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El Reich y el paganismo

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Entre el Reich y las Walkirias

Entre el Reich y las Walkirias

Gonzalo Casanova Ferro

Entre el Reich y las Walkirias

Nuestra Fe no se basa en mitos y leyendas, sino en la inefable Revelacin divina...

Monseor Guillermo Berning, Obispo de Osnabrck 1934

Existen en torno a la Iglesia en general y al Papado en particular una serie de zonceras simplistas y cual ms absurda que a los reflexivos de caf les gusta repetir sin ton ni son; a saber: Si sos de la realeza y tens plata te dan el divorcio igual, Con el oro del Vaticano podra saciarse el hambre mundial, El servicio de inteligencia de los curas es el mejor del mundo, etc. etc. Y as, repetido por figurones, actores, futbolistas y/o cantantes pop estas y otras sandeces se extienden en las charlas de poca monta o de TV como muestra incontrastable de lo que puede el escaso sufragio mental a la hora de seleccionar una o dos ideas poco originales para ser expresadas verbalmente ahorrndose en el mismo acto el ms leve ejercicio de la razn y del anlisis.

Sin embargo existe otro nivel de sentencias mejor construidas y que con pretensiones de cientificidad a veces se apropian de algn espacio de debate que saben colar en verdades a medias, fuentes secundarias y argumentos descontextuados. Si las mencionadas originalmente podran disculparse por inimputabilidad o simple falta de manejo neuronal, las segundas requieren de una respuesta contundente, ya que por su composicin y estilo demuestran un grado de elaborada deshonestidad intelectual destinada a horadar maliciosamente la conciencia del prjimo.

El tema que nos ocupa hoy es aportar otra faceta con miras a despejar el pretendido contubernio o grado de complicidad o silencio entre la Iglesia y el III Reich, una vez ms desde el desafortunado mal gusto de la obra El Vicario de Rolf Hochhuth dirigida a desacreditar la figura de Pio XII, hasta el dudoso rigor histrico de las paginas de El Papa de Hitler del amateur John Cornwell (sntesis de los anteriores y algo ms), hemos de dar cuenta de la fbula de uno y otro lado para gloria y loor de la Verdad. No por que sta requiera de tan psimo defensor sino por simple esttica de la realidad histrica.

Lejos pues de la imagen que se pretende instalar de una Iglesia silenciosa y de un concordato de conveniencia, o de un Papa maquiavlico; (an a sabiendas que hablamos de hombres y no de ngeles), no hemos de repetir aqu el derrotero de quienes ya recopilaron las Actes et Documents du Saint Sige relatifs la Seconde Guerre Mondiale o quienes como Antonio Gapari, el P. Gumpel o Pierre Blet se han tomado la molestia de rebatir punto por punto cada una de estas falacias, de quienes han sabido recordar la Shoah y el ttulo de Justo que la comunidad juda otorg a PIO XII por tanta labor y sacrificio para lograr salvar de la barbarie a cantidad de seres. Apuntaba Mons. Franceschi desde las pginas de Criterio en el Buenos Aires de noviembre de1938 que no haca falta ...ser judo, ni filosemita para sentir horror ante la barbarie desencadenada en Alemania contra los hebreos.. y ms lejos anNi siquiera es necesario ser cristiano: basta ser hombre Lo cierto es que Pio XII fue quien fue como verdadero cristiano y verdadero hombre.

Preferimos mostrar el absurdo de la imputacin tomando la posta y memorando la resistencia catlica a partir de dos tpicos: Por un lado la estructura de la cosmovisin pagana nacionalsocialista, es decir su pensamiento, su distancia ideolgica y moral tanto en lo discursivo como en lo simblico. Y por otro la realidad pasada, es decir los testimonios acerca de los mecanismos de opresin y la tristsima relacin de una Iglesia alemana restringida, limitada y por fin, definitivamente perseguida y clandestina que por gracia de Dios, santidad de su Pastor y mrito de sus mrtires supo resistir los embates del nazismo con la paz del Cordero y la fortaleza del Espritu Santo.

El dilema que se propag entonces, fue una falacia de perder perder, ante la cual se deba optar o por el minimun delirante de premisas polticas del partido o por todo el paquete; que inclua el marco pseudo religioso del nazismo. Hubo agresiones aisladas desde la constitucin del partido hasta la firma del Concordato en 1933, transcurrido cierto perodo de calma los agravios no solo se reanudaron sino que se institucionalizaron. En 1937 la encclica Mit Brennender Sorge constituy la declaracin de guerra; recogiendo las quejas de la jerarqua alemana, se condenaron all la concepcin pantesta del mundo y su mito de la sangre y de la raza, el intento de disociar la moral de la religin sobre una base utilitaria y colectivista en contra de las verdades eternas del orden sobrenatural, la dignidad y la libertad humana. La encclica fue un prlogo fatalmente proftico que se ratific en el mensaje de Navidad de 1942 y concluy con la triste comprobacin histrica resumida en la alocucin que Pio XII dirigi al sacro colegio el 2 de junio de 1945.

