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  • EL COLEGIO DE MX I CO

    Boletn 106 Editorial N O V I E MBRE - DI C I E MBR E DE 2 00 3

    Recuerdos de Alfonso Reyes La lengua espaola y el producto interno bruto

    378.7205 M611bo 2003 No.106

    Ma ra Z am brano Luis Fernando Lara

    :omienza en otra parte Roger Muni er

    >rica de las ilusiones Elizabetta Corsi

    Voces de la razn muda Jos Francisco Ruiz Casanova

    Cultura popular y grabado en Japn Amauri Alejandro Gard a Rodrguez

  • PUBLICACIONES DE EL COLEGIO DE MXICO

    NOVEDAD

    [& EL COLEGIO DE MXICO

    El Colegio de Mxico, A. C., Direccin de Publicaci one s, Camino al Ajusco 20, Pedregal de Santa Teresa, !0740 Mxico, D. F. Para mayores informes: 5449 3000, exts. 3090, 3 138 y 3295, Fax: 5449 3083 o Correo electrnico: publi @colmex .mx

    Descubra Mxico en un recorrido por lo ms

    sobresaliente de sus manifestaciones artsticas

    y culturales . La revista Voices of Mexico editada

    totalmente en ingls, incluye ensayos , crnicas,

    reportajes y entrevistas sobre economa ,

    poltica, eco loga y relaciones internacionales .

    VOICES o/ Mexico

    S USCRIPCIONES

    Canad 203, Col. San Lucas , 04030 Mex 1co, D.F. Telfonos y fax: 5336-3601 , 5336-3558 , 5336-3595,

    5336 -3596 and 5336-3449

    e-ma il : voicesmx@servidor .unarn .mx

  • RECIBIDO 1 O NAR 20D4

    Recuerdos de Alfonso Reyes 1 Maria Zambra no 1 3

    La lengua espaola y el prqdu cto interno bruto 1 Luis Femando Lara 1 5

    Todo comi enza en otra parte Roger Munier

    1 Traduccin de Ma rtha Elena Venier 1 7

    El Cebra Alexandr e Ja rdn

    1 Traduccin de M aria Fernanda Ortega 1 1 O

    Voces de la razn muda 1 Jos Franc isco Ruiz Casanova 112

    La fbr ica de las ilu siones 1 Elizabe tta Corsi 1 21

    Cultu ra popul ar y grabado en Japn 1 A mauri Alejandro Garca Rodriguez 1 27

    Pintura de portada y de pginas 1-19: Martha Elena Venier

    EL COLEGIO DE MXICO, A. C., Camino al Ajusco 20, Pedregal de Santa Toresa , 10740 Mxico, D. F., Tolfono 5449 3000, ext. 3077, fax 5645 0464

    Presidente ANDR.5 L IRA GONZLEZ I Secretario general DAV ID PAN'IDJA MORN I Coordinador general acadmico JEAN -F RANc;:o1s P RUD'HOMME 1 Secretario acadmico AL BEKID PALMA I Secretario admin istrativo HUMBEKID DARoN I Director de Publicaciones FRANc 1sco GMEZ Rrnz 1 Coordinador de Produccin Jo st MARlA EsPINASA I Coordinadora de Promocin y ventas MARlA CRUZ MO RA ARJONA

    BOLETN EDITDRIAL, NM. 106, NOVIEMBRE-DICIEMBRE DE 2003 1 Diseo IRMA E UGENIA AL VA VALENCIA I Diagramacin y formacin EZEQ UIEL DE LA ROSA M osco I Correccin GRACIA F RANCS SNCHEzl Impresin Reproducciones y Materiales, S. A. de C. V.

    !SSN 0186-3924 Certificados de licitu d , nm . 11152 y de con tenido, nm. 7781, expedidos por la Comisin Calificadora de Publicac iones y Revistas Ilustradas el 15 de mayo de 2000; nm. de reserva 04-1999-112513491900-102.

  • 2

    Publicamos en esta entrega del Boletn editorial de El Colegio de Mxico unos "recuerdos de Al-fonso Reyes" debidos a la pluma de Mara Zam-

    brano, la filsofa transterrada, gracias a que el profesor James Valender nos los hizo llegar. Originalmente apa-reci, como parte de una serie de notas, en la revista puertorriquea Semana entre 1963-1965 y las rescat recientemente Mercedes Gmez Blesa en la revista es-paola Con dados de niebla. Por lo sugerente del texto sobre el director fundador de El Colegio de Mxico y por la proximidad del centenario de la filsofa, en su tiempo tambin profesora de esta institucin, nos pa-rece pertinente recogerlo en estas pginas. A ello se su-man las reflexiones de Luis Fernando Lara sobre el espaol como capital cultural (y no slo cultural)y las del poeta francs Roger Munier sobre la poesa y su sentido (a propsito de Roberto Juarroz, a quien ha traducido al francs). Un fragmento de la novela El ce-bra de Alexandre Jardn, una reflexin sobre el trabajo de traduccin de dos exiliados -Agust Bartra y Juan Ortega Costa y un par de captulos, de La fbrica de las ilusiones y Cultura popular y grabado en Japn, de los libro s de idnticos ttulo s de prxima aparicin en El Colegio de Mxico, compl etan nuestra entrega , acompaados de dibujos y acuarelas de Marta Elena Venier.

