, Jorge. N" 25. Ne!son, Nicols. N" 4. Ninamango Mallqui, Eduardo. N" 33-34, 40. Nogueras, Luis Rogelio. N" 118.

    o Ocampo, Carolina. N" 72. O'hara, Edgar N" 49, 57, 87.

    154 Ajos & Zafiros

    Ojeda, Juan. No 14. Oliver Labr, Carilda. No 117. Olson, Charles. No 7. Orbe gozo Aponte, Ivn N" 79 - 80. O rellana, Carlos N" 79- 80 Orrillo, Winston. N" 3, 102. Ortega, Julio. N" 2, 14. Ostolaz.a, Carlos Alberto. No 113-114.

    p Palacios, Pablo. N" 39. Panez., Rosario. N" 30 Pantigoso, Gonzalo. N" 71. Pantigoso, Manuel. N" 44-45. Pantoja, Mario. N" 81. Prez Ocampo, Gustavo. N" 81. Prez, Hildebrando. N 44-45, 48. Pimentel, Jorge. N" 16. Pineda, Ilumberto.N" 27. Ponce Santamara, Vctor, N" 65. Portocarrero, Anbal. N" 5. Portugal Speedle, Ana Mara. No 5. Pro, Ral. N" 18.

    Q Qing, Ai. N" 53. Quijano, Anbal. N" 2 Quintero Segovia, Arams. N" 117. Quiroz Malea, Demetrio . No 94.

    R Radu, Andrei. N" 20. Rakos, Sandor. N 37 Ramrez., Luis Hernn. N 4; 50-51. Ramrez Ruiz., Juan. N" 25 Ramirez Tenorio, Casimiro N" 79-80 Ramos, Domingo de. N" 73; 121. Randnoti, Miklos. N" 37 Ranke Graves, Robert. N" 2 Ratto, Luis Alberto. N" J. Razzetto, Mario.N" 33 -34. Re baza, Luis. N" 49. Reyes Campos, Csar N" 95, 105. Reynoso, Oswaldo. N 53.

    Robles, Oswaldo. N" 39. Rodrguez. Ortiz, Pedro.No 71. Romero, Ayd. N" 33-34. Romero, Vctor Jlugo. N" 71. Roncal, Jorge Luis. N" 48. Rosas Ribeyro, Jos. N" 22, 85. Rosas Paravicino, Enrique N" 81. Rosas, Patrick. No 29. Rose, Juan Gonzalo. No 7. Rabio, Abe l. N" 5. Ruet. Noel. N" 7. RuizMontes, Laura. N" 117,118. Ruiz Rosas, Dalmacia. N" 49; 73. Ruiz Vasquez, Julio Armando. N" 65. Ryota. W 96-97 Ryuho. N" 96-97.

    S Saint-John Pse. No 1 Salaz.ar, Maria Luisa.N" 30. Snchez Hernani, Enrique. No 44-45, 49. Snchez Len, Abelardo. N" 11. Santivalez Vi vaneo, Raga N" 49, 73. Segovia, Edwin. N" 81. Serbanescu, Tia. N" 20. Shelma Guevara. Sho- U. N" 96-97. Shoha. N" 96-97. Silva Santiesteban, Ricardo. N" 5. Silva Santistevan, Roco. No 66. Si u, Luz Mara. N" 66. So kan. N" 96-97. Solano Hurtado, Pepe. Solano Marav, Pablo. N 39. Sologuren, Javia N" 1 Sosekei. W 96-97. Stewart Garay, Alberto N" 79-80 Stubbs, Ricardo Wlter N" 94. Suardaz, Luis. N" 118. Surez Morales, fvn. N" 75.

    Sute~; Marius. N" 20.

    T Taigi. W 96-97. Tmnayo Vargas, Augusto. N" 2.

    Tamayo, Gustavo.N" 31 Teishitsu. N" 96-97. Toro Montalvo, Csar. N" 18, 69.

    u Urbina, Andrs. Urbizagstegui, Ruben.N" 27. Urdanivia, Eduardo. N" 33-34; 77; ll2. Uricaru, Doina. No 20.

    V Valcrcel, Gustavo. N" 54. Valcrcel, Rosina. N" 19; 70; 113-114. Valdivia ampuero, Oscm: No 5. Valdivia, Jos Gabriel. N" 78. Valdivia, Osear. N" 36 Vargas Vicui'a, Eleodoro. N" 115. Vas, Istvan. N" 37. Vasco, JumiAntonio. N67 Vsquez.,Csar Eugenio. N" 61. Vega Herrera, Csw: N" Vega, Alberto. N" 5. Vi:'gas Posadas, Eduardo. N" 29. Velarde, Jos Alberto. No 73. Velsquez, Carlos N" 81 Vers[egui, Enrique Vicaiia Paredes,Manuel No 79- 80 Villanueva, Vida!. N" 94.

    w Westphalen, Emilio Adolfo. N" 11.

    y Ybar, Amrica N" 81 Yamasato, Rafael. N" 43, Yauri Montero, Marco. N" 28. Yerovi, Nicols. N" 31.

    z Zaldvar Mwloa, Alfredo. N" 117-118. Zaldivm; Alfredo. No 118. Zapata, Rog!: N" 30. Zeballos Gmez, J-loracio. N 5. Zelk, Zoltan. N" 37. Zeval!os, Elizabeth. N" 79-80.

    Ajos & Zafiros 155

  • FANTASMAS DE PAPEL

  • Dossier 3: Los orgenes del cuento moderno en el Per

    El primer cuento peruano: "Un amor en sueos" de Paulino Fuentes Castro

    JLn Cecilia Moreano

    1. Nuestro conocimiento de la literatura peruana del siglo XIX presenta an muchos vacos, pues, aparte de la obra de los consa-grados, desconocemos mucho de la produccin literaria de la po-ca. Uno de estos casos es el de Un amor en sueos, cuento de Paulina Fuentes Castro. Pese a que fue un abogado importante y diputado en tres perodos, casi no tenemos informacin biogrfica sobre l. La ms ampiia es la que aparece en el Diccionario biogr-fico de peruanos contemporneos, de Juan Pedro Paz-Soldn. Se-gn la informacin que all se proporciona, Fuentes Castro naci en Cajatambo, Ancash, en 1854; estudi Derecho en la Universidad Mayor de San Marcos; fue autor de varios estudios sobre Jurispru-dencia, adems de ser "el primero que en el Per realiz estudios sobre Antropologa Criminal". Fue colaborador de El Comercio, del semanario El Correo del Per, de las revistas La Alborada y El De-recho, adems de corresponsal de La Prensa de Buenos Aires. En 1890 fund y dirigi el peridico El Diario Judicial. Manuel Moncloa, en su libro Los bohemios de 1886, sostiene que Fuentes Castro perteneci al grupo bohemio posterior al de Palma, el cual cre el Club Literario, que estuvo formado por los Garca Caldern, Ricardo Rossel, Ricardo Palma, Eugenio Larrabure y Unanue, Acisclo Villarn, Numa Pompilio Llana, Juana Manuela Gorriti, Constantino Carrasco, Paulina Fuentes Castro, entre otros. Este grupo poste-riormente se convertira en el Ateneo de Lima (265-266).

    Ajos & Zafiros 159

  • El inters de Fuentes Castro por la literatura se manifiesta tambin en la crtica literaria: publica comentarios a la obra de Aurelio Arnao (El Lucero, 23, 1903) y Manuel Ascencio Segura (incluido en su libro Notas literarias y hojas para el pueblo, de 1882), adems de "Algunas ancdotas sobre Manuel Gonzlez Prada" (Mundial, 51, 1921 ). En cuanto a creacin literaria, conocemos "Los pies del ban-co", "Empresario de obras" y "Aventuras de un patriota", que apare-cen en el semanario El Per Ilustrado entre 1888 y 1889.

    2."Un amor en sueos" se public en 1878 en los Anales de la Seccin de Literatura del Club Literario de Lima. En la revisin que hemos realizado de las antologas del cuento peruano, no hemos encontrado el texto del que se hace cargo este artculo, ni tampoco sabemos de su aparicin en algn otro lugar que no sea en estos Anales.

    Sorprende que un texto como ste se haya escrito en fecha tan temprana, pues existe consenso entre los crticos de que el cuento, como gnero autnomo, independiente del artculo de cos-tumbres y de la leyenda, empieza a ser cultivado en el Per con el impulso modernista de fines del siglo XIX e inicios del XX. En el volumen dedicado a "Cuentos" de la Biblioteca de Cultura Contem-pornea, Estuardo Nez plantea:

    El cuento es una nueva expresin de narrativa que slo aparece en el Per, con caracteres vigorosos, a partir de fines del siglo XIX, ya que con anterioridad a esa poca slo se perfil el auge de la llamada tradicin, especie de cuento histrico y evocativo, creada por Ricardo Palma, y que tambin cultivaron algunos seguidores suyos como Clorinda Matto, Ricardo Rossell, Mariano Cateriano, Amalia de Losada, para no mencionar sino a los ms significatiw VOS.

    El cuento es as una verdadera floracin del nuevo siglo ... (vii).

    Tambin Maureen Ahern, en su tesis doctoral "El cuento finisecular peruano 1890-191 0", encuentra "toda una rica y fascinan-te produccin literaria que encierra el surgimiento y la afirmacin del

    160 Ajos & Zafiros

    cuento peruano como gnero literario en la escena nacional a fines del siglo pasado y comienzos del actual" (2). Nez propone como una de las primeras manifestaciones del cuento peruano a la ''Trage-dia indita" de Amalia Puga de Losada,. pese a que an mantiene elementos que lo vinculan con el costumbrismo; y Ricardo Gonzlez Vi gil, en la seccin dedicada al siglo XIX de El cuento peruano (1992), incluye "Amor de nio" de Luis Benjamn Cisneros (publicado en 1864), que si bien es anterior al texto de Fuentes Castro, est an lejano de las caractersticas del cuento moderno. Ya en 1963, Nez planteaba la necesidad de un estudio de la produccin del cuento en el Per que se ocupara de aquellos autores cuya obra resultaba desconocida por estar olvidada en revistas decimonnicas y de ini-cios de siglo:

    En el cuento se mencionan desde el comienzo del presente siglo a Clemente Palma (1872-1946), Ventura Garca Calde-rn (1887-1959), Enrique Lpez Albjar (n. 1872), Manuel Beingolea (1881-1953), pero se postergan en la cita otros nombres de autores que muchas veces no !legaron a editar el volumen definitivo, aunque dejaron importante obra dis~ persa en peridicos y revistas. Es imprescindible consignar los nombres de una generacin muy prdiga aunque tal vez poco organizada: Aurelio Arnao (1872-1940), Jos Antonio Romn (1874-1920), Jos Flix de la Puente (1882-1959), Amalia Puga de Losada (n. 1866), Juan Manuel Polar (1868-1936), Augusto Aguirre Morales (1888-1957), Juan Manuel Osario (1875-1922) y Carlos E. Ledgard (1877-1953) [ ... ], Raymundo Morales de la Torre (1885-1936), Carlos Camino Caldern ( 1884-1956), Luis Este ves Chacaltana, Federico Blume (1863-1936) y otros autores menores. Ellos insurgieron en cuatro focos principales del pas: Lima, Arequipa, Tacna y Trujillo. Unos quedaron en agraz, pero otros promovieron una inquietud, sin precedentes, hacia nue~ vas formas de la narracin. (viii)

    Esta minuciosa lista confirma lo temprano que resulta la apa-ricin del cuento de Fuentes Castro, pues mientras l publicaba una fantasa con elementos del cuento moderno, los autores menciona-

    Ajos & Zafiros 161

    1

  • dos por Nez como innovadores de la narracin eran o muy jve-nes o an no haban nacido.

    3. La calificacin de fantasa, con que el ndice de los Anales acompaa el ttulo del cuento, es una pista que permite entrever la dificultad para clasificar el nuevo gnero. Al llamarse as, se opone al tipo de narracin frecuente en la poca, pues es claramente una oposicin a la tradicin, la leyenda o el cuadro de costumbres, que tenan en comn partir de una verdad histrica. Ya scar Hahn ha reparado en esto al referirse a las anotaciones y calificaciones paratextuales que acompaan las primeras narraciones fantsticas hispanoamericanas:

    Al calificarlos de ensueos de un delirante, el autor se exi-ma de cualquier responsabilidad frente a los lectores que podran haber tomado los hechos como reales, en un perio-do en que el cuadro de costumbres, la crnica de viajes y el cuento literario no delimitaban an sus respectivas fronte-ras. (23)

    Para Hahn, hay tambin un intento de justificarse o explicarse ante la esttica romntica que exiga la identidad entre narrador y autor. Esos recursos justificatorios tambin aparecen en el cuento que presentamos por medio de otros mecanismos: aqu el narrador-personaje se duerme y eso da lugar a su fantasa; otro elemento que desde esta perspectiva tambin podemos considerar justificatorio es que el personaje se encuentra muy dbil, lo que explica que mezcle la realidad y el sueo. Por esto no es de extraarse que Fuentes Castro proponga como autor a Pablo Gor y Gor, nombre que coincide con el del narrador protagonista.

    Ante un canon de narraciones directamente emparentadas con la realidad, como son el cuadro de costumbres y la tradicin, no es paradjico que el cuento tome como materia prima lo puramente imaginativo, la fantasa.

    4. "Un amor en sueos" presenta a Pablo, un pobre estudiante de Derecho que, durante el viaje en tren de Lima a Chorrillos, se enamora de la compaera de viaje sentada frente a l. A travs del

    162 Ajos & Zafiros

    discurso narrativo, nos enteramos de que ella acepta el cortejo amo-roso del narrador-protagonista; y cuando l est a punto de pedir su mano, es despertado: todo no ha sido ms que un sueo, que termi-na al arribar a Chorrillos.

    El cuento est estructurado en tres secciones que manifies-tan un plan cuidadoso. En la primera seccin se presenta a los personajes y se delimita el escenario narrativo, tanto espacial como temporalmente; conocemos tambin el motivo del viaje del protago-nista: no es por placer, sino por mejorar su "salud raqutica, que-brantada no tanto por el estudio cuanto por un ayuno forzoso". La segunda es la seccin epistolar, a travs de la cual sabemos que se ha iniciado la relacin amorosa de los personajes. En la tercera seccin, participamos del encuentro entre Rosa y Pablo durante un paseo por el campo; es tambin la seccin del fin del sueo y del cuento. La impresin inicial del lector es que "Un amor en sueos" est ms cerca del modernismo finisecular que del romanticismo que le era contemporneo. Esto se puede ver porque el cuento abandona la ubicacin temporal en la que se desarrollaban casi to-das las obras creativas de la poca: el pasado peruano, para ubicar-se ms bien en un plano contemporneo y cotidiano; y, en oposi .. cin a la tradicin -gnero imperante en la poca-, al narrador no le interesa crear una atmsfera de historicidad.

    Otro elemento que sugiere la filiacin modernista es, al final del cuento, la "vuelta a la realidad", que contrasta con la idealizacin romntica de la amada producida durante el sueo; la imagen ideal se opone a la de la joven irritada que hace sentir en ridculo al narra-dor protagonista. Por otro lado, Pablo es un joven burgus que ve la posibilidad de cambiar de fortuna a travs del matrimonio. l repre-senta a la modernidad: no es un terrateniente, sino un estudiante de una carrera liberal, es un intelectual de la mesocracia, como los que aparecern a fines del XIX e inicios del XX en la literatura peruana. Otros aspectos de la modernidad son el viaje en tren, la alusin al alambre telegrfico y la eleccin del balneario de moda. As, podra-mos decir que estamos ante una manifestacin de superacin del romanticismo antes de la guerra con Chile, aunque suela conside-rarse que ste contina en el Per hasta despus de esa fecha.

    Ajos & Zafiros 163

  • ,...

    Es obvio que la superacin del modelo romntico no es total, pues en "Un amor en sueos" se deslizan varios de sus elementos. Por ejemplo, Pablo Gor y Gor es un personaje casi marginal, en tanto enfermo y de ajustados recursos; otro elemento es el tema del amor desgraciado y entre miembros de clases sociales diferentes.

    La prosa del cuento presenta cierto recargamiento retrico como: "venan a ser la chispa, desprendida de esos ojos ardientes, que penetrando hasta el fondo de mi corazon haban declarado all un voraz incendio" (154), "como la esperanza en medio de la esteri-lidad de una vida que haban hecho inspida los desengaos de todo gnero" (155) y "un beso suave como las auras que en esos momen-tos besaban tambien las hojas" (159). Esto se explicara, en trmi-nos de Hahn, porque "conscientes de que el cuento hispanoameri-cano no alcanza an ni excelencia ni popularidad, y de que se vive en pleno auge de la poesa, los narradores proceden a 'prestigiar' sus escritos mediante frmulas verbales provenientes de la lrica" (85). El peso del cuadro de costumbres aflora en ciertos detalles de la vida limea de la segunda mitad del XIX, como los gastos que har el protagonista en Chorrillos y las descripciones de la estacin del tren, de los pasajeros, de los paseos, etctera. El narrador tam-poco deja de intercalar comentarios que aparentemente desarticu-lan la narracin, como la extensa digresin acerca del tpico de la oposicin entre la razn y la pasin -el cuerpo y el cerebro- que suelen estar en conflicto en el individuo; este tipo de digresin es semejante al que aparece en cuadros de costumbres y otros textos de la poca.

    Tambin es un elemento importante el diseo estructural del cuento, que se levanta sobre una sucesin de paralelismos y con-traposiciones que ser caracterstica del cuento moderno. As, te-nemos una primera oposicin entre la mujer amante y la mujer des-deosa. La idealizacin de la amada llega al punto de que el narra-dor-protagonista quiere que se distinga de las dems mujeres inclu-so en su vestimenta, lo que nos lleva a una segunda oposicin entre la amada y las dems veraneantes: "quiero que te distingas, y que entre todas, t sola lleves e.l simptico signo de la esperanza" (158). La oposicin ms importante es la de realidad-fantasa. En el cuen-

    164 Ajos & Zafiros

    lo, la realidad sirve de marco para el sueo; al despertar se produce la develacin para el narrador-personaje y para el lector.

