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20de Octubre Cuando vuelvo la vista atrás es pensando hacia adelante / Publicación mensual de FLACSO-Guatemala

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  • No. 20, Extraordinario Tercera poca Guatemala, 20 de octubre de 2010

    Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Sede Acadmica Guatemala, reconocida por el Decreto 96-87 del Congreso de la Repblica, ratificado por el Ejecutivo en el instrumento de adhesin de fecha 29 de diciembre de 1987.

    20 DE OCTUBRECuando vuelvo la vista atrs es pensando hacia adelante

    LUIS CARDOZA Y ARAGN

    Rina LazoRodolfo Galeotti Torres

  • 2 No. 20 EXTRAORDINARIO/ octubre 2010

    PReSeNtACIN

    Hugo Leonel de Len Prez*

    Hoy hace 66 aos, el empuje de una alianza cvico-militar pona fin al gobierno del ge-neral Federico Ponce Vaides, quien encarnaba el continuismo de la dic-tadura ubiquista de los 14 aos. Por segunda ocasin durante el siglo XX se habra para los guatemaltecos la oportunidad de construir una verda-dera democracia (la primera se frus-tr con la derrota del movimiento unionista y la salida del gobierno de Carlos Herrera, por el golpe de Es-tado reaccionario del 5 de diciembre de 1921, encabezado por varios mi-litares, entre los que sobresala el ge-neral Jos Mara Orellana, quien ms tarde se quedara con el poder).

    La Revolucin de Octubre, cuyo proceso se vera interrumpido en ju-nio de 1954 por otro golpe de Estado, apoyado por el gobierno de Estados Unidos, haba logrado en sus dos periodos de gobiernos democrticos grandes transformaciones y avances en los temas econmicos, sociales, polticos y culturales. Segn Sergio Guerra Vilaboy:

    Por el carcter de las fuerzas que la promovieron y por las tareas que cum-pli, la revolucin democrtica-bur-guesa puede dividirse en dos etapas. Durante la primera, que se extendi hasta 1951, predomin la lnea nacio-nal-reformista, impuesta por Arvalo y los sectores burgueses y pequeo-burgueses ms moderados, prueba de los cual fueron los cambios supraes-tructurales a eso se llam la revolu-cin legislativa () la segunda eta-pa (1951-1954), dirigida por Arbenz, el proceso se orient cediendo a los reclamos de las clases oprimidas ha-cia el nacionalismo revolucionario, adquiriendo un alto contenido antifeu-dal y antiimperialista.1

    En cuanto al tema de la cultura, la Revolucin de Octubre fue la luz en medio de una prolongada oscuridad que caracteriz al rgimen ubiquista, periodo durante el cual estuvo pro-hibida la libertad de pensamiento y expresin. Aquellos intelectuales que osaron retar al tirano lo pagaron con sus vidas o con el confinamiento en las tenebrosas crceles de la dic-tadura. Por ello, todo aquel potencial acumulado por escritores y artistas explot en mltiples formas y con-tenidos con el impulso de la poltica cultural de los gobiernos revolucio-narios.

    De acuerdo con Jaime Barrios Ca-rrillo:

    La Revolucin de Octubre2 signific, en todo caso, no slo un proceso in-

    dito de grandes transformaciones so-ciales e institucionales en el siglo XX (), sino tambin produjo cambios y progresos fundamentales en la vida cultural del pas Segn las memo-rias del secretario privado de Ubico, Samayoa Aguilar, ste odiaba es-pecialmente a los escritores, a los que consideraba como vagos y tambin objetos de la sospecha del exacerba-do anticomunismo que embargaba la personalidad autoritaria y finquera de un dictador3 auto elegido en sucesivos procesos fraudulentos como Presiden-te de Guatemala. 4

    En 1974, la recordada y excelente Revista Alero de la Universidad de San Carlos de Guatemala, dedic el No. 8 de su coleccin, correspon-diente a septiembre y octubre, una edicin especialmente dedicada a la Revolucin de Octubre, tres dca-das despus. En la presentacin sus directores (Roberto Daz Castillo y Carlos Centeno) afirman:

    Por discutible que pueda parecer el carcter revolucionario del proceso transformador iniciado entonces, cree-mos que, treinta aos despus, es im-postergable determinar cules fueron sus causas, cul la profundidad de sus realizaciones y la trascendencia de los cambios que trajo consigo.

    Convencidos como estamos de que slo el conocimiento del pasado y su reelaboracin ulterior puede conduci-mos a construir la sociedad del maa-na, nos afanamos en acopiar estos tes-timonios que recogen la experiencia de los ms sobresalientes protagonis-tas de aquellos hechos.

    A pesar del empeo que pusimos en esta empresa, no nos fue posible reunir aqu el pensamiento de todos los pol-ticos e intelectuales representativos de aquellas corrientes renovadoras. Des-aparecidos algunos -Jacobo Arbenz, Enrique Muoz Meany, Leonardo Castillo Flores, Vctor Manuel Gu-tirrez, Roberto Ossaye, Adalberto de Len Soto, Arturo Martnez- y otros ausentes del pas, su palabra quedar involuntariamente omitida.

    No quisimos aproximarnos, desde lue-go, a quienes carecieron de perseve-rancia en la lucha. A quienes no com-prendieron la dimensin de su destino y se quedaron atrs.

    Esperamos que este nmero de Alero sirva para poner en guardia a nuestra juventud contra esa tendencia que re-chaza sistemticamente las ensean-zas del pasado, so pretexto de que ta-les enseanzas son siempre caducas o reaccionarias.