De la estructura del mal

La persecucin encarnizada contra la Iglesia Catlica

toma con frecuencia una forma tal, que llega mucho ms lejos de la que se vive en Rusia

Monseor Rackl, Obispo de Eichstaett 1936

La preocupacin de la Iglesia por el rumbo que empezaban a perfilar los totalitarismos llamados de derecha apareci tempranamente con las primeras manifestaciones fascistas de estatolatra, es decir con el abuso autocrtico del poder que reduca al individuo a un mero rol instrumental y que entonces era representado por el rgimen de Benito Mussolini.

Bueno es recordar aqu que dentro de la sociedad civil coexisten un conjunto de sociedades donde el Estado que es solo una de ellas, limitado por su mbito territorial, histrico y de naturaleza jurdica se ve impedido de absorber a su vez al resto de las pequeas sociedades que lo integran (familias, municipios, corporaciones, etc.). El hombre que nace inclinado a la sociabilidad y no requiere de pacto alguno, vive en ella no como masa sin cohesin ni como repuesto de una gran maquinaria, sino que naturalmente inserto en la misma, se vale de sta como medio en la bsqueda de su fin ltimo. La meta por tanto de la vida social es el desarrollo pleno del hombre y por ello el poder civil tiene como objetivo el Bien Comn. El totalitarismo de cualquier signo convierte al Estado en un fin en s mismo al cual todo se subordina haciendo imposible la convivencia pacfica.

En 1926 Pio XI en carta al secretario de estado del Vaticano el Cardenal Gasparri ya le adverta sobre la dureza de los proyectos de ley sobre legislacin eclesistica. En ese mismo ao el Santo Padre comenz a denunciar las persecuciones del movimiento fascista a los catlicos italianos producindose as una serie de fricciones que tuvieron su clmax cuando en mayo de 1931 una medida gubernamental cerr todos los locales juveniles catlicos.

La respuesta no se hizo esperar: la encclica Non Abbiamo Bisogno sali en defensa de la Accin Catlica aprovechando no solo para denunciar el intento de separar a la juventud de la Iglesia en el marco de una campaa de prensa montada ad hoc, sino tambin los mltiples errores y cercenamientos a las libertades individuales y derechos de las almas.

La concepcin del estado totalitario... dice la encclica es inconciliable con la doctrina catlica.. Non abbiamo bisogno iniciaba el documento: No tenemos necesidad... no hace falta, todo el mundo lo sabe, es fcil comprobar la persecucin ms o menos encubierta No tenemos necesidad de anunciaros, venerables hermanos los sucesos que en estos ltimos tiempos han tenido lugar en esta nuestra sede episcopal romana y en toda Italia,..., ...Se resumen en pocas y tristes palabras: se ha intentado herir de muerte cuanto en Italia era y ser siempre lo ms querido para nuestro corazn de Padre y Pastor de almas, y podemos, incluso debemos aadir: y el modo nos ofende ms todava pese a que las primeras reacciones prometieron una escalada, la prudencia de ciertos funcionarios fue descomprimiendo el conflicto con el que, saban era un pueblo religioso, esto fue as hasta que lograron un nuevo acuerdo con la Santa Sede para resolver la entonces llamada cuestin romana que reconoci al Vaticano el carcter de ciudad independiente y neutral. No obstante el problema sigui latente, ya que obviamente se trataba de dos concepciones antagnicas.

En cuanto al III Reich, Roma confi en el vallado que supondra un Concordato. Y su interlocutor, el ingenuo Von Papen por entonces vicecanciller alemn crey hacer una gran contribucin a la paz. El 20 de julio de 1933 en 34 artculos y 14 enmiendas de un protocolo suplementario se crey dejar a salvo: a) la libertad de comunicacin de los Obispos con la Santa Sede, - art. 3- b) el ejercicio pastoral de los sacerdotes art. 4 c) el uso de vestiduras sacerdotales o hbitos art 10 d) la libertad de organizacin y circunscripcin de las dicesis art. 11 e) la instruccin religiosa en las escuelas art. 21 - f) la direccin pastoral castrense art. 27 - g) la contencin de minoras catlicas residentes en Alemania art. 29 h) el respeto por la liturgia dominical y fiestas de precepto art. 30

Pero el nazismo us del Concordato para su propaganda, no teniendo la ms mnima intencin de honrar tal acuerdo; de hecho, ira an ms lejos que el fascismo, atacara todas y cada una de las instituciones de origen religioso en general y judas en particular. La Iglesia Catlica no constituy la excepcin y si hubo cierta gradacin en el ataque, fue no por consideracin o duda, sino por un mero manejo de los tiempos como parte de una estrategia poltica. No se trataba de repetir la mala prensa de Mxico, Espaa o Rusia. No se trataba de generar mrtires como en tiempos de Dioclesano, sino de ir minando las almas, poniendo trabas, proscribiendo y finalmente si todo eso no era suficiente: eliminando. El proclamado cristianismo positivo del Reich tena mucho ms que ver con los tiempos del emperador Jul