    El medio para pasar de un estado a otro es la lectura de la novela, que permite que el narrador personaje viva-suee el amor con la joven. A lo largo del cuento, el narrador deja entrever varios indicios de esto: desde el ttulo del cuento y el de la novela que lee Pablo durante el viaje ("Un amor en sueos"), hasta las menciones del tipo "es esto un sueo?" y "solo en sueos". Incluso el cuento mismo trasciende su funcin cuando, a semejanza de la novela que adormece a Pablo, distrae al lector para sorprenderlo al final. Esta confusin de la realidad con el sueo es un recurso usado tambin por escritores romnticos peruanos, por ejemplo, Ricardo Rossel se vale del sueo para conocer el origen de la leyenda del Salto del Fraile (la narracin est ambientada en 1876, es decir, cercana a la fecha de publicacin del cuento que nos ocupa).

    En conclusin, puede observarse que estamos ante un cuento iniciador del gnero en el Per, cuyo autor super las caractersti-cas que en su poca tenan las narraciones cortas; as, encontr un tema y una manera de narrar distintos, y precursores con respecto a los que se desarrollarn en el Per en las dcadas siguientes. O

    Ajos & Zafiros 165

  • BIBLIOGRAFA

    Fuentes Castro, Paulina. "Un amor en sueos". En: Club Literario de Lima. Anales de la Seccin de Literatura. Primer Ao, 1873-1874. Lima: Imprenta del Universo de Carlos Prince, Escuela Industrial Municipal de San Pedro, 1874. pp. [153]-160.

    Bibliografa secundaria

    Ahern, Maureen. 1961 "El cuento finisecular peruano, 1890-1910. Consideraciones y bibliografa".

    Tesis doctoral en Literatura. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Gonzlez Vigil, Ricardo (compilador). 1992 El cuento peruano hasta 1919. Volumen 11. Lima: Ediciones Cop, 1992. Hahn, scar. 1982 El cuento fantstico hispanoamericano en el siglo XIX. 2"" ed. Mxico:

    Premia. Moncloa y Covarrubias, Manuel. 1901 Los bohemios de 1886. Apuntes y recuerdos. Lima: Gmo. Salte Editor,

    1901.

    Nez, Estuardo. 1963 "Prlogo". Cuentos. Biblioteca de Cultura Peruana Contempornea. Vol. X.

    Lima: Ediciones del Sol. Paz-Soldn, Juan Pedro. 1917 Diccionario biogrfico de peruanos contemporneos. Lima: Librera e Im-

    prenta Gil. Rossel, Ricardo. 1890 "El salto del frayle". En: Obras literarias. Leyendas en prosa, discursos y

    escritos diversos. Tomo l. Lima: Benito Gil, 169-188. Vidal, Luis Fernando. 1975 "Las antologas del cuento en el Per". Revista de Crtica Literaria Latinoa-

    mericana, 2: 121-138.

    166 Ajos & Zafiros

    UN AMOR EN SUEOS * Jb, por Pablo Gor y Gor

    (D. Paulina Fuentes Castro)

    Era la poca de vacaciones.

    Era tambien la poca de baos. Chorrillos, entnces, era Chorrillos; lugar de citas, de salud, de juego, de lujo, de recreo,

    de retretas, de amoros, de bellezas, de romances, de paseo, en una palabra, de vacaciones.

    La estacion de pasageros de Lima, estaba invadida por una multitud de personas que ansiosas mostraban todas en su

    semblante la inquietud del que espera; pues se acercaba la hora en que deba abrirse la reja del gran salon de descanso y la puerta

    que comunica la estacion de los coches. Se abrieron ambas; y la multitud se precipit como un

    torrente contenido, que rompe el cauce. Arriba! por aqu! este est vacio! al otro! y corran los

    pasajeros de uno otro lado procurando ganar cada cual el asiento mejor.

    Cuando el agudo chillido del pito de la locomotora di la seal de partida ya la inmensa muchedumbre estaba perfectamente acomodada en sus asientos respectivos. Metido yo en mi butaca, haba sacado un libro, una novela, nica clase de lectura que puede

    * Se ha respetado la ortografa y la s'intaxis del texto original.

    Ajos & Zafiros 167

  • iolerarse en un viaje por ferro-carril. No bien haba ledo este ttulo -"Un amor en sueos"- que tenia en la portada, cuando me vi

    agradablemente sorprendido por unos ojos grandes, negros,

    rasgados y expresivos, cuya penetrante mirada, me hizo desviar

    la que por mi parte le dirija. La duea de esos ojos vestia del color de ellos mismos y llevaba colocado con arte sobre su cabeza un

    sombrerito sencillo, de donde pendan dos cintas que de vez en cuando batia el viento abrindolas en graciosas alas.

    Para un espritu inflamable como el mio, aquella sorpresa, aquella nia, aquel sombrerito, aquellas cintas que jugaban impelidas

    por el viento caprichoso, venian ser la chispa, desprendida de

    esos ojos ardientes. que penetrando hasta el fondo de mi corazon habian declarado all un voraz incendio.

    Del corazon la cabeza hay una distancia que solo se mide por el nervio elctrico del deseo; por consiguiente no hay

    distancia en realidad, como no la hay entre dos puntos unidos por

    el alambre telegrfico. El corazon comenzaba hablar y la cabeza

    responder. Entre uno y otro rgano se estableci desde aquel

    instante una correspondencia ntima. familiar, como la de dos amigos

    que se consultan, que proyectan en comun, que tratan de allanarse

    el camino de las dificultades, que se fomentan las ilusiones que cada cual concibe y abulta mediante la fantasa. El corazon y la

    cabeza que habian vivido hacia algun tiempo separados, en

    entredicho, comenzaron entenderse; se reconciliaron y cada cual

    se ofreci el concurso de su ayuda. Un tiempo! s, un tiempo se

    separaron; porque no estaban acordes en su modo de resolver;

    mientras el corazon habia dicho: amor ilusiones son felicidad para

    la juventud; la cabeza responda: trabajo y estudio son felicidad:

    mientras aquel habia propuesto -matrimonio, para asegurar la vejez; sta habia objetado, soltera, para empuar el porvenir; y en esta

    discordia habia triunfado la cabeza. como mas vieja y mas esperimentada.

    168 Ajos & Zafiros

    Pero el tiempo ese habia pasado, con todo su squito de

    desengaos, de palabras, de cartas amorosas. de promesas no

    cumplidas, de lgrimas, de suspiros y de tan tiernas cuanto fujitivas emociones; habia pasado con las horas crepusculares por las

    puertas de una casa, con la brisa de la tarde, besando el balcon donde salia ponerse ella, como el sol cuando va hundirse en el horizonte; con las notas del piano, cuyos acentos no halagaban ya mis oidos; con la inocencia y el candor que esa pasion que

    habia sido mi gran catstrofe, me arrebat implacable para siempre;

    fu aquel un verdadero tiernpo pasado; y el actual, el de esos

    momentos, que lo creaba una morena de serfica presencia, era

    el tiempo presente, de la reconciliacion y de la alianza entre los

    dos poderosos que se disputan al dominio del hombre: el corazon y la cabeza.

    Ni quien podia resistir: por muy endurecida que tuviese la sensibilidad, el efecto magntico de una mirada, encontrada como

    el osis en el camino del desierto, como la esperanza en medio de la esterilidad de una vida que habian hecho inspida los

    desengaos de todo gnero.

    Ahora mas: aquella morena, juzgar por el estilo de su

    fisonoma y de su traje, debia ser la hija heredera de algun

    hacendado millonario, por cuya rnuerte vestia de luto; y hacer el

    amor una hermosa y rica mujer, y luego ser correspondido

    fuerza de constancia, y luego, casarse con ella y entrar en la

    comunidad de los escojidos, de los bienaventurados, era la suprema dicha, encontrada por un estudiantillo en vacaciones, en el wagon

    de un ferro-carril; cuando salvando mil y mil contrariedades habia

    logrado conseguirse unos cuantos pesos, cuya distribucion estaba

    bien ajustada las cifras del siguiente presupuesto:

    Hotel por dos meses ........ .......... 200

    Baos por id .............................. 15

    Ajos & Zafiros 169

  • Trenes por id ............................ 20 Extraordinarios ..... .. .. ................. 5

    Total.............................. 240 pesos

    Un estudiantillo. cuyo talento no haba pasado los claustros de la Universidad y all mismo puesto en duda por unos y objeto de la

    envidiosa crtica de otros, cuyas glorias consistan hasta la presente en haber merecido improductivos honores en sus exmenes

    escolares, cuya salud raqutica, quebrantada no tanto por el estudio

    cuanto por un ayuno forzoso, le obligaba ir en busca de las aguas

    marinas, ya que las del Leteo haban ahogado unos amorcillos que

    le haban hecho feliz en aquel aludido tiempo-pasado, pretrito perfecto.

    Razon tenia, pues, y razon soberana, la cabeza, que como nunca,

    acuda con pronta solicitud en auxilio del corazon, el cual movido como una caja de msica, entonaba ya -il alma inamorata del inmortal Donizzeti.

    11

    -Oh! lo siento y no lo creo; yo, Pablo Gor y Gor, pobre estudiante de Derecho, que esta maana colgaba su viejo gaban,

    aquel compaero inseparable de todos los inviernos, sostenido por cinco forros diferentes, gracias la habilidad del maestro sastre D.

    Patricio, para ponerse este triquin nuevo con que poder bajar los baos, pasearse en el malecon, asistir misa y colocarse en la fila

    de ordenanza para ver pasar las bellas; yo, Pablo, no solo estoy enamorado sino correspondido de ella, de la viudita del coche, de aquella cuyas miradas penetrantes hicieron desviar las mas que altaneras quisieron leer en su rostro lo que pasaba en su alma tal

    vez, y que vencidas y dominadas, se desviaron casi avergonzadas al contemplarme un mortal medio hacer, un condenado del

    170 Ajos & Zafu:os

    purgatorio, expiando y purgando la pobreza de mis progenitores, un estudiante, en fin, que no dejaba en su humilde cuarto al levantar su tienda de campaa nada mas que un viejo gaban, mi compaero inseparable en los inviernos, de enamorado correspondido de una

    hermosa, y rica por aadidura. Es esto un sueo?

    Entre tanto, lo cierto es que esta es su letra y qu bonito

    escribe! y estas palabras son las que ha trazado su propia mano.

    Leo: Pablo:

    "Quiere U. que le diga por escrito lo que solo hurtadillas y media voz he podido decirle en presencia de mi tia; pues bien, si,

    me siento arrastrada hcia U. por una irresistible simpata. Mi padre

    me deca frecuentemente, antes de morir, que soy rica y que poda

    elegir el esposo que quisiera. La distancia de la fortuna nos separa; tambien debo esperar que termine U. su carrera; pero yo lo he

    escojido U. entre todos los jvenes que conozco, porque todo, su presencia y sus palabras, todo me dice que tiene U. no solo un

    corazon noble que sabe amar con lealtad, lleno de grandes y generosos sentimientos sino tambien una inteligencia destinada

    dar su patria das de felicidad.

    "No se ruborice U.; que mas razon tengo yo para encenderme

    cuando leo en sus cartas la palabra 'hermosa' que tanto gusta U. de prodigarme. Esta noche espreme U. en el malecon. Como es de

    luna mi tia me llevar dar una vuelta y la ocasion ser propicia para

    entregarle esta y para recibir la suya."

    Rosa.

    -Y bien, es preciso contestarle; no debo perder el tiempo

    que viene siempre estrecho para los enamorados cuando han

    pasado ya de los preludios. Escribo:

    Ajos & Zafu:os 171

    --.

  • Mi adorada Rosa:

    "Como me observaras, hoy te he contemplado tendida

    sobre las aguas, como un cisne; la pastora que tenias para cubrirte del sol, me hizo recordar aquel sombrerito negro que

    con tanto arte llevabas la tarde feliz en que por primera vez te v, cuando ambos venamos esta villa, que solo en sueos

    habia concebido tan deliciosa, y que al presente me es tan grata como pudo serlo el Paraso Adan antes del pecado, como debe ser el otro Paraso celeste.

    "S: me parece que esas cintas que flotan como t

    sobre las aguas, son las mismas que llevabas y que solo

    hubieran cambiado de color. Sin embargo, las de la pastora me

    agradan mas; son encarnadas, como rni amor; y despiertan en

    mi mente la imagen de tu corazon; prefiero sin embargo las

    verdes con que las sostituirs; pues como habrs observado, son varias las que, imitando tu buen gusto han comenzado

    usarlas rojas: quiero que te distingas, y que entre todas, tu sola lleves el simptico signo de la esperanza.

    "Antes de concluir, debo decirte que, esa esperanza

    no debe alejarse de la felicidad de que debe ser precursora". Pablo.

    He aqu la cohtestacin:

    Querido Pablo.

    "Se conoce que tiene U. alma de poeta; y que es U.

    como ellos soador idealista. Tiene U. unos caprichos raros, que, en prueba de amor, me decido complacer. Ya me ha

    visto U. con la cinta verde. Pronto, muy pronto, estas ilusiones

    darn con la realidad. No hay sueos eternos: el nico que

    existe es -la muerte. Mi tia est encantado de U. desde el dia

    que lo conoci. Todo nos sonre. Maana salimos al campo; he

    172 Ajos & Zafiros

    finjido .la necesidad de un paseo, como me lo suplic U., para ver si encontramos una ocasion de hablarnos con mas libertad,

    en medio del campo, rodeados de rboles y flores." Rosa.

    111

    Ya hemos salido de la villa; ella v hcia delante, en medio

    de un numeroso cortejo, montada en un pacfico jumento. Yo que

    he salido despues, caballero sobre un alazan de arrogante figura, tengo mi plan. Tomo la delantera, y hago un saludo tan respetuoso

    como galante la comitiva, la que comienza perderse por entre

    los naranjos y chirimoyos de las preciosas huertas de Surco, tan

    bellas y pintorescas como habia visto descritas las de Murcia. Entre

    esa multitud de copiosos rboles que apiados forman grupos

    diferentes, dejando apenas lugar para distinguir los imperceptibles

    surcos de la cabalgadura, no es posible encontrarse, ni avisarse

    del rumbo que sigue cada cual. Yo sin embargo, al sentir el roce de un cuerpo con las ramas de un rbol inmediato, veo que mi plan se

    ha realizado por completo, y apuro el caballo para salir al encuentro

    del desconocido:

    -Rosa. -Pablo.

    -Feliz encuentro. -Sin embargo, tiemblo de miedo.

    -Acaso no me amas? -Como mi vida. En este instante pitea la maquina del tren que pasa cerca

    del pueblo en direccion la villa, cuyo agudo sonido percibo, como

    el co remoto de un despertador. S que es el tren que pasa, quena me ha de perturbar; y sin embargo me estremezco pesar mio.

    Ajos & Zafiros 173

  • Tomo precipitadamente la mano de Rosa, como quien teme ser sorprendido, como quien v ser privado de una dicha para siempre,

    imprimen ella un beso suave como las auras que en esos momentos

    besaban tambien las hojas; apuro nuevamente mi caballo, me despido

    con toda la ternura de un enamorado tmido, y me pierdo entre la espesura de los rboles.

    Oh! que feliz soy en esos momentos. La he odo hablar, la

    he visto temblar de miedo, y me ha dicho no obstante, con todo el

    cario de que es posible una mujer enamorada- "como mi vida". En un paraje, donde concluian las huertas, y que daba

    comienzo un camino llano, nos reunimos todos, saliendo cada

    cual de diversos callejones: yo lu el ltimo que llegu. Los jumentos,

    como para dar comprender que tenan pies aligeros, y si haban andado tardos y pesados, era solo porque sus jinetes as lo haban

    querido, los pusieron en polvorosa y echaron correr como veloces

    corceles. El mio vindolos en accion, no quiso quedarse atras, y

    cual desbocado corra tan ligero como el viento. Pegado la silla, y

    adormecido por mil y mil ilusiones que haba despertado en m el

    beso de la enramada y que mi cerebro exaltado calentaba y hacia aumentar con todo el poder de la fantasa, ya me crea en el Pegaso

    ascendiendo los cielos, ya me figuraba el genio del amor en triunfo. Pero derepente cae una de las ginetes, y tan pronto como

    el deseo, me acerco, la levanto en mis brazos y la coloco nuevamente sobre el imprudente animal.

    Era la tia.

    Este incidente hizo que la comitiva se dirijiera un ranchito

    campestre, cercano de all, con el propsito de descansar. Yo

    rebosaba de satisfaccion y de jbilo, como que conmigo llevaba un

    mundo nuevo que el viaje haba creado en mi espritu. Nada me

    separaba ya de aquella morena linda y rica, que intempestivamente

    haba conocido una tarde en el ferrocarril, y cuyo corazon habia respondido al mio. Nos ambamos; de eso no haba duda, nadie

    17 4 Ajos & Zafiros

    podia romper una union tan perfecta como la que entre los dos habia

    hecho el amor. Al amor venia agregarse la gratitud de la tia, en ese

    instante. Y bien qu ocasion mas propicia para pedir su mano? Cierto es que mi viejo gaban podia denunciar mi extremada pobreza,

    pero tendra buen cuidado de no exhibirlo los ojos de la familia: lo regalara aunque incurriese en la nota de ingratitud quin se detiene

    en semejantes escrpulos? Adems, en esos momentos no pienso

    sino en dar la mano Rosita; en tomar su delicada cintura y su

    diminuto pi cuidadosamente guardado en unas bolitas de Preville.

    Todo esto lo hago en efecto: pero gran Dios!

    -Caballero, me dice con altanera una voz que sale de esa

    misma boca que pronunciaba, no haca cinco minutos, el mas

    apasionado "como a mi vida". Sorprendido de tan repentina mudanza me enderezo sobre

    mi mismo cuan largo es mi cuerpo; pero oh! terrible escena: ella tambien se levanta tan erguida como es su talle; me veo rodeado de

    una multitud que se agrupa entre nosotros, movida por el escndalo; me restrego los ojos para convencerme de como en tan corto tiempo

    es mudable una muger, y me hallo oh! terrible situacion! dentro del tren que se haba detenido ya al llegar la estacin de Chorrillos.

