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Introduccion a John Zerzan y dos textos de su autoria traducidos por Pepe Rojo

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    John Zerzan:Entre el apocalipsis y la utopaPor: Pepe Rojo (rojopepe@hotmail.com)

    EL ENRAG

    Hace ya un buen rato que aprendimos a desconfiar de las utopas. Este mundo triste en el que vivimos, lleno de colores artificiales, "podra ser peor", como escribe Gibson, "podra ser perfecto". Hemos construdo aparatos crticos tan complejos y elaborados que es imposible no criticar. Cualquier propuesta, cualquier idea, sin importar su origen ni su validez, ser inevitablemente puesta en tela de juicio, analizada y desmenuzada en cuestin de meses, bajo una infinidad de perspectivas. Hay un placer histrico en el darnos cuenta de que nada es perfecto y sealar las fallas de absolutamente todo. El solo hecho de que muchas personas estn de acuerdo con algo, y se es el problema que comparten la democracia y el ltimo hit musical, lo hace parecer sospechoso. Por eso todas las ideas parecen cadveres. Nos acercamos a ellas como si furamos patlogos. La actividad crtica es redactar epitafios.

    El futuro parece agonizante. La crisis no slo la padece la ciencia ficcin, con sus problemas para imaginarse un futuro a largo plazo, sino tambin cualquier habitante de la civilizacin occidental. Hay una dificultad generacional para imaginarse el futuro ms all de diez, veinte aos; hay una conciencia general de que no hay nada nuevo. El problema no es qu le pas a la ciencia ficcin?, sino qu le pas al futuro? Al igual que en la ciencia ficcin, el futuro adquiere el matiz de la distopa. El tono apocalptico de nuestra cultura era explicado hace diez aos como un sntoma finisecular. A diez aos del cambio de milenio, se clima no parece abandonarnos. Bernardo Fernndez iconiza el problema a partir de Blade Runner, indicando la dificultad para

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    imaginarnos un futuro despus de noviembre de 2019, fecha en la que inicia la pelcula. Mientras tanto, la Organizacin Mundial de la Salud indica que la depresin ser la segunda enfermedad ms debilitante del planeta en 2020 (el primer lugar lo ocuparn las afecciones cardiacas; es inevitable leerlo literariamente, a fin de cuentas, la depresin es un problema del corazn), y el Pentgono predice que las guerras durante los prximos 100 aos sern

    urbanas, con una creciente dificultad para diferenciar la poblacin civil de los enemigos. La catstrofe ecolgica nos va alcanzando a plazos y jaloneos.

    La crisis econmica actual no parece levantar nuestros nimos. Dice Zizek que nos resulta ms fcil imaginarnos el final del mundo que el fin del capitalismo. En cierta manera, el ao 2000 fue una decepcin masiva. No pas nada, ni virus Y2K, ni sectas asesinas o suicidas, ni desastres sociolgicos o naturales. El xito del cine de catstrofes, y su co-relato realista, la crisis ecolgica, oscila entre nuestros deseos colectivos y nuestras realidades. Hay cierto placer en observar en nuestras pantallas y en nuestras calles cmo el mundo se deshace en pedazos. Este ambiente apocalptico, reforzado en nuestro pais por la promesa/amenaza del 2012 maya, produce tanto placer como miedo. Nuestra ltima utopa es el Apocalipsis.

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    John Zerzan escribe su crtica a la civilizacin lidiando con varias paradojas. Pero las paradojas entre las cuales se mueve son imposibles de evadir pues parecen tocar la carne viva de nuestros problemas. Pocos escritores igualan su tono apocalptico y pocos son tan certeros para explicar las miserias de nuestros tiempos. Pero al mismo tiempo, y a diferencia de sus colegas contemporneos, Zerzan ofrece una utopa, una va de escape, seductora y terrible, radicalmente distinta a las opciones que los intelectuales contemporneos pueden ofrecer.

    Profundamente antireligioso, Zerzan revive la historia de un Edn, de un paraso terrenal, y le apuesta a su existencia. Clnicamente racional, y utilizando argumentos cientficos, desconfa ampliamente de la ciencia, y finalmente, del mismo lenguaje con el que expone sus ideas, de la misma racionalidad con la que argumenta la necesidad de librarnos de la razn. El camino que recorre Zerzan est lleno de trampas y de agujeros sin fondo, y en ellos encuentran placer sus crticos.

    Zerzan propone que la nica salida, la nica posibilidad que tenemos ante la crisis humanitaria y natural que estamos viviendo es el desmantelamiento total de la civilizacin. La cultura es una enfermedad de la que slo nos podremos liberar al erradicarla. Gran parte de su obra se dedica a la crtica de la cultura y la civilizacin en sus diferentes aspectos. La historia de la humanidad se ha reducido a la historia de la cultura (y las pinturas rupestres, de aproximadamente 30,000 aos A.C. se

    convierten en el hito inaugurador), y la historia de la cultura es la historia del control.

