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Biografía de Albert Camus donde se relaciona su trayectoria escolar con la construcción de la subjetividad.

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  • 1. ALBERT CAMUS Una biografa para pensar la relacin entre escuela y construccin de la subjetividad

2. Albert Camus naci en Argelia el 7 de noviembre de 1913. Su padre haba sido uno de los muchos colonos que se embarcaron, engaados por el Gobierno francs, en busca de El Dorado. All conoci y se cas con una espaola procedente de Mahn, que haba emigrado a Argelia con su familia. Camus fue el segundo hijo de este matrimonio. Al ao siguiente del nacimiento del pequeo Albert, su padre fue movilizado y muri en la Primera Guerra Mundial como consecuencia de las heridas que le caus en la cabeza la esquirla de un obs. Su madre, mientras esperaba intilmente el regreso de su marido, se instal con los dos nios en Argel, en casa de su madre.Albert Camus pas desde los 8 meses hasta los 17 aos en aquella casa del barrio obrero de Belcourt, en la que conviva con su madre, su hermano, su to y su abuela Esta ltima gobernaba el hogar. El nio saba poco de su padre. De l slo subsista un recuerdo impalpable como las cenizas de un ala de mariposa quemada en el incendio de un bosque. 3. Albert Camus creci en el seno de una familia desnuda como la muerte, en donde no se lea ni escriba. Su abuela espaola haba dominado ms que nadie su infancia. Son numerosas en el libro las referencias a la pobreza, la invalidez, la estrechez elemental en que viva toda su familia. Sin quererlo -escribe-, se hacan dao unos a otros, simplemente porque eran, cada uno para el otro, los representantes de la indigencia menesterosa y cruel en que vivan. Es como si la cegadora luz blanca del sol argelino, el polvo gris y las montaas azules que rodeaban aquel barrio pobre, olvidado de la civilizacin, confiriesen un sentido de irrealidad a una familia instalada en una memoria en sombras. La memoria de los pobres est menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y tambin menos puntos de referencia en el tiempo, inmersos en una vida uniforme y gris. Tienen, claro est, la memoria del corazn, que es la ms segura, dicen, pero el corazn se gasta con la pena y el trabajo, olvida ms rpido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido slo lo recuperan los ricos. Para los pobres, el tiempo slo marca los vagos rastros del camino de la muerte. Y adems, para poder soportar, no hay que recordar demasiado, hay que estar pegado a los das, hora tras hora.... 4. La escuela no slo les ofreca una evasin de la vida de familia. En la clase del seor Germain por lo menos la escuela alimentaba en ellos un hambre ms esencial para el nio que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En las otras clases les enseaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un alimento ya preparado rogndoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del seor Germain, sentan por primera vez que existan y que eran objeto de la mas alta consideracin: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo. Camus era perfectamente consciente de que, tras su paso por la escuela, ya nada volvera a ser igual.El seor Germain lo haba echado al mundo, asumiendo slo la responsabilidad de desarraigarlo para que pudiera hacer descubrimientos todava mas importantes. 5. Pero el mtodo del seor Germain, que consista en no aflojar en materia de conducta y por el contrario en dar a su enseanza un tono vivo y divertido, triunfaba incluso sobre las moscas. Siempre saba sacar del armario, en el momento oportuno, los tesoros de la coleccin de minerales, el herbario, las mariposas y los insectos disecados, los mapas o... -en el manuscrito los puntos suspensivos nos dejan sin conocer el resto de las actividades escolares, que Camus no necesita ni tan siquiera consignar porque se mantienen frescas en la memoria- que despertaban el inters languideciente de sus alumnos. Era el nico en la escuela que haba conseguido una linterna mgica y dos veces por mes haca proyecciones sobre temas de historia natural o de geografa [...]. Los manuales eran siempre los que se empleaban en la metrpoli. Y aquellos nios que slo conocan el siroco, el polvo, los chaparrones prodigiosos y breves, la arena de las playas y el mar llameante bajo el sol, lean aplicadamente, marcando los puntos y las comas, unos relatos para ellos mticos en los que unos nios con gorro y bufanda de lana, calzados con zuecos, volvan a casa con un fro glacial arrastrando haces de lea por caminos cubiertos de nieve hasta que divisaban el tejado nevado de la casa, y el humo de la chimenea les haca saber que la sopa de guisantes se cocaen el fuego. 