    -Mi libro, mi novela -"Un amor en sueos", se habia escapado de mis manos, mientras yo dorma, y por uno de esos sarcasmos

    de la suerte haba rodado hasta los pis de mi vecina de viage, la del sombrerito y de las cintas de las. O

    Ajos & Zafiros 175

  • NOTAS SOBRE El PER ILUSTRADO (1887-1892)

    Jt:r, Marcel Velzquez Castro

    En los ltimos aos la investigacin histrica sobre el siglo XIX peruano se ha incrementado considerablemente. El siglo XIX es el periodo donde se despliega un conjunto de discursos que formali-zan categoras de identidad y procesos de construccin simblica de nuestra cultura. Adems, el espacio en donde se gestan rasgos perdurables del campo literario peruano y se disean lneas centra-les que marcarn el devenir de nuestra historia literaria. Por todo ello, las inquisiciones literarias sobre este siglo se han multiplica-do'.

    El manido tpico de considerar la literatura peruana del siglo XIX como un periodo estril y sin logros estticos notables oculta la profunda ignorancia de quienes prefieren repetir ideas ajenas a ini-ciar una investigacin prolongada y laboriosa. Muchos textos litera-rios de esta etapa constituyen un archipilago que se encuentra diseminado en las revistas culturales de la poca; sin un conoci-miento directo de estas fuentes jams conseguiremos una visin integral y comprensiva de nuestra literatura.

    El siglo XIX se encuentra poblado de revistas donde el aspec-to cultural o literario era predominante. Por la calidad de sus textos y su significacin en la historia de la cultura peruana debe mencio-narse: La Revista de Lima (1859 -1863/1873), El Correo del Per (1871-1878) y El Per Ilustrado (1887 -1892). En este artculo estu-diaremos brevemente sta ltima.

    Ajos &Zafiros 177

  • El Per Ilustrado apareci el 14 de mayo de 1887 y concluy el17 de septiembre de 1892; fue de periodicidad semanal y alcanz 280 nmeros. Entre sus directores destacan: Abelde la Encarna-cin Delgado, Zenn Ramirez, Jorge Miguel Amzaga, Clorinda Mallo de Turner (Valenzuela, 1977: IV). Luis Alberto Snchez menciona que Jos Santos Chocano fue director por un breve periodo y como tal aparece el 31 de enero de 1891, antes de cumplir diecisis aos (1975: 33).

    Aludiendo al periodo dirigido por Clorinda Matto de Turner Snchez califica a esta revista como "la ms alta tribuna literaria d~ Lima" (1987, 111: 1071 ). En la misma direccin, sostiene Porras que: "con marcada tendencia grfica y comercial( ... ) concentra la abun-dante produccin literaria de aquella poca de nuestras letras en que subsisten todava algunos romnticos de 1848 y se inicia una oven generacin de dispersas inclinaciones" (50).

    Debemos mencionar que existe una gua hemerogrfica de esta revista preparada por Alejandro Valenzuela (197 4); sin embar-go, dicho trabajo presenta algunas deficiencias: confunde inexplica-blemente la adscripcin genrica de los textos', no incluye todos los textos' y no brinda informacin completa sobre la nacionalidad de los colaboradores extranjeros.

    Dos rasgos centrales se pueden identificar en los textos litera-rios de esta revista: la pluralidad generacional de sus colaboradores y la de los gneros literarios empleados. En esta revista publican miembros del Ateneo de Lima y del Crculo Literario, Ricardo Palma y Gonzlez Prada, escritores costumbristas, romnticos, realistas e incluso algunos que ya poseen el aliento modernista. Entre los prosistas destacan: Jos Antonio de Lavalle y Arias Saavedra, cu-y~s tradiciones fueron publicadas casi en su integridad en este pe-nodlco; Abelardo Gamarra, con cuadros y artculos de costumbres aunque tambin public poemas; Manuel Moncloa y Covarrubias, con cuadros de costumbres y cuentos; y Aurelio Arnao, con cuen-tos realistas. Asistimos al inicio de la crtica literaria a travs de los textos de Emilio Gutirrez de Quintanilla, el fundador de los estu-dios literarios sobre la novela indigenista con su artculo4 sobre Aves sin nido, y los artculos historiogrficos de Eleazar Boloa Salazar. Entre los poetas destacan: Carlos A. Salaverry, Luis Benjamn C1sneros, Juan de Arona, Carlos Grman Amzaga, Teobaldo Elas Corpancho, Federico Flores Galindo, Acisclo Vi liarn y Francisco A. Loayza.

    178 Ajos & Zafiros

    Estamos ante un inmenso arco donde encontramos los lti-mos logros de la generacin romntica y los primeros textos de Jos Santos Chocan o y Enrique Lpez Albujar. Tambin participa-ron activamente las escritoras: Juana Manuela Gorriti, Teresa Gonzlez de Fanning, Carolina Freyre de Jaimes, Mercedes Cabe-llo de Carbonera, Lastenia Larriva de Llona, Juana Rosa de Amzaga, Clorinda Matto de Turner, Amalia Puga de Losada y Mara Nieves y Bustamente, entre otras. Adems esta revista presenta textos de reconocidos escritores hispanoamericanos de la poca: Juan Valera (Espaa), Justo Sierra (Mxico), Ruben Daro (Nicaragua), Manuel Gutirrez Njera (Mxico) y Juan Antonio Prez Bonalde (Venezue-la).

    Un elemento muy significativo es la gran cantidad de avisos publicitarios de carcter comercial que presenta cada nmero de la revista. Es evidente el desarrollo y consolidacin de grupos ligados a la importacin de productos extranjeros para el consumo y a la prestacin de servicios propios de ciudades que viven intensos pro-cesos de modernizacin. Escogiendo arbitrariamente un nmero de la revista encontramos: cigarrillos egipcios, t chileno, cerveza, cal-cetines, botiquines sillones, armarios, pianos y artculos de ferrete-ra norteamericanos, seguros de vida de la New York Lile lnsurance Company, aceite ingls para el cabello, salsa inglesa Lea & Perrins, lmparas, perfumes, Sapolio, Emulsin de Scott, gran variedad de licores, papel bromuro e implementos para la fotografa, joyas de G. Welsh & Co. La gran cantidad de productos para mejorar la aparien-cia fsica de las personas y las condiciones materiales de la vida privada nos remiten a las nuevas preocupaciones de una sociedad donde el cuerpo y el espacio domstico se convierte en el centro de los afanes sociales y estticos. El consumo de productos extranje-ros se convierte en un signo de la nueva sensibilidad, apropiarse de los bienes simblicos de la modernidad es el desafo del momento. Las relaciones entre el sector social que acta como agente modernizador, las representaciones literarias de este nuevo mundo y las transformaciones del campo literario en este periodo, son un conjunto de problemas pendientes de estudio.

    Los dos logotipos5 de la revista son significativos de los con-tradictorios estratos de la mentalidad finisecular peruana. En el pri-mero, aparece en la parte central superior el nombre, ms abajo un raudo tren une dos montaas sobre un imponente puente de metal.

    Ajos & Zaftros 179

  • Una montaa contiene signos de la cultura occidental: lira, comps, paleta de pintura; y la otra, relegada a la izquierda, signos de la cultura originaria: choza, cermica, llamas, caaverales y un hom-bre semidesnudo que se aproxima a los valores occidentales. El mensaje es claro: el Per est alcanzando la tierra prometida donde los desarrollos tecnolgicos y culturales estn imbricados.

    En el segundo logotipo tenemos en la parte superior derecha un tren que avanza por un puente de metal y se dirige hacia "El Per". En la parte inferior de la izquierda, tres mineros trabajan en una mina donde resplandece una luz asociada a la segunda parte del nombre de la revista: "Ilustrado". En la parte inferior de la dere-cha se observa una mquina con una batera que simboliza lasco-municaciones y se encuentra recostada sobre una estructura ar-quitectnica andina. En este segundo logotipo, la Naturaleza ha desaparecido, la mquina de las comunicaciones la sustituye; el hombre semidesnudo que formalizaba la cultura autctona y su in-tento de unin con los signos clsicos de la cultura occidental, ha desaparecido junto con ellos. En estos grficos la fusin entre lo occidental y lo nacional se ha producido pero el resultado es un hbrido que remite a una modernizacin que no puede liquidar un pasado andino.

    En esta revista se gesta el difcil trnsito de una literatura marcada por el paradigma de la dependencia poltica y moral a un nuevo horizonte de autonoma del discurso literario e incipiente profesionalizacin del escritor; sin embargo, no se debe olvidar que nuestro modernismo literario se gesta y desarrolla en una sociedad con una modernidad abortada. El trnsito del artculo de costum-bres a la crnica periodstica; del cuadro de costumbres, la leyenda histrica y la tradicin al cuento moderno; de la poesa pedaggica y romntica a la poesa modernista. Todos estos son procesos com-plejos que no siguen una secuencia temporal nica ni culminan en esta revista pero que indican el proceso de transformaciones que se vive en el campo literario peruano de fines del XIX.

    Los textos de Clorinda Matto de Turner escritos para la edito-rial de la revista, nos permiten una mejor comprensin de una escri-tora cuyos planteamientos originarios se conocen poco y tienden a ser idealizados. Matto es exponente de un optimismo positivista rayano en el delirio:

    180 Ajos & Zafiros

    Clamaremos por la inmigracin extrangera que, con el crua zamien~o de sangre, componga este pas, donde la mayor parte de los habitantes es de raquticos y tuberculosos, mo-ral y fsicamente, y que en lugar de politiquero:, oradore_s Y poetas que con la imaginacin exaltada del t1s1co suen:~ bellezas en teora, nos den hombres robustos, hombres ut~les, capaces de trabajar veinte horas como Edison, de e~cnbir diez y seis horas diarias como Bismarck con sus 70 anos, de sumergirse en el agua durante cinco das como Peral. Estamos por la vida prctica. Todo lo dems es utopa que debe ser combatida enrgicamente por los que, como qu1en escribe estas lneas, nada ambicionan en la sociedad sino el mejoramiento de su patria. (3 de mayo de 1890), (PI,156:1802)

    No obstante, tambin se instaura como defensora del orden cultural y literario aunque empleando la gran metfora del XIX (la mquina):

    El estacionamiento de las ideas, la guerra las letras impar~ ta en el orden social lo que el enmohecimiento de las ruedas dentadas de una mquina en el orden mecnico. Detinese el curso, cesa la produccin y viene la descomposicin in-mediata (13 de diciembre de 1890),(PI, 188: 1238)

    En muchas editoriales, bajo el viejo paradigma horaciano del deleite y la educacin, la idea que subyace es la del escritor como un mdico de la sociedad. Por otra parte, son frecuentes sus recla-mos de una autntica literatura nacional y no una mera repeticin de los modelos europeos.

    Debemos ya concurrir los certmenes del viejo mundo con elementos propios y no estar empeados en la antigua la-bor de devolver con otra vestidura, elementos literarios que recibimos de Europa, sobre todo de Francia, cuya literatura se ha adueado del continente con la invasin de las nove-las de Zola, Daudet y otros semejantes autores. (1 de marzo de 1890), (PI,147: 1482)

    Una carta del presidente Andrs Avelino Cceres' a la escrito-ra revela el tramado de la poltica y la literatura en el siglo XIX, nte-se que nuestro primer indigenismo est asociado al proyecto polti-

    Ajos &Zafiros 181

  • ...

    co de reconstruccin nacional-luego del desastre militar de la Gue-rra con Chile-liderado por una figura emblemtica de la resistencia en el mundo andino. El segundo gobierno de Cceres se desploma ante las montoneras de Nicols de Pirola y este hecho provoca el exilio de M atto en 1895 y la ruptura de la tradicin de la literatura indigenista en el gnero novelstico.

    Hemos seleccionado dos textos narrativos asociados al pro-ceso de fundacin del cuento moderno en el Per. El primero es "La herencia", de Manuel Moncloa y Covarrubias, quien utilizaba el seu-dnimo de M. Cloamn, podemos encontrar en l adems de una econmica pero profunda caracterizacin de los personajes, ciertos paralelismos con "El banquete" de Julio Ramn Ribeyro. El segundo es "Ictrico" de Jos Santos Chocano, cuento escrito cuando el au-tor tena diecisiete aos y que prefigura algunos rasgos de su len-guaje potico. Aunque predomina un tono declamatorio y cierta in-consistencia en la composicin; es un texto interesante porque com-bina la sustitucin del paradigma romntico y la literatura pedaggi-ca con una crtica al positivismo vigente en la poca. Estos textos narrativos, completamente olvidados por la crtica y la historia litera-rias, nunca han sido incorporados en las mltiples y en algunos casos agobiantes antologas del cuento peruano.

    Esta breve y parcial seleccin slo pretende difundir textos narrativos no recogidos en libros y promover el inters de los investi-gadores literarios por esta revista. O

    NOTAS 1 La literatura peruana del siglo XIX (1992) de Alberto Varillas Montenegro; El abanico y la cigarrera ( 1 996) de Francesca Dcnegri; Imgenes de la inclusin andina ( 1999) de Gonzalo Espino Reluc; El taller de la escritora. Veladas literarias de Juana Manuela Gorritti: Lima-Buenos Aires (187617-1892) (1999) de Graciela Batticuorc. 2 El texto narrativo de M. Cloamn que seleccionamos aparece clasificado en esa gua como artculo. 3 La clebre carta (8-2-1890) del presidente Andrs Avelino Cceres a Clorinda Matto de Turner, publicada en el Per Ilustrado 156:1802, no aparece consignada en la mencionada gua. 4 Fue publicado el 7 de diciembre de 1889 en el nmero 135: 1074-1080. 5 El logotipo inicial fue variado el 26 de mayo de 1888, en el nmero 55 de la revista. 6 El primer gobierno de Cceres se inaugur el 3 de junio de 1886 y se prolong hasta

    182 Ajos & Zafiros

    -----------------------------------1

    ellO de agosto de 1890; el segundo gobierno se inaugur el 10 de agosto de 1894 Y fue interrumpido por la guerra civil de 1894-1895.

    BIBLIOGRAFA

    PORRAS BARRENECHEA, Ral. 1970 El periodismo en el Per. 1921. Miraflores: Instituto Ral Porras

    Barrenechea. PORTUGAL, Ana Mara. 1999 "El periodismo militante de Clorinda Matto de Turner" en Muje-

    res y gnero en la historia del Per. Margarita Zegarra (editora), 319-330.

    SNCHEZ, Luis Alberto 1975 Aladino o la vida y obra de Jos Santos Chocano. Lima: Editorial

    Universo. 1987 La literatura peruana. Derrotero para una historia cultural del

    Per. 5 vols. Lima: EMISA. TAURO, Alberto 1976 Clorinda Matto de Turner y la novela indigenista. Lima: Direccin

    Universitaria de Biblioteca y Publicaciones UNMSM. VALENZUELA, Alejandro Csar. 1974 Gua hemerogrfica de El Per Ilustrado. Miraflores: Universidad

    Nacional Mayor de San Marcos, Instituto Ral Porras Barrenechea. Texto mimeografiado.

    Ajos & Zafiros 183

  • -LA HERENCIA*

    Jtn M. Cloamn

    All se careca de todo: el lujo no entraba ni a la puerta, lo necesario haba huido. Se estaba mal, muy mal.

    En esto una carta como heraldo de buenas nuevas, vino sembrar las esperanzas en ese campo que ya empezaba a creerse completamente estril. Un to acababa de morir y dejaba una fortuna para sus sobrinos.

    Y sobrinos eran ellos.

    Luego la fortuna se les entraba por las puertas, y cuando ellos menos la esperaban; por manera que el gozo no tena lmites aquel da en la casa de don Bruno Tenia y Caldereta, exdiputado por Chumbivilcas, casado en segundas nupcias y autor de un tratado sobre la extirpacin de las erupciones cutneas.

    Bruno, exclam la mujer gozosamente, lo primero que deseo es tener un abanico de plumas, como el de Vicentita.

    Esta Vicentita era una mujer de la benemrita clase de viu-das en disponibilidad, con fortuna, y una nube en el ojo izquierdo; pero graciosa y zalamera como ella sola y muy leida y escribida; resultando, por ende, el tipo digno de imitacin de todas las seoras cursis del barrio.

    *Publicado en el Per Ilustrado 7269:297, el2 de julio de 1892. Se ha respetado la ortografa y la sintaxis del texto original.

    184 Ajos & Zafiros

    Y como don Bruno era un buen hombre, un pichi/ingue, un Juan Lanas, como decimos por estos trigos, le ofreci su mujer el abanico y su hija un libro de misa de los de Lavalle con tapas de marfil y punteras de plata.

    En cuanto al chiquitn, que era ms malo que hecho de en-cargo, se content con desear un rifle, un sable, charreteras y de-ms arreos militares, pues tena que librar batalla con el vecino de los bajos, el perro de enfrente y los gatos de los techos.

    Adems se pens formalmente en renovar el mobiliario, pues el que haba daba asco, por lo desflorado y mantecoso que estaba, no siendo extrao todo ello el buen Juancito, hijo mimado del matrimonio Tenia.

    Era necesario tener sof es amarillos como los de la Vicentita, alfombra cuadros, que eran las de moda, y, no olvidarse, por Dios, de comprar un buen piano, por que la Remedios estaba en estado de aprender: acababa de cumplir veinte aos.

    No est dems advertir que una de las cosas ms importan-tes que haba que atender, con el cambio de fortuna, era el casa-miento de la nia.

    Ahora que tena plata lloveran los piquines, pues hasta en-tonces, a pesar de no tener malas barbas ni despreciables bigotes; slo le haba salido, el verano pasado, un grano en la nariz, que casi se le traduce en grave enfermedad, por habrselo querido curar el padre de acuerdo con su obra famosa; la que dicho sea de paso, le haba conquistado el ttulo de miembro de una sociedad veterina-ria de auxilios mutuos.

    Todo iba pues, pedir de boca.

    Se esperaba la llegada del prximo correo con una ansiedad inenarrable, como dicen los novelistas.

    Y, cosa del demonio, aquella semana los das eran de treinta horas lo menos; tan largos parecan.

    Por fin lleg el correo y con l una carta en la que se le anun-ciaba don Bruno, que para el prximo ira eso.

    Demonios, deca la conjunta del sabio en sarampin, sarna, etc -que le costara al buen seor decir- ya va eso, que asciende

    Ajos & Zafiros 185

    n . 1

    '

  • doscientos mil soles, cosa as! ....

    Y en verdad que tena razn.

    Don Bruno quiso pensar que la cosa no valdra la pena cuan-do el otro slo le hablaba de eso, como quien dice: de esa peque-ez; pero se abstuvo de darlo entender, pues a l slo le estaba permitido hablar de granulaciones.

    Mientras tanto, la seora contrat los muebles, los trajes, el abanico y el libro de marfil, el uniforme y dems, dando como cosa hecha que era un fortunn el que se les vena encima.

    Y no falt comerciante, el de los muebles particularmente que haba ledo las cartas, que envi la mueblera la casa inmedia-tamente; -todo sera en ltimo caso, asunto de volver a cargar con ellos, quedndose con los trastos viejos por va de indemnizacin.

    La casa era pues un laberinto

    Con unos cuantos soles que el sabio se consigui prestados, ya era hombre que ofreca garantas, se compro ipso lacto el abani-co de plumas.

    Lleg, al fin, la herencia del to -era una carta muy abultada.

    Se reuni la familia solemnemente.

    El to dejaba sus sobrinos -si estaban en buena posicin-el encargo de pagarle unos reales un su amigo de Lima, que en otra ocasin se los haba facilitado: -poca cosa, deca el to, son unos tres mil pesos, y as reposar tranquilo en la tumba, como hombre honrado que he sido toda mi vida" ....

    La mujer se puso de pie, mir su marido con ojos de pante-ra irritada y crispando los puos escupi estas palabras en honor del to difunto:

    Ladrn! Ms que ladrn asesino! ....

    Y cay desmayada sobre la alfombra nueva, come carpo motto cade! .... O

    186 Ajos &Zafiros

    ' ICTERICO * ( Aurelio Arnao)

    lb Jos Santos Chocano

    Aquella era la nota lrica. El poema de su vida haba sido hasta entonces objetivo, slo

    entonces comenz el subjetivismo.

    Es preciso ser egostas- se haba dicho; y con aire pensati-vo se haba ido lejos de la ciudad.

    Aquella alameda era muy angosta y muy larga. Las dos filas de rboles paralelas y estrechas se prolongaban lnguidamente. Y l en medio de esas filas miraba dilatarse ante s una extensin encajonada de verde, que se iba all, lo lejos a resolverse en un boquern enorme.

    El viento hmedo soplaba todo pulmn; el dombo gigantes-co de los cielos se tupa de nubes; las montaas, hipoptamos de piedra,- sentan acariciar su frente por bruma bien tupida Y bien blanca. El subjetivismo haba comenzado.

    En la frente marmrea de aquel joven, plido como un verso de Musset, se arrugaban mil nubarrones de ideas, que luego se resolvan en una lluvia finsima de lgrimas.

    *Publicado en el Per Ilustrado 270: 329, cl9 de julio de 1892. Se ha respetado la ortografa y la sintaxis del texto original .

    Ajos & Zafiros 187

    , 1

  • El viento juguetn se rea entre los rboles con risa escandalosa y spera ....

    -Bien! Bien! Seor realista. Me alegro de esta transforma-cin psquica, -que dira un filsofo. Dnde os habis dejado a Zola? Cmo? Y qu se hicieron vuestros ideales gastronmicos de posi-tivismo comercial? Qu de las olorosas franquezas de Richepin? ..... Vos el empedernido defensor de Spencer, el poeta de fierro, el canto pico hecho carne; vos, con lirismos? Vos, con arrebatos neursticos, con excentricidades de temperamento bilioso? ........ Y no volvis la prosa pica de la vida prctica y monetaria? Bah! Qudese esto para nosotros los que somos tan imbciles que no somos capaces de enfermarnos,- que dira un vate del Rhin.

    As le hablaba al joven plido, otro robusto de constitucin ciclpea, con trax levantado y manchas rojas en la cara; y el joven plido se sonrea, con una sonrisa tenebrosamente alegre, para murmurar entrecortado, con convulsiones epilpticas:- Estoy ict-rico!

    -Pues all

    Y all ... estaba un caf, con sus lamparones de color chilln y salpicado de letreros mltiples.

    Muchos amigos esperaban.

    - El primer poeta del mundo es Edgardo Poe!- gritaba uno levantando en alto una copa, que se tambaleaba en sus manos con temblores de borracherra ....

    - Propongo otro brindis! - grit otro, haciendo rechinar con aspereza su aliento y arrojando bocanadas de alcohol.

    -S! ... Brindo por el amor, que es el champaa del alma.

    - Yo por el mundo! El mundo es una copa y la vida es un trago ....

    -Y yo, -dijo el joven plido,- brindo por m.

    -Por ti?- preguntaron todos.

    -Por m!- respondi l, pausadamente y dndose un golpe en

    188 Ajos &Zafiros

    medio del pecho- El hombre ms sabio es el egosta.

    Se desbord el lirismo.

    Aquello era un maremagnum de articulaciones sin sentido: parec ase al hervor de una caldera.

    Ronco, muy ronco, siniestramente ronco, era ese concierto hbrido, interrumpido por speras notas, por tpicos chillidos y por voces grilladas ....

    Hablaban todos, revolucionaria y caticamente; todos, arreba-tados y convulsos, con el vrtigo singular y especialsmo de la em-briaguez naciente.

    La palabra brotaba temblando, retorcindose veces, volvien-do sobre s, zigzagueando con ondulaciones de culebra y crispn-dose; la palabra brotaba paraltica y con brincos de corcobeo ..... .

    Los recuerdos del jolgorio le atormentaban.

    Acodado en su ventana el joven plido, vea esa noche los transeuntes encapotados que iban chapoteando sobre el lodo de las calles.

    Y en el torbellino de ideas que le arrebataban con rpidez de vrtigo sobresala el recuerdo de ella.

    Ella, con su belleza otoal, lnguidamente hermosa, con sus ojeras smbolos de acendradas pasiones, con sus miradas tenues, le dominaba; y l, loco, soador ya del todo, se vea el sucio traje y sonrea, con una sonrisa lgubremente alegre Era imposible!

    Pensaba esa noche en ella.

    El licor es un sobreexcitante horrible: La sangre se le agolpa-ba en el rostro, las sienes le repiqueteaban y sus pies estaban fros como capas de nieve. Senta correr por su interior mil vboras de hielo que le destrozaban las entraas; y senta que estas vboras luego se revolvan, se entremezclaban, formando una bola, -singular hecho!- incandescente y enorme, que le suba del vientre lagar-ganta para bajar de la garganta al vientre ....

    El viento arreciaba. La lluvia incesante caa desde las nubes

    Ajos & Zafiros 189

  • pardas. El, sonriente, irnico, con entonacin olmpica, sostena un monlogo negro y tembloroso.

    -Re, re ...... Mira la Luna, que asoma en el cielo sus irnicos cuernos ...... Re, re ..... La vida es una carcajada del Destino!

    Y luego tomaba aliento, fatigado como si hubiera subido una cuesta muy spera y muy larga, para continuar murmurando:

    - Pero, por qu te res? - Te acordars de tus pasados gozos? Te estars que-

    mando las alas del alma en la luz de la memoria? oh que bella es la luz! Pero oye, oye que viento tan fuerte hace! No escuchas como crugen los rboles? No ves cmo tiritan los vidrios? ...... Hasta los vidrios parecen temblar de fro ..... oh, que noche tan temblorosa! .... Arroja tus ensueos, desabrgate; y cojers una tisis, oh, la tisis del alma! El desengao! Bah! Bah! ..... Qu irnicos son los cuernos de la Luna! .... Re, re ....

    Nueva pausa y nuevo aliento. Uf! Que fro tan horrible es el que hace!. ...... Se me ha helado

    la sangre en la cabeza. Pero tengo la fiebre del ansia ..... Amores imposibles! ... Martirios sin premio!. .. Almas con fro!. .. Byron ... Espronceda .. .

    Quiero calor, quiero fuego; me espanta el fro .... Dnde en-contrar algo que me de llamas, devolvindome la paz? ... .

    El can de su pistola estaba fro. O

    190 Ajos & Zafiros

    NOTAS

  • UNA ANTOLOGA DISCUTIBLE * /2'JJ Camilo Fernndez Czman

    No cabe duda de que hacer una antologa implica sus riesgos. En muchas ocasiones preponderan el gusto del antologador o la falta de rigor. Sin embargo, lo importante es el marco epistemolgico sobre el cual se aborda el estudio de la literatura peruana. Es medular el empleo de una teora (o de varias) y de una metodologa que conduzcan a seleccionar los mejores textos que constituyen una tradicin literaria. Una antologa es, pues, la seleccin de las ms bellas pginas de una literatura, y esta tarea no es fcil.

    Ricardo Gonzlez Vigil intenta hacer una antologa de la poesa peruana desde Manuel Gonzlez Prada hasta nuestros das. Se trata de un trabajo erudito, cuyo resultado no conduce a una seleccin de los ms importantes poemas de los autores ms representativos, sino a una recopilacin (esforzada y valiosa, sin duda) que transforma el libro de Gonzlez Vigil en una especie de cajn de sastre donde vemos textos de ms de doscientos poetas(?). La cantidad resulta, a todas luces, sorprendente: no hemos visto jams una antologa que abarque un solo siglo y que contenga tantos poetas.

    Ni siquiera en la poesa francesa del siglo XIX (donde tenemos poetas como Baudelaire, Rimbaud, Verlaine o Mallarm que han influido poderosamente en la literatura universal) ni en la del siglo XX (donde hay escritores imprescindibles, cumbres de la lrica occidental, como Apollinaire o Saint-John Perse, verbigracia) podemos

    * Ricardo Gnzalez Vigil (comp.) Poesa peruana, siglo XX. Lima: Ediciones Cop, 1999,2 tomos.

    Ajos & Zafiros 193

  • ~

    1

    hablar de 200 poetas antologables. Si comparamos la poesa peruana del siglo XX con la francesa del siglo XIX, nos damos cuenta de que tal vez slo Vallejo estara a la altura de Baudelaire o Rimbaud; por lo tanto, cmo admitir que nuestra poesa, en sentido riguroso, tenga 200 poetas antologables?

    Adems, hay cierto entusiasmo un tanto ingenuo de Gonzlez Vigil. Es cierto que la lrica peruana tiene grandes autores (Vallejo, Eguren, Adn, Eielson, Moro o Westphalen, por ejemplo), pero considerar a Eduardo Rada o Jos Beltrn Pea en una antologa es un verdadero insulto a la memoria de Vallejo o de Eguren. Nos parece que hay otros autores que han hecho ms por nuestra poesa como Carlos Henderson, quien tiene mayor calidad que Rada o Beltrn y que, sin embargo, Gonzlez Vigil omite en su pseudoantologa. Asimismo, es discutible la inclusin de Esther M. Allison, quien, segn Gonzlez Vigil, es "una de las voces femeninas ms altas no slo de la poesa peruana, sino de la poesa del siglo XX en general". Para enseguida afirmar que: "ya es hora de que ocupe su sitio entre las cumbres de la poesa femenina hispanoamericana" (t. 1, p. 477). Por respeto a la memoria de la gran poeta mexicana Sor Juana Ins de la Cruz, nos parece que debemos decir que Allison est muy por debajo de su ilustre predecesora y muy lejos incluso, de Blanca Varela. Gonzlez Vigil, cuando habla de Allison, se deshace en elogios, pero la seleccin de poemas que esgrime no resulta suficiente para convencernos acerca de la importancia de su obra.

    La antologa ofrece dos prlogos. En el del primer tomo asoma la falta de rigor de Gonzlez Vi gil. En primer lugar, la manera bastante deportiva como enfrenta el trmino "potica", que es polismico y de enorme complejidad en los estudios literarios. Potica significa conceptuacin acerca de la literatura o de la poesa. Hay dos orientaciones: una artstica y otra cientfica. En el primer caso, potica no tiene una finalidad terica de proyecto cientfico, sino que es sinnimo de arte potica. Puede haber un arte potica explcita (por ejemplo, en algunos poemas, donde el autor habla de su concepcin del hacer potico) o implcita (en todos los textos, de manera subrepticia, aparece una concepcin de la literatura o del arte). En el segundo caso, potica es un proyecto de ciencia, de estirpe formalista o estructuralista generalmente. Como afirma Roman Jakobson, "[el] objeto principal de la potica es la diferencia especfica del arte verbal con respecto a otras artes y a otros tipos de conducta

    194 Ajos & Zafiros

    verbal" (Lingstica y potica. Madrid: Ctedra, 1988, p. 28).

    Gonzlez Vigil dice textualmente: "Se debe valorar un poema no segn una Potica (en singular y con mayscula) por ms que sea la que parezca reunir ms cualidades artfsticas y estticas, por ms que responda mejor a las reflexiones actuales de la Teora Literaria; debe tenerse en cuenta la potica especfica de cada texto" (t. 1, p. 25). Nos parece que, en este caso, hay una cierta confusin de niveles. Gonzlez Vigil considera que no debemos valorar un texto de acuerdo con una "potica actual"; sin embargo, aqu existe una confusin terminolgica al poner en el mismo nivel la potica en el sentido terico con el arte potica. Adems, como veremos ms adelante, la nocin de historia que maneja el crtico es insostenible, porque Gonzlez Vigil piensa que no hay un vnculo fructfero entre el pasado y el presente, sino que se puede reconstruir el pasado al margen de la reflexin actual, concepcin totalmente equivocada.

    Desde Karl Popper sabemos que el punto de partida del conocimiento no es la observacin, como crean los positivistas del siglo XIX, sino una teora de base que gue nuestras observaciones: "No creo que hagamos nunca generalizaciones inductivas en el sentido de que empecemos con observaciones e intentemos derivar nuestras teoras de ellas. Creo que el prejuicio de que procedemos de esta manera es una especie de ilusin ptica, y que en ninguna fase del desarrollo cientfico empezamos sin algo que tenga la naturaleza de una teora( ... ) que de alguna manera gue nuestras observaciones o nos ayude a seleccionar de los innumerables objetos de observacin aquellos que puedan tener inters" (Miseria del historicismo. Madrid: Alianza Editorial, 1973, pp. 149-150).

    Si el punto de partida es una teora, por qu Gonzlez Vigil afirma, de manera cndida, que no se debe valorar un texto desde una potica por ms que sta responda mejor a las reflexiones actuales de la teora literaria? Es decir, para Gonzlez Vigil, no es necesario estar actualizado en el mbito de la teora literaria. Se trata de una apologa de la era de los dinosaurios. Por lo tanto, segn l, debemos leer a Chocano como se lo lea en los aos veinte. O peor an, leer a Vallejo tal como lo lea Clemente Palma, por ejemplo.

    Indudablemente, no estamos planteando desconocer la

    Ajos & Zafuos 195

  • especificidad de cada texto literario que se sita en un contexto histrico determinado. El crtico tiene que situar el discurso literario en la rbita histrica donde ste naci. Tampoco proponemos la imposicin de un mtodo ni de una teora; pero pensamos que es lcito leer un texto literario desde la ptica de una teora literaria actual porque, de lo contrario, estaramos asumiendo un punto de vista impresionista.

    Gonzlez Vigil afirma: "las poticas han cambiado mucho desde el ltimo tercio del siglo XIX. Juzgados anacrnicamente, con poticas del presente, no pocos poemas corren el riesgo de lucir envejecidos, incluso de encarnar caractersticas riesgosas de cursilera, sensiblera, vacuo experimentalismo, sujecin a lo ancdotico y a lo coyuntural, etc. ( ... ) Se impone una perspectiva que sea flexible y ponderada, informada y responsable, que tenga en cuenta el contexto histrico-cultural y el consenso de las opiniones vertidas sobre una obra" (t. 1, p. 25).

    Aqu hay otro error terico muy grave. Gonzlez Vigil confunde la historia con el pasado, y piensa que puede -metafsicamente, claro est- desconectarse de su presente y viajar al pasado. Vana ilusin. Es cierto que uno puede reconstruir el pasado, pero, como dice Lacan, "la historia no es el pasado. La historia es el pasado historizado en el presente, historizado en el presente porque ha sido vivido en el pasado". (Escritos tcnicos de Freud. Barcelona: Paids, 1986, p. 27).

    La historia es una reconstruccin discursiva del pasado desde una ptica presente. Por qu Vallejo es importante? Porque, entre otras razones, no se puede entender el desarrollo de la poesa peruana actual sin Vallejo como antecedente. Por qu Hinostroza es una figura imprescindible? Porque la poesa peruana de hoy ha asimilado creativamente su legado y ha reconocido en l a uno de los fundadores de la tradicin potica peruana.

    Las mejores antologas las hace el tiempo. La de Gonzlez Vigil quedar no como antologa, sino como una til gua telefnica que sirva de base como documento o testimonio de la trascendencia de la lrica peruana del siglo XX. O

    196 Ajos & Zafiros

    Aproximaciones a Monlogo desde las tinieblas de Antonio Glvez Ronceros

    ;6:, Carlos Garca Miranda

    Hace veintinueve aos apareci Monlogo desde las tinieblas (Lima, lnti Sol, 1975), libro con el cual Antonio Glvez Ronceros (Chincha, 1932) alcanz gran notoriedad entre el pblico y la crtica. La primera edicin fue posible gracias a la intervencin de Jos Antonio Bravo, novelista destacado y en aquella poca miembro del consejo editorial dl sello lnti Sol, despus de que se frustrara su edicin en la editorial Milla Batres. Luego ha tenido dos reediciones. La primera en 1986, realizada por la Municipalidad de Lima Metropolitana en su serie Munilibros. Y la segunda, motivo de la presente resea, en 1999, bajo el sello de la editorial Peisa. En _esta ltima se agregaron seis relatos: "Murmuraciones en el portn", "Nito", "El encuentro", "Una yegua parada en dos patas", "Ni que juera inorante!", y "El pino de Goyo Corrales".

    La crtica, desde su primera aparicin, ha formulado una serie de lneas de interpretacin: a) La insercin de la obra de Glvez Ronceros en el proceso de la narrativa del cincuenta; b) Los planteamientos del grupo Narracin y la influencia que tuvo en su narrativa; e) Las distintas corrientes narrativas a las que se le ha tratado de asimilar; d) Las interrelaciones existentes entre su narrativa y el universo cultural de los negros habitantes del valle de Chincha, en el sur de Lima, Per.