    BOLET ( N EDITORIA L noviembre-diciembre, 2003

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  • MARA ZAMBRANO

    Recuerdo de Alfonso Reyes

    La desaparic in de Alfonso Reyes me dej en la

    impo sibilidad de examinar su obra y de recordar

    o repasar su historia, de las que se ha ido desp ren-

    diendo esa aura luminosa en la que haba entrado su figu-

    ra desde hace ya tanto tiemp o, en ese espacio claro que le

    haca tan visible dentro del cual se dira que desapareci su

    vida para dejarnos su ser. Pues que la muert e hace eso con

    las personas ms que madur as, cum plidas: sustrarnoslas

    del trato cot idiano, de la conv ivencia inmediata para de-

    jrnoslas lejos y cerca, al par en su soledad ltim a que es

    tambin su casi perfecta visibilidad.

    Y al ser as, la obra y la personal historia se funden, y por el momento parecen anu larse ante el ser de la persona, ya

    a salvo de toda contin gencia, por encima de su propio ha-

    cer y crear. Como si toda su vida -acci n y pasin- hubi e-

    ra sido solame nte eso, lo que se le ent rega a cambio de ser,

    de ser en verdad. Ha valido la pena, dice ese alguien que

    sabe desde dentro del coraz n. Ha valido la pena que es

    como dec ir: ha merecido, la vida, ese difcil don.

    Mas en el caso de Alfonso Reyes, este suceso vena envol-

    vindo lo desde hace tiempo . Este suceso que es un modo de

    estar en la vida, en el espacio, en el tiempo , en la ocupac in

    y en la preocupa cin. Cuando de perso na lo conoc en M-

    xico en los primero s das de mi exilio, o sea, hace bastante

    ms de 20 aos, me produjo esa impr esin en modo tan su-

    til, tan suyo, que slo lentame nte se me fue descifrando; me-

    reca la vida don Alfonso, y ya cuando le encontr en La

    Habana aos despus saba yo que era de esos elegidos, que

    viven de cara y desde el fondo; de cara a la realidad y desde

    el fondo de s mismo . Desde el fondo de s mismo viva don

    Alfonso, mas sin hundir se en l, sin rodar por abismt icas

    profund idades, sino ms generosamente y con mayor hom-

    bra - hombr a de bien- mant enindose en su centro, que es

    lo ms dificil. Nunca se lo dije y s que le hubiera gustado,

    que se hubi era un poco reconocido en ella; hubi era querid o

    decrselo, ms no encon tr la forma adecuada a aquella su

    elegancia, a su sutileza y en esa especial distancia, especie de noli me tangere que entre las personas que viven como lo que son, se establece.

    Me dijo un da, acerc:ndoseme en silencio y sin romperlo

    apenas, una tarde mientra s desde un altozano con templ -

    bamo s, un pequeo grupo, el lago de Ptzcuaro: "Mara,

    donde quiera que exista hoy una persona est llorando''.

    Quizs l me sinti ir abismndome en mi dolor de aquella

    hora y quiso as detenerme, volvindom e al centro, al cen-tro de la persona humana a qui en todos los males del

    mundo afectan por igual; a quien no importa en qu si-

    tuacin y caso, el mundo hace llorar silenciosame nte. Y

    me lo dijo sonri endo. Y eso, el que me lo dijera as con sua-

    ve y un tanto irnica sonri sa, fue lo que ms sac de mi en-

    simismamiento peligroso. Porqu e me deca ms de lo que

    me deca; me deca que llora ndo cuando se es persona ca-

    bal, hay que sonrer, sonre r sin dejar por eso de llora r. Era

    yo muy joven entonces para eso, pero creo que me sirvi

    un tanti co, pues nunca lo he olvidado.

    Y despu s, en ocasin de la salida a la luz de uno de mis libros en Mxico, creo que "Filosofa y Poesa': me dijo: "A

    m, el indio que llevo dentro no me deja hacer filosofia''. Y

    eso s que me sacudi todava ms y an me produjo un so-

    bresalto. Y como todo lo que sobresalta, me sum i despus

    en meditacin. Qu quera decir, don Alfonso, con ello? De

    todas las cosas que se me han dicho acerca de mi vocacin

    filosfica, es una de las que mayor impresin me han hecho,

    de las que mayor inquietud me han causado . Pues el modo

    como fue dicho, era lo bastante socrtico como para hacer

    sospechar que "ese ind io" fuese un "Da imon" un tanto em-

    noviembre-diciembre, 2003 E L CO L EG I O DE M XI CO 3

  • parentado con el viejo Scrates. No sera que no le permi-tan dejar de ser un sabio, para ser un filsofo, cambiar una

    antigua sabidura vieja como el mundo, y una potica acti-

    tud como de quien madruga a ver el alba todos los das?, no

    seran un viejo sabio y un nio maravilla quienes le aparta-

    ban de la siempre joven Filosofia?

    Y tambin que "ese indio" viviera en compaa y herman-

    dad con un espaol burln y caritativo, como los debi ha-

    ber en los siglos xvr y XV!l que daba por sabida la filosofa y por insabida la vida; uno de sos que saben que lo ms dif-

    cil es vivir, vivir como lo que se es y no se puede renunciar a

    ser, un hombre entre los hombres y que teme que el afn es-

    peculativo se alimente del inmediato y continuo sentir -an-

    te la propia vida y ante la vida del otro, que no es "otro': sino

    el prjimo, el hermano. Todo esto y ms an pens y he ido pensando sin acabar de pensar todava. Descubra yo enton-

    ces y no he acabado de descubrir ese enigma de que el espa-

    ol, tan hundido en metafsica, tan quemado en ella, no la

    haya hecho en forma declarada, sino rara vez