6. Para Albert esos relatos eran la encarnacin del exotismo. Soaba con ellos, llenaba sus ejercicios de redaccin con las descripciones de un mundo que no haba visto nunca, e interrogaba incesantemente a su abuela sobre una nevada que haba cado durante una hora, veinte aos atrs, en la regin de Argel. Para l esos relatos formaban parte de la poderosa poesa de la escuela, alimentada tambin por el olor del barniz de las reglas y los lapiceros, por el sabordelicioso de la correa de su cartera que mordisqueaba interminablemente, aplicndose con ahnco a sus deberes, por el olor amargo y spero de la tinta violeta, sobre todo cuando le tocaba el turno de llenar los tinteros con una enorme botella oscura en cuyo tapn se hunda un tubo acodado de vidrio [...]. [...] indudablemente lo que con tanta pasin amaban en la escuela era lo que no encontraban en casa, donde la pobreza y la ignorancia volvan la vida ms dura, ms desolada, ms encerrada en s misma; la miseria es una fortaleza sin puente levadizo. 7. La lectura en voz alta, durante la clase, de libros de aventuras que narraban acontecimientos ocurridos en tierras lejanas y desconocidas, estimulaba la imaginacin, ya que stos abran todava ms las puertas al exotismo. El cordial maestro republicano, distante y cercano a la vez, no se dedicaba solamente a ensearles lo que le pagaban para que enseara: los acoga con simplicidad en su vida personal, la viva con ellos contndoles su infancia y la historia de otros nios que haba conocido, les expona sus propios puntos de vista, no sus ideas, pues siendo, por ejemplo, anticlerical, como muchos de sus colegas, nunca deca en clase una sola palabra contra la religin ni contra nada de lo que poda ser objeto de una eleccin o de una conviccin [...]. 8. En esa casa, donde no se conocan diarios, ni, hasta que Albert los llevara, libros, ni radio tampoco, donde slo haba objetos de utilidad inmediata, donde slo se reciba a la familia y de la que rara vez se sala salvo para visitar a miembros de la misma familia ignorante, lo que Albert llevaba del Liceo era inasimilable, y el silencio creca entre l y los suyos.En el Liceo mismo no poda hablar de su familia, de cuya singularidad era consciente sin poder expresarla, aunque hubiera triunfado sobre el pudor invencible que le cerraba la boca en lo que se refera a ese tema. 9. Didier, un compaero del Liceo -hijo de un oficial a la vez catlico practicante y patriota, y de una madre de buena familia, elegante y aficionada a la msica-, representa bien a esa clase media ilustrada y bien educada orgullosa de su genealoga, y que haca del Liceo una segunda casa. Didier saba lo que era; la familia, a travs de sus generaciones, tena para l una existencia fuerte, y en igual medida el pas donde haba nacido a travs de su historia; l llamaba a Juana de Arco por su nombre de pila, y para l el bien y el mal estaban tan definidos como su presente y su futuro. En cambio, el pequeo Albert se senta de una especie diferente, sin pasado ni casa familiar, ni desvn atestado de cartas y de fotos. En su casa, no haba tampoco grandes estanteras atestadas de libros. Quizs el nico vestigio del pasado era la esquirla del obs que mat a su padre, que permaneca guardada, como una reliquia casi olvidada, en el armario, detrs de las toallas, en una cajita de bizcochos con las postales que su padre haba enviado desde el frente. El hijo de la familia, de la tradicin y de la religin ejerca en Albert la misma seduccin que los aventureros atezados que vuelven de los trpicos, guardando un secreto extrao e incomprensible. 10. As, durante aos la vida de Albert estuvo dividida desigualmente entre dos vidas que no era capaz de vincular entre s. Durante doce horas, al redoble del tambor, en una sociedad de nios y de maestros, entre los juegos y el estudio. Durante dos o tres horas de vida diurna, en la casa del viejo barrio, junto a su madre, con la que se encontraba de verdad en el sueo de los pobres. Aunque su vida pasada fuese en realidad ese barrio, su vida presente, y ms an su futuro, estaban en el Liceo. De modo que el barrio, en cierto modo, se confunda a la larga con la noche, con el dormir y con el sueo. [...] En todo caso, a nadie en el Liceo poda hablarle de su madre y de su familia. A nadie de su familia poda hablarle del Liceo. Ningn compaero, ningn profesor, durante todos los aos que lo separaban del Bachillerato, fue jams a su casa. Y en cuanto a su madre y a su abuela, nunca iban al Liceo, salvo una vez por ao, para la distribucin de premios. 11. El proceso de desclasamiento que iba operando el Liceo se llevaba a cabo en detrimento de su propia identidad familiar. Senta vergenza de sentir vergenza de su familia ante sus compaeros. Mientras que para los hijos de aquella burguesa colonial el xito escolar reforzaba su posicin en el interior de la familia en el caso de Albert, el xito acadmico marcaba mayores distancias con su mundo familiar de origen.Camus lo expresa muy bien cuando describe el acto ritual de entrega de los diplomas, que sistemticamente tena lugar antes de las vacaciones de verano. Ese da se abra la puerta principal del Liceo que daba a una majestuosa escalinata repleta de tiestos con flores, y acudan las familias con sus hijos para participar en el acto de la entrega de diplomas. El ritual se iniciaba cuando una banda militar tocaba los acordes de la Marsellesa, mientras avanzaban solemn