    En cada una de estas lneas interpretativas, la crtica ha evidenciado dificultades al interpretar los textos de Glvez Ronceros. En la mayora de los casos, debido al empirismo crtico con que han

    Ajos & Zafiros 197

  • empleado algunos conceptos, tales como lengua, habla, texto 0 autor, no se han tomado en cuenta los desarrollos existentes al respecto. Pero s resulta sumamente interesante la lnea de reflexin abierta por los trabajos de Mara Cuba Manrique ("Monlogo desde las tinieblas: lengua, literatura y cosmovisin de los negros de Chincha", en Escritura y Pensamiento, Lima, N" 3, Ao 11, UNMSM, pp. 9'49, 1999) y Carlos Orihuela ("La heterogeneidad negrista en la literatura peruana: el caso de Monlogo desde las tinieblas de Antonio Glvez Ronceros", en Asedios a la heterogeneidad cultural. libro homenaje a Antonio Cornejo Polar. Philadelphia, Asociacin Internacional de Peruanistas, 1996), porque inserta la discusin sobre Monlogo ... en un nivel de crtica actual, como es el problema de la representacin cultural.

    En general, se puede establecer que Monlogo ... forma parte de ese grupo de textos que buscaron ficcionar sobre las diferentes culturas rurales de Amrica Latina. Tal es el caso de las obras de Jos Mara Arguedas, Augusto Roa Bastos, Juan Rulfo y Joao Guimaraes Rosa.

    Como sucedi con las obras de los escritores arriba mencionados, Monlogo ... viene a plantear tambin en su escritura las relaciones existentes entre el arte literario y lo popular. Algunos escritores inmersos en esta problemtica, como el caso de Gregario Martnez en Canto de Sirena (1977), han utilizado una serie de materiales para apropiarse del discurso popular, ya sea entrevistas con informantes o grabaciones magnetofnicas. Otros, como Juan Rulfo, en Pedro Pramo (1955), buscaron lo popular a travs de recrear una manera de hablar y narrar historias amparndose en sus recuerdos de infancia, en sus experiencias como integrantes de esa comunidad cultural y en el contacto permanente con ellas. Glvez Ronceros guarda relacin con esta ltima forma de apropiacin de lo popular. Esto lo ha dejado entrever en diferentes declaraciones periodsticas.

    De esta manera, Monlogo desde las tinieblas aparece como una representacin artstica de la misma comunidad afroperuana del valle de Chincha, localizada en la costa sur del Per. En el plano de la expresin, Glvez Ronceros utilizar una serie de recursos narrativos, destacando aquellos que se refieran a los rasgos orales

    198 Ajos & Zafiros

    (dilogo, monodilogo y fonetizacin de la escritura). Y en el plano del contenido, Monlogo ... se manifiesta como una evidencia ms de pluralidad cultural peruano donde, desde la periferia, sectores minoritarios estaran proponiendo modelos etnoculturales alternos a los hegemnicos. En otras palabras, estamos ante una representacin discursiva que modela una estructura social y cultural desde una plataforma literaria.

    En este proceso se configura la imagen de un autor implcito, que acta como un intermediario cultural interesado en racionalizar, a travs de la ficcin literaria, los contenidos de una cultura bsicamente oral. En dicha racionalizacin, aparte de estructurarse modelos de identificacin cultural, se produce tambin una serie de inversiones de aquellos valores discursivos que la tradicin literaria haba otorgado al sujeto negro. Uno de stos es su incompetencia escritura!, donde dicho sujeto siempre ha sido reducido a los mbitos de la oralidad, jerrquicamente subordinada a la escritura. Este rasgo es asumido por el autor implcito invirtiendo su valor: desde su perspectiva, la oralidad negra constituye un rasgo de poder discursivo. Es a travs de este rasgo que los personajes negros logran salir airosos de sus conflictos sociales y etnoculturales. Lo mismo ocurre con la caricaturizacin de su aspecto fsico. En varios relatos de Monlogo ... el personaje negro es presentado de manera caricaturesca, pues se exageran sus rasgos fsicos y sus desplazamientos motores. Este aspecto, que la tradicin narrativa utilizaba para subordinar al negro, en estos relatos se usa para establecer diferencias entre el negro y los otros. No se trata aqu de subordinacin, sino de diferenciacin. Y por ltimo mencionaremos el humor, forma popular de expresin que en Monlogo ... se utiliza como un medio de resistencia cultural frente a otros grupos sociales y culturales, y de relativizacin de sus propios contenidos.

    Desde esta perspectiva, el autor implcito realiza una prctica deconstructiva de las jerarquas y valores a los que la tradicin literaria ha sometido al negro. Y es a partir de esta prctica que se logra fijar en la dinmica narrativa los modelos culturales de transculturacin y heterogeneidad.

    Esta prctica deconstructiva es la que otorga un carcter utpico a esta narrativa. Utpico en el sentido de que la inversin de valores

    Ajos & Zafiros 199

  • que se realiza en la textura narrativa constituyen preocupaciones del autor implcito materializados en la dinmica ficcional, que es su soporte, la cual no necesariamente se ha de corresponder con las que se realizan en el plano emprico. De hecho, esto determina que se establezca la relacin entre el plano de la ficcin y el plano emprico a travs de la ideologa. En efecto, aquellos modelos de representacin cultural evidenciados lneas arriba, son potenciados por las perspectivas ideolgicas que enmarcan los contenidos de la narrativa de Glvez Ronceros.

    Esto ltimo abre una nueva lnea analtica en la reflexin sobre esta narrativa. Es decir, se plantea el estudio de la ideologa en el proceso de construccin de estos modelos de representacin cultural. En futuras investigaciones, el desarrollo de esta lnea completar, no queda duda, lo esbozado en esta resea, que es la fijacin del carcter diegtico de la narrativa de Glvez Ronceros -no asumida por el grueso de la crtica- y el encauzamiento de su anlisis en el mbito de los estudios culturales. O

    200 Ajos & Zafiros

    GALEN DE LIBROS

  • Marco Martos. El mar de las tinieblas. Lima: El caballo rojo-

    Atenea editores, 1999.

    tbJ Carlos Garayar de Lillo

    El mar de las tinieblas es el exitoso resultado natural de la evolucin de la poesa de Marco Martas, un poeta que, desde que en 1965 publicara Casa nuestra, mostr un perfil singular. Miembro de la Generacin del 60, Martas no empez especialmente atrado por la poesa anglosajona, que tanta influencia tuvo en loS: de su promocin, ni por los temas que sus coetneos abordaban. Ms bien, su poesa pareca transitar con comodidad por los caminos que haban afirmado, muy dentro de la tradicin espaola, autores como Antonio Machado o, entre los peruanos, Washington Delga-do.

    En realidad -como es posible ver con claridad ahora que sus libros anteriores al que comentamos han sido recogidos en Leve reino-, la poesa de Martas siempre se movi a su aire, libre de ataduras de escuela, y sta fue una direccin que el poeta asumi conscientemente, como que lo dice en "Contra Critias", de

    ----------------------------~

    Casa nuestra: "Cojo la pluma y digo/lo que me viene a la lengua! lo que siento de adentro/ lo que nadie me dicta/ Cojo la pluma y digo/ radiografa daltnico/ o lo que me da la gana". Lo que la haca distinta era que no se trataba de una poesa experimental, sino experiencia!. La vida cotidiana era su principal fuente, y derivaba su fuerza -adems, por supuesto, del trabajo lingstico- de la impresin de que apenas mediaba distancia entre el yo potico y el yo real. Los siguientes libros confirmaron esta tendencia al ritmo rspido, al tono delibe-radamente menor o a una visin desde el yo; a la vez que reafirmaban la maestra de su autor en el manejo de la lengua y precisaban algunos temas: el entorno familiar, la escritura y, fundamentalmente, el amor.

    El silbo de los aires amorosos (1989) hace perceptible un cambio que se estaba gestando desde principios de los aos 70 y que se reafirma en Cabellera de Berenice (1990). La poesa de Martas haba venido hac:indose cada vez ms reposada; no menos honda ni conmovedora, pero s menos efusiva. Personalmente pienso que esa tendencia se acenta cuando su autor se

    Ajos & Zafu:os 203

  • acerca, con pasin de estudioso, a la obra de Baudelaire, uno de los poetas a los que ms admira, y aprende de l aquello que Hugo Friedrich llam la desperso-nalizacin de la lrica moderna. A partir de estos dos poemarios, esa tendencia se manifestar en la capacidad de adoptar -en~ carnando, no meramente actu~ ando- diversas personalidades, tcnica que le permitir abordar una gran diversidad de temas e incursionar en el pasado y en otras culturas.

    En la presentacin de Leve reino, en noviembre de 1996, yo sealaba que la poesa de Marco Martas estaba en plena evolucin y que haba que esperar cambios en la direccin "de la sabidura y la serenidad". Pienso que ello se est cumpliendo y que El mar de las Unieblas despliega una serie de logros que son posibles, tanto porque el poeta se ha abierto a mayores y ms diversas incitaciones, como porque ellas estn perfectamente controladas por alguien que concibe la poesa ya no tanto como expresin cuanto como sabidura, Sabidura vital, por supuesto, no libresca.

    Durante el Renacimiento, la "sabidura potica" era concebida como un equilibrio entre aquello permanente y universal, loS conocimientos poticos -ritmos, figuras, etctera-, y lo intrans-ferible por individual, la experi-encia. Antes, en la Edad Media, y despus, en el Barroco, se pone

    204 Ajos & Zafiros

    en primer lugar los conocimi-entos, de los que se enorgullece, por ejemplo, el Arcipreste de Hita en el famoso pasaje de su libro: "E compselo otros a dar algunos lecin e muestra de metrificar e rimar e de trabar; ca trabas e notas e rimas e ditados e versos fiz complidamente, segund que esta ciencia requiere". En el Roman-ticismo, en cambio, se privilegia la experiencia, especialmente los sentimientos.

    La perspectiva de El mar de las tinieblas es la del equilibro. En un libro que bien podra haberse llamado El mar de la tranquilidad, Marco Martas concede espacio al juego formal y practica desde coplas de pie quebrado, a la manera de Manrique, hasta un dilogo surrealista, pasando por gacelas andaluss y sonetos, pero no se regodea en el manejo de las formas, sino que estas le sirven para calar el espritu de quienes en su momento las practicaron. As el libro es un recorrido por la historia de la literatura, en el que el poeta moderno va prestando su voz a los antiguos o lejanos y reviviendo de ese modo sensibilidades y formas de pensar distintas de las nuestras, y que por lo mismo nos sorprenden y conmueven de una manera extraa.

    El mar de las tinieblas es un libro de madurez. Como todo artista consciente, Marco Martas ha sentido la necesidad de incorporar a su obra la reflexin

    sobre la naturaleza del objeto artstico, una reflexin no racional, sino potica, especular. Su valor no slo radica en los muchos excelentes textos que contiene -como los tres en los que su espejo recupera para nosotros a

    Doris Moromisato. Chambala era un camino. Lima: NoEvas

    Editoras/ Coleccin Espejo, 1999.

    6 Maia Rojas Brckmann

    Chamba/a era un camino es el segundo libro de poemas de Doris Moromisato, luego de Morada donde la luna perdi su palidez, el cual aparece casi doce aos atrs, en 1988. Roland Forgues dir sobre ese primer poemario que en l se reproduce la marginalidad casi absoluta, la soledad y la autocontemplacin. El intervalo que separa ambas publicaciones est marcado por un cambio de registro, ya que durante este receso la autora se dedica a escrituras de distinto calibre: el cuento "El Riachuelo de le", el ensayo "Estado de melancola o la otredad en la escritura" y el testimonio (un trabajo sobre la inmigracin japonesa al Per). Paralelo a ello Moromisato participa con decisin en el movimiento feminista y dice investigar sobre el lenguaje y la cultura de mujeres. Chamba/a era

    Yasunari Kawabata y La danzarina de /zu, o ese otro en el que el Arcipreste celebra al vino-, sino en hacer patente que la poesa sigue siendo uno de los instrumentos ms efectivos para navegar por ese inmenso mar que es la naturaleza humana.

    un camino, contrariamente a lo que pudiera presumirse, no se circunscribe dentro de lo que Martas llamara la nueva corriente de erotismo en la poesa del Per, cuyo inicio lo marca Mara Emilia Cornejo y ms tarde, en la dcada de los ochenta, Carmen Oll.

    Un toco de atraccin sobre la obra de Moromisato ser sin duda su ascendencia japonesa, aunque ello no garantice (al menos aqu) su filiacin a la tradicin de aquella isla, cuya faceta ms conocida es el haiku. La inclusin de lxico en japons en sus poemas es slo un estilema, una huella tremendamente sonora que relata algo lejano y sugerente. Pues si bien el haiku es un modo de expresin altamente condensado y, por lo tanto, abiertamente dismil respecto de la escritura extensa de Moromisato, la longitud no ser el nico detalle divergente, aunque s el ms visible. Hablamos de la particular dispo-sicin del haiku hacia el presente (suspensin en el ahora) y de su ensayo por capturar la imagen

    Ajos & Zafiros 205

  • nica, sea sta virtual o real/ inventada o soada. Al respecto Basho nos dice: haiku es simplemente lo que est suce-diendo en este lugar, en este momento ... (recordemos que este poeta es considerado el padre del haiku y que es tambin una referencia para Watanabe). En tal sentido, el caso de Moromisato es simplemente otro.

    Este segundo poemario se propone a partir de una triangulacin mnima, nuclear, formada al menos por tres identidades familiares: por un Padre ("el sol iba a las cinco a morir a sus brazos"), por una Madre ("por eso nac/ para refrescar por las tardes su frente apacible"), ambos vocablos formulados como si fueran nombres propios. El tercer personaje es la autodenominada hija (alter ego de la autora). La apariencia neutral de estos sujetos menguar cuando vayan revelndose como piezas y valores cambiantes segn la posicin que ocupan en el tablero. ("Hasta la muerte le lleg de puro esperar/ nada hered de su pobreza, slo un catre viejo/ dnde ella y mi padre solan hacer los hijos"). Estos mismos sujetos llevarn a cabo emisiones y dicciones mltiples, urdirn y parcelarn con sus voces el armazn o el universo denominado por ellos Chamba/a. Chambala existe. Es una villa agrcola ubicada en las afueras de la ciudad de Lima. Existe adems como el lugar en donde la autora naci y pas su infancia : de tal

    206 Ajos & Zafiros

    manera que este espacio comn deja, poco a poco, de pertenecer a un estrato puramente geogrfico. El nombre Chambala se convierte -para efecto de la lectura- en una palabra-llave, un corpus oscilante que propicia la regresin ("de qu sabor ser mi historia, de qu color la sangre que esparc?/ habr terminado padre de sembrar el arrozal?"). Pero, sea cual sea el alcance de la memoria potica, se presume que en cualquier instante habremos de rozar algn objeto slido y preciado. Es as que Chambala resulta ser una cierta materia sedimentada, un lugar al cual se vuelve para nuevamente colonizar.

    En esta urdimbre, el tercer personaje fijo (la hija) presenta el desdoblamiento propio de una sobrevivencia en el tiempo: subyace, digamos, una suerte de conjugacin en imperfecto, un sentido de permanencia, continuidad y a veces de costum-bre; procedimiento mediante el cual ir reconstruyndose la historia familiar. ("Al terminar el da yo juntaba las manos/ orando para que el infierno desapareciera/ de todas las enciclopedias y el dolor/ abandonara el rostro de mi hermano"). Este personaje ser-pentea entonces entre dos vrtices, lo infantil y lo adulto y, en medio, una gama imprecisa: el montaje hecho a base de som-bras y otras texturas/ el privilegio de los detalles/ los gestos involuntarios de sus integrantes/ las interferencias propias de la memoria.

    Uno no retorna a Chambala fntegro, como tampoco se espera que l se mantenga de una sola pieza. Sucede que el libro no es un inventario: no hay aprehensin, pues la firmeza fsica e incluso afectiva de los lugares y los instrumentos, celebrados familiar-mente alguna vez, se pone en duda ante nosotros. Sucede entonces que lo nico patente es el desplazamiento, la travesa, pues hasta los elementos escni-cos o comnmente de utilera (velas/ camisas/ cuerdas/ mache-tes/pauelos) abandonan la pasividad de su funcin original y toman parte en la accin evocativa como recordatorios de ciertas fracciones temporales o impre-siones varias. ("Mis ojos reposa-ban dciles sobre la lea./ "todo tronco es bueno", me decas/ y yo te miraba sin saber a ciencia cierta si tu lo eras o no") O en ("y un triste reloj/ quieto/ cansado/ negndonos la vejez"). Intervi-enen en esta trama en la medida que Chambala, como materia del recuerdo, es indivisible: todo en l porta un nima, una contrasea, una pista que nos lleva a la siguiente escena.

    Al mismo tiempo, la naturaleza en el poemario de Moromisato muestra su carcter benfico, holgado en aso-ciaciones. Desde la perspectiva de la poesa oriental, en este caso la japonesa, la naturaleza resulta ser un factor esencial en la composicin potica y puede, adems de !ungir como smil o metfora, incorporarse en el texto

    para hacer referencia al momento de la escritura o al de la visin que es recreada: en ambos la informa-cin se traduce en la mencin (tcita o no) de las estaciones, que proveen una paleta de trminos derivados. Chambala afianza sus imgenes con esa suerte de correlato natural. ("Mi nica certeza es este riachuelo/ abrindose camino entre guijarros y hojarascas/ .. ./ Aguacero de enero, ntimo amigo/ roca mis lgrimas/ mi escaso y blanco cabello"). Imgenes que en Moro-misato, a pesar de la proximidad, pertenecen y son reclamadas por el pasado: con frecuencia cancelatorio, como en el caso de la muerte.

    Al final, un punto de contacto entre ambos modos, aunque minsculo (forzando la comparacin), se encuentra en la inquietante precisin o severidad que caracteriza a la poesa japonesa tradicional (de ah el haiku con la distribucin de sus diecisiete caracteres) y lo que calificamos de expresin educada, reservada y dosificada que exhibe Moromisato en su ltimo libro ... ("Y Chambala, cubierta de sauces y caabrava, se meca/ como una hamaca en el caliente sopor del verario").

    Ajos & Zafiros 207

  • Jos Pancorvo. Profeta el

    cielo. Lima: Alba Editores, 1997

    fh, Jos Gabriel Cabrera Alva

    Antigua la relacin entre poesa y misticismo. Relacin hecha de lazos que ms all de lo formal se dan en la invisibilidad del sentido. Sin duda, tanto el mstico como el poeta buscan en su propio balbuceo, inmersos en la oscuri-dad del lenguaje, lo indecible, para luego, en un instante (que no se puede calificar de otra manera que de sagrado) recibir una ilumina-cin y hacerse videntes de una realidad oculta para el hombre no iniciado. Y sin embargo, la poesa y el pensamiento contemporneos se pretenden divorciados de la bsqueda de lo santo. Edad postmetafsica, postcristiana, dira ms de uno, a pesar de lo cual el hombre busca, como siempre, un sentido que ilumine su vida.

    Es por esa va que transita Profeta el cielo, y a pesar de nutrirse de elementos y formas antiguas o quiz por Jo mismo, es, contra lo que podra pensarse, renovador: en la medida en que vuelve a ser nuevo un tema antiguo que, para~ djicamente, no cuenta con una real tradicin en la poesa peruana: la poesa de espritu mstico.

    En este poemario se siente la influencia de San Juan de la Cruz. Por ejemplo, en la seccin Cantar de la Eternidad (a nuestro modo

    208 Ajos & Zafiros

    de ver la ms lograda del libro) el yo potico dice: "Muero porque no muero en el sentido" (poema XXV), lo cual no slo es una cita, una apropiacin del" muero por que no muero" de Santa Teresa a travs de San Juan, sino una asimilacin de la intencin escritura! del Santo; al colocar luego de la cita, una palabra rica en contenido para ste: sentido. Dicho elemento sera para el mstico: "sentido espiritual", "capacidad del alma para lo divino", "receptculo de las grandezas de Dios", etctera.

    Quisieramos mencionar con relacin a esto, que sentido para San Juan se asocia tambin con "el ms profundo centro", elemento que en la poesa de Pancorvo es fundamental y se sugiere por sernas de unin y equilibrio presentes en los lexemas: 1 nete/, 1 inmvil /, 1 equilibra/, 1 unidad /, 1 esttica/, etctera. Adems de ser sealado de manera explcita cuando el poeta dice: "cuando soamos juntos las balanzas/ del sueo se equilibran hasta el centro" (Cantar de la Eternidad-poema 1).

    Dentro de este tpico del centro y de la unidad, Jos Pancorvo ha escrito: "Ciencia como unidad/ Unidad en fuego sobre ruedas evidentsimas" (Post Ierusalem-Gran Sabaoth sobre la tumba del caos). Cabe sealar con relacin a esto, que el Amor Divino, lo mstico en San Juan, no tiene implicaciones puramente espiri-tuales sino tambin intelectuales,

    pues lo entiende como una ciencia, es decir, como afirma Helmut Hatzfeld: "un eros intelectual que antecede el enamorarse del alma porque, sin l, el objeto de amor no podra reconocerse" (Helmut Hatzfeld. Estudios sobre mstica espaola, Madrid: Gredas, 1976, p. 377). Es a esta ciencia a la que se refiere el yo escritura! del poemario que nos ocupa, la que asocia con una unidad en fuego, vale decir una fusin mstica; fusin que reposa a ra sobre ruedas evidentsimas; a saber, el develarse, el desocultar-se del ser de lo ntimo que es en nosotros lo divino, evidenciado cuando se ha escalado dif-cilmente el camino virtuoso, y cuando uno se ha hecho vidente de la profundidad del Verbo.

    Hemos hablado de unin mstica,mencionemos somera-

    Jos Watanabe. Cosas del cuerpo, Lima: Editorial Caballo

    Rojo, 1999.

    h, Vctor Coral

    Refiere una antigua leyenda que cierta vez los mejores discpulos de Ko-Ning, el quinto patriarca de la China, entraron en conflicto para sucederlo. Entonces el viejo sabio los llam a un concurso de poesa, para determinar quin era el ms logrado seguidor de la doctrina de

    mente lo siguiente para concluir: los smbolos que ataen a la unin mstica (en Espaa al menos) tratando de mostrarnos lo que se siente al iniciarse el "beatfico arranque de amor", pueden aso-ciarse (en casos como el d9 Santa Teresa, Fray Luis y San Juan) con el serna 1 luz 1 ; y de hecho, la luminosidad/ claridad, o el destello 1 estallido son ejes fundamentales de Profeta el cielo, utilizndose lexemas como: 1 estalla/, 1 acla-rar/, 1 fuego/, 1 brillo, 1 relm-pago/, 1 relumbre/, entre otros.

    Luz, quiz sea ste el serna fundamental que determina la virtud ltima del presente poemario: restituir con luminosas palabras, en una poca de indi-gencia metafsica, lo divino (el Verbo) a nuestro horizonte cultural.

    Buda. As, muchos maestros presentaron sus versos, pero los del venerable Jin-Shu fueron los ms celebrados: "El cuerpo es como el rbol del conocimiento./ La mente es como un espejo brillante./ Ella debe ser cuidadosamente limpiada;/ Haga-mos que el polvo se mantenga alejado." Ko-Ning reconoci la enorme sabidura de estos versos, fundndose de esta ma-nera la llamada Secta del Norte.

    Pero se dio que Eh-No, un pobre ujier que trabajaba en pa-

    Ajos & Zafiros 209

  • 1

    lacio, haba escuchado el poema de Jin-Shu, y se atrevi a dar su impresin: "Son muy bellos versos -dijo-, pero no perfectamente buenos." Dicho esto escribi lo siguiente: "No haya nada parecido al rbol del conocimiento./ No existe cosa parecida a un espejo brillante./ Si nada tiene una real existencia/ De qu mantienes el polvo alejado?"

    Apenas termin de leer estos versos, el viejo patriarca nombr al pobre ujier, a quien nadie conoca, como su sucesor. As se fund la Secta del Sur, matriz y principal influencia del budismo zen japons.

    Pues bien, a la obra de Jos Watanabe (Laredo, 1946), podramos ubicarla sin probleM mas dentro de la primera vertiente del budismo Ch'an (la palabra "zen" no es otra cosa que la transM !iteracin fontica de este vocablo chino), aquella que, como se puede colegir del poema de su fundador, Jin-Shu, confa en la capacidad del lenguaje, la metfo-ra, la analoga, para expresar lo inefable, adems de asumir el control de la mente, la meditacin y la vida asctica como medios indispensables para lograr la liberacin.

    Y es que la poesa de Watanabe, aunque ha tenido una evolucin estilstica y lineal desde lbum de familia (1971), su primer libro -donde an se pueden rastrear leves rasgos estridentes de juventud-, hasta

    210 Ajos & Zafiros

    Cosas del cuerpo, jams ha abandonado esa implacable ra-cionalidad, muchas veces visceral, irnica, que tiene su ms alto exponente en El huso de la palabra (1989). Muchos de sus textos, monotemticos y elusivos, semejan enormes y excesivos haikus, aun cuando es posible saborear, en algunos de llos, cierta tristeza o resignacin an-dinas: "A los cincuenta aos/ ya sabes que ningn dios te va hablar claramente./ En el viejo ojo de agua/ esta vez tampoco hay imgenes definitivas./ Aqu abandona tu arrogante lucidez/ y bebe" ("En el ojo de agua", p. 53).

    Pero el poeta confa en las palabras, aparentemente, no porque tenga fe en su enorme potencia mimtica o creadora, sino ms bien porque no concibe nada que escape al entorno concreto y material de la vida hu-mana. Nada de trascendentalis-mos, nada de abstracciones voltiles, Watanabe nos ofrece en Cosas del cuerpo una radicaliza-cin extenuada del materialismo potico del que haca gala ya en Historia natural (1994), su libro anterior.

    Pero este racionalismo escptico y descarnado, este antiintelectualismo (tan intelec-tual), parece beber de fuentes ms modernas y occidentales: "Pronto se acabar esta noche con su estrella compasiva /en la ventana/ y tampoco hoy sabrs/ si el ojo que viaja por tus confines/ es el ojo de Dios que observa maravillado a

    cada rgano/ Haciendo incansa-blemente y todava lo suyo/ o si es el indiferente pero acucioso ojo de la nada." ("El ojo", p. 29).

    Poco se ha trabajado, por ejemplo, la influencia de Francis Ponge en la obra de Watanabe. Sobre todo la de ese libro fundamental titulado Le part pris des choses, donde el poeta francs aborda con un lenguaje asptico y afilado como un bistur la materialidad de ciertos ele-mentos concretos, tratando de encontrar una esencia no trascen-dente en ellos. El ltimo trabajo de Watanabe se inscribe definiti-vamente en esta direccin. Basta dar una ojeada a poemas como "El lenguado", "Mate burilado" o "La ranita", entre otros, para per-cibir la intencin de captar en el texto la naturaleza ltima -desde un sentido materialista-, pero cercana siempre al hombre,

    Reynaldo San la Cruz. El evangelio segn Santa Cruz. Lima:

    Arteidea Etlitores, 1998.

    J1'll Marcos Mondoedo

    Un tradicional argumento teolgico que da explicaciones de la imperfeccin humana adquiere, en torno al libro de Santa Cruz, una gran relevancia. Segn ese argu-mento, las leyes divinas que gobiernan a los hombres se diferencian de las que gobiernan al resto de las especies por la

    del elemento elegido,

    En un plano meramente estilstico, este cuarto libro de Watanabe parece plantear serias interrogantes al poeta. La mayor parte de los textos abusan de una retrica (porque ya se ha conver-tido en una lo que antes era limpieza y desembarazo ideolgi-co) que luce exhausta o trajinada.

    Pese a todo, Cosas del cuerpo es sin duda uno de los mejores poemarios de la dcada; de hecho, el mejor que haya dado su generacin, la de los 70, en los ltimos aos. Pero al trabajo le puede estar haciendo falta un respiro creativo de lenguaje, un poco ms de aventura, de riesgo, para que la llama potica no se ahogue con el excesivo com-bustible de tanto virtuosismo formal.

    accin con conocimiento de causa que slo el hombre posee. En el libro que ahora nos ocupa, dicho argumento adquiere una concre-cin radical. Incluso podra decirse que, en El Evangelio segn Santa Cruz, el libre albedro llega al extremo del deicidio que, sin em-bargo, no deja de ser una ejecu-cin religiosa.

    Este es el segundo libro de cuentos que Santa Cruz nos entrega. En el lapso transcurrido entre ste y La muerte de dios y otras muertes (1990), su primera coleccin de cuentos, ha publi-

    Ajos & Zafiros 211

  • cado El arte de escribir, intro-duccin a la narratologa (1998), un ensayo sobre tcnicas narrati-vas, y ha sido merecedor de varios reconocimientos nacionales e internacionales. Santa Cruz es uno de los narradores de esta dcada que ha evitado cuidadosa-mente el imperio del sujeto marginal en sus mundos repre-sentados. Esto nos lleva clara-mente a cuestionar la marginali-dad como rasgo unificador de la produccin ltima, pero tambin abre la posibilidad de observar un humanismo de corte tradicional en el libro de Santa Cruz.

    La importancia de la figura del hombre y de los actos de su voluntad puede observarse desde la cartula del libro. En ella sorprendemos a un joven en el acto de la lectura de un libro cuyo ttulo es el mismo que el lector real tiene en sus manos. Pronto com-prendemos que ese joven concentrado en la lente de la cmara y no en las pginas frente a l es el propio autor de El evangelio segn Santa Cruz. El acto de nuestra lectura parece entonces augurarse como una intromisin planificada y por lo tanto una pseudointromisin en el acto del autor de leerse a s mismo. La lectura es, entonces, la actividad con la que el autor se identifica y es la imagen que quiere proyectar haca nosotros. Pero no la nica. Tambin su identificacin se establece a partir de la escritura. Esto puede pare-cer algo evidente, pero aqu dicha identificacin adquiere el cariz de

    212 Ajos & Zafiros

    un elemento de coherencia gene-ral. El epgrafe tomado de Pablo Neruda nos da una pauta para entenderlo, en l, el poeta chileno se define sobre todo como sujeto de la escritura; en ese sentido, destruir el texto equivale a destruir al hombre.

    El autor implcito del libro de Santa Cruz tambin asume esa fusin como algo muy significa-tivo. El ttulo del mismo nos da cuenta de un intento de simbiosis entre algunos relatos de fuerte raigambre occidental y una perso-nalidad particular. Ms an, podemos decir que ese enunciado el ttulo? es una manifestacin de la voluntad de asimilar e incluso someter una tradicin que va ms all o ms ac de lo literario.

    Dicha tradicin es la cristiana: marco de nivel general para el libro. Pero la lectura adquiere la forma de una indagacin por lo particular; el lector devela la intimidad de un texto que es a la vez la del propio escritor. Esa es una de las estrategias narrativas ms importantes: la incitacin al voyerismo del lector. Este tipo de curiosidad es satisfecha desde el primer relato cuya trama bordea osadamente lo pornogrfico. Pero ms all de esto o quizs a travs de ello? lo que observamos es una cosmovisin religiosa trgicamente fragmentada.

    En este sentido, Santa Cruz asume altos relatos de la colectividad cristiana para ade-

    cuarlos al desencanto contempo-rneo. Tal adecuacin, por lo tanto, comporta una desmitificacin, a veces cruel, de tales relatos. Este es el caso de los mejores cuentos del libro "En el arenal", que se en-cuentra publicado en su libro de cuentos anterior, y "La elegida". En el primero, el deicidio supone una salida diferente a la tradicional y cristiana. Ya no es aqu el dios convertido en hombre la potencial salVacin sino el hombre sin divinidad quien se adjudica, truncando la otra posibilidad, su propia redencin. En "La elegida", se aade una posibilidad exclusi-vamente humana: la opcin a partir del gnero, posibilidad tam-bin paralizada pero latente.

    En estos cuentos, sin em-bargo, el mencionado intento de adecuacin no logra descom-po-ner una profunda voluntad pia-dosa. Existe, pues, un contenido religioso muy comprometido, pa-radjicamente, en esa minuciosa desacralizacin. Si aceptamos en la etimologa del vocablo religin una asociacin con el concepto de "religar", este procedimiento de actualizacin narrativa es, a su manera, evangelizador.

    Dicha ruptura deicida, religiosa, que neutraliza la inter-vencin divina en la transforma-cin de los acontecimientos hu-manos (antiguo recurso trgico y

    clsico), es evidente en "Va cru-cis", donde la dimensin humana del cuerpo fatigado, sudoroso y doliente trasciende hacia la del compromiso con la divinidad. Esta religiosidad humanista (quizs renacentista aunque a deshoras) sugiere tambin que el libre albe-dro de los hombres es el nico camino de su salvacin dada la incompetencia de los dioses para sobrevivir en el mundo moderno o posmoderno.

    Tcnicamente el discurso de El Evangelio ... no tiene mayores problemas. Tampoco mayores innovaciones. Los relatos se amparan varias veces en el final sorprendente. Reynaldo Santa Cruz hace, pues, un uso de las es-trategias cuentsticas tradi-cionales para un fin tradicional-mente humanstico: Ubicar al hombre al hombre moderno? en el centro de sus relatos mticos y explicativos de su devenir. Posiblemente se est demostran-do con este libro que el uso de las formas tradicionales, correcta-mente asimiladas, significa tam-bin vivificar los contenidos tradi-cionales que aquellas transmitan. Al parecer, los lazos que las unen son ms fuertes de lo que pudiera pensarse. Y siempre es grato, a despecho de las vanguardias, observar el renacimiento de la vieja, buena, tradicin literaria.

    Ajos &Zafiros213

  • Domingo de Ramos. Cenizas de Altamra. Lima: edicin del

    autor, 1999.

    h Vctor Coral

    Ha llegado a nuestras manos el quinto libro de poemas .de Domingo de Ramos, titulado Las cenizas de Altamira (Edicin del autor, 1999). El libro consta de diez textos de variada extensin e intensidad, que conforman un corpus cohesionado a partir de dos coordenadas: la ciudad y la relacin que establece un migrante andino (y culto) con esta, y la historia de Altamira, una isla que est en todas partes y en ninguna, contada a partir del dilogo con Don Diego, un personaje en quien muchos han reconocido con justicia al pOeta cubano Eliseo Diego, pero que tambin alude a cierto don Diego p_resente en algunos cronistas.

    Lo primero que sorprende de este libro, adems de la estupenda ilustracin a cargo de fotgrafos de prestigio ~entre los que destaca Jos Carlos Martinat-, es la preocupacin por el tema religioso que el autor ha desarrollado, y que era casi inexistente en sus anteriores trabajos: "Y Dios sabe que tiene tiempo para ensearme/ el reverso claro de la muerte/ Jos das de la semana con la eternidad/ el canto irrestaable de las esferas" (p. 10). Incluso en algn

    214 Ajos & Zafuos

    momento el narrador -pues se trata de una narracin en verso ms o menos en la lnea ctei Omeros de Walcott, un Walcott del cono sur, podramos decir-ensaya una alabanza que, de alguna forma, marca un giro cdpernicano en su poesa: "Y slo Dios se alzaba como un arco de rebelda Dios es la razn del ms alto organismo/ el cosmos bruido de la naturaleza el nmada de Jos nmadas" (p. 36).

    Este tipo de preocupa-ciones, por cierto, no convierten -como se ha discutido cndida-mente por ah- a nadie en un poeta mstico, ni mucho menos, aun cuando se hallen en sus textos dislates y faltas ortogrficas y de coordinacin, elementos que la estudiosa Luce Lpez-Baralt en su libro San Juan de la Cruz y el Islam, reconoce como seales de una poesa que brota directa-mente' de la experiencia trascen-dente (como en el "Cantar de Jos Cantares" bblico o en el "Cntico Espiritual" de San Juan de la Cruz).

    Ms all de estas precisiones, encontramos en Las cenizas de Altamira dos ele-mentos fundamentales para su compresin, desde el punto de vista en que los hemos abordado. Uno es la conciencia de ambi-gedad, reflejada en la dicotoma alto/bajo ("silencioso atacado indefinidamente hacia lo alto como hacia lo bajo", p. 89), y otro

    es la sensacin de margina-miento, de desarraigo, la perfera-cn del narrador, que se puede percibir con claridad en varios momentos: "Safados de la armo-na universal por una gris e incierta inmensidad" (p. 91 ); "No hay dnde dormirse sin esfuerzo no hay sitio ni rincn donde retratarte/ como un pedazo de m como una hortensia en el estaado lago/ que no es ms que tu cielo de una fbula inexpresable" (p. 78).