    El mecanismo bsico de la civilizacin es la domesticacin de la naturaleza, y su forma ms evidente es la agricultura, que tiene como resultado la sedentarizacin del ser humano. Este cambio de estilo de vida conlleva la especializacin, es decir, la divisin del trabajo, que trae consigo la creacin de clases, con su consecuente jerarquizacin y la concentracin de poder.

    La idea de dominio permea toda la dinmica de la civilizacin. Zerzan encuentra en el inicio mismo de la historia los mecanismos que en el proceso moderno se preceden con el prefijo hper. Nuestro malestar, llamado civilizacin, se encuentra ahora en un estado exacerbado.

    La nocin de control de la naturaleza implica un estado de separacin de ella. Zerzan encuentra en el ritual y el lenguaje simblico el origen de dicha separacin. La historia de la cultura es tambin la historia de la re-presentacin, de la mediacin. El arte, y la

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    bsqueda de la trascendencia se vuelven entonces la repeticin de las condiciones de la separacin. Es decir, el arte (o el nmero, la palabra y la abstraccin) produce una experiencia mediada que nos hace sentir cierta inmediatez, pero slo mediante los mecanismos que permiten la mediacin (usar el lenguaje para permitir la experiencia de la ausencia de lenguaje, por ejemplo), y por lo tanto se vuelven instrumentos de control ( hablar es mentir, vivir es colaborar, deca Burroughs). La cultura y el arte nacen simultneamente, As, la historia de la cultura, y su riqueza y sus logros y sus tesoros, son tan slo propaganda. Pensamos que domesticamos la naturaleza, pero nos hemos domesticado a nosotros mismos. Sabemos por qu canta el pjaro enjaulado.

    El campo acadmico entonces, cuando intenta ser crtico, slo puede producir dos tipos de teoras. En un grupo se encontraran las teoras de ms de lo mismo y por el otro las teoras de la resignacin. En el primer grupo encontramos las teoras que se aferran a la enfermedad y la proponen como cura. Para solucionar los problemas que ha trado el progreso, necesitamos ms progreso, para solucionar los problemas de la tecnologa, ms tecnologa, y para solucionar los problemas de la razn, an ms razn (la postura moderna, por llamarla de una manera, incluyendo la hiptesis de que todava no se ha llegado a la modernidad). Las teoras de la resignacin se caracterizan por hacer un diagnstico correcto que al mismo tiempo nos deja indefensos. Son teoras que critican la civilizacin y que

    encuentran elementos nocivos en ella (como el piscoanlisis por ejemplo, que relaciona directamente la cultura y el lenguaje con la represin, o Derrida, y su eleccin de lo menos peor), pero que se resignan, puesto que no hay otra opcin contemplable. Aunque los efectos de la civilizacin sean terribles, mejor eso que nada. Es como enamorarse de la enfermedad, a falta de opciones.Es en el miedo a la desaparicin de la civilizacin donde Zerzan se permite construir una opcin. Normalmente, se piensa que la ausencia de civilizacin (y sus formas ms actuales, la ilustracin y lo moderno), traera slo barbarie, una especie de bao de sangre y conflicto perpetuo. Es decir, se parte, en contra de varios diagnsticos del siglo XX, de que la civilizacin ha sido benigna. Pero Zerzan afirma que la historia de nuestra especie en este planeta no se reduce a los ltimos 32,000 aos. Nuestra especie lleva en el planeta casi dos millones de aos, la civilizacin slo ha sido un camino equivocado, tomado recientemente, que ha provocado que estemos a punto de acabar con el mundo.

    La idea de dominio permea toda la dinmica de la civilizacin

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    Para revivir al noble salvaje de Rousseau, Zerzan utiliza lo que denomina como la ms reciente tendencia de la antropologa y los estudios sobre la vida de los cazadores-recolectores. El ms logrado recuento de estos descubrimientos es su ensayo Futuro primitivo (cuya lectura recomiendo ampliamente), en el que Zerzan encuentra en diversos estudios de antropologa que la vida de los cazadores-recolectores no es tan terrible como nos la han pintado. Mayor salud, mayor bienestar, ms tiempo de ocio. Sin divisin de clases, sin guerras y sin divisin del trabajo a partir del sexo; sin propiedad privada, sin escasez de recursos, y sin intermediarios, Zerzan plantea un paraso terrenal que existi previamente a la civilizacin, y como prueba trata de reconstruir a partir de los datos disponibles esos 1.8 millones de aos en los que nuestra especie se adapt al mundo. El trabajo es evidentemente especulativo (debido a la ausencia y parcialidad de los datos que se pueden extraer de la prehistoria), pero Zerzan construye (o revive, dependiendo de nuestra posicin al respecto) una utopa (quizs la ltima), una opcin, que muestra una salida del laberinto en el que la teora crtica y la ciencia nos han encerrado.

    Para Zerzan los humanos prehistricos no eran brutos salvajes, posean una vitalidad e inmediatez unida a una destreza manual y a un conocimiento profundo del mundo que los

    rodeaba. Pensar que el lenguaje simblico es el vnculo social es negar ingenuamente que hubo vi

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