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  • El Hombre que Calculaba Malba Tahan

    Colaboración de Guillermo Mejía Preparado por Patricio Barros Antonio Bravo

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    Biografía de Malba Tahan

    El Brasilero Que Hizo Divertida El Álgebra

    Andréa Estevão

    Su nombre era Júlio César de Mello Souza más conocido como Malba Tahan. Escribió más de

    50 libros bajo este seudónimo –incorporado más tarde a su tarjeta de identidad-. Empleó

    historias orientales para enseñar matemáticas. Su libro más famoso, publicado por primera

    vez en 1938, estuvo recientemente en la lista de los libros más vendidos.

    Desde la primera mitad del siglo XX, varias generaciones de brasileros se introdujeron en la

    cultura Árabe gracias a la influencia del más Árabe de los Cariocas (nativos de la ciudad de

    Río de Janeiro), el profesor de matemáticas Júlio César de Mello e Souza, más conocido

    como Malba Tahan.

  • El Hombre que Calculaba Malba Tahan

    Colaboración de Guillermo Mejía Preparado por Patricio Barros Antonio Bravo

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    Su libro mas famoso, “O Homem que Calculava” (El Hombre Que Calculaba), trajo aventuras

    en escenarios Árabes típicos junto con atractivas soluciones de problemas de álgebra y

    aritmética, ha llegado ya a su edición número 63 de la casa de publicaciones Record de

    Brasil.

    El libro ha alcanzado la hazaña de aparecer todavía en el quinto lugar en las listas de libros

    para chicos más vendidos publicada en el periódico O Globo, en Mayo del año 2004.

    En total, Júlio César ó Malba Tahan escribió 103 libros, incluyendo textos de ciencia ficción,

    obras escolares y libros científicos, y ha vendido más de 2.6 millones de copias.

    El matemático Júlio César de Mello e Souza se enamoró de la cultura árabe siendo niño, al

    leer “Las Mil Y Una Noches”. Sin embargo, fue en 1919, a los 23 años de edad, que él se

    introdujo en el estudio del lenguaje y la cultura Árabes.

    Entre 1919 y 1925, se dedicó por cuenta propia a leer el Talmud y el Corán, y a aprender

    historia y geografía de los países Árabes.

    Tal empresa se hizo evidente en al forma en que él desarrolló sus personajes, la sensibilidad

    con la que tejió sus diálogos llenos de poesía y sabiduría; en la verosimilitud de los

    escenarios descritos.

  • El Hombre que Calculaba Malba Tahan

    Colaboración de Guillermo Mejía Preparado por Patricio Barros Antonio Bravo

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    Niños y adultos parecen involucrarse completamente en la forma en que el autor les

    describe las salas suntuosas, o la seducción de una tienda llena de turbantes, joyas o

    exquisitos tejidos.

    Un gran contador de historias, nacido en el Cairo o en Constantinopla en otra época, Júlio

    César ha sido considerado un auténtico cheik el-medah.

    En la presentación de la traducción de “Las Mil Y una Noches”, publicada por la casa Ediouro,

    manifiesta:

    "La leyenda es la más delicada expresión de literatura popular. El hombre, en la atractiva

    ruta de cuentos e historias, intenta escapara a la vulgaridad diaria, embelleciendo la vida

    con una soñada espiritualidad."

    En una declaración grabada en el Museo de Imagen y Sonido de Río de Janeiro, el profesor

    Mello e Souza afirma que el opta por escribir fábulas y leyendas como un Árabe cuando

    ninguna persona ha superado a los Árabes en el arte de contar historias y en la pasión por

    escucharlas.

    Su Debut en el Periódico

    Malba Tahan fue presentado al público en Río de Janeiro en 1925, e el periódico A Noite,

    donde escribió una biografía ficticia traducida supuestamente por un traductor ficticio, Breno

    Alencar Bianco.

    Tanto el escritor como el traductor eran fruto de la prodigiosa creatividad de Júlio César,

    quien le dio vida y producción literaria en una columna titulada "Los Relatos de Malba

    Tahan".

    El personaje ficticio Ali Lezid Izz Eduim Salim Hark Malba Tahan nació en 1885, en la ciudad

    de Muzalit, cerca de la Meca, llegando a ser, en su juventud, alcalde de El Medina.

    Rico, habiendo heredado la fortuna de su padre, Tahan viajó a varios países incluyendo a

    Rusia, India, y Japón. En la “biografía”, también se dice que Tahan murió en 1921, en la

    lucha por la liberación de una tribu en Arabia Central.

    Casi todos los 50 libros escritos bajo su seudónimo de Malba Tahan incluyen sheiks,

    Beduinos, y califas, y ellos se sitúan en el desierto, en hostales, y palacios en Damasco,

    Bagdad, o en pueblos Persas.