    A esta juventud, surgida tan lejos de aquel 20 de octubre, deseamos decirle que nunca como entonces Guatemala tuvo ms libertad; que nunca como entonces el sufragio fue ms efectivo; que nunca como entonces la separa-cin de los poderes pblicos fue una realidad; que nunca como entonces se legisl con sentido popular; que nunca

    2 La Revolucin de Octubre, afirma Huber-to Alvarado Arellano, ha representado para la joven generacin la preocupacin por los problemas nacionales ms urgentes y entre ellos, por lo mismo, la situacin de la cultura en Guatemala. Se ha creado la sensibilidad de una juventud que conoce su posicin y que no rehye en ningn momento su responsabi-lidad y est dispuesta a mantener todo su es-

    * Licenciado en ciencias de la comunicacin por la Universidad de San Carlos de Guate-mala, coordinador editorial de flacso-Guate-mala.1 Sergio Guerra Vilaboy, Luchas sociales y partidos polticos en Guatemala, Premio ensayo 1983, Departamento de actividades culturales, Universidad de la Habana, Cuba, 1985, pg. 37.

    Consejo acadmico de flacso-guatemalaVirgilio lvarez Aragn- director/Oscar Lpez / Marcel Arvalo/Aura Cumes/Claudia Donis /Virgilio Reyes

    Simona V. Yagenova /Edgar F. Montfar/Luis Ral Salvad/Edmundo UrrutiaSecretario general de flacso

    Francisco Rojas AravenaSan Jos, Costa Rica

    fuerzo, y dar la batalla por el mantenimiento del actual ritmo democrtico, que es la garan-ta para la formacin de un proceso cultural creador y expresivo del alma de un pueblo. (Alvarado Huberto, Nuestra juventud, su posicin y responsabilidad, revista Saker-Ti, ao III, Nos, 9, 10, 11 y 12, enero-diciembre Guatemala, 1949, en Carlos Cceres, Presen-cia y Tiempo. Ed. Aurora, Mxico, 1987.3 Carlos Samayoa Chichilla, El dictador y yo, Guatemala, Imprenta Ibera, 1952, pg. 66 y ss.4 Jaime Barrios Carrillo, Alvarado Arellano, su tiempo y el nuestro, introduccin al libro Preocupaciones. Ensayos, Huberto Alva-rado, publicacin de la Editorial de Ciencias Sociales, en imprenta.

    Antonio Franco

  • 3No. 20, EXTRAORDINARIO/ octubre 2010

    nerales de lo que ocurre. Me visitan adolescentes o jvenes de muchos pases. Las nue-vas generacio-nes de Gua-temala son vctimas di-rectas de la catstrofe y de la barba-rie posterior. Algo s de sta porque nadie la igno-ra en el mun-do. Guatemala es famosa por sangrienta y analfabeta. Slo nuestros indios le dan proce-ridad. Algunos jvenes sudame-ricanos opinaron que la cada de Arbenz incumbe a la arqueologa. Los nuestros han vivido su infan-cia, adolescencia y juventud en indecible infier-no. Lo radical de su crtica al pasado inme-diato ser ms vlido si con-servan conducta conse-cuente.

    PROFESORES E INVESTIGADORES EMRITOSFLACSO-GUATEMALA

    Dr. Gabriel Aguilera - Lic. Edgar Balsells Conde - Dr. Santiago Bastos - Dr. Vctor Glvez Borrell - Lic. Mario Anbal Gonzlez - Dr. Jorge Solares

    como entonces Guatemala intent ser ms independiente.5

    Ms de treinta aos despus de publicado lo anterior, flacso-Guate-mala, en su afn de coadyuvar a la recuperacin de la memoria histrica y redescubrir a los autores del tal-vez ms importante acontecimiento poltico de nuestra nacin, dedica este dilogo extraordinario a resca-

    tar algunos textos aparecidos en la revista Alero antes mencionada; se ofrece a nuestros lectoras y lectores un pequeo ensayo de Luis Cardo-za y Aragn, veinte aos despus de la derrota, una poesa de Augus-to Monterroso, un pequeo relato de Ral Leiva sobre la importancia de la Revista de Guatemala y dos en-trevistas mnimas realizadas a dos sobresalientes artistas de la plstica, involucrados en el movimiento arts-tico revolucionario, el mexicano Ar-

    turo Garca Bustos y la guatemalteca Rina Lazo, de vuelta en nuestro pas despus de varias dcadas de ausen-cia, con varias de sus obras expues-tas en la polmica exposicin Oh Revolucin! 1944/2010, abierta al pblico en el Palacio Nacional de la Cultura.

    El nmero de la revista Alero que nos ocupa incluy en sus pginas, adems de los ya mencionados, a Augusto Monterroso, Carlos Illes-

    cas, Otto Ral Gonzlez, Roberto Daz Castillo, Manuel Galich, Al-fonso Bauer Paz, Huberto Alvarado, Mario Monteforte Toledo, Alfonso Solrzano, Julio Gmez Padilla, Guillermo Toriello Garrido, Jos Al-beto Cardoza, Francisco Villagrn de Len, Francisco Villagrn Kramer, Jos Luis Balcrcel, Juan Antonio Franco y Roberto Cabrera. Sin duda, una edicin de lujo aunque con mu-chas ausencias femeninas.

    Hace diez aos publiqu un trabajo acerca de los dos primeros lustros del desas-tre. Este folleto es casi incunable: sobretiro de un ensayo en Cuadernos Americanos. Ahora el estudio pienso que se organiz metdicamente, no como mi emprico resumen en 1964.

    Dejar los adjetivos y concentrarse en los hechos, en la cabal revelacin de la realidad. Esta habla muy clara, persuasiva e irrebatiblem