    En el plano estilstico, de Ramos parece tener logros indis-cutibles. Su adjetivacin rspida y agresiva, que con frecuencia opera por aglutin~cin, cumple su cometido de llegar al lector, hacerlo partcipe de los sentimi-entos expresados. El uso de la jerga callejera es acertado y dosificado, aunque hay anacro-

    Carlos Fuentes. Los aos con Laura Daz. Mxico: Alfaguara,

    1999.

    h Agustn Prado Alvarado

    Octavio Paz seal en el prlogo a Cuerpos y ofrendas (cuentos, 1972) que en la obra de Carlos Fuentes encontrarnos jeroglficos en los que la mujer es un elemento central. La aguda observacin del bardo mexicano se reafirma nuevamente y con infalible precisin en la reciente novela de

    nismos indeseables (por Dios, quin utiliza "angas" aho-ra?). Los neologismos son en su mayora novedosos: "visperoso"; "pbridas"; "oseadumbres". Lo ms importante: el dominio del texto corto se vislumbra en este poemario, la sutileza con que se cierra el libro as lo anuncia.

    Las cenizas de A/tamira, libro complejo, poliedro potico que ofrece muchas caras a la exegesis, expresa un deseo del autor de ampliar sus horizontes de comprensin, de mirar a lo alto, donde ve "un dios que nos mira siempre ausente", y la voluntad de descifrar el secreto de esa "nica identidad en un pas sin identidad". Enorme esfuerzo que nos deja vestigios, cenizas de buena poesa.

    Fuentes, Los aos con Laura Daz.

    En sus cuentos, novelas y ensayos el escritor mexicano ha explorado con gran maestra desde diversas tcnicas, posi-ciones y puntos de vista, la historia mexicana y latinoamericana. Pero .es la primera la que ha ocupado gran parte del cuerpo narrativo de sus textos. Por las pginas de sus libros se ha contado la historia del Mxico prehispnico, el de la conquista y la colonia y el Mxico contemporneo, teniendo en este ltimo escenario a la Revolucin Mexicana como la piedra de toque

    Ajos &Zafuos215

  • fundamental para explicar los anhelos, frustraciones y tambin los xitos y diferencias de Mxico con el resto de pases latinoameri~ canos.

    En su nueva novela Fuentes cuenta de manera paralela la historia de Laura Daz y la historia del Mxico del siglo XX, creando una estupenda simbiosis entre la protagonista y los acontecimientos nacionales y extranjeros que de manera oblicua o directa afectan su vida. La obra est ordenada en veintisis captulos, inicindose en fechas recientes en la ciudad de Detroit, 1999, y finalizando en Los ngeles el ao 2000, diseando una arquitectura temporal circular en la historia. La estrategia narrativa del novelista mexicano ha sido la de utilizar un narrador omnisciente (heterodiegtico), que permite tomar el timn de la narracin cuando alguno de los personajes enuncia sus puntos de vista. El orden del discurso es de alguna manera tambin tradi-cional, pues mantiene una lineali~ dad que muy /brevemente es interrumpida por rpidas analepsis en la historia (recuerdos o imge~ nes).

    La protagonista, nieta de em-igrantes alemanes nacida en Catemaco (Veracruz) inicia su historia personal marcada por los personajes femeninos de su familia materna (abuela, madre y tas). En todas ellas, Laura encontrar tanto un abanico de sensaciones como de derrotas personales, decepciones y tam~

    216 Ajos & Zafiros

    bin, en pequeas dosis, cierta esperanza y alegra que de alguna manera le sirve de aprendizaje a lo largo de su vida. En esta novela de educacin (tal como la define Bajtin) presenciaremos las diver~ sas facetas de Laura en sus roles de hija, esposa, amante y madre. En todos estos libretos Laura Daz intentar amalgamar los papeles tradicionales de la mujer y la bsqueda de cierta independencia en un pas marcado por el machismo.

    En la novela aparecern personajes de la historia mexicana que se enredarn con la protagonista, entre los que destacan Diego Rivera y Frida Kahlo. De alguna manera el reconocido muralista mexicano viene a representar la intencin de esta obra: la de aspirar a convertirse en un gran mural narrativo de la historia mexicana del siglo XX, pero un mural que tambin muestra acontecimientos mundiales liga~ dos a Mxico y a la vida particular de Laura Daz, como la Guerra Civil Espaola. Las redes intertextuales tambin forman parte del tejido de la novela. En esta ocasin la mencin de autores y obras de la literatura latinoamericana (Azuela, Villaurrutia, Vallejo, Neruda) se extiende a la propia obra de Fuentes, por la aparicin de Arte-mio Cruz, personaje central de La muerte de Artemio Cruz (1962), lo que permite al lector establecer cmo se complementan estas dos novelas (en sus similitudes y diferencias).

    T

    j . -00 .

    Finalmente, puedo sealar que esta es una de las novelas ms logradas de su autor, porque mantiene gran solidez en la construccin de personajes y en el desarrollo de la historia, que

    Bruno Mendizbal Delgado. Nocturno de San Felipe (Blues).

    Cambridge: Asaltoalcielo editores,

    1999.

    6, Carlos Espinal Bedregal

    En el poemario que nos ocupa, el primero de su autor, resalta el peculiar tratamiento del lenguaje y la construccin del espacio referencial. Con respecto a lo primero, llama la atencin la suficiencia con la que Mendizbal Delgado asume la tradicin potica local como la de occidente. Ecos de la buena poesa de los 70 y 80, as como de la poesa norteamericana, ms precisa~ mente de la producida por el estallido beat, Ginsberg y compa-a. Nocturno de San Felipe es un libro sobrio, solvente, ajeno a las estridencias o al recurso fcil de la retrica, tan propios de estos tiempos de acomodos, de prolife~ racin de poetas prefabricados, surgidos de las fondas del pe-riodismo cultural.

    Mendizbal Delgado constru-

    aparece como un gran mural con diversos matices. Por su extensin, Los aos con Laura Daz es un ladrillo fundamental en la narrativa hispanomexicana.

    ye su primer libro bajo la impronta que Baudelaire peda a todo texto que se reclamara moderno: la unidad, la idea de conjunto que de-ba ser propia de la obra artstica.

    Partiendo de la estructura, Noctur-no de San Felipe se nos antoja como un recorrido, en distancias terrestres e interiores.

    Es interesante ver cmo el poema que da inicio al libro "Loneliness point" sirve como un necesario prlogo a este recorrido. En estos primeros versos se deja constancia del tono, que como un ruido de fondo abarca en su totaa lidad a los textos posteriores, tono sostenido por el marcado redoble agridulce de la soledad, en la cual el yo potico busca configurar su origen y su destino a travs de la constante alusin a los amores reales o imaginarios. Miradas, re~ cuerdos o ausencias. Como en los poemas "Moongirl", "Pinball Que en", "The eterna! boys", entre otros.

    Es significativo tambin ob~ servar cmo en el poema inicial, la imagen del "hombre sentado que recuerda y ve pasar la vida,

    Ajos & Zafiros 217

  • sin atinar a nada". Nos entera del lugar que elige el yo potico al in-terior del texto para enunciar su discurso. Un discurso construido a partir de la observacin impeni-tente y feroz de la claseme-diera marginalidad de los sujetos a los cuales se busca retratar o repre-sentar en este libro. Esta materia es puesta a prueba por la existen-cia, como en una suerte de resistencia de materiales sobre la cual no se puede ejercer cambio alguno que pudiera modificar su curso. El yo potico es consciente de ello y acota: "observando lo que hubiera que observar y recordando lo dems". Ese observar y recordar van configurando un archivo en el que se anotarn recuerdos, vivencias, los que sern concien-zudamente sopesados por el tra-bajo potico -aquel arte de "fabricar objetos" de que nos habla el texto-, darn forma a ese crculo en el que el sujeto con su propio lenguaje dar cuenta del desasosiego que le produce la imposibilidad de oponerse, de conformar un sujeto estable frente a los cdigos aparentes e hipcri-tas del mundo en que habita.

    Nocturno de San Felipe es tambin una requisitoria contra una forma de existencia; maraa cultral que ejerce sobre sus miembros ms sensibles, ms libres, una forma de desapego, tra-ducida en la extraeza hacia ellos, utilizando calificativos como "raro", "peligroso" o "loco", que buscan silenciar sus voces homoge-nezan totalmente un espacio; en

    218 Ajos & Zafiros

    este caso el conjunto habitacional, y un tiempo determinado.

    Mendizbal Delgado ha optado, con un resultado feliz, por oponerse a esa conjura de silen-cio; ubicando al yo potico como eje de esta rebelin, ha dejado todo en esa lucha sin cuartel frente a San Felipe, el conjunto habita-cional surgido a fines de los 60 con la aspiracin de ser un espa-cio total, un mundo pleno al que le corresponden nuevos rituales colectivos de integracin, una for-ma peculiar de agruparse y de ser de sus habitantes. Tambin de dominar sus espacios: los par-queos, el muro, los jardines, los corredores. Lugares comunes que para los usuarios y para el yo potico de Mendizbal Delgado constituyen una nueva historia, una nueva forma de estructurar la realidad, de aprehenderla. San Felipe, la residencial, y en esto tenemos tal vez ejemplos ms consolidados en aos recientes, con el surgimi-ento de los shopping centers, busca confron-tarse con la ciudad, no sintin-dose parte de ella, siendo ella en tre comillas "La ciudad", para sus habitantes, lo que constituye una intensificacin dialctica de la autorreferencialidad de la cultura moderna, la que gira sobre s mis-ma y considera a su propia pro-duccin cultural como su conteni-do. Desde esa cartografa social nica, Mendizbal Delgado nos entrega su voz.

    Hidefuji Someda. El imperio de los incas.lmagen del

    Tahuantinsuyu creada por los cronistas. Lima: Fondo Editorial

    de la Pontificia Universidad Catlica del Per, 1999.

    ibJ Miguel Maguio Veneros

    La poblacin del Per visualiza el gobierno de los Incas como la poca ms prospera y feliz de nuestra historia. Sin duda la visin delinca Garcilaso ha jugado un papel preponderante en la conformacin de nuestro imagi-nario histrico. Pero a la par de la imagen idlica construida en la crnica del Inca se forjaron otras representaciones que niegan la idea de un gobierno pacfico y moderado de los antiguos habitantes de estas tierras. En el origen de estas representaciones se encuentran intereses e ideologas que discuten tanto el estatuto de la conquista como la forma de gobierno de los pobladores andinos, tal como lo sostiene Someda.

    Hidefuji Someda es un historiador japons interesado en el estudio y comprensin de un momento especialmente impor-tante para Latinoamrica: los primeros aos de la conquista y la colonia. As lo atestiguan sus traducciones al japons de obras tan relevantes de nuestra historia como la Instruccin al Lcencado Lope Garca de Castro de Titu Cusi Yupanqui, la Brevsima relacin de la destruccin de las Indias del padre Las Casas, entre otras;

    adems de una buena cantidad de libros y artculos publicados en uno y otro lado del Pacfico.'

    El libro que ahora reseamos posee un doble objetivo: observar cmo se construye la imagen del "Imperio de los 1 ncas" en las crnicas, y apreciar en qu medida la informacin que transmiten puede ser tomada como datos confiables por las investigaciones actuales. Para tal fin el autor divide su estu-dio en tres grandes secciones: la primera intenta describir cmo se forj la imagen idlica del "Imperio de los Incas"; la segunda muestra, y a contra parte de la primera, la difusin de una historia negativa de dicho imperio; finalmente, una tercera donde, y en contrapunto con las investigaciones actuales, se releen las crnicas para verifi-car la probanza de sus informa-ciones.

    La metodologa implementa-da por Someda para responder a los objetivos planteados .se caracteriza bsicamente por la contextualizacin de las ideologas que gobiernan la escritura de los textos; lo que supone implementar una rigurosa lectura de las crni-cas en relacin a la informacin que transmiten y, a su vez, leerlas como documentos sustentadores de un determinado orden.

    Los mritos de este estudio son sin duda varios. En primer lugar cabe resaltar la forma de abordar el corpus en cuestin. Estamos frente a un trabajo que asume explcitamente el vnculo

    Ajos &Zafuos219

  • capital que existe entre las crnicas y el discurso colonialista europeo, y ello no es poco si se advierte que este trabajo proviene de la .historia; adems de compul-sar sus hallazgos e interpreta-ciones con los de otros especialis-tas, situndose de esta forma en un nivel reflexivo y dilgico poco comn entre nuestros estudiosos. Sin embargo consideramos que en la lectura rear1zada por Someda funcionan criterios implcitos que no compartimos: la idea de poder determinar con claridad qu datos son productos de la imaginacin del cronista y cules han acaecido realmente resulta a todas luces un punto polmico, sino incidental; y ello por una razn muy sencilla: tanto para los estudios histricos como Jiterarios 1 la nocin de verdad se relaciona directamente con criterios culturales, lo cual esta a su vez emparentado con la ideologa que, explcita o implcita-mente, propugnan los textos.

    Otro aspecto relevante de este es1udio se relaciona con la labor de cotejo realizada por el investigador japons: la compara-cin realizada entre lo sustentado por algunas crnicas con otros documentos de la poca, para de esta forma cerciorarse de la legitimidad de la informacin transmitida, es sin dudas una muestra de seriedad de la investigacin y del alcance de sus afirmaciones.

    Pero al lado de Jos hallazgos que contiene esta obra tambin se puede verificar una cantidad de

    220 Ajos & Zafiros

    afirmaciones que no comparti-mos. Por ejemplo, y en relacin a la obra de Cieza de Len, se sostiene que "los Incas descritos en la primera parte de la crnica ( ... ) no son belicosos, sino ms bien benefactores" (p.194), si bien esta imagen no deja de ser cierta es incompleta. En la escritura del Prncipe de los Cronistas se ejerce una violencia simbllca sobre los pobladores andinos, y ello con 'la intencin de utilizarlos como garantes de la informacin que proporciona su crnica.

    Tampoco coincidimos con Someda en la idea de que Betanzos logra trasladar sin ningn conflicto a la escritura la informacin oral que le propor-ciona su mujer, Angelina Yupanqui, y los antiguos nobles incaicos del Cuzco. Tal como lo afirma Mazzotti (1993) en la Suma o narracin de los Incas de Betanzos se observa a nivel lingstico constantes interferencias que suspenden el relato de los informantes, interferencias que sirven para guiar y aclarar algunos puntos al destinatario de la obra.

    Lejos de estas y otras objeciones que se pueden realizar a las interpretaciones de Someda, es indudable que su investigacin constituye un importante aporte para el estudio y revisin de un momento crucial dentro de nuestro imaginario nacional.

    1 En este contexto se utiliza la palabra literatura en su acepcin ms amplia; aquella que liga discurso, oralidad y escritura.

    Lady Rojas Trempe. Alumbramiento verbal en los 90.

    Escritoras peruanas: signos y plticas. Lima: Arteidea editoi"es,

    1999.

    b, Milagros Munive Crdova

    La literatura escrita por mujeres se distingue por su diversidad de temas y estilos, no obstante, avanza hacia un mismo punto: un mundo que las identifi-ca, sin exceptuar lo heterogneo de las voces que la integran.

    Teniendo en cuenta esta premisa, Lady Rojas -catedrtica dela Concordia University- toma como punto de partida para su labor la seleccin de catorce escritoras peruanas que, desde distintos registros literarios (dra-maturgia, poesa, novela y cuento), buscan reestructurar el canon y codificar un mensaje diferente, acorde con su propia realidad.

    El presente trabajo de Lady Rojas (que promete un segundo volumen segn el auspicioso prlogo de la crtica literaria Susa-na Reisz) contiene, como acabamos de mencionar, crea-ciones de catorce escritoras, las que se organizan de acuerdo con las variadas modalidades litera-rias dispuestas a Jo largo del texto. Si bien son conocidos los casos de escritoras que entran cada vez con ms fuerza en el mbito de la

    narrativa, es sintomtico el exiguo nmero de dramaturgas que se mencionan y que, a decir por la propia autora, se debe al escaso material bibliogrfico sobre el teatro peruano actual escro por mujeres. Ante esta insuficiencia, la nica guionista antologada es la, conocida periodista Marcela Robles.

    Aunque nos resulte alentador y significativo el gesto de la autora al solidarizarse con escritoras desvalorizadas por la crtica litera-ria, nos llama la atencin los altiba-jos cualitativos de los textos se-leccionados. Cabe pensar que es-tos desniveles se deben al afn desmedido de la autora por "alum-brar" a aquellas escritoras olvida-das por la crtica literaria patriarcal o, tal vez, al escaso material de produccin de muchas de ellas.

    Desde otro ngulo, la autora conjuga acertadamente las piezas seleccionadas con sus respec-tivos anlisis desde diversos mbitos de la crtica literaria, y cierra el crculo con las entrevistas a cada una de ellas. Creemos que el acto de poner a hablar en una misma mesa: creacin y testimo-nio, invita al lector no slo al dilogo abierto sino a conocer ms de cerca a escritoras dispo-nibles y solcitas a cualquier pedido literario y que no se inmu-tan con el xito o el fracaso en el mercado editorial.

    De otro lado, la particularidad de la mayora de ellas es que

    Ajos & Zafiros 221

  • estn marcadas por los cambios sociales, polticos y econ-micos surgidos en el Per de la dcada del setenta, y que, en algunos casos, se ven reflejados en sus creaciones y actitudes frente a la vida. No nos hallamos frente a simples y pasivas espectadoras del quehacer literario y cultural, sino de activas partcipes de la vida pblica. Si indagamos en las escuetas notas biogrficas observamos que ms de una es catedrtica, labora en una ONG o forma parte de los grupos feministas Manuela Ramos y Flora Tristn.

    Esto ltimo se enfatiza en el caso de las escritoras Doris Moromisato y Rosina Valcrcel. La primera explora en el campo de la narrativa el sugestivo tema del sujeto homoertico adolescente en el marco de un pas en plena crisis poltica, econmica y social. Y en 81 caso de Resina, su actitud combativa y de compromiso social se evidencia ante el anlisis comparativo, propuesto por la

    Alonso Rab do Carmo. En un pursimo ramaje de vacos.

    Lima: Editorial El caballo rojo,

    2000.

    f6J Vctor Coral

    El tercer libro de Alonso Rab, En un pursimo ramaje de vacos, nos hall releyendo el Personae de

    222 Ajos & Zafiros

    misma Lady Rojas, con su colega y contempornea Esther Castae-da, quien de manera inversa opta por el juego formal y la evanes-cencia del sujeto lrico, preconi-zando las singulares posturas y signos que las diferencia de otras escritoras.

    Por experiencia vital sabemos que la pasin feminista cuando se desborda hunde antes que -ayuda. Las escritoras perua-nas ya han sido enarboladas, zarandeadas, sacudidas y hasta esg-rimidas, ya no necesitan de sonrisas condescendientes sino de un merecido respeto a sus valores'literarios, si los tienen. Es por esta razn que agradecemos las buenas intenciones de la autora, admiramos su osada y desinteresada seleccin, pero a la vez tememos que en ese impulso de hacer justicia termine por levantar un gueto del que esperamos ya no formar parte.

    Pound, lo que nos permite una lectura en clave -entre tantas posi-bles- que trataremos de desple-gar en esta resea.

    En primer trmino cabra dejar establecido que este volumen significa un peldao importante en ese ascenso del poeta desde una narratividad desembozada aunque

    atildada (Concierto en el subterrneo, 1992), pasando por un leve rito de iniciacin lrica (Quieto vaho en el espejo, 1994), hacia una retrica amorosa sugerente, por momentos difana, incluso cuando quiere apelar a la oscuridad.

    En un poema del libro citado de Ezra Pound, "Marvoil" -un homenaje al trouver Arnaut de Marvoil- encontramos estos ver-sos: "Oh, hueco en la pared! S mi trovador,/ y aunque suspires al viento mi tristeza,/ conserva en ti mi secreto/ como yo guardo su imagen en mi corazn".

    Cmo no ligar los versos del poeta de los Cantos Pisanos con estos de Rab do Carmo: "Oh, Alta Dama, aqu donde yacen tantos y hermosos muertos/ brillan para ti las mustias espinas que adornan mi/ corazn,/ aqu, en la indomable rompiente que no cesa". ("El encuentro", p. 27).

    Como sabemos, la temtica de la poesa de los trouveres de la antigua Occitania era bsicamente amorosa, se exaltaba a la mujer como un ser superior, dotado de belleza, sabidura y bondad. A diferencia de los trovadores de Espaa y Galicia, Jos trouverescasi no se permitan el escarnio y las bufoneras, y cuando su amor por la dama era rechazado, la tristeza

    y el desasosiego cubran de frutos cimos el poema. Rab no anda lejos cuando dice: "Que las apa-riencias no te engaen: estos versos nacen/ de un jardn oscuro y luz es lo que buscan./ Sed de azul poseen y entre vocales que se ahogan/ hay un dolor ms antiguo que los astros,/ un dolor que las palabras no conjuran." ("Y canto tal vez para nadie", p. 51).

    Por cierto sera injusto reducir En un pursimo ramaje de vacos a una reelaboracin del tpico clsico de la amada medieval. El espectro formal y de contenido de este breve poemario se extiende, desde aquel punto, hacia adelante y hacia atrs. Basta recorrer algunos versos de "Danza" (p. 31 ), "Poema" (p. 39) y "He de alcanzar" (p. 25) para reconocer al antiguo eje luz/oscuridad operando en modalidades novedosas. Por otro lado, la impronta del Pound ms econmico -desde el punto de vista del lenguaje, por supuesto-, aquel de "La aparicin de esos rostros entre la multitud:! ptalos de una rama negra y hmeda", se hace patente en un par de poemas de Mnimas, la segunda parte del libro: "Naciste bajo la desnuda torre del alba./ De ah tu voz frgil, ese fabuloso aullido de cristal." (Origen, p. 37); pero sobre todo: "El viento inesperado. Unas hojas cayendo, por ejemplo." La impronta

    Ajos & Zafiros 223

  • del haiku japons puede estar merodeando en estos versos tambin.

    El poeta Marco Martos ha sealado con maestra en su prlogo a En un pursimo ramaje de vacos, que la poesa de Rab "se nutre de la visin de Dante y de los poetas del dulce estilo nuevo ( ... )atraviesa el romanticismo y( ... ) gracias a Mallarm llega lozana a nosotros y libre". Slo agregar que el tpico nuevo en este libro, con respecto a sus libros anteriores, es el del silencio, preocupacin

    Lorenzo Helguero. El amo1' en los tiempos del cole. Lima:

    Colmillo blanco, 2000.

    ibJ Vctor Vich

    A veces, siempre, a veces, digo, es un decir, Jos poemas nuevos de un autor hay que leerlos en el conjunto de todos los otros que los han precedido. Un poema no es solamente un po-ema sino adems un fragmento, un resto de una totalidad mayor que previamente lo ha deter-minado y a la cual, como lectores, nunca vamos a tener un acceso completo y total. Esta es la primera imagen que se me vino a la cabeza despus de leer con vehemencia y satisfaccin El amor

    224 Ajos & Zafiros

    inicial, tal vez balbuceante, que apunta a consolidarse en prximos libros.

    El tema de la ciudad como emporio de impureza y monotona, en oposicin a "la floresta" y al pursimo ramaje de vacos, patente en el poema que abre el conjunto, acaso sugiera una vuelta de tuerca en la weltanschauung del poeta (comparar con el "urbanismo" del primer libro). Eso lo sabremos en el futuro. Por ahora, sorpresa y placer es lo que nos depara el tercer libro de Alonso.

    en los tiempos del cale, si no me equivoco, el quinto libro de Lorenzo Helguero.

    Dos son las problemticas -una sobre el amor, otra sobre la literatura- que.recorren su obra y que aqu se manejan a contra-punto en un gesto que nos obliga a pensarlas simultneamente y casi sin regodeos. La pregunta parece haber sido la siguiente: Cmo conciliar la escritura literaria y la realidad interna de los textos con la experiencia externa y vital del amor? Las palabras son slo palabras, un reflejo plido de la vida y desde nios se nos ha enseado diferenciar: una cosa es el amor, otra, muy distinta, es la literatura. La literatura es slo un aterrador conjunto de imgenes escasas, visiones fantasmticas,

    1 .: ;;

    prdidas de todo tipo. Por ah, sin embargo, en esos intersticios, entre la literatura y la vida, una pequea luz aparece y podemos intuir un primer intento de respuesta. Podemos concluir, por ejemplo, que la literatura es el espacio que suplanta al amor y al deseo; que fuera del amor slo existe la literatura, y que el discurso literario es la forma agnica y desgarrada que tene~ mas los hombres para satisfacer una necesidad que por otras vas nos ha sido negada.

    Aqu, sin embargo, quisiera realizar una brevsima aclaracin: por literatura no estoy entendiendo los textos consagrados por la tradicin occidental y, a veces, melosamente discutidos en las universidades y los departamen-tos de letras. Por literatura yo entiendo todo, menos esa ideolo-ga autonombrada cuyo objetivo consiste en consagrar, clasificar y jerarquizar algunos signos a los que ventrlocuamente propone como "superiores" y ms "eleva-dos." Al leer la poesa de Lorenzo Helguero cualquiera descubre exactamente lo contrario: descu-bre, sin complejos, que todo es importante y que el canon cultural es un invento absurdo y risible. Betty Mrmol, por ejemplo, la esposa de Pablo Mrmol, resulta ser aqu una imagen tan digna y trascendente como la Victoria de Samotracia o cualquier maja desnuda pintada por Francisco de Gaya u otro artista famoso. La Caperucita Roja parece encon-trarse al mismo nivel que las

    consagradas ninfas del clebre Garcilaso y, finalmente, el estrambtico mago Houdini parece esconder cosas tan impor-tantes como los famosos lamen-tos del barbado Segismundo.

    Entonces, para la potica de este libro, vale decir, para el significado de esta poesa del cual ni el autor ni yo tenemos absoluto control, el lenguaje ha dejado de ser una especfica forma de decir y se ha convertido en una contun-dente manera de hacer. En sus libros anteriores y en ste en especial, la literatura es una accin que duda de todo y que siempre pretende desbaratar nuestras concepciones clsicas. Los signos y las imgenes que este libro nos proporciona han vuelto a poner sobre el tapete, no ya la pregunta acerca de qu es y no es lo literario sino, justamente, la irrelevancia de tal jerarquiza-cin; vale decir, la inutilidad social de los discursos tautolgicos.

    Resuelta la pregunta sobre el canon, regresemos a aquella sobre el amor y el deseo. Haba dicho que, en su visin ms amplia o, si se quiere, descons-truida, la literatura funcionaba como un sustituto del amor, como el medio para transferir y deslizar todo el desgaste de la vida social hacia un conjunto de signos que desesperadamente desean ser permanentes.

    Ahora bien, no ocurrir exactamente lo contrario? no ser ms bien que la literatura,

    Ajos & Zafiros 225

  • lejos de ser el sustituto, es el agente original y anterior al amor y al deseo? No ser, en todo caso, que nos enamoramos porque hay algo por detrs que nos dice que tenemos que hacerlo y que en cierta medida nuestros sentimien-tos ya estn predeterminados? Quizs, como creen los crticos escpticos -Y a veces pienso que yo soy, tambin, uno de ellos- el amor sea simplemente un efecto del discurso, vale decir, algo que inventamos y nos inventa sin piedad. La pregunta queda abierta y cada uno debe intentar respon-derla a su manera. Lo que s, es que tanto como sobre el amor,

    226 Ajos & Zafiros

    este es un libro sobre la prdida y que en sus pginas nos encontra-mos ante una realidad invertida y desdoblada.

    En todo caso, en este vergonzoso comienzo de un nuevo milenio, y sobre todo en este impresionante libro, la literatura -la consagrada y especfica-, se deshace y se disemina en el horizonte. Por el contrario, la .poesa de amor, contina muy intensa y digo, es solamente un decir, tan apasionadamente urgente como pocas veces antes lo haba sido. O

    1

    1

    DATOS DE LOS AUTORES

    JOS GABRIEL CABRERA ALVA (Lima, 1971)

    Bachiller e.n Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 1999 public el poemario El libro de los lugares vacos y obtuvo el Segundo Premio Adobe de Poesa, con el conjunto de poemas Msica para una donna. Ha publicado poemas en diversas revistas y diarios del medio.

    VCTOR CORAL

    Estudia Literatura en la UNMSM. Obtuvo una mencin en el concurso El cuento de las mil palabras, de la revista Caretas, en 1996. Poemas y ensayos suyos han sido publicados en algunas de las mejores revistas literarias del medio: Revista de Crtica Literaria Latinoamericana, Frnix, Flecha en el azul, entre otras. Tiene en prensa su primer libro de poemas, Luz de Limbo. Ha publicado reseas sobre literatura y filosofa en el diario La Repblica.

    Actualmente colabora en El Dominical del diario El Comercio, con artculos y crticas literarias.

    CAMILO FERNNDEZ CZMAN

    Magister en Literatura Peruana e Hispanoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es actualmente profesor de la misma universidad y de la Universidad San Ignacio de Loyola. Obtuvo el Primer Premio en el Concurso pam jvenes investigadores "Ral Porras Barrenechea" en el gnero ensayo en 1998. Ha publicado los siguientes libros: Las nsulas extraas de Emilio Adolfo Westphalen ( 1990), Ritual del silencio (1995), Las huellas del aura. La potica de Jorge Eduardo Eielson (1996), Ral Porras Barrenechea y la Literatura Peruana (2000). Ha traducido Bestiario de Guillaume Apollinaire y Poemas de Paul luard, y ha publicado diversos artculos especializados en diversas revistas nacionales y extranjeras

    Ajos & Zafiros 227

  • CARLOS GARCA MIRANDA (Lima, 1968)

    Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha estudiado en la Maestra de Literatura Peruana e Hispanoamericana en la UNMSM. En 1992 obtuvo el Primer Premio en los Juegos Flor.ales de la UNMSM en el gnero narrativa. En 1996 public un libro de relatos Cuarto Desnudo. Ha publicado artculos y reseas en Dedo Crtico, Revista de Crtica Literaria Latinoamericana, Cuestin de Estado, Letras, Escritura y Pensa-miento. Actualmente ejerce la ;lo-cencia en la UNMSM.

    MIGUEL MAGUIO VENEROS

    Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha estudiado en la Maestra de Literatura Peruana e Hispanoamericana en la UNMSM. Obtuvo la Beca lntercampus para realizar estudios de Literatura en la Universidad de Alicante en 1998. Ha participado como po-nente en diversos seminarios y ha publicado artculos en la Revista de Crtica Literaria Latinoameriw cana, Q/isgen y Dedo Crtico.

    VCTOR MAZZI H.

    Docente de la Universidad Nacional de Educacin. Ha publi-cado Presentacin de Juan Yunpa (1994), Mito y racionalidad en el

    228 Ajos & Zafiros

    Manuscrito Quechua de Huarochiri (1995). Ha dirigido la revista K"oflana. Editor de le revista Extramuros y Haraui.

    CECILIA MOREANO

    Graduada en Literaturas Hisp~ nicas en la Pontificia Universidad Catlica del Per, donde ejerce la docencia. Ha editado, junto con Ricardo Silva-Santisteban, la obra narrativa y el teatro de Csar Valle-jo. Tambin ha colaborado en las revistas Lienzo, Lexis, Scientia con ensayos sobre literatura.

    MILAGROS MUNIVE

    Estudiante de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha editado algunos nmeros de la revista Magda/a.

    AGUSTN PRADO ALVARADO (Lima, 1973)

    Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Obtuvo la Beca lntercampus para realizar estu-dios de Literatura Hispano-americana en la Universidad Autnoma de Barcelona, en 1997. Ha publicado en las revistas La casa de cartn y Escritura y pensa-miento. Ha participado como ponente en el Congreso Nacional Homenaje a Jorge Luis Borges, 1996, y en el Seminario Antonio Cornejo Polar: Heterogeneidad y

    conflicto en las Literaturas del Per, 1998. Fue uno de los organi-zadores del Coloquio El Laberinto de Borges, octubre de 1999.

    JAIME RODRGUEZ

    Public la plaqueta Las Ciudades aparentes en 1997. Actualmente se desempea como colaborador de la revista Somos de El Comercio.

    MAlA ROJAS

    Estudiante de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado poe-mas en la revista Magda/a.

    RUBNSILVA

    Poeta y lingista. Ha publicado una traduccin de Bestiario de Apollinaire y tiene en prensa El encantador que se pudre, del mismo autor. Actualmente es editor de Literatura de la prestigiosa Editorial Norma. Un libro de poemas suyo permanece indito.

    CSAR SILVA-SANTISTEBAN

    Ha sido finalista de la X Bienal de Cuento Premio COP en 1998 y ha ocupado el Segundo Lugar del Premio El cuento de fas mil pala-bras, de la revista Caretas, en 2000. Ha colaborado en diversos diarios y revistas de la capital.

    ROCO SILVA SANTISTEBAN (Lima, 1963).

    Escritora y periodista. Es gra-duada en Derecho y Ciencias Pol-ticas, ha realizado una Maestra en Literatura Peruana y Latinoame-ricana y un diploma en Estudios de Gnero. Ha publicado cuatro libros de poesa Asuntos Circuns-tanciales (1984), Ese oficio no me gusta (1988), Mariposa Negra (1993), Condenado Amor (1995) y uno de relatos Me perturbas (1994). Actualmente es columnis-ta del diario El Comercio, profeso-ra de Literatura Griega en la Es-cuela de Filosofa Antonio Ruiz de Montoya y trabaja en Demus (Es-tudio de Defensa de los Derechos de la Mujer).

    FRIDA TRIST N ( Arequipa, 1972)

    Bachiller en Antropologa por la UNMSM. Ha realizado investi-gaciones sobre multiculturalidad y sobre cultura Chicana en los EE.UU. Actualmente culmina una ambiciosa novela pica en verso sobre la vida de los migrantes peruanos en Norteamrica.

    DANTE TRUJILLO RUIZ (Lima, 1973)

    Est culminando sus estudios de Literatura en San Marcos. Cursos superiores de Literatura en Casa

    Ajos & Zafiros 229

  • de las Amricas (La Habana, Cuba) en 1995. Ha publicado rela-tos en revistas cie Cuba, Espaa y Francia. Finalista de algunos con~ cursos. Actualmente trabaja como periodista en el rea de revistas de El Comercio y prepara una novela.

    ELlO VLEZ MARQUlNA (lima, 1979)

    En 1997 obtuvo la gran mencin en el concurso Binacional de Poesa Argentina~Per, convoca~ do, a modo de homenaje a Csar Vallejo, por la Sociedad Argentina de Escritores, secciona! Delta Bo~ naerense. En 1999 obtuvo men-cin honrosa en el Primer Premio Bienal de cuento y poesa convo-cado por la Facultad de Estudios Generales Letras de la Univer-sidad Catlica del Per. En la actualidad es alumno de la Facul-

    230 Ajos & Zafiros

    tad de Literatura de dicha univer-sidad.

    MARCELVELZQUEZCASTRO

    Bachiller en Derecho por la Pontificia Universidad Catlica y en Literatura por la UNMSM. Profesor de literatura de !a Univer-sidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha obtenido el Primer Pre-mio de los Juegos Florales Jos Mart el ao 1995, en el gnero en-sayo; el Primer Premio de lnvesti~ gacin Homenaje a la Generacin de/98, en 1998 y el Primer Premio de Investigacin "Mujer: deseos y posibilidades ante el nuevo mile-nio" en 1999. Ha participado como ponente en diversos congresos sobre literatura, historia y cine. Ha publicado artculos en Lexis, Bo-letn del instituto Rva-Agero, Alma Mater, La Casa de Cartn, Hydra, Favl/a y Debate. O

    1

    1

    1

    1

  • '-,!

    el segundo nmero de ajos& za~iro3 se termin de imprimir: el 25 de octubre del 2000, ao de las muertes de

    alberto escobar y csar calvo

    en taller visual

    jr. cailloma 451 o f. 206 lima

    el tiraje fue de 500 ejemplares

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Textdigitalizacin realizadapor Amrico Mendoza-Mori

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten TextRed Literaria Peruana, 2013

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text

    a.mendozamoriTypewritten Text