    Sus libros narran apasionantes aventuras, llenas de magia –muchas de ellas inspiradas en

    leyendas y cuentos Árabes- y muchas referencias términos y expresiones típicas, tales

    como: Allahu Abkar! (¡Allah es el Más Grande!) y en las enseñanzas tradicionales de la

    cultura Árabe.

    Casi resulta incorrecto afirmar que Malba Tahan es el seudónimo usado por Júlio César de

    Mello e Souza.

  • El Hombre que Calculaba Malba Tahan

    Colaboración de Guillermo Mejía Preparado por Patricio Barros Antonio Bravo

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    En primer lugar, debido a que Júlio César se llamaba a sí mismo Malba Tahan, como lo hizo

    con sus en el Colegio Pedro II y en el Instituto Para La Educación, e incluso escribía su

    nombre en caracteres Árabes, mostrando que él había leído las notas de sus estudiantes.

    En segundo lugar, debido a que la popularidad del nombre fue tan grande que el presidente

    de Brasil de ese entonces, Getúlio Vargas, autorizó a Júlio César a poner el nombre en su

    tarjeta de identidad.

    En tercer lugar, debido a que sus publicaciones literarias y sus ideas referentes a la

    educación y a la ciencia en general, y específicamente a las matemáticas, se refieren

    internacionalmente a Malba Tahan.

    Todo lo que tienes que hacer es buscar en Internet para que veas la importancia dada a

    Malba Tahan y a su éxito en ventas "El Hombre Que Calculaba", mencionado en varios sitios

    en varios lenguajes, incluyendo el griego, el alemán y el holandés.

    Admirado Por Autores Famosos

    El Hombre Que Calculaba, fue publicado por primera vez en 1938, ha sido traducido a más

    de 12 idiomas, incluyendo el Inglés, tanto el Americano como el Británico, el Español, el

    Italiano, El Francés, y el Catalán.

    Ha recibido premios por la Academia Brasilera de Letras y se ha Ganado la admiración de

    autores imaginativos y populares incluyendo al Brasilero Monteiro Lobato (muy famoso por

    los libros infantiles) y al Argentino Jorge Luís Borges –el más reciente enamorado de los

    cuentos Árabes.

  • El Hombre que Calculaba Malba Tahan

    Colaboración de Guillermo Mejía Preparado por Patricio Barros Antonio Bravo

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    El libro cuenta las aventuras de Beremiz Samir, un hombre con una gran habilidad para los

    cálculos. Beremiz resolvía problemas y situaciones complicadas de todos los estilos con gran

    talento, simplicidad, y precisión, de cualquier índole con el uso de las matemáticas.

    Júlio César nació el 6 de Mayo de 1895, en la ciudad de Río de Janeiro, y murió en es estado

    Nordeste de Pernambuco el 18 de Junio de 1974, donde él dio una de sus muchas charlas

    bastante solicitadas.

    El dejó un importante registro de su vida y su trabajo: el libro de sus memorias titulado

    Acordaram-me de Madrugada (“Me Levantaron De Madrugada”), y su exposición grabada en

    el Museo de la Imagen y el Sonido (MIS), en Río de Janeiro.

    Antes de morir, pidió ser enterrado sin mucha ceremonia, flores, o coronas, como una

    persona común del Medio Oriente. Para justificar así su deseo de no llevar luto en su honor,

    citó los versos del famoso compositor Brasilero Noel Rosa:

    "Los vestidos negros son vanidad

    Para quienes visten de fantasía

    mi luto es la pena

    y la pena no tiene color."

    Septiembre de 2004

  • El Hombre que Calculaba Malba Tahan

    Colaboración de Guillermo Mejía Preparado por Patricio Barros Antonio Bravo

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    CAPÍTULO I

    En el cual encuentro, durante una excursión, un viajero singular. Qué

    hacía el viajero y cuáles eran las palabras que pronunciaba.

    ierta vez volvía, al paso lento de mi camello, por el camino de Bagdad,

    de una excursión a la famosa ciudad de Samarra, en las márgenes del

    Tigris, cuando vi, sentado en una piedra, a un viajero modestamente

    vestido, que parecía reposar de las fatigas de algún viaje.

    - Disponíame a dirigir al desconocido el “zalam”1 trivial de los

    caminantes, cuando con gran sorpresa le vi levantarse y pronunciar

    lentamente:

    - Un millón cuatrocientos veintitrés mil, setecientos cuarenta y cinco.

    Sentóse enseguida y quedó en silencio, la cabeza apoyada en las manos, como si estuviera

    absorto en profunda meditación.

    Me paré a corta distancia y me puse a observarle como lo habría hecho frente a un

    monumento histórico de tiempos legendarios.

    Momentos después se levantó, nuevamente, el hombre, y, con voz clara y